{"id":5669,"date":"2011-11-01T14:11:00","date_gmt":"2011-11-01T19:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5669"},"modified":"2014-03-11T18:47:35","modified_gmt":"2014-03-11T23:47:35","slug":"diario-del-miedo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/01\/diario-del-miedo\/","title":{"rendered":"Diario del miedo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Hemos llegado al momento de aceptar <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>que la peor bestia carnicera es el hombre <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y no el lobo<strong>. <\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>Rodrigo Arenas Betancourt.<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son palabras tomadas de su libro <em>Cr\u00f3nicas de la errancia, del amor y de la muerte,<\/em> publicado por Colcultura en 1976. Entonces Arenas Betancourt, a pesar de tener un concepto muy claro sobre la deshumanizaci\u00f3n y la depravaci\u00f3n del hombre, no supon\u00eda que 12 a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00eda sometido a una de las torturas m\u00e1s infamantes: el secuestro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ochenta d\u00edas permaneci\u00f3 en poder de sus captores. Recon\u00adquist\u00f3 el derecho a la vida des\u00adpu\u00e9s de haber sufrido los suplicios de la muerte. Para el intelectual y el artista es m\u00e1s lacerante la p\u00e9rdida de la libertad, lo que hace suponer que esos d\u00edas de encierro y humillaci\u00f3n, bajo el poder salvaje de vulgares delincuentes, fueron una lenta agon\u00eda. A todo momento sinti\u00f3 la muerte acechante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su cautiverio fue un viaje al\u00adrededor del miedo. La muerte, para la persona indefensa y sobre todo para la que piensa, es m\u00e1s temible en las largas esperas del golpe de gracia. Cuando sobre la sien permanece tendida el arma monstruosa, es imposible domi\u00adnar el pavor. Cuando el interlo\u00adcutor no es un hombre sino un lobo, carente de sentimientos y armado de ferocidad, crece el miedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El maestro pidi\u00f3 un cua\u00adderno, m\u00e1s tarde otro, y en ellos volc\u00f3 sus angustias. Ya en el potro de la muerte, era f\u00e1cil dia\u00adlogar con ella. Dialogar, como lo hizo por espacio de ochenta d\u00edas infinitos, no exclu\u00eda el p\u00e1nico. Cuando la parca se halla m\u00e1s cerca es cuando m\u00e1s se le teme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Creo, sin embargo, que el maestro es un enamorado de la muerte. En su vida viajera, va\u00adgabundo por pa\u00edses lejanos y por miserias universales, muchas veces contempl\u00f3 el rostro p\u00e1lido de su compa\u00f1era de errancias. Le cogi\u00f3 confianza, pero no se atrevi\u00f3 a convidarla a su soledad. Prefiri\u00f3 que rondara, que lo mi\u00adrara de lejos. Y al tenerla pr\u00f3xima, esta vez en la covacha del oprobio, se horroriz\u00f3 ante su presencia, aunque la consinti\u00f3 como la \u00fanica socia de su hundimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte, para el\u00a0 maestro, es una verdad luctuosa, pero no por eso deja de seducirlo. Su \u00fanico libro publicado, un en\u00adsayo autobiogr\u00e1fico de gran vigor literario y humano, es un canto a la muerte. Hermoso canto, que ahora adquiere mayores reso\u00adnancias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rodrigo Arenas Betancourt inici\u00f3 su carrera como tallador de cristos e imaginero. A la vuelta de los a\u00f1os se consagr\u00f3 como uno de los m\u00e1s destacados escultores del continente americano e hizo famosos sus obras c\u00f3smicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todas sus representaciones hay una actitud de vuelo, de liberaci\u00f3n, de infinito. Es el maestro angustiado que clama por la libertad y condena la violencia en medio del mundo b\u00e1rbaro. No concibe la esclavitud, porque su alma, como sus escul\u00adturas, vive henchida de inmen\u00adsidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos c\u00f3digos \u00e9ticos de su obra y de su personalidad, al verse pisoteados por sus verdugos, m\u00e1s dolor le produjeron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus noches de pavura se encontr\u00f3 con Cristo, a quien hab\u00eda dibujado en m\u00faltiples ex\u00adpresiones durante el comienzo de su carrera. El Cristo de su abandono y su miseria le hizo aumentar su angustia de Dios. De sorpresa en sorpresa, y sintiendo siempre el filo de la amargura, fue capaz de una oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n del miedo. Su monta\u00f1a antioque\u00f1a, de clamores y soli\u00addaridades, se creci\u00f3 en su estu\u00adpor. Tom\u00f3 el l\u00e1piz y escribi\u00f3. De corrido llen\u00f3 dos cuadernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el diario del miedo, pulsado con dedos temblorosos y alma perpleja. Era ateo antes del se\u00adcuestro. No creo que contin\u00fae si\u00e9ndolo despu\u00e9s de su liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El maestro es gran escritor. As\u00ed lo demuestran sus <em>Cr\u00f3nicas de la errancia, del amor y de la muerte,<\/em> donde con lenguaje po\u00e9tico y estremecedor desgarra las vestiduras de su alma. Cuando salga a la luz su <em>Diario del miedo<\/em> y concluya su <em>Monumento a la muerte<\/em>, sabremos hasta qu\u00e9 grado el arte es capaz de hermosear, pero repudi\u00e1ndola, la violencia colombiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 25-I-1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hemos llegado al momento de aceptar que la peor bestia carnicera es el hombre y no el lobo. Rodrigo Arenas Betancourt. Son palabras tomadas de su libro Cr\u00f3nicas de la errancia, del amor y de la muerte, publicado por Colcultura en 1976. 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