{"id":5455,"date":"2011-10-31T12:38:55","date_gmt":"2011-10-31T17:38:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5455"},"modified":"2014-04-13T17:30:02","modified_gmt":"2014-04-13T22:30:02","slug":"la-conoci-entre-suenos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/31\/la-conoci-entre-suenos\/","title":{"rendered":"La conoc\u00ed entre sue\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No s\u00e9 c\u00f3mo los dem\u00e1s han tenido la primera visi\u00f3n de su madre. Es dif\u00edcil definir el momento en que la nueva criatura, ese ser medio irreal que apenas se mueve por instintos, toma el contacto inicial con la vida. Y encontrarse con la existencia ha de ser, como en mi caso, el vago sonido de caricias y susurros que hace grata la atm\u00f3s\u00adfera pero no nos permite ser todav\u00eda conscientes. Acaso ese efluvio de besos y halagos, tan amorosamente dispensado y tan extra\u00f1amente recibido, se queda para siempre arrull\u00adando el alma de quien m\u00e1s tarde, hecho realidad y dolor, desear\u00e1 muchas veces regresar a ser ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando abr\u00ed los ojos del entendi\u00admiento al primer soplo fresco de la naturaleza, percib\u00ed, como nadando entre gasas de fin\u00edsima blancura, la figura magn\u00e9tica de un \u00e1ngel dis\u00adpensador de bondades. \u00c1ngel que no puede andar sino en los espacios et\u00e9reos. Tal vez mi madre me dijera en esos instantes: \u00a1Du\u00e9rmete, mi ni\u00f1o; du\u00e9rmete, mi Dios&#8230;.! Las madres del mundo entero consideran a su hijo la viva personalizaci\u00f3n de Dios. Y no est\u00e1n equivocadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese ser min\u00fasculo, que primero fue amor para luego volverse milagro, est\u00e1 plasmado el mayor prodigio divino. No hay, y nunca habr\u00e1, fe\u00adn\u00f3meno m\u00e1s asombroso que el de crearse vida en el cuerpo elemental de la mujer. Si no existiera esa f\u00f3rmula inescrutable, el mundo ha\u00adbr\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La madre, no importan sus con\u00addiciones sociales o econ\u00f3micas, es el credo supremo que tiene el individuo. Creyendo en la madre se cree en Dios. Podr\u00e1 ser pobre y humilde, pero superior a ella, incluso en las altas dignidades, las solemnes eru\u00addiciones o las falaces opulencias, nada se conoce. Marco Fidel Su\u00e1rez se enorgullec\u00eda, siendo presidente de Colombia, en proclamarse hijo de una lavandera. Negar a la madre es ne\u00adgarse a s\u00ed mismo. Enaltecerla, es defender la existencia y afirmar el car\u00e1cter.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre en la cuna recibimos un estigma. Ese ni\u00f1o que entre balbu\u00adceos y lloros apenas se nota dentro de su mundo fr\u00e1gil, ya ha quedado marcado para el resto de sus d\u00edas. Ser\u00e1 imposible que rompa, de ah\u00ed en adelante, y por m\u00e1s poderoso que llegare a ser, los lazos de su estirpe. Hay quienes en las cumbres de la fama o de las pr\u00f3speras posiciones se averg\u00fcenzan, por soberbios, de su linaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El peor lastre camina con ellos y no es raro hallar en esos desertores de la sangre los ejemplos m\u00e1s evidentes del infortunio y el desarraigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo que la conoc\u00ed entre sue\u00f1os, su figura ha seguido presente en este gran sue\u00f1o que es la vida. Ella inyect\u00f3 en mis venas jugos de rosales y ra\u00edces de monta\u00f1as. Me puso calor en la sangre y horizontes en los ojos. Un lucero me coloc\u00f3 en el alma, y con \u00e9l aprend\u00ed a so\u00f1ar y a ser escritor. No me dio ni riquezas, ni oropeles, ni espejismos; y me ense\u00f1\u00f3, en cambio, a buscar el verdadero sentido de los dones materiales y a descubrir la sinceridad de la gente. Me hizo dis\u00adtinguir el dinero sano del dinero que envilece y as\u00ed conquist\u00e9 la elegancia del decoro. De esta manera inculc\u00f3 entre sus seis hijos los caminos de la virtud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy contemplo a mi madre \u2014todos la contemplamos\u2014 en sus ochenta a\u00f1os ejemplares, de nieves y re\u00adcuerdos, como una sombra benigna, como un talism\u00e1n protector. Y es maravilloso verla bella y sutil, gar\u00adbosa y se\u00f1orial, como en sus mejores tiempos de la gracia femenina. Son ochenta a\u00f1os de plenas experiencias y forjados por luchas y satisfaccio\u00adnes, que han levantado un templo a la dignidad de vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus ojos se han reducido, de tanto mirar la vida, pero para ser m\u00e1s serenos y bondadosos. Sus arrugas y sus canas son, por lo bien vividas, los surcos y las perlas de roc\u00edo que nutren un atardecer esplendoroso. Es ella, la dama de mi ensue\u00f1o, como el r\u00edo de ternura que avanza sereno para permitirnos ver la claridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 25-X-1986.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar No s\u00e9 c\u00f3mo los dem\u00e1s han tenido la primera visi\u00f3n de su madre. 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