{"id":491,"date":"2009-10-27T15:34:53","date_gmt":"2009-10-27T15:34:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=491"},"modified":"2014-03-05T17:34:58","modified_gmt":"2014-03-05T22:34:58","slug":"evocacion-de-don-guillermo-cano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/10\/27\/evocacion-de-don-guillermo-cano\/","title":{"rendered":"Evocaci\u00f3n de don Guillermo Cano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando conoc\u00ed personalmente a don Guillermo Cano, el renombrado Director de <em>El Espectador<\/em><strong> <\/strong>a quien le\u00eda con inter\u00e9s en sus editoriales formidables<strong>, <\/strong>ya llevaba varios a\u00f1os escribiendo en su peri\u00f3dico. Por aquellos d\u00edas desempe\u00f1aba yo el oficio de gerente de un banco en la ciudad de Armenia, y en una venida a Bogot\u00e1 le ped\u00ed a Otto Morales Ben\u00edtez que me consiguiera una entrevista con el periodista estrella del pa\u00eds,<strong> <\/strong>diligencia de primer orden que no pod\u00eda aplazar por m\u00e1s tiempo, si don Guillermo, con su proverbial generosidad hacia los escritores an\u00f3nimos, hab\u00eda acogido mis colaboraciones con la sola credencial de cuartillas bien elaboradas, sin importarle que su autor fuera un solemne desconocido en el mundo del periodismo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando lleg\u00f3 al diario aquel s\u00e1bado, hac\u00eda media hora que yo lo esperaba en la sala de recepci\u00f3n. A simple vista, el personaje me pareci\u00f3 fr\u00edo y distante, y yo me preguntaba si aquella figura breve pod\u00eda corresponder a la del temible cat\u00f3n de la vida colombiana. Esa silueta veloz, que pronto desapareci\u00f3 de mi vista mientras saboreaba el \u00faltimo sorbo de caf\u00e9 ofrecido por su secretaria, no identificaba, por cierto, al coloso del periodismo nacional. En su despacho, el encuentro fue caluroso y espont\u00e1neo, y al instante descubr\u00ed un ser de extraordinaria simpat\u00eda y encantadora sencillez, que contrastaba con la primera apariencia surgida en la sala de espera.<\/p>\n<p align=\"justify\">Le agradec\u00ed, claro est\u00e1, su benevolencia hacia mis art\u00edculos, y \u00e9l me contest\u00f3 que era el propio escritor el que se abr\u00eda las puertas del peri\u00f3dico. Y me invit\u00f3 a que conociera la poderosa rotativa que acababa de ser instalada como una respuesta al desaf\u00edo de la tecnolog\u00eda. En el recorrido me pregunt\u00f3 por la vida del Quind\u00edo, por la suerte del caf\u00e9, por los pol\u00edticos y los escritores de la regi\u00f3n. De todo quer\u00eda estar enterado como observador atento del acontecer cotidiano.<\/p>\n<p align=\"justify\">-\u00bfC\u00f3mo hace usted para manejar al mismo tiempo la actividad de\u00a0 gerente de banco y la de escritor, si son dos campos antag\u00f3nicos? -me pregunt\u00f3 con curiosidad.<br \/>\n-\u00a1Con disciplina, don Guillermo! -le repuse con la misma seguridad con que \u00e9l manejaba las riendas de su peri\u00f3dico.<br \/>\n-No olvide que esta es su casa -me dijo con efusi\u00f3n en la despedida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mi primera vinculaci\u00f3n con <em>El Espectador<\/em><strong> <\/strong>ocurri\u00f3 en mayo de 1971, cuando un cuento m\u00edo remitido al <em>Magaz\u00edn Dominical<\/em>, y que a\u00f1os despu\u00e9s le dar\u00eda t\u00edtulo a uno de mis libros, apareci\u00f3 galardonado en sus p\u00e1ginas. Vinieron luego otros trabajos literarios, y todos corrieron con buena suerte. Tiempo despu\u00e9s me encontr\u00e9 con la grata sorpresa de que otro de mis escritos sal\u00eda publicado en la p\u00e1gina editorial. Don Jos\u00e9 Salgar, subdirector del diario y maestro de periodistas, me manifestaba lo siguiente en aquellos d\u00edas de ascenso: <em>\u201cEse estilo de lecturas es el que quisi\u00e9ramos siempre ofrecer en nuestras p\u00e1ginas y en adelante estaremos atentos a prestar la mayor acogida a las colaboraciones que usted nos env\u00ede\u201d.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Era inmenso el reto que impon\u00eda este est\u00edmulo, pero la oportunidad no pod\u00eda desaprovecharse. Pasaron los d\u00edas, y casi no advert\u00ed el momento en que pas\u00e9 de colaborador eventual a columnista permanente. Hoy, treinta a\u00f1os despu\u00e9s, en esta mirada retrospectiva al nacimiento y avance de mi carrera period\u00edstica, aparece di\u00e1fana e imprescindible la imagen de don Guillermo Cano como motivador y gu\u00eda de dicho destino. Pienso que los 1.500 art\u00edculos de prensa sembrados en ese itinerario no habr\u00edan sido posibles sin aquel impulso inicial.<\/p>\n<p align=\"justify\">Este recuento, que alguien podr\u00eda tildar de presuntuoso, es en realidad la manera apropiada de contar c\u00f3mo nace y se forma un periodista. Lejos yo de vanidades malsanas, creo que a los nuevos periodistas y escritores hay que ense\u00f1arles los caminos de la lucha, de la superaci\u00f3n y el triunfo de este oficio exigente. La universidad de esta profesi\u00f3n, como bien se sabe, se cumple al pie del ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hay que recordar que la mejor escuela de periodistas del pa\u00eds ha sido siempre la de <em>El Espectador.<\/em><strong> <\/strong>Esta tradici\u00f3n, fomentada por el fundador, don Fidel Cano, y seguida por sus descendientes batalladores, ha llegado hasta los tiempos actuales, con el doctor Carlos Lleras de la Fuente como el valiente capit\u00e1n de la nave en esta nueva tempestad que embiste al peri\u00f3dico.<\/p>\n<p align=\"justify\">El 12 de diciembre de 1986 fue la \u00faltima vez en que me vi con don Guillermo Cano. Y le expres\u00e9 mis mejores deseos para el nuevo a\u00f1o, cuando <em>El<strong> <\/strong>Espectador<strong> <\/strong><\/em>cumplir\u00eda, en marzo siguiente, el primer centenario de su fundaci\u00f3n. Cinco d\u00edas despu\u00e9s de aquella entrevista, que se convertir\u00eda en la despedida final de mi personaje inolvidable, el narcotr\u00e1fico lo asesinaba a la salida del diario.<\/p>\n<p align=\"justify\">La sangre del periodista ca\u00eda como mancha horrenda sobre la libertad de expresi\u00f3n y estremec\u00eda con furor la conciencia nacional, a veces amodorrada y a veces ap\u00e1tica cuando se trata de arremeter, como con tanta vehemencia, coraje y lucidez lo hac\u00eda don Guillermo, contra la corrupci\u00f3n p\u00fablica y los abusos de gobernantes y poderosos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Aquel 17 de diciembre de 1986, de paso por la ciudad de C\u00facuta antes de proseguir la marcha de vacaciones hasta la Isla de Margarita, la noticia fatal me hel\u00f3 la sangre y me enturbi\u00f3 el esp\u00edritu. El pa\u00eds entero se paraliz\u00f3 de desconcierto e indignaci\u00f3n, mientras crec\u00edan las sombras de la insensatez y la demencia y nac\u00eda el mayor m\u00e1rtir del periodismo colombiano. Toda una epopeya en la democracia universal de las ideas.<\/p>\n<p align=\"left\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 20 de septiembre de 2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando conoc\u00ed personalmente a don Guillermo Cano, el renombrado Director de El Espectador a quien yo le\u00eda con inter\u00e9s en sus editoriales formidables, ya llevaba varios a\u00f1os escribiendo en su peri\u00f3dico. Por aquellos d\u00edas desempe\u00f1aba yo el oficio de gerente de un banco en la ciudad de Armenia, y en una venida a Bogot\u00e1 le ped\u00ed a Otto Morales Ben\u00edtez que me consiguiera una entrevista con el periodista estrella del pa\u00eds, diligencia de primer orden que no pod\u00eda aplazar por m\u00e1s tiempo, si don Guillermo, con su proverbial generosidad hacia los escritores an\u00f3nimos, hab\u00eda acogido mis colaboraciones con la sola credencial de unas cuartillas bien elaboradas, sin importarle que su autor fuera un solemne desconocido en el mundo del periodismo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[88],"class_list":["post-491","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-periodismo","tag-periodismo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/491","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=491"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/491\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9982,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/491\/revisions\/9982"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=491"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=491"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=491"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}