{"id":6080,"date":"2011-11-10T22:50:25","date_gmt":"2011-11-11T03:50:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6080"},"modified":"2014-06-06T18:26:54","modified_gmt":"2014-06-06T23:26:54","slug":"guias-del-escritor","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/10\/guias-del-escritor\/","title":{"rendered":"Gu\u00edas del escritor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>(Palabras en la presentaci\u00f3n de la novela <em>Ventisca<\/em>)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda tuve la extra\u00f1a pretensi\u00f3n de fundar un pue\u00adblo. Idea ambiciosa que me persigui\u00f3 a trav\u00e9s de los a\u00f1os, cada vez con mayor apremio, hasta llevarme a fijar, en al\u00adg\u00fan momento de optimismo, el primer moj\u00f3n de mi pueblo ima\u00adginario. Nac\u00eda as\u00ed en la arquitectura del escritor la que ser\u00eda mi tercera novela, bautizada <em>Ventisca,<\/em> que, luego de pasar por rigurosas jornadas de moldura y rectifi\u00adcaci\u00f3n, ve hoy la luz p\u00fablica gracias al generoso apoyo de la Universidad Central, presidida por el doctor Jorge Enrique Molina Marino, gran mecenas de la cultura colombiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han transcurrido varios a\u00f1os desde cuando se anot\u00f3 la primera l\u00ednea sobre un proyecto idealista, hasta el d\u00eda de hoy, cuando la palabra se convierte en libro. A\u00f1os de maduraci\u00f3n, de ajuste, de autocr\u00edtica y depuraci\u00f3n mien\u00adtras la idea tomaba contextura; y hubo necesidad, a la postre, de destruir el pueblo que se hab\u00eda levantado con ardoroso empe\u00f1o, por haber quedado flojos los cimientos. Esta historia es la muerte de un pueblo, y si bien se ob\u00adserva, es la angustia del propio autor que vive siempre en lucha contra sus esp\u00edritus y desasosiegos. A veces se supone que esta permanente agitaci\u00f3n conduce al reposo. Pero el escritor no descansa. Nunca estar\u00e1 satisfecho por completo, ni con la primera ni con la vig\u00e9sima obra, y la \u00faltima correcci\u00f3n, que le ha producido desahogo, ser\u00e1 apenas un remanso para proseguir la marcha con nuevos br\u00edos y superiores tormentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La paciencia y el sacrificio, tan connaturales a la carrera del escritor, son los factores m\u00e1s determinan\u00adtes de la labor literaria. Ning\u00fan artista como el es\u00adcritor est\u00e1 sometido a tantos rigores y privaciones, a tantas renuncias y torturas, y s\u00f3lo en la soledad y el silencio ser\u00e1 posible para \u00e9l, en lucha implacable contra sus diablos interiores, plasmar sus sue\u00f1os. Pero esto no es el infierno. Es campo de batalla creadora, imposible de interpretar por los profanos, donde la paz se conquista con gotas de sangre y enlazando fantasmas. Ya advirti\u00f3 Rilke: <em>\u00abSi usted cree que es capaz de vivir sin escribir, no escriba\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor no debe escribir confiado en el \u00e9xito, y primero ha de saber que la gloria es caprichosa: a veces llega, otras veces llega tarde, y nunca agranda la obra valedera. La ostentaci\u00f3n va por otro camino. El m\u00e9rito puede m\u00e1s que la propaganda artificiosa. Cuando se escribe con honestidad y con amor a la gen\u00adte, el mejor laurel que conquista el escritor es el de saberse fabricante de ideales. En el arduo y pacien\u00adte trabajo es donde se acrisola la obra del artista, y la prisa por publicar resulta nefasta. Si escribir y esperar es regla de oro en este oficio tan exigente, la precipitaci\u00f3n atomiza los mejores prop\u00f3sitos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carpentier recomienda veinte a\u00f1os de escritura an\u00adtes de publicar algo. Flaubert se tomaba una semana en la elaboraci\u00f3n de la p\u00e1gina bien balanceada, y por eso su producci\u00f3n, escasa en vol\u00famenes y densa en profundi\u00addad, no la consumir\u00e1 jam\u00e1s el comej\u00e9n del tiempo. Rulfo confesaba que en <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em> estaba todo cuanto necesitaba contarle al mundo, y convirti\u00f3 su novela, de s\u00f3lo cien p\u00e1ginas \u2013pero p\u00e1ginas magistrales\u2013, en destello pro\u00addigioso de la brevedad alucinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La brevedad es virtud que no consiste en decir poco sino en expresar m\u00e1s con menos palabras. Para ello el escritor ha de imponerse severas disciplinas de purga del lenguaje y enriquecimiento de las ideas. Esta regla va enlazada con la sencillez, y ya se sabe que en la sencillez reside la elegancia. Manifiesta Camilo Jos\u00e9 Cela que <em>\u00abtodo lo que no sea humilde, una inmensa y descarada humildad, sobra en el equipaje del escritor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escritura y el dinero no van de la mano y se re\u00adchazan. Hablan diferente idioma. La ley del escritor se ofusca con las fulguraciones del oro, pero si el oro lo deslumbra y lo seduce, que cambie de oficio. En la abundancia de bienes materiales, lo mismo que en las cimas de la fama que ya no dejan trabajar, naufragan las intenciones m\u00e1s optimistas. El escritor es un animal de resistencia y de fuerzas incre\u00edbles, y tal vez su mejor comparaci\u00f3n es con el buey, modelo de paciencia y mansedumbre, que entre palos y maltratos resiste sufridas jornadas y transporta pesados cargamentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El novelista, que no podr\u00e1 escribir sino la realidad de sus propias vivencias, est\u00e1 llamado a ser el supremo historiador del tiempo. Pintar la vida \u2013y esa es su funci\u00f3n primordial\u2013 consiste en traducir la condici\u00f3n humana y compenetrarse con el dolor y la alegr\u00eda. Sus personajes, as\u00ed sean simb\u00f3licos o surrealistas, son tomados de la verdad del mundo y revestidos de caracteres probables. Para muchos la novela es la primera de las artes porque su objetivo es el hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser novelista significa un duro destino. Es una labor que no permite la quietud ni el adormecimiento, menos la marcha atr\u00e1s. Cuando las criaturas han tomado vida, jalan al escritor, se meten en su carne y en su esp\u00ed\u00adritu, lo estrujan y lo obligan a que responda por ellas. Para que el narrador cumpla con su misi\u00f3n debe saber interpretar la fuerza de sus personajes, o de lo contra\u00adrio sucumbir\u00e1 \u00e9l mismo. Su \u00fanico compromiso es con los protagonistas de sus relatos, y necesita hacer de ellos \u00e1ngeles o demonios. Debe asesinarlos o salvarlos, pero nunca abandonarlos en el absurdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando pretend\u00ed fundar un pueblo, la primera piedra me qued\u00f3 bien colocada. Las calles iniciales salieron rectas, e incluso los primeros habitantes nacieron bien formados. Pero luego alguna cuadra se torci\u00f3 y alg\u00fan parroquiano se rebel\u00f3. Y m\u00e1s tarde la aldea se hab\u00eda ladeado, el cura se hab\u00eda vuelto concupiscente y la beata, incr\u00e9dula. Todo conspiraba contra la intenci\u00f3n de sostener el pueblo recto. Lo dej\u00e9 que siguiera su curso natural y advert\u00ed que all\u00ed, en ese mundillo de conflic\u00adtos, estaba reunida la humanidad entera, con sus virtudes y pecados, sus castidades y lujurias, sus grandezas y miserias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda buscado un pueblo alegre y me result\u00f3 triste. La niebla persistente comenz\u00f3 a invadir la poblaci\u00f3n, y m\u00e1s tarde me encontr\u00e9 en territorio de sombras y fantasmas. No sab\u00eda, como en los dominios de Rulfo, si se trataba de seres vivos o de almas muertas. Comprend\u00ed entonces que era la aldea que siempre hab\u00eda llevado en la subconsciencia, azotada por la ventisca y la soledad. Ese pueblo, una especie de piedra mal colocada en el camino, agobiaba el alma del escritor. Y era preciso que desapareciera. Creci\u00f3 hasta l\u00edmites razonables y luego vino la destrucci\u00f3n<em>. Ventisca<\/em> es una agon\u00eda. Y tam\u00adbi\u00e9n una liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La literatura nos permite crear ilusiones y ennoble\u00adcer la existencia. Es un talante ante la vida. La mayor tragedia del hombre, corno lo dijo Pascal, es no saber permanecer quieto entre cuatro paredes: las paredes de la creaci\u00f3n y el di\u00e1logo interior. Si la literatura es ansiedad y b\u00fasqueda, escozor y suplicio, tambi\u00e9n es pla\u00adcer. Por la literatura morimos todos los d\u00edas, cuando nos torturamos el cerebro en busca de la verdad, y con ella renacemos cuando encontramos la claridad. Sus laureles son esquivos, pero su justificaci\u00f3n est\u00e1 en la conquista. Cada libro lleva alg\u00fan \u00e1tomo del alma, un rastro del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos, para terminar, la cita de un poeta ruso: <em>\u00abNo hay tormento m\u00e1s exquisito que el tormento de las palabras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 10 y 14-V-1990.<br \/>\n<em><strong>Dominical de La Rep\u00fablica, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 10-VI-1990.<br \/>\n<strong>H<em>ojas Universitarias, Universidad Central, <\/em><\/strong>Bogot\u00e1, diciembre de 1990.<br \/>\n<em><strong>La noche de Zamira, <\/strong><\/em>pr\u00f3logo de la novela de Gustavo P\u00e1ez Escobar, 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar (Palabras en la presentaci\u00f3n de la novela Ventisca) Un d\u00eda tuve la extra\u00f1a pretensi\u00f3n de fundar un pue\u00adblo. 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