{"id":5679,"date":"2011-11-01T14:20:54","date_gmt":"2011-11-01T19:20:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5679"},"modified":"2014-03-22T11:23:10","modified_gmt":"2014-03-22T16:23:10","slug":"la-sombra-de-maria-eugenia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/01\/la-sombra-de-maria-eugenia\/","title":{"rendered":"La sombra de Mar\u00eda Eugenia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde muy joven comenz\u00f3 Mar\u00eda Eugenia a hacer justicia. Le encantaban las leyes y los c\u00f3digos. Cre\u00eda en la justicia colombiana. Por ella muri\u00f3. La mataron por la espalda, a sangre fr\u00eda, en una cafeter\u00eda de Chiquinquir\u00e1. El cuerpo de la bella mujer se dobl\u00f3 sobre la mesa del establecimiento ante la mirada de terror de sus compa\u00f1eras, otras dos juezas de la misma localidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez alcanzaron a pensar que las balas siguientes ser\u00edan para ellas. Miraron al asesino, en ese instante pavoroso donde la justicia se marchita ante los proyectiles, y esperaron la se\u00adgunda descarga. Era un hombre joven, de unos 30 a\u00f1os. La misma edad de Mar\u00eda Eugenia. Dos juventudes encontradas. Una ejercitada en la \u00e9tica de la vida y la otra torcida por los vericuetos del crimen. El sicario s\u00f3lo iba por Mar\u00eda Eugenia. Sali\u00f3 tranquilo de la cafeter\u00eda, como si nada hubiera sucedido. M\u00e1s tarde tir\u00f3 el arma en una caneca de la basura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hab\u00eda perpetrado un ase\u00adsinato m\u00e1s. Un nuevo atentado contra la justicia. Los c\u00f3digos que con tanta pasi\u00f3n consent\u00eda Mar\u00eda Eugenia eran otra vez perforados por las balas. Pue\u00adden m\u00e1s tres disparos certeros, a plena luz del d\u00eda, que los ex\u00adpedientes voluminosos de los juzgados. Mar\u00eda Eugenia, jueza penal de Chiquinquir\u00e1, ten\u00eda por qu\u00e9 saber que el delito es vengativo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella conoc\u00eda los rencores oscuros del esmeraldero yd el narcotraficante. Hab\u00eda castigado a muchos delin\u00adcuentes. Era insobornable en la aplicaci\u00f3n de la ley. Por eso sobraba. Hab\u00eda que eliminarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el pa\u00eds se matan jueces, magistrados, procura\u00addores, periodistas, hombres de Estado. Las balas alevosas de la descomposici\u00f3n colombiana siempre estar\u00e1n apuntadas contra las personas rectas. Contra quienes pretenden re\u00adformar la sociedad. No importa, para el caso, que se trate de la mujer agraciada, llena de en\u00adcantos f\u00edsicos y espirituales, de simpat\u00edas y esperanzas. No interesa dejar destrozada su familia. Lo que cuenta es la venganza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tres proyectiles que pro\u00adtagonizaron este drama ho\u00adrrendo repercutieron en todo el pa\u00eds. Conmovieron a la socie\u00addad. Hirieron a la familia co\u00adlombiana. En todas partes se dej\u00f3 sentir la protesta c\u00edvica, el repudio dolorido. La rama judicial decret\u00f3 duelo nacional. Hubo silenciosos desfiles ca\u00adllejeros, de brazos ca\u00eddos y c\u00f3digos cerrados. En las misas se or\u00f3 por la v\u00edctima, con l\u00e1\u00adgrimas solidarias, porque su muerte despertaba ternura. Se or\u00f3, con desconcierto, por Co\u00adlombia, pa\u00eds desprotegido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasados los d\u00edas, el crimen entrar\u00e1 a los expedientes de la impu\u00adnidad. La noticia poco a poco se ha desvanecido. Las pistas del sicario quedaron borradas. Era, de seguro, asesino a sueldo que sab\u00eda hacer el oficio. Por cualquier fajo de billetes, incluso de baja denominaci\u00f3n, vendi\u00f3 su conciencia. \u00bfAcaso tienen conciencia estas bestias desalmadas? \u00bfSaben lo que significa el dolor humano? Herir, matar, destrozar los hogares, ultrajar a Colombia, he ah\u00ed su consigna. Ese es su contrato. Para eso les pagan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En casa de sus padres, en la ciudad de Tunja, hogar con el que me unen profundos v\u00edncu\u00adlos de paisanaje y afecto, yo hab\u00eda hablado con Mar\u00eda Eugenia d\u00edas antes de su muerte. Su dulce figura des\u00adpertaba admiraci\u00f3n. Jovial, inteligente, magn\u00edfica conver\u00adsadora. Era una juventud llena de ilusiones. Le gustaban el deporte, la vida sana, el estudio. Todo era di\u00e1fano. Nada hac\u00eda presentir el final doloroso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, el hogar anonadado no entiende estas equivocaciones del destino. Colombia est\u00e1 postrada entre afrentas e indignidades. La sociedad contin\u00faa colocada contra el muro de la ignominia. Esta mancha de sangre femenina, con una hermosa jueza sacrificada en el momento m\u00e1s prometedor y m\u00e1s ilusorio de su existencia, pide rectificaciones. La sombra de Mar\u00eda Eugenia se agiganta entre el estupor y la desespe\u00adranza. Es la sombra de una patria mutilada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 4-III-1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Misiva:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tu precioso art\u00edculo nos ha dado vida y valor espiritual. <strong>Rub\u00e9n Ria\u00f1o Garrido <\/strong>(padre de Mar\u00eda Eugenia), Tunja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Desde muy joven comenz\u00f3 Mar\u00eda Eugenia a hacer justicia. Le encantaban las leyes y los c\u00f3digos. Cre\u00eda en la justicia colombiana. Por ella muri\u00f3. La mataron por la espalda, a sangre fr\u00eda, en una cafeter\u00eda de Chiquinquir\u00e1. 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