{"id":6155,"date":"2011-11-11T00:30:14","date_gmt":"2011-11-11T05:30:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6155"},"modified":"2014-04-26T10:35:15","modified_gmt":"2014-04-26T15:35:15","slug":"paz-en-uraba","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/paz-en-uraba\/","title":{"rendered":"Paz en Urab\u00e1"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se llega a la regi\u00f3n de Urab\u00e1, en plan de descubri\u00admiento como lo hago yo, y se experimenta de entrada cierto temor por lo que cuentan las noticias acerca de los asesinatos frecuentes y de la violencia regada por los ricos campos del banano y el pl\u00e1tano. Por all\u00ed estu\u00advo el m\u00e9dico Tulio Bayer y fue \u00e9l de los primeros que entendi\u00f3 el porvenir promisorio de esa zona y avizor\u00f3, con su novela <em>Carretera al mar<\/em>, una realidad y una necesidad que son hoy evidentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el avi\u00f3n se contempla el soberbio espect\u00e1culo de grandes extensiones vestidas de verde y fertilizadas por numerosos r\u00edos y quebradas, ajenos a los conflictos que produce el capital. Parece como si las corrientes de agua calmaran el sofoco de los campos arrasados por la can\u00edcula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando me hospedo en el hotel de Chigorod\u00f3, me acuerdo de que estoy en \u00e1rea de violencia. Es la zona roja o de candela de que hablan los peri\u00f3dicos. A la salida del hotel entablo conversaci\u00f3n con un muchacho que revela 20 a\u00f1os, afable y comunicativo, y le pregunto por el orden p\u00fablico de la regi\u00f3n. Me dice que hoy existe tranquilidad y que \u00e9sta apenas se ha visto alterada con la muerte de tres sindicalistas, ocurrida d\u00edas antes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como la conversaci\u00f3n surge espont\u00e1nea, me cuenta que es jornalero de una finca de banano, vecina a la que pertenec\u00edan los tres sindicalistas. Los bajaron del cami\u00f3n donde se transportaban y los asesinaron al borde de la carretera. Le pregunto si \u00e9l tiene miedo y me contesta que no. Ahora va a jugar f\u00fatbol a un campo pr\u00f3ximo al aeropuerto, bajo el rigor de 32 grados de temperatura<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablo con distintas personas y todas coinciden en que la paz est\u00e1 retornando a Urab\u00e1. La muerte de los tres sindicalistas es un hecho aislado, me aclaran. En virtud de las conversaciones que se adelantan con el Gobierno, ha cedido el ambiente de tensi\u00f3n. Recorro la poblaci\u00f3n, y m\u00e1s tarde lo hago por Carepa y Apartad\u00f3. Observo que la gente est\u00e1 tranquila.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las carreteras se hallan militarizadas. Al poco tiem\u00adpo se acostumbra uno a circular por entre fusiles y sol\u00addados. La fuerza p\u00fablica es una garant\u00eda que, lejos de incomodar, aporta confianza. Al ritmo de la riqueza de los campos, las poblaciones muestran acelerado progre\u00adso. Son pueblos j\u00f3venes que han nacido al impulso de la feraz agricultura. Carepa lleva como municipio ape\u00adnas 7 a\u00f1os y Apartad\u00f3, 23. Chigorod\u00f3 es el m\u00e1s antiguo de los tres, con 78 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este foco de pueblos vecinos, y los que siguen hasta Turbo y sus alrededores, constituye una esperanza. Ma\u00f1a\u00adna ser\u00e1n l\u00edderes del progreso. Ahora luchan por derrotar la inseguridad y lo est\u00e1n logrando. Montados sobre ba\u00adses poderosas de riqueza, se espera de ellos que cumplan su destino de sociedades civilizadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los obreros del campo, que cada vez obtienen de los patronos mayores beneficios, saben que sus luchas no han sido est\u00e9riles. Hoy disponen de mejores condiciones de vida y han conquistado un nivel humano\u00a0 m\u00e1s elevado. Esto se convierte en ingrediente b\u00e1sico para la paz que ha comenzado a avizorarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Urab\u00e1 es una zona neur\u00e1lgica para el pa\u00eds. All\u00ed per\u00admanece una mecha encendida, que a cualquier momento puede hacer estallar el polvor\u00edn. Lo importante es que el ca\u00adpital y el trabajo se mantengan en armon\u00eda. Si ambos conservan su dignidad, la paz seguir\u00e1 garantizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed se expresaba el m\u00e9dico guerrillero Tulio Bayer en 1959, al comienzo de su novela atr\u00e1s citada<em>: \u00abEl autor no garantiza dentro de la presente narraci\u00f3n sino tres cosas reales: una aldea de Antioquia que un tiempo fue muy desdichada. Un pueblo que hoy, como ayer, lucha por recuperarse de su larga ruina. Y una carretera que centenares de seres humanos desearon ver atravesando la selva, h\u00fameda y alta, y el extenso pantano. Y que hoy llega hasta el mar\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 13-IX-1990.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Se llega a la regi\u00f3n de Urab\u00e1, en plan de descubri\u00admiento como lo hago yo, y se experimenta de entrada cierto temor por lo que cuentan las noticias acerca de los asesinatos frecuentes y de la violencia regada por los ricos campos del banano y el pl\u00e1tano. 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