{"id":5660,"date":"2011-11-01T14:03:20","date_gmt":"2011-11-01T19:03:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5660"},"modified":"2014-03-22T11:09:58","modified_gmt":"2014-03-22T16:09:58","slug":"tunja-niebla-y-luces","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/01\/tunja-niebla-y-luces\/","title":{"rendered":"Tunja: niebla y luces"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el quinto piso del Hotel Hunza \u2014un remanso de paz y bienestar\u2014 me agradaba con\u00adtemplar, durante mi reciente estad\u00eda all\u00ed, los lentos amane\u00adceres que despuntaban en las monta\u00f1as vecinas con cierta resistencia a la claridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las alboradas tunjanas de las cinco, en d\u00edas limpios como los que me toc\u00f3 presenciar, est\u00e1n coronadas de niebla, niebla persistente como todas las es\u00adtampas de tierra fr\u00eda, pero luego se impone el juego de las luces y \u00e9stas descubren, hacia las seis de la ma\u00f1ana, el espect\u00e1culo de la ciudad quieta que se ve sorprendida por la invasi\u00f3n de los resplandores solares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la capital boyacense se le ha pintado como una urbe ador\u00admilada, lenta para el caminar y el progreso. Sus eternas llo\u00adviznas y sus brisas heladas, que son el marco natural de este recinto de silencios y vidas si\u00adgilosas, recuerdan que Tunja, como pocas ciudades colom\u00adbianas, resiste todos los rigores ambientales y todas las durezas materiales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El boyacense naci\u00f3 para ser sufrido y es bueno como el pan de las mesas campesinas. Por eso, el paisaje, ese cuadro de niebla y luces que todos los d\u00edas penetraba en mi aposento del Hotel Hunza y me animaba a despertar y exta\u00adsiarme con la tierra, es el que gobierna el alma boyacense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya caminando por la ciudad en pos de los vestigios coloniales que no ha logrado desvanecer el \u00edmpetu moder\u00adnista, los ojos y el esp\u00edritu ras\u00adtrean las huellas de un pasado majestuoso. Todo en Tunja es sorprendente. Por donde se transite aparecer\u00e1n las luces de su cultura desconcertante. Las casonas que enmarcan la Plaza de Bol\u00edvar, con sus fachadas olorosas a realeza y sus tejados so\u00f1adores, lo sit\u00faan a uno en \u00e9pocas in\u00admemoriales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos Eduardo Vargas Rubiano, siendo gobernador del depar\u00adtamento, me invit\u00f3 a mirar la ciudad desde la torre de su despacho y no pude menos de sentirme fascinado con la poes\u00eda de los tejados. Dij\u00e9rase que all\u00ed duermen siglos de his\u00adtoria y que \u00e9sta se niega a bajar de sus fortalezas para encon\u00adtrarse con una \u00e9poca desdibu\u00adjada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tunja, m\u00e1s que un hecho material \u2014y a veces se me ocurre pensar que es una villa irreal\u2014, es cultura. All\u00ed se pro\u00adtege el pasado como la mejor herencia. El Instituto de Cultura y Bellas Artes, encargado de preservar el patrimonio colonial y fomentar en las nuevas ge\u00adneraciones la formaci\u00f3n del esp\u00edritu, es el gran coloso que vigila el alma de los tunjanos. Y les recuerda que para ser dignos hay que ser cultos. Su es\u00adcuela de m\u00fasica, la mejor de Suram\u00e9rica, es verdadera universidad del bello arte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Instituto cuida los monumentos hist\u00f3ricos, las casas coloniales, los archivos de la ciudad; y administra la biblioteca Eduardo Torres Quintero, gran centro de investigaci\u00f3n y estudio, hoy con un patrimonio de 15.000 vol\u00fa\u00admenes. Octavio Rodr\u00edguez Sosa, secretario general del Instituto, arquitecto y poeta (pronto ver\u00e1 la luz su poemario <em>Hirondela),<\/em> fue uno de los amables ci\u00adcerones que me permitieron una visi\u00f3n m\u00e1s profunda de este pozo de cultura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Academia Boyacense de Historia, baluarte de la tradici\u00f3n regional, vive comprometida con el proceso hist\u00f3rico de este pueblo forjador de grandezas. La entidad, gracias al empuje de su presidente, Javier Ocampo L\u00f3pez, y al dinamismo de los acad\u00e9micos, es la mayor impulsora del libro boyacense. Sabe que editando libros no s\u00f3lo estimula el talento sino que fomenta el progreso. La Universidad Pedag\u00f3gica y Tecnol\u00f3gica es, de igual ma\u00adnera, columna ver\u00adtebral para el adelanto espi\u00adritual de los boyacenses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta mezcla de niebla y luces parece met\u00e9rsele a uno en el alma y formarle un nido de encanto. A Tunja, que es un monumento de cultura, se llega con asombro y veneraci\u00f3n, como a un fort\u00edn de la nobleza y el esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, III-1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Desde el quinto piso del Hotel Hunza \u2014un remanso de paz y bienestar\u2014 me agradaba con\u00adtemplar, durante mi reciente estad\u00eda all\u00ed, los lentos amane\u00adceres que despuntaban en las monta\u00f1as vecinas con cierta resistencia a la claridad. 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