{"id":4924,"date":"2011-10-17T12:12:29","date_gmt":"2011-10-17T17:12:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4924"},"modified":"2014-05-03T10:41:27","modified_gmt":"2014-05-03T15:41:27","slug":"entre-ruidos-y-sorderas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/entre-ruidos-y-sorderas\/","title":{"rendered":"Entre ruidos y sorderas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando empiezo a buscar ideas para la nota period\u00edstica de hoy, rodeado del majestuoso silencio de la ciudad que apenas est\u00e1 despertando, un ruido s\u00fabito, que retumba como una r\u00e1faga en la quietud del amane\u00adcer, sacude con violencia el sosegado estado de \u00e1nimo con que quiero co\u00admunicarme con mis lectores. Es un avi\u00f3n que pasa rozando los tejados y que en pocos instantes se extingue en la lejan\u00eda dejando perturbada la tranquilidad de la hora y heridos los nervios de quienes no estamos hechos para la vida estrepitosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pienso al vuelo, como el eco que sigue desgran\u00e1ndose sobre mi esp\u00ed\u00adritu sobresaltado, que debo hablar acerca del ruido. Con los arcabuces de mi m\u00e1quina de escribir responder\u00e9 al ataque. Alterado todav\u00eda por el alboroto del avi\u00f3n, irrumpe en seguida, como un grito desesperado, el chillido de una sirena sin raz\u00f3n, y luego un vecino descarga soberano portazo como otra constancia de la insensatez.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Medito en que el vecino puede tener raz\u00f3n para su intemperancia. \u00bfNo se estar\u00e1 volviendo loco con el ruido? \u00bfNo ser\u00e1 uno de los tantos ciudadanos hist\u00e9ricos que habitan en los centros capitalinos? Esta invasi\u00f3n permanente, a toda hora y a todo segundo, de gritos y algarab\u00edas, de impactos y sobresaltos, produce el estado de neurosis colectiva a la que vamos ingresando sin darnos cuenta, dentro del ritmo alocado de las ciu\u00addades. En el\u00a0 campo no hay sordos ni locos y la gente vive m\u00e1s tiempo, a pesar de la intemperie, o por eso mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando termine la columna, si acaso me lo permiten las estridencias de camiones y motocicletas que sin poder evitarlo penetran hasta las intimidades de los hogares, me enfrentar\u00e9 por estas v\u00edas de Dios \u2013y yo dir\u00eda que del Diablo \u2013con las cara\u00advanas fren\u00e9ticas de buses y taxis y la no menos enfurecida marcha de los veh\u00edculos particulares. Unos y otros, entre estornudos y pitazos, se pelean cent\u00edmetros de terreno y no est\u00e1n dispuestos a perder un segundo en la conquista de la locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conforme luchamos la distancia entre el hogar y el sitio de trabajo, la ciudad vibr\u00e1til, nerviosa, desmesurada, se ir\u00e1 metiendo por los poros, por el cerebro y la sensibilidad hasta alborotarnos el equilibrio emo\u00adcional y oscurecernos el alma. Avanzamos en medio de cornetas, campanas al vuelo, polic\u00edas pitadores y mil sonidos indefinibles. De esta manera, el sufrido ciudadano que se preparaba a iniciar el nuevo d\u00eda con optimismo, llega a la oficina con los pelos de punta y el \u00e1nimo ende\u00admoniado. Y regresar\u00e1 a su hogar como un gui\u00f1apo, como una coladera de resonancias.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el entreacto del medio d\u00eda, cuando se busca un escape al repicar de los tel\u00e9fonos, el tecleo de las m\u00e1quinas, el ronroneo de las secre\u00adtarias y el mal genio del jefe, nos encontraremos en medio de la ciu\u00addad ya despierta por completo que entre discos que se ensayan a todo volumen, tragan\u00edqueles trasnocha\u00addos, altoparlantes rabiosos y toda suerte de bullicios desesperantes, o sea, en el terrible infierno dantesco que todos contribuimos a crear, in\u00adyecta en los ciudadanos el virus incontenible de las demencias sono\u00adras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La bulla de los centros urbanos no s\u00f3lo es irritante sino peligrosa para la salud. Poco a poco el sistema nervioso se altera y el o\u00eddo se atrofia. El mundo del futuro, al ritmo que llevamos, ser\u00e1 de sordos y de locos, a menos que nos vayamos a vivir a las selvas. El individuo pierde en un 40 por ciento su capacidad productiva en ambientes ruidosos, y la inspiraci\u00f3n se va al traste cuando no existe silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSab\u00eda usted que el avi\u00f3n que por poco estropea mi nota de hoy produjo 120 decibelios? \u00bfY que la bocina de su carro, con la que usted se abre campo como un endemoniado, genera 110 deci\u00adbelios? \u00bfY que la cantaleta con su esposa deja herido el aire de su residencia con 60 decibelios?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no sabe qu\u00e9 es un decibelio, y sobre todo qu\u00e9 efectos desastrosos ocasiona en el o\u00eddo y en los sentimientos la acumu\u00adlaci\u00f3n de estruendos, golpes, detona\u00adciones, aparatos de m\u00fasica a todo volumen, portazos, vocer\u00edos, alga\u00adzaras\u2026 debe aprenderlo para que conozca a ciencia cierta de qu\u00e9 enfermedad va a ser enterrado en esta era portentosa de la sonoridad mort\u00edfera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Voy a revelar un secreto, pero no a voces: esta nota logr\u00e9 terminarla porque me tap\u00e9 los o\u00eddos con algodones).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 3-II-1984.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Cuando empiezo a buscar ideas para la nota period\u00edstica de hoy, rodeado del majestuoso silencio de la ciudad que apenas est\u00e1 despertando, un ruido s\u00fabito, que retumba como una r\u00e1faga en la quietud del amane\u00adcer, sacude con violencia el sosegado estado de \u00e1nimo con que quiero co\u00admunicarme con mis lectores. 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