{"id":6514,"date":"2011-11-11T18:18:10","date_gmt":"2011-11-11T23:18:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6514"},"modified":"2014-03-28T18:29:27","modified_gmt":"2014-03-28T23:29:27","slug":"morir-en-paris","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/morir-en-paris\/","title":{"rendered":"Morir en Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi amigo Pablo Echeverri Botero cumpli\u00f3 un sue\u00ad\u00f1o fant\u00e1stico: visitar Europa \u2013y all\u00ed respirar vida, paisajes y emociones\u2013, y luego morir en Par\u00eds. En v\u00edsperas de su regreso a Colombia, la muerte s\u00fabita lo sorprendi\u00f3 en una calle de la capital francesa. Mientras le dec\u00eda a Carmenza, su esposa, que sent\u00eda un malestar, el infarto fulminante coronaba su tr\u00e1nsito terrestre. Muerte privilegiada la suya, que no le dio margen para el dolor ni el desconcierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su vida se desvaneci\u00f3 como un atardecer europeo en medio del hechizo de la Ciudad Luz. No tuvo tiempo de cortar ligaduras ni despedirse de nadie, y con el alma refulgente por tanta belleza y tanto embrujo que hab\u00edan surgido en su correr\u00eda tur\u00edstica, penetr\u00f3 sereno y fascinado en el reino de las luces eternas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Morir en Par\u00eds! El solo nombre de la metr\u00f3poli evoca esplendor y grandeza, historia y epopeya, majestad y sensualidad. A esta cumbre de la cultura fue a mo\u00adrirse en paz Pablo Echeverri Botero, distinguido ciudadano del Quind\u00edo, mi cordial excolega de la banca. \u00bfQui\u00e9n no desear\u00eda se\u00admejante prerrogativa? Yo envidio la suerte del amigo, a quien Par\u00eds le cancel\u00f3 la vida con un torrente de emociones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un colombiano muerto en ple\u00adna v\u00eda parisiense sugiere un tre\u00admendo cuadro de soledad. Mien\u00adtras la ciudad se estremec\u00eda con todas sus arterias palpitantes, este viajero procedente de lejano pa\u00eds, abatido por el coraz\u00f3n en alguna acera silenciosa, mov\u00eda la curiosi\u00addad callejera. A su lado velaba la peque\u00f1a comitiva compuesta por la esposa, la cu\u00f1ada y el concu\u00f1a\u00addo, anonadados en medio de la metr\u00f3poli monumental. En un ins\u00adtante, atendiendo la llamada telef\u00f3nica del negocio situado al frente, lleg\u00f3 presurosa una ambu\u00adlancia provista de m\u00e9dicos, enfer\u00admeras y los recursos necesarios para prestar los primeros auxi\u00adlios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En plena calle se practic\u00f3 una cirug\u00eda de emergencia, tra\u00adtando de reactivar el coraz\u00f3n dete\u00adnido. El p\u00fablico, mientras tanto, que se hab\u00eda organizado en c\u00edrculo prudente, observaba en orden y con respeto los movimientos de la ciencia. El esfuerzo m\u00e9dico, por desgracia, fracas\u00f3. Es preciso des\u00adtacar el gran sentido huma\u00adno con que la medicina francesa se hizo presente en la tragedia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El muerto fue trasladado a una comisar\u00eda para los tr\u00e1mites de rigor, y desde all\u00ed se inform\u00f3 la novedad a nuestro consulado. Lo que sigue \u2013un grandioso acto de solidaridad colombiana en el exte\u00adrior\u2013 es ejemplar para las autoridades diplom\u00e1ticas de Colombia, y sobre todo enaltecedor para la c\u00f3nsul general en Par\u00eds, se\u00f1ora Mar\u00eda Clara Betancur.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella, minutos m\u00e1s tarde, se pre\u00adsent\u00f3 en la comisar\u00eda con el fin de prestar su ayuda en trance tan apremiante. Sin conocer a los colombianos en desgracia, les ofre\u00adci\u00f3 su colaboraci\u00f3n personal (por fuera de los man\u00addatos de su cargo) para cumplir las gestiones respectivas. Estos tr\u00e1mites resultan engorrosos en cualquier parte, y sobre todo en pa\u00eds ajeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para fortalecer a la viuda en circunstancias tan dolorosas, la invit\u00f3 a su casa y puso a su disposici\u00f3n su tel\u00e9fono para los contactos con Colombia. Todo lo cumpli\u00f3 con amabilidad, ex\u00adquisita sencillez y entra\u00f1able ca\u00adlor humano. Con su acci\u00f3n admi\u00adrable demostr\u00f3 ser hija de quien es: del expresidente Belisario Betancur. Finalmente, se encarg\u00f3 del proceso de la incineraci\u00f3n y el traslado de las cenizas a Colom\u00adbia, diez d\u00edas despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo, gran enamorado de la vida, sab\u00eda que la muerte po\u00e9tica es vida. Es posible que \u00e9l hubiera le\u00eddo el poema de C\u00e9sar Vallejo, y con ese presagio vol\u00f3 a la eternidad: <em>Morir\u00e9 en Par\u00eds con aguacero, un d\u00eda del cual tengo ya el recuerdo<\/em>&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 24-VII-1992.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Mi amigo Pablo Echeverri Botero cumpli\u00f3 un sue\u00ad\u00f1o fant\u00e1stico: visitar Europa \u2013y all\u00ed respirar vida, paisajes y emociones\u2013, y luego morir en Par\u00eds. En v\u00edsperas de su regreso a Colombia, la muerte s\u00fabita lo sorprendi\u00f3 en una calle de la capital francesa. 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