{"id":5644,"date":"2011-11-01T13:47:32","date_gmt":"2011-11-01T18:47:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5644"},"modified":"2014-04-04T18:41:41","modified_gmt":"2014-04-04T23:41:41","slug":"la-honradez-un-don-escaso","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/01\/la-honradez-un-don-escaso\/","title":{"rendered":"La honradez, un don escaso"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La falta de honradez se convirti\u00f3 en un distintivo de la humanidad. El mundo se volvi\u00f3 tramposo. A la gente le gusta la farsa, la mentira, la escaramuza. Los negocios, incluso entre la llamada gente decente, se hacen con cartas tapadas, con malicia, con intenci\u00f3n aviesa. Estamos en un momento donde todos recelan de todos y viven prevenidos contra el enga\u00f1o en el trato comercial o en las relaciones personales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La estafa, tan com\u00fan en el medio colombiano, es el pan cotidiano que parece estar vigente, desde la primera edad, en la formaci\u00f3n del individuo. Se ense\u00f1a m\u00e1s a ser asaltador que a leer y escribir. Como la persona, desde la ni\u00f1ez, debe aprender a defenderse, llevar\u00e1 inculcada la lecci\u00f3n de que vivimos en un mundo de traici\u00f3n permanente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recorr\u00ed m\u00e1s de diez almacenes en busca de un repuesto ele\u00admental para mi veh\u00edculo. El precio normal era de $5.500, marcado en la revista <em>Motor,<\/em> y en ninguno de los sitios visitados hall\u00e9 siquiera una aproximaci\u00f3n. En todos sub\u00eda de $7.000 y uno de ellos tuvo el descaro de pedir $ 10.000, casi el doble del valor leg\u00edtimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si usted recorre el comercio decembrino hallar\u00e1, de almac\u00e9n a almac\u00e9n, a veces puerta de por medio, las m\u00e1s extravagantes oscilaciones por el mismo art\u00edculo. \u00a0Los comerciantes en nuestro pa\u00eds parecen haber sido amasados con el criterio, muy a la colombiana, de la <em>tum\u00adbada<\/em>. Primero se le mira la cara al cliente y de acuerdo con su ingenuidad se le sube el term\u00f3\u00admetro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leo en una revista que en una ciudad de la China se fue la luz en una gran tienda de mercanc\u00eda colmada de 10.000 personas \u00a1y no hubo un solo robo! En una su\u00adcursal bancaria, dentro de la misma tienda, hab\u00eda depositada una cifra millonaria sobre una mesa \u00a1y no desapareci\u00f3 un solo billete! Exaltar con signos de admiraci\u00f3n estos rasgos de honradez es apenas sorpren\u00addernos de una conducta que en Colombia ser\u00eda ins\u00f3lita. Anota la revista: \u00abLa tienda estaba a os\u00adcuras, pero los clientes fueron un luminoso ejemplo de honradez\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando inici\u00e9 mi carrera ban\u00adcaria, hace tres d\u00e9cadas, todav\u00eda se usaba la honradez. Y era t\u00edtulo de honor que exhib\u00eda la persona y le hac\u00eda ganar pres\u00adtancia social. Recuerdo que uno de los cajeros del banco, por en\u00adgomar un fajo de billetes de $500 (entonces una cuant\u00eda crecida), entreg\u00f3 pegados dos fajos por uno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El descuadre le represen\u00adtaba toda una fortuna y el pobre empleado qued\u00f3 confundido. Ya cerrado el banco y en medio de la natural conster\u00adnaci\u00f3n de todo el personal, se present\u00f3 el comerciante honrado y devolvi\u00f3 al gerente la cantidad sobrante. De ah\u00ed en adelante el cliente, que se iniciaba como menudo comerciante, obtuvo del banco, como premio a su honra\u00addez, la m\u00e1xima colaboraci\u00f3n crediticia. Pasados muchos a\u00f1os volv\u00ed a encontrarlo y me alegr\u00f3 saber de sus grandes progresos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque la falta de honradez es una plaga mundial, no exclusiva del ambiente colombiano, quien es recto puede considerarse salvado de este naufragio. Yo s\u00e9, por experiencias propias y ajenas, que no es po\u00adsible el \u00e9xito sin rectitud. La persona tramposa tarde o tem\u00adprano conoce el fracaso. La honrada, en cambio, esa que se da el lujo de llevar alta la frente y limpia la conciencia, vivir\u00e1 con regocijo y ver\u00e1 progresar sus actividades. A veces el recono\u00adcimiento es tard\u00edo, pero siempre produce dividendos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La honradez es un estado mental, un atributo luminoso del alma. Es un c\u00f3digo inapreciable, tanto m\u00e1s valioso y gratificador cuanto m\u00e1s escaso se halla en este planeta de falacias y cobard\u00edas. Para ser honrado, tambi\u00e9n hay que ser valiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 7-I-1988.<br \/>\n<em><strong>Revista Manizales, <\/strong><\/em>julio de 1989.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La falta de honradez se convirti\u00f3 en un distintivo de la humanidad. El mundo se volvi\u00f3 tramposo. A la gente le gusta la farsa, la mentira, la escaramuza. 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