{"id":6115,"date":"2011-11-10T23:36:34","date_gmt":"2011-11-11T04:36:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6115"},"modified":"2014-04-26T09:43:50","modified_gmt":"2014-04-26T14:43:50","slug":"por-los-caminos-del-huila","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/10\/por-los-caminos-del-huila\/","title":{"rendered":"Por los caminos del Huila"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Neiva registra un hecho curioso: el de haber sido fundada tres veces. Primero lo fue en el a\u00f1o de 1539 por los conquistadores espa\u00f1oles, y al poco tiempo fue destruida por los indios otas; en 1551 se fund\u00f3 de nue\u00advo por orden de Sebasti\u00e1n de Belalc\u00e1zar, y otra vez fue destruida en 1569; el tercer bautizo, correspondiente a la Neiva actual, lo hizo Diego de Ospina el 24 de mayo de 1612. Ha cumplido 378 a\u00f1os de vida, pero ser\u00edan 451 si se mantiene en pie desde su primer intento civi\u00adlizador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto me lo explicaba un amigo de la ciudad mientras camin\u00e1bamos por el Parque Santander en un d\u00eda bochor\u00adnoso, de m\u00e1s de 30 grados de temperatura. La estatua del general Santander se ve diminuta entre las construccio\u00adnes y \u00e1rboles de la plaza, y parece que el personaje fuera un transe\u00fante m\u00e1s de los que a toda hora circulan por el lugar. Lo mismo que ocurre en C\u00facuta y en otros pocos sitios del pa\u00eds, el parque principal de Neiva no est\u00e1 dedicado a Bol\u00edvar sino a Santander. Son excep\u00adciones honrosas que contradicen la regla general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta vez le he puesto m\u00e1s cuidado a Neiva y le he hallado otros encantos. Surge la ciudad moderna y pro\u00adgresista, cada vez m\u00e1s congestionada de veh\u00edculos y m\u00e1s presurosa de superaci\u00f3n. El r\u00edo Magdalena la atraviesa como una saeta lanzada por los primeros ind\u00edgenas y se convierte en el abanico natural contra las altas temperaturas. En un margen del r\u00edo se levanta el impo\u00adnente monumento de la Gaitana, construido por Rodrigo Arenas Betancourt, que recuerda la haza\u00f1a de la cacica en su venganza contra Pedro de A\u00f1asco por haberle quema\u00addo vivo a su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus habitantes, alegres y hospitalarios, realizan ca\u00adda a\u00f1o el Reinado Nacional del Bambuco en la festivida\u00addes de San Pedro. Como reina se escoge a la mejor bailadora. Una silenciosa iglesia colonial evoca, en el cen\u00adtro de la urbe, los tiempos pasados. El hotel Pacand\u00e9, de larga tradici\u00f3n, se convierte en referencia amable de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta la regi\u00f3n con buenas carreteras y ofrece for\u00admidables contrastes: valles, ca\u00f1ones, vertientes, r\u00edos, nevados, altiplanicies. Al paso del veh\u00edculo se descu\u00adbren esplendorosos paisajes. Cada sitio tiene su propia personalidad: Betania invita al sosiego con su soberbia represa; Yaguar\u00e1, a un lado, es un contorno pensativo que llama a la quietud; en Rivera nos acordamos del autor <em>de La vor\u00e1gine<\/em>; en Aipe, rica en petr\u00f3leo, admiramos la famosa Piedra Pintada y disfrutamos de sus aguas termales; Baraya le rinde honores al pr\u00f3cer de la Inde\u00adpendencia; Garz\u00f3n, la tierra del obispo-escritor Libardo Ram\u00edrez G\u00f3mez, nos saluda con sus artesan\u00edas de fi\u00adque; Gigante parece una sola floresta con su famosa ceiba centenaria; en Timan\u00e1, el municipio m\u00e1s antiguo del Huila, la Gaitana recuerda su gesta contra los invaso\u00adres espa\u00f1oles; Pitalito nos abre las puertas de la cul\u00adtura agustiniana situada a poca distancia, en San Agus\u00adt\u00edn, territorio de dioses y misterios. En fin, los caminos tur\u00edsticos del Huila se disparan en todas las direcciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Regi\u00f3n rica en petr\u00f3leo, arroz y diversos productos agr\u00edcolas, lo mismo que en ganader\u00eda, sufre hoy insegu\u00adridad en sus campos. Se escucha el avance de la guerri\u00adlla. Los habitantes viven asustados. Hay boleteo y se\u00adcuestros. La producci\u00f3n agr\u00edcola, por l\u00f3gica, viene en decadencia. La ganader\u00eda est\u00e1 sacrificada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelvo a Neiva y me refresco con el aire de los al\u00admendros, las palmeras, los caracol\u00edes. En esta ciudad se le rinde homenaje, lo mismo que en C\u00facuta, al \u00e1rbol. Toda la ciudad est\u00e1 arborizada. El \u00e1rbol, amigo fiel del neivano y de todos los opitas, es aqu\u00ed un emble\u00adma de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 6-VIII-1990.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Neiva registra un hecho curioso: el de haber sido fundada tres veces. 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