{"id":4983,"date":"2011-10-17T13:41:38","date_gmt":"2011-10-17T18:41:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4983"},"modified":"2014-05-03T11:02:36","modified_gmt":"2014-05-03T16:02:36","slug":"el-tinto-puede-esperar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/el-tinto-puede-esperar\/","title":{"rendered":"El tinto puede esperar"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por. Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las frases mejor acu\u00f1adas por la actual administraci\u00f3n del pa\u00eds, dentro de la incultura y el despotismo con que se atiende al sufrido ciuda\u00addano en los despachos oficiales, es la que le recuerda al funcionario que <em>el tinto puede esperar, el p\u00fablico no<\/em>. Hallar caras agrias y modales brus\u00adcos, cuando no la groser\u00eda habitual de quienes no contestan el saludo y menos lo dispensan, es el primer contacto con las oficinas del Gobier\u00adno. Por eso se piensa que el semblante oficial es adusto. Y la empresa pri\u00advada, risue\u00f1a. Por los pasillos de la burocracia oficial se camina siempre con prevenci\u00f3n y el explicable temor de vernos sitiados por toda clase de obst\u00e1culos y sofocos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos aciertan a orientarse y de\u00adfenderse en estos enredijos donde la se\u00f1al sobresaliente es la descortes\u00eda. Que haya empleados amables, por excepci\u00f3n, no dismi\u00adnuye la rigidez de estos \u00e1mbitos en general. El empleadillo y muchas veces el alto administrador de la cosa p\u00fablica reh\u00fayen el buen trato con el visitante y lo relegan a la insignificancia y el desprecio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo all\u00ed se cumple de af\u00e1n, a medias, sin elasticidad para entender y menos satisfacer la necesidad ajena. Se mira ol\u00edmpicamente, de medio lado, con actitud displicente. Se farfulla entre muelas el lenguaje incompren\u00adsible de quien no aprendi\u00f3 la cartilla elemental de comunicaci\u00f3n con sus semejantes y carece de ap\u00adtitudes para graduarse de servidor p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignorados y menospreciados, como elementos in\u00fatiles de esas colas an\u00f3\u00adnimas que se mueven con angustia por los \u00e1speros senderos de la admi\u00adnistraci\u00f3n p\u00fablica, los contribuyentes se preguntan con desaz\u00f3n si no me\u00adrecen respeto o por lo menos algo m\u00e1s de comprensi\u00f3n para sus apremios. Y se frustran al ver convertidos sus impuestos en esas masas tir\u00e1nicas de la burocracia, que ignoran las relaciones humanas y se especializan en torturar a los ciuda\u00addanos. A ellos les recuerda el patrono, y parece que no van a asimilar la lecci\u00f3n, que \u00abel mal genio y la descortes\u00eda son reflejo de p\u00e9sima cultura\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para obtener una administraci\u00f3n eficaz hay que volver primero a los c\u00f3digos de Carre\u00f1o. Es preciso inculcar en los colaboradores del Estado urbanidad y sentido de servir. Ense\u00f1arles cordialidad, tolerancia y sencillez. Hacerles ejercicios f\u00edsicos, pero sobre todo mentales, para que aprendan a sonre\u00edr, a dar la mano, a mirar de frente. Comprometerlos, en suma, como seres \u00fatiles y din\u00e1micos del Gobierno que insiste en la decencia, la pulcritud, la mesura, el cumplimiento de los horarios, y en cambio condena la arrogancia del poder y las torpezas del servicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pa\u00eds de trabas y papeleos, todo se complica y se enreda. Pagar un impuesto, renovar una licencia de conducci\u00f3n, autenticar una firma, gestionar un certificado son diligen\u00adcias torturantes. Algunos tr\u00e1mi\u00adtes son tan engorrosos, por m\u00e1s comunes que parezcan, que requieren de intermediario y de padrino. La ciencia de la empresa privada, que sabe conquistar clientes y hacer negocios, est\u00e1 en la simplicidad de sus sistemas y en su vocaci\u00f3n de servicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Estado colombiano los m\u00e9todos son torpes, absurdos, y algunos de ellos, verda\u00adderos laberintos por donde no se logra salir adelante. Hay formularios que de reforma en reforma se convierten en reales atrocidades que nadie entiende.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si se quiere avanzar, hay que sim\u00adplificar procedimientos, eliminar pasos in\u00fatiles, ahorrar paciencia ciudadana. Adem\u00e1s, obligar al fun\u00adcionario a que permanezca en su sitio de trabajo. Y, lo m\u00e1s importante, que complazca al cliente, que lo somos todos (incluso \u00e9l mismo cuando salga despedido por cascarrabias e inefi\u00adcaz), para volverlo amigo y hacerle cambiar el concepto sobre la inhos\u00adpitalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bastante se est\u00e1 haciendo, sin duda. Pero no habr\u00e1 \u00e9xito completo hasta que todos los funcionarios entiendan, de buena gana, que <em>el <\/em>tinto puede esperar\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El Espectador, <\/strong>Bogot\u00e1, 20-VII-1984.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por. 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