{"id":5497,"date":"2011-10-31T13:32:29","date_gmt":"2011-10-31T18:32:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5497"},"modified":"2014-05-04T19:43:26","modified_gmt":"2014-05-05T00:43:26","slug":"por-los-caminos-de-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/31\/por-los-caminos-de-venezuela\/","title":{"rendered":"Por los caminos de Venezuela"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestro destino final, en reciente viaje de vacaciones emprendido por carretera con mi esposa y los hijos, era la Isla de Margarita, para\u00edso seductor al que tanta publicidad le vienen dispensando las agencias de turismo, y al que le dedicar\u00e9 cap\u00edtulo especial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta cr\u00f3nica veloz que se hace sobre las carreteras venezolanas deseo captar algunas impresiones de los viajeros ansiosos que se propusieron, para conocer m\u00e1s y disfrutar mejor las emociones del viaje, llevar su propio veh\u00edculo, el \u00fanico con placas colombianas que se vio en todo el recorrido. Fecundo recorrido de 5.000 ki\u00adl\u00f3metros \u2014ida y regreso\u2014 desde Bogot\u00e1, que hoy me permite trasladar a mis lectores los gratos recuerdos de esta fuga de placer, el aut\u00e9ntico arte del ocio de que hablaba Hermann Hesse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varios amigos se hab\u00edan opuesto a que llev\u00e1ramos veh\u00edculo colombiano. \u201cTendr\u00e1n problemas en los retenes y los mirar\u00e1n mal\u00bb, nos advert\u00edan. Lo importante, decidimos nosotros, era portar los papeles en regla y saber manejar los desplantes, si en realidad ocurr\u00edan, con la necesaria habilidad para sortear dificultades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera inspecci\u00f3n se practic\u00f3 a la salida de San Antonio, la despensa de \u00a0cucute\u00f1os \u2014a donde puede llegarse sin papeles\u2014, antes de tomar la sinuosa carretera que conduce a San Crist\u00f3bal. Revisados los pasaportes, las visas y el permiso de la aduana para introducir el carro, el agente de la alcabala \u2014como llaman all\u00ed los retenes\u2014 nos pregunt\u00f3 sobre prop\u00f3sito del viaje y luego nos dese\u00f3, con manifiesta cordialidad y contradiciendo los temores creados por experiencias de otras \u00e9pocas, agradable estad\u00eda en su pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de ese momento comenz\u00f3 a aparecer el rostro amable de la hermana rep\u00fablica, imagen que persisti\u00f3 a lo largo de toda la ex\u00adcursi\u00f3n. En dos o tres ocasiones es\u00adcuchamos, con emoci\u00f3n, vivas a Colombia, entusiasta salutaci\u00f3n que nos hizo sentir como en la propia casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pernoctamos en Acarigua, la tierra del general P\u00e1ez, distante unos 600 kil\u00f3metros de C\u00facuta. Hab\u00edamos disfrutado, de San Crist\u00f3bal en adelante, del confort de las carreteras que engrandecen a nuestro vecino petrolero, carreteras envidiables por su exce\u00adlente conservaci\u00f3n, perfecta se\u00ad\u00f1alizaci\u00f3n y la seguridad para los automovilistas que se movi\u00adlizan en m\u00faltiples direcciones. Un solo accidente presenciamos en toda la traves\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son continuos los restaurantes y las estaciones de gasolina que se hallan a la vera de las rutas. Como estamos en tierra petrolera, la ga\u00adsolina se ofrece en diferentes grados de refinamiento, al gusto del con\u00adsumidor, y \u00e9sta vale tres veces menos de los precios colombianos. Lo mismo sucede con los lubricantes y ele\u00admentos afines.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El costo del turismo venezolano puede ser hasta tres veces inferior al nuestro. Un hotel de cuatro estrellas, por ejemplo \u2014y los hay magn\u00edficos en las ciudades que visitamos\u2014, vale alrededor de 500 bol\u00edvares \u20145.000 pesos colombianos\u2014 para cinco personas y con dos apartamentos independientes; el mismo servicio en Colombia es de 15.000 pesos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un solo peaje de cinco bol\u00edvares \u201350 pesos nuestros\u2013 \u00a0apareci\u00f3 en la traves\u00eda, en la autopista entre Valencia y Caracas, maravilloso trayecto de 160 kil\u00f3metros que se mantiene sin el menor deterioro y con las m\u00e1ximas condiciones de belleza y seguridad. Da gusto correr por estas v\u00edas planas y anchas, sin las trampas mortales que tantos accidentes producen en Colombia, y por entre paisajes fascinantes. En el estado de las carreteras venezolanas se aprecia el motor de la bonanza petrolera. Se notan signos de desarrollo agr\u00edcola e industrial, que convierten a Venezuela en naci\u00f3n previsora de su futuro, a pesar de los reveses econ\u00f3micos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se ven limosneros. No existe peligro de asaltos en las v\u00edas. Y el pito de los carros \u2014uno de los monstruos colombianos\u2014 casi no se escucha. Son contrastes que vale la pena mencionar para buscar en nuestro pa\u00eds mayor grado de civili\u00adzaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pulpo vial de Caracas es digno de admiraci\u00f3n. Es un com\u00adplejo conformado por amplias ave\u00adnidas, airosas autopistas,\u00a0 puentes a\u00e9reos que se disparan en todas las direcciones, t\u00faneles que perforan las rocas y avanzadas t\u00e9cnicas de ingenier\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A menos de cuatro horas de Caracas estamos en Puerto La Cruz, emporio tur\u00edstico a donde se des\u00adplazan los venezolanos los fines de semana en apretada profusi\u00f3n de autom\u00f3viles, en busca de mar y emociones. All\u00ed est\u00e1n \u00a0ahora, en esta cr\u00f3nica viajera que aspira a dejar algo positivo para el turismo\u00a0 desorganizado y costoso de nuestro pa\u00eds, estos transe\u00fantes que as\u00ed vieron al pa\u00eds vecino. Que fueron bien tratados y pueden certificar las bondades de la generosa hospitalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Puerto La Cruz tomamos el ferry, con el veh\u00edculo a bordo, en un barco provisto de todas las comodidades, y cuatro horas m\u00e1s tarde nos hall\u00e1bamos en la Isla de Margarita, el horizonte so\u00f1ado que ocupar\u00e1 la segunda parte de esta aventura caminera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 29-I-1987.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Nuestro destino final, en reciente viaje de vacaciones emprendido por carretera con mi esposa y los hijos, era la Isla de Margarita, para\u00edso seductor al que tanta publicidad le vienen dispensando las agencias de turismo, y al que le dedicar\u00e9 cap\u00edtulo especial. 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