{"id":5058,"date":"2011-10-17T20:42:21","date_gmt":"2011-10-18T01:42:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5058"},"modified":"2014-03-22T07:17:57","modified_gmt":"2014-03-22T12:17:57","slug":"paisaje-boyacense","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/paisaje-boyacense\/","title":{"rendered":"Paisaje boyacense"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la Costa se va en busca de mar, de sol, de tr\u00f3pico. En el Valle florecen las f\u00e9rtiles campi\u00f1as y los espigados talles femeninos. Los farallones se imponen en los Santanderes como centinelas impenitentes en medio de la dureza de la tierra. En el Antiguo Caldas el caf\u00e9 brota acariciante como labios encar\u00adnados de mujer sensual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se quiera encontrar paisaje, leg\u00edtimo paisaje, hay que ir a Boyac\u00e1. All\u00ed la naturaleza, taciturna y soberbia a la vez, se convierte en el ingrediente m\u00e1gico sin el cual es imposible concebir la belleza. En Boyac\u00e1, sea cualquiera el camino que se escoja, todo adquiere contornos fant\u00e1sticos. Los pueblitos que se deslizan de Tunja para abajo, cargados de sopor, aparecen a la orilla de la carretera como un desaf\u00edo a la vida estrepitosa y como si no hubieran despertado a\u00fan a los enga\u00f1os del modernismo. Permanecen est\u00e1ticos en el tiempo y ajenos a las caravanas de turistas que, deseosas de emociones, tratan de descubrir el misterio de las cosas muertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00e1ramo, en ciertos parajes, parece que cogiera a dentelladas a quienes se atreven a transitar por sus dominios. All\u00ed termina la ilusi\u00f3n del asfalto y comienza la realidad de la v\u00eda pedre\u00adgosa, deplorable en muchos trayectos, y entre baches y desfiladeros se prosigue por caminos lentos y polvorientos, frenados para el v\u00e9rtigo y abiertos a la contemplaci\u00f3n del paisaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es ah\u00ed donde surge en todo su esplendor el magne\u00adtismo de la naturaleza incontaminada. Los frailejones, que certifican el de\u00adcurso de siglos de quietud y la presencia inequ\u00edvoca del p\u00e1ramo, son guardianes de territorios solitarios donde el hombre mismo estorba entre tanto sosiego y tanta desprevenci\u00f3n. El sol temeroso se esconde entre los pedre\u00adgones y esp\u00eda de soslayo el paso de los veh\u00edculos, mientras las corrientes de aguas cantarinas, verdaderas oraciones de la monta\u00f1a, susurran sus lamentos. \u00bfSer\u00e1n lamentos o ser\u00e1n alborozos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como si la pereza del ambiente invitara a so\u00f1ar, del fondo de la tierra vemos salir extra\u00f1as visiones \u2013tal vez el arbusto convertido en ave voladora, tal vez el p\u00e1jaro que se torna en duendecillo, o acaso el animal prehis\u00adt\u00f3rico que se transforma en pe\u00f1as\u00adco\u2026 \u2013, y entre cabeceo y cabeceo avizoramos de pronto la aparici\u00f3n de la iglesia pr\u00f3xima. Por estas aldeas min\u00fasculas, que apenas logramos cap\u00adtar cuando ya han desaparecido, pa\u00adsamos con sabor de polvo y de monta\u00f1a y con letargo de ensue\u00f1os y sinfon\u00edas interiores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paisaje es el marco natural que se qued\u00f3 en el sentimiento del boyacense. Ya habl\u00f3 Armando Solano de la melancol\u00eda de la raza ind\u00edgena, y habr\u00e1 que asociar la paz y el embrujo de las tierras silenciosas \u2013donde cada tramo de asfalto algo le quita a la virginidad\u2013 con la pureza del alma boyacense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Boyac\u00e1: paisaje, oraci\u00f3n, asombro, eternidad&#8230; Todav\u00eda, por fortuna, los b\u00e1rbaros de la civilizaci\u00f3n \u2013los come\u00adjenes de la cultura que fustig\u00f3 Eduardo Torres Quintero\u2013 algo entienden del sentido de estos pueblitos somnolientos que a pesar del alboroto de los tiempos conservan puros sus encantos. La tradici\u00f3n y el paisaje son en Boyac\u00e1 los mejores frutos de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 18-IV-1985.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar A la Costa se va en busca de mar, de sol, de tr\u00f3pico. En el Valle florecen las f\u00e9rtiles campi\u00f1as y los espigados talles femeninos. Los farallones se imponen en los Santanderes como centinelas impenitentes en medio de la dureza de la tierra. 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