{"id":4914,"date":"2011-10-17T12:03:52","date_gmt":"2011-10-17T17:03:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4914"},"modified":"2014-03-07T19:08:52","modified_gmt":"2014-03-08T00:08:52","slug":"salpicon","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/salpicon\/","title":{"rendered":"Salpic\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay varias definiciones de la pa\u00adlabra <em>Salpic\u00f3n<\/em>: fiambre de carne con sal, vinagre y cebolla. O bebida fr\u00eda de jugo de frutas. O algo dividido en part\u00edculas. O la acci\u00f3n de rociar, de esparcir en gotas, con el sentido figurado de pasar de una cosa a otra sin orden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas estas caracter\u00edsticas caben en el prop\u00f3sito de la columna que hoy nace en las p\u00e1ginas de <em>El Espectador,<\/em> desde las que el cro\u00adnista ha logrado conquistar, con por\u00adf\u00eda y fe en los lectores, una benevo\u00adlente audiencia que lo estimula y lo enaltece, a fuerza de retorcerse el mag\u00edn persiguiendo las ideas fugiti\u00advas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Salpic\u00f3n<\/em> aspira a ser un espacio ameno, \u00e1gil, cernidor de noticias, rociado de sal y pimienta, donde se le tomar\u00e1 el pulso a la vida vali\u00e9ndose del menudo suceso cotidiano y pro\u00adcurando hacer de lo ordinario su fuente de inspiraci\u00f3n. Se mezclar\u00e1 lo serio con lo jocoso y se cultivar\u00e1, en lo posible, la vena oculta que permita desbrozar lo solemne, quit\u00e1ndole su aspecto severo, con el sutil humor y la fina iron\u00eda que ojal\u00e1 los dioses del periodismo se encarguen de alimentar. Y ser\u00e1 recinto de cr\u00edtica social, sensible a las desproporciones del medio ambiente y respetuoso, sobra\u00adr\u00eda decirlo, de la honra ajena.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para comenzar, voy a codearme con el gam\u00edn, como \u00e9l acostumbra hacerlo con sus clientes habituales. La D\u00e9cima y la Caracas, los sitios de mayor flujo capitalino por donde la fuerza laboral se desplaza a sus hogares, son el teatro natural de estos raterillos supers\u00f3nicos que nunca se dejan prender. Corren como gacelas, cruzan por todas partes, se meten en los bolsillos, en los escotes de las damas, escudri\u00f1an, olfatean, palpan lo oculto y\u2026 \u00a1adi\u00f3s reloj y joyas y billetera!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1C\u00f3janlo, c\u00f3janlo! es el grito de cada instante, que no sirve sino para delatar nuestra flaqueza de ser v\u00edc\u00adtimas, otra vez, de la rapacidad capitalina. Es un grito ahogado, in\u00fa\u00adtil, est\u00fapido y hasta jocoso. Todos se reir\u00e1n de usted cuando lo vean sin gafas y sin caja de dientes y con la expresi\u00f3n moh\u00edna y atolondrada por haberse dejado desplumar en plena v\u00eda. De sobremesa tendr\u00e1 que pedirle prestadas al propio gam\u00edn las mo\u00adnedas para el regreso a casa. Mone\u00addas que \u00e9ste no le negar\u00e1, porque adem\u00e1s es comprensivo y humanita\u00adrio, pero demuestra que sabe vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los polic\u00edas, mientras tanto, viven mezclados entre el grueso p\u00fablico y miran indiferentes el espect\u00e1culo gracioso de las prisas y los raponazos, nota caracter\u00edstica de la gran ciudad, a la que <em>Salpic\u00f3n<\/em> ya se est\u00e1 habituando. El otro d\u00eda, por ejemplo, subi\u00f3 a la buseta con el peri\u00f3dico y el libro debajo del brazo y a la bajada estos elementos hab\u00edan desaparecido. Alguien le dijo, para consolarlo, que los gamines tambi\u00e9n saben de cultura por m\u00e1s que tengan que vender por veinte pesos lo que en la librer\u00eda ha costado ochocientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s adelante, mane\u00adjando <em>Salpic\u00f3n<\/em> su propio veh\u00edculo, se qued\u00f3 perplejo ante el amigo de lo ajeno que en sus propias narices desatornillaba, a plena marcha, las plumillas tan necesarias en estos d\u00edas de lluvia. Por fortuna, el sem\u00e1\u00adforo cambi\u00f3 y el escritor pudo seguir disfru\u00adtando, hasta la parada siguiente, del escape victorioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Convivir con los gamines es regla de Bogot\u00e1 y de las grandes ciudades. Es problema social de hondas ra\u00edces que ni siquiera do\u00f1a Nydia, con ese inmenso coraz\u00f3n que la adorna, pudo solucionar. Esta in\u00adseguridad se extiende, crece y se agiganta como ola de la miseria de los colombianos, como sello de nuestro atraso social, como lacra de nuestra flamante democracia. El desprevenido cronista, hoy menos provinciano que hace tres meses, porque ya aprendi\u00f3 a visualizar al enemigo com\u00fan, har\u00e1 de <em>Salpic\u00f3n<\/em> un coladero de sustancias agridulces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo se goza, y ojal\u00e1 no sea un gusto morboso, contemplando este mar revuelto de zozobras callejeras por donde la gente, para protegerse, transita enfundada y timorata, como si le hubieran echado los perros. Muy divertido resulta el espect\u00e1culo, por ejemplo, de ver al polic\u00eda persi\u00adguiendo en el tumulto de las seis de la tarde al raponero que le ha arreba\u00adtado la gorra y el bolillo y que luego, cariacontecido, nota que ni siquiera tiene pito para silbar. O sea, \u00a0para consolarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 15-XII-1983.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hay varias definiciones de la pa\u00adlabra Salpic\u00f3n: fiambre de carne con sal, vinagre y cebolla. O bebida fr\u00eda de jugo de frutas. O algo dividido en part\u00edculas. O la acci\u00f3n de rociar, de esparcir en gotas, con el sentido figurado de pasar de una cosa a otra sin orden. 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