{"id":5811,"date":"2011-11-01T17:48:29","date_gmt":"2011-11-01T22:48:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5811"},"modified":"2014-03-30T19:43:50","modified_gmt":"2014-03-31T00:43:50","slug":"dona-ines-perdio-su-casa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/01\/dona-ines-perdio-su-casa\/","title":{"rendered":"Do\u00f1a In\u00e9s perdi\u00f3 su casa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De paso por la ciudad de Tunja, un a\u00f1o antes de po\u00adnerse de moda In\u00e9s de Hinojosa gracias a los arranques er\u00f3ticos de Pr\u00f3spero Morales Pradilla, pregunt\u00e9 por la casa del pecado. El vecino me repas\u00f3 de pies a cabeza como investigando si hab\u00eda escuchado bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013La casa del pecado \u2013precis\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfTan temprano, se\u00f1or?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como insistiera en mi deseo de visitar en ese mis\u00admo momento, tres de la tarde, la oculta mansi\u00f3n de la concupiscencia que no hab\u00eda logrado descubrir, el veci\u00adno, adoptando un gesto guas\u00f3n, me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfLa casa de la mestiza? \u00bfLa del cuerpo excitante y la mirada seductora? \u00bfLa de los senos voluptuosos y el andar irresistible? Lo veo por sus ojos, se\u00f1or: pregun\u00adta usted por la mayor pecadora de Tunja. \u00a1La perdici\u00f3n de los hombres! Y quiere conseguirla a las tres de la tarde, \u00bfno es cierto?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1La misma, la misma&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Ya! \u2013remat\u00f3 mi gu\u00eda\u2013. Se va seis cuadras en l\u00ednea recta; voltea a la izquierda hasta una pileta de agua; luego sigue hasta la cuadra siguiente, por la derecha, hasta que ve aparecer un \u00e1rbol; frente a \u00e9l se halla una casa colonial, silenciosa, con las ventanas cerradas y con cierto embrujo pecaminoso, que es lo que usted busca. Cuando la dama abra el postigo, usted le sonr\u00ede&#8230;\u00a0 \u00a1y ya!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la traves\u00eda, que devor\u00e9 con paso precipitado, me dije que al fin iba a saciar mis ansias. La niebla y el fr\u00edo tunjanos se me hab\u00edan metido en el alma, pero cuan\u00addo vi el \u00e1rbol sent\u00ed un fresco en el coraz\u00f3n. La brasa del deseo calentaba mis zonas fr\u00edgidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La dama sigilosa, con un gui\u00f1o, me invit\u00f3 a empujar la puerta. Avanc\u00e9 entre penumbras y me detuve en la escalera de piedra. El reposado patio sembrado de \u00e1rbo\u00adles, al fondo, me sugiri\u00f3 rec\u00f3nditas aventuras amorosas del siglo XVI. \u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 el t\u00fanel secreto?, me dec\u00eda, al tiempo que la dama, desvaneciendo de sus ojos un ex\u00adtra\u00f1o sopor, me conduc\u00eda por el corredor. Por all\u00ed, en\u00adtre bostezos perdidos y peligrosas sensaciones de inti\u00admidad, vi moverse bajo las s\u00e1banas figuras somnolientas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando me sent\u00ed prisionero de la equivocaci\u00f3n en medio de una salita olorosa a trago y a pecados ordinarios, pretend\u00ed retroceder. Pero la damisela, que en nada se parec\u00eda a la Hinojosa, ya hab\u00eda servido dos copas de ron, sin mi consentimiento, y puesto en circulaci\u00f3n el disco que a la madrugada qued\u00f3 en el aparato de la m\u00fasica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Vamos, vamos!, reaccion\u00e9, como despertando de un sue\u00f1o. La \u00e9poca de la Colonia, llena de delirantes pasio\u00adnes de alcoba, ya estaba esfumada. Ahora corr\u00eda detr\u00e1s de unos pecados baratos, los de las tres de la tarde, que me asustaron. Los dej\u00e9 a medio tapar, como los ha\u00adb\u00eda encontrado, y hu\u00ed por la calle del \u00e1rbol; y \u00e9ste no era el del ahorcamiento, como el vecino bromista me lo hab\u00eda hecho suponer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de semejante chasco, averig\u00fc\u00e9 en el Institu\u00adto de Cultura y Bellas Artes por la casa evaporada, que ning\u00fan transe\u00fante hab\u00eda logrado localizarme. Cre\u00eda, des\u00adde luego, como boyacense y amante de la historia, que existir\u00eda todo un museo atestiguando los hechos memora\u00adbles. Mi interlocutor me confes\u00f3, con pena, que do\u00f1a In\u00e9s no ten\u00eda casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fui, de todas maneras, al lugar que me indic\u00f3. Por el balc\u00f3n colonial, que nadie abre desde que la resi\u00addencia se halla en ruinas, supe que estaba en el sitio hist\u00f3rico. En la tienda de la esquina ped\u00ed un caf\u00e9, y ya con suficiente calor, pregunt\u00e9 por la residencia. \u00a1In\u00e9s de Hinojosa!, se me hinch\u00f3 el \u00e1nimo. La empleada qued\u00f3 en babia. \u00a1In\u00e9s, la mundana, la pecadora! Se bur\u00adl\u00f3 de mi arrebato. Nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me encamin\u00e9 al port\u00f3n siguiente, donde existe una carnicer\u00eda. \u00a1Esa era la entrada al para\u00edso perdido! Como el cuidandero no estaba, lo esper\u00e9 buen rato. Me dej\u00f3 seguir, pero con reticencia. Cuando sub\u00eda las gradas que llevan al segundo piso, todo un enjambre de Pedros, de aventuras clandestinas, de intrigas pasionales, de formas l\u00fabricas, me atropellaba la mente. A poco andar supe que el t\u00fanel del amor hab\u00eda desaparecido entre paredes derruidas. Las alcobas estaban cerradas y denunciaban calamidades. El pasado yac\u00eda entre moles de decrepitud. En medio de aquel abandono me pareci\u00f3 escuchar el quejido acusador del Jud\u00edo Errante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora que los pecados de In\u00e9s de Hinojosa iluminan la televisi\u00f3n y despiertan explosivas apetencias, me duele que la pobre y deslumbrante mujer (ambas cosas unidas son posibles en el hechizo femenino) carezca de casa. Cuando no se tiene techo, tampoco se tiene lecho. Tal vez ella, que tanto lo disfrut\u00f3, se lo llev\u00f3 para la otra vida. Do\u00f1a In\u00e9s es una referencia tunjana y debe permanecer en su sitio hist\u00f3rico. Sus pecados, que escandalizaron a la Colonia y describieron un estado social, no pueden ignorarse ni removerse. Por eso, Pr\u00f3spero Morales Pradilla los ha sacado al desnudo, con sensuales alborozos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya de regreso de mi frustrada visita, me acord\u00e9 del tunjano guas\u00f3n que me envi\u00f3 a buscar el placer en otro laberinto. Pero no me dej\u00e9 atrapar por una In\u00e9s falsificada. Insist\u00ed en mi pesquisa hasta descubrir el recinto donde so\u00f1\u00f3 y pec\u00f3 la hermosa y desventurada mujer. En la entrada funciona hoy una venta de carne. La carne y el pecado caminan juntos. O si no, que lo desmientan los tunjanos, demorados en rescatar esta huella de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 19-XII-1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar De paso por la ciudad de Tunja, un a\u00f1o antes de po\u00adnerse de moda In\u00e9s de Hinojosa gracias a los arranques er\u00f3ticos de Pr\u00f3spero Morales Pradilla, pregunt\u00e9 por la casa del pecado. 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