{"id":6575,"date":"2011-11-11T20:45:26","date_gmt":"2011-11-12T01:45:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6575"},"modified":"2014-04-26T11:32:11","modified_gmt":"2014-04-26T16:32:11","slug":"en-las-selvas-del-putumayo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/en-las-selvas-del-putumayo\/","title":{"rendered":"En las selvas del Putumayo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>1<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el avi\u00f3n de Satena se halla pr\u00f3ximo a aterrizar en Puerto Legu\u00edzamo \u2013la peque\u00f1a poblaci\u00f3n que recuerda el conflicto con el Per\u00fa en los a\u00f1os 30\u2013 me vienen a la memoria mis ya lejanas aventuras en la selva. Por extra\u00f1o designio, en 1958 fui a dar a aquel paraje perdido en lo m\u00e1s profundo de la Amazonia, donde permanec\u00ed, como funcionario del Banco Popular, por espacio de un a\u00f1o. All\u00ed conoc\u00ed al m\u00e9dico legendario Tulio Bayer, que dirig\u00eda por aquella \u00e9poca \u2013desterrado de Manizales por sus iniciales \u00edmpetus revolucionarios, despu\u00e9s de haber sido secretario de Salud P\u00fablica del municipio\u2013 el Centro de Salud del puerto, entonces un caser\u00edo miserable que recuerdo como una calle larga cubierta de barro a toda hora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sobre esa calle llov\u00eda todos los d\u00edas. El barro y el agua son las im\u00e1genes m\u00e1s n\u00edtidas que conservo de Puerto Legu\u00edzamo. Para hacer posible la existencia en el poblado era preciso, en primer lugar, poseer alma po\u00e9tica y fibra de quijote, \u00a0como Bayer y yo las ten\u00edamos; y luego vivir provistos de botas pantaneras para atravesar los lodazales formados por aquel diluvio eterno. Me parece ver a Bayer, con sus dos metros de estatura y su rostro de cera, recorrer todos los d\u00edas, como un gigante fantasmag\u00f3rico, la distancia entre la Base Naval, donde resid\u00edamos como hu\u00e9spedes privilegiados, y su sitio de trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tulio Bayer se hab\u00eda escondido en la selva huyendo de la civilizaci\u00f3n. Cuando se sinti\u00f3 acorralado por los poderosos, solicit\u00f3 en el Ministerio un puesto de m\u00e9dico rural en el sitio m\u00e1s remoto y m\u00e1s olvidado, y se march\u00f3 a Puerto Legu\u00edzamo. Pasaba por un ser misterioso y exc\u00e9ntrico, tal vez un personaje extra\u00eddo de alguna novela de aventuras, y nadie lleg\u00f3 a sospe\u00adchar que all\u00ed se escond\u00eda el cient\u00edfico graduado en la Universidad de Har\u00advard.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Usaba en sus excursiones de pesca y cacer\u00eda las flechas envenenadas de los indios, y a los nativos les curaba las enfermedades con las drogas m\u00e1gicas que ellos supon\u00edan extra\u00eddas de las propias plantas medicinales de la selva (el yag\u00e9, el chuchuguasi, la balata, el ambil, la corteza de palo coral&#8230;) Bayer y yo nos entendimos a las mil maravillas, unidos por el misterio de la selva y por la afinidad \u2013todav\u00eda sin descubrirse\u2013 de nuestro futuro de escritores. El m\u00e9dico comenz\u00f3 a escribir all\u00ed su novela <em>Carretera al mar<\/em>, que a\u00f1os m\u00e1s tarde por poco se lleva al cine mejicano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, mientras el avi\u00f3n toma la pista, siento un cimbronazo en el alma. Estoy emocionado con mi vuelta a la selva m\u00edtica. El viejo aeropuerto que conoc\u00ed, tal vez el m\u00e1s peligroso del pa\u00eds, que se deslizaba por una malla de acero para sostenerse sobre las ra\u00edces de la densa vegetaci\u00f3n, ya desapareci\u00f3. Hoy existe un campo moderno, construido en 1988, al que la Armada le presta mantenimiento. En mis tiempos s\u00f3lo hab\u00eda dos vuelos semanales de Avianca. Hoy viajan las empresas Aire y Satena (con excepci\u00f3n de lunes y viernes).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora las calles est\u00e1n pavimentadas y el pueblo muestra diferentes signos de progreso. Ya se borraron los lodazales intransitables para dejar atr\u00e1s el caser\u00edo de anta\u00f1o. Regreso a comparar la \u00e9poca vieja con la actual. A medida que vuelva a pisar el barro que abandon\u00e9 hace 34 a\u00f1os, surgir\u00e1n en estas cr\u00f3nicas distintos perfiles sobre una frontera ex\u00f3tica y encantada que deben conocer los colombianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida de Puerto Legu\u00edzamo gira alrededor de la Base Naval. Sin ella seria un pueblo muerto. Del estrecho caser\u00edo que conoc\u00ed hace 34 a\u00f1os, conformado por una poblaci\u00f3n insignificante, al municipio actual de 17.000 almas, hay una diferencia enorme. Al recorrer el pueblo, hallo construcciones modernas, almacenes, droguer\u00edas, salones de belleza, panader\u00edas, muchos bares (signo inequ\u00edvoco de los puertos), pensio\u00adnes, iglesia amplia y cura abierto, adecuada plaza de mercado&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me sorprende la tasa estudiantil: cerca de 2.000 alumnos matriculados en cuatro establecimientos, uno de ellos excelente \u2013con 800 alumnos\u2013, dirigido por hermanas de la Presentaci\u00f3n. Todo esto es progreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La jurisdicci\u00f3n de la Fuerza Naval del Sur, cuya sede es Puerto Legu\u00edzamo, abarca un territorio de 34.000 kil\u00f3metros. Su objetivo, seg\u00fan me lo indican el comandante de la Fuerza y el jefe del Estado Mayor, capitanes de nav\u00edo Luis Guillermo Zabala y Jorge Alberto P\u00e1ez, es mantener el control y la seguridad en los r\u00edos navegables de la vertiente del Amazonas, contribuir al desarrollo regional y garantizar la soberan\u00eda nacional en las fronteras. La presencia en los r\u00edos se cumple con buques tipo ca\u00f1onero, lanzas patrulleras y remolcadores. En el astillero naval se reparan unidades fluviales, particulares o militares, hasta de 300 toneladas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Base Naval, donde trabajan m\u00e1s de 200 civiles, representa la principal fuente de empleo. Muchos pensionados se quedan a vivir en el pueblo y all\u00ed montan sus propios negocios. En una u otra forma, todos en Puerto Legu\u00edzamo son hijos agradecidos de la Armada. As\u00ed me lo comentan diferentes perso\u00adnas con quienes converso durante mi estad\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pregunto por el hospital flotante de mi \u00e9poca, que funcionaba en un buque maltrecho que perteneci\u00f3 a la oligarqu\u00eda cauchera. Hasta re\u00adcuerdo su nombre: <em>Jamary<\/em>. Muri\u00f3 de viejo y lo remplaz\u00f3 un joven hospital. En el per\u00edmetro urbano \u2013o sea, por fuera de la Base, donde se hallaba encallado el Jamary\u2013 est\u00e1 construido el nuevo hospital, consi\u00adderado la obra de mayor contenido social, como lo aprecio en la visita efectuada a su sede.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su director, el m\u00e9dico de la Armada Fabio Carmona, me revela datos interesantes. En primer lugar, el del presupuesto, que es de 400 millones al a\u00f1o, asumido por partes iguales entre el Ministerio de Salud y la Armada. La consulta m\u00e9dica y la droga son gratuitas para los ind\u00edgenas, y a la poblaci\u00f3n civil se le cobran precios reducidos. Los servicios son fundamentales: medicina general y preventiva, cirug\u00eda, rayos X, odontolog\u00eda, laborato\u00adrio, farmacia, maternidad, urgen\u00adcias. Adem\u00e1s, hay organizados numerosos puestos de salud a lo largo de los r\u00edos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A 25 kil\u00f3metros queda el corregi\u00admiento de La Tagua, donde est\u00e1 acantonada una base militar del Ej\u00e9rcito. Sobre esta carretera Tulio Bayer expres\u00f3 lo siguiente en 1958, en su libro <em>Carta abierta a un analfabeto pol\u00edtico<\/em>: \u00abConoc\u00ed la carre\u00adtera Puerto Legu\u00edzamo-La Tagua, sobre un resbaladizo barro amari\u00adllo, carretera que no est\u00e1 hecha, pero que ha costado hasta ahora un mill\u00f3n de pesos por kil\u00f3metro\u00bb. Hoy la carretera se halla pavimentada por completo, y la obra la adelant\u00f3 personal de la Armada y del Bata\u00adll\u00f3n de Ingenieros Codazzi.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La selva h\u00fameda que en lejanas aventuras fant\u00e1sticas transitamos Tulio Bayer y yo, expuestos a las mordeduras de la coral, la pelo de gato, la veinticuatro, la podridora, la matiguaja \u2013y tantas otras culebras que no recuerdo ni deseo volver a torear\u2013, tiene hoy otro semblante. Me gustar\u00eda cont\u00e1rselo a Tulio Bayer, el gran cr\u00edtico social, con quien compart\u00ed una \u00edntima amistad en el barro amaz\u00f3nico. M\u00e1s tarde escogi\u00f3 \u00e9l los caminos de la revoluci\u00f3n. Me gustar\u00eda, repito, contarle la realidad actual. Pero Bayer muri\u00f3 en Par\u00eds, con aguacero, hace 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>3<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La alcaldesa de Puerto Legu\u00edzamo, Berenice Rojas, y el asesor de la Alcald\u00eda, Jaime Ramiro Ord\u00f3\u00f1ez, me comentan que la planta de tratamiento de agua y el alcantarillado constituyen las mayores ne\u00adcesidades p\u00fablicas, cuyo costo es de $800 millones, que el municipio se propone acometer en breve plazo. Entre la Armada y la Alcald\u00eda se mantienen excelentes relaciones, que se traducen en diversas obras socia\u00adles. El pueblo cuenta con televisi\u00f3n y oficina de Telecom, y aspira a que el servicio de la parab\u00f3lica que funciona en la Base Naval, donde se reciben los dos canales nacionales y ocho extran\u00adjeros, se extienda a la poblaci\u00f3n civil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pista del aeropuerto, que en el pasado sufri\u00f3 algunos deterioros por el peso de los aviones H\u00e9rcules, hoy se encuentra en buenas condiciones gene\u00adrales y va a ser mejorada. El d\u00eda de mi regreso a Bogot\u00e1, el aterrizaje de cuatro aviones \u2013el H\u00e9rcules, el de Aires, uno de la Polic\u00eda y otro de L\u00edneas A\u00e9reas Suramericanas, cargado de pescado\u2013 pone de presente, como si se tratara de un aeropuerto internacional, una eviden\u00adte transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mis tiempos la comunicaci\u00f3n con el resto del pa\u00eds era tortuosa. Por eso, al sitio lo apod\u00e1bamos <em>Puerto Lej\u00edsimo.<\/em> Cuando alguien se marchaba, sus amigos, d\u00e1ndose de guapos y con cari\u00f1oso tono de reproche, le gritaban a voz en cuello en el momento de subir por la escalerilla del avi\u00f3n: \u00a1Corrido&#8230;! Este mismo grito, que en el fondo era una despedida sentimental de la selva, m\u00e1s tarde lo escuchar\u00edamos los valientes que tambi\u00e9n emigr\u00e1bamos hacia otros horizontes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El recibo de la correspondencia era espectacular en raz\u00f3n de la ansiedad que se acumulaba por el escaso transporte a\u00e9reo. Martiniano Gonz\u00e1\u00adlez, jefe de Avianca, recog\u00eda la tula en el aeropuerto y todo el pueblo lo segu\u00eda hasta la oficina postal. Como un mago siona, carijona o huitoto (los primeros pobladores del Putumayo), Martiniano pregonaba los nombres de los privilegiados, y de cualquier sitio de la multitud sal\u00eda esta voz emocionada: \u00a1P\u00e1sela&#8230;! Y la carta, de mano en mano, llegaba hasta el afortunado destinatario. No recibir correo correspond\u00eda a un sig\u00adno de abandono e infelicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto lo recuerdo ahora mien\u00adtras recorro las calles actuales del pavimento y la civilizaci\u00f3n. Y me acuerdo, a bordo de una embarca\u00adci\u00f3n por las tranquilas y po\u00e9ticas aguas del Caucay\u00e1, donde abundan los delfines rosados, de mis traves\u00edas con el m\u00e9dico y con oficiales de la Base Naval por aquellos r\u00edos del silencio y la fascinaci\u00f3n, en persecuci\u00f3n de emociones fuertes, o sea, en pos del infierno verde, as\u00ed llamado por el zumbido desesperante de los mosquitos bajo aquellos soles caniculares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me parece escuchar el rumor de la selva insondable cuando la profana el hombre. A mis o\u00eddos llega el eco de la cruel y sanguinaria Casa Arana, que en el pasado, v\u00edctima de la voracidad cauchera, protagoniz\u00f3 uno de los mayores oprobios de la historia colombiana; y en el presente me estremezco, durante los d\u00edas de mi permanencia en el puerto, con la masacre salvaje \u2013no de la selva, sino de las fieras humanas\u2013 de 26 humil\u00addes polic\u00edas, guardianes de la riqueza nacional, en los campos petroleros de Orito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La parte final de estas cr\u00f3nicas viajeras se dedicar\u00e1 a recordar los nombres de los h\u00e9roes del conflicto con el Per\u00fa en la d\u00e9cada de los a\u00f1os 30. Esos h\u00e9roes olvidados \u2013entre ellos, c\u00f3mo no, el buque <em>Cartagena<\/em>, autor de la toma de G\u00fcep\u00ed- merecen honores de la patria en estos momentos en que los ap\u00e1tridas buscan \u00a0destruir el alma de Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>4<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace 60 a\u00f1os, el primero de sep\u00adtiembre de 1932, se prende el polvor\u00edn de la guerra con el Per\u00fa. Aquel d\u00eda las tropas peruanas se toman el puerto de Leticia, que se halla desguarnecido a pesar de los insistentes rumores que corren sobre la invasi\u00f3n. Las autoridades colom\u00adbianas son depuestas de sus cargos. La acci\u00f3n extranjera busca, lesionan\u00addo los leg\u00edtimos derechos de Colom\u00adbia, apoderarse del trapecio amaz\u00f3ni\u00adco. El acto de agresi\u00f3n representa una afrenta para nuestro pa\u00eds ante el mundo entero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Senado de la Rep\u00fablica, ese mismo d\u00eda, se escucha de repente la voz cicl\u00f3pea de Laureano G\u00f3mez, que clama luego de leer un mensaje que acaba de recibir: \u00ab\u00a1Paz&#8230; paz&#8230; paz en el interior. Guerra&#8230; guerra&#8230; guerra en la frontera!\u00bb. \u00a0Los dos pa\u00edses se lanzan a la contienda b\u00e9lica en las aguas fronterizas. Las tropas perua\u00adnas se fortifican en G\u00fcep\u00ed. Y las colombianas, en Puerto Legu\u00edzamo, as\u00ed bautizado m\u00e1s tarde en homenaje al soldado C\u00e1ndido Legu\u00edzamo, quien en acto heroico ofrenda su vida en defensa de la soberan\u00eda nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El enfrentamiento armado sigue duran\u00adte los a\u00f1os 1932 y 1933. A la postre, el conflicto jur\u00eddico es resuelto a favor de Colombia por el Tribunal de Gine\u00adbra. En mayo de 1934 se firma el protocolo de R\u00edo de Janeiro que pone fin al litigio reconociendo los dere\u00adchos colombianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En momento crucial, el buque <em>Cartagena<\/em> avanza por el Putu\u00admayo. El poder\u00edo naval se arrecia en cercan\u00edas de G\u00fcep\u00ed. El disparo de los proyectiles hace trepidar la tierra y estremecer la selva. Los fuegos de ambas partes son encarnizados. Los aviones colombianos siembran el des\u00adconcierto. Pero el contrincante no se rinde. Finalmente, el buque <em>Cartage\u00adna<\/em> consigue la haza\u00f1a: la plaza fuerte de los peruanos queda derrotada. All\u00ed se planta nuestro pabell\u00f3n nacio\u00adnal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, el buque glorioso, invadido por la maleza, yace a orillas del r\u00edo Putumayo dentro de las instalaciones de la Base Naval. El h\u00e9roe olvidado merece ser trasladado, con los con\u00addignos honores, al museo naval de la ciudad de Cartagena.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos colombianos caen aba\u00adtidos por las balas enemigas. Lo mismo sucede en las filas peruanas. Son los h\u00e9roes an\u00f3nimos de todas las guerras. La selva amaz\u00f3nica se ti\u00f1e otra vez de sangre, como a comienzos del siglo hab\u00eda ocurrido con el pavo\u00adroso drama de los caucheros \u2013en los sitios de La Chorrera y El Encanto\u2013, que inspira a Jos\u00e9 Eustasio Rivera para escribir <em>La vor\u00e1gine<\/em>. El novelista se basa en muchos testimonios hist\u00f3\u00adricos, entre ellos, <em>El libro rojo del Putumayo<\/em> (Bogot\u00e1, 1913).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres colombianos se llenan de gloria en aquella batalla de ingrata recordaci\u00f3n. Son los soldados C\u00e1n\u00addido Legu\u00edzamo, Juan Solarte Obando y Jos\u00e9 Mar\u00eda Hern\u00e1ndez. Legu\u00ed\u00adzamo, herido de gravedad luego de eliminar a tres de sus atacantes, es trasladado a un hospital de Bogot\u00e1, donde fallece pocos d\u00edas despu\u00e9s. Solarte cubre con su cuerpo el ca\u00f1\u00f3n de una metralleta para evitar la muerte masiva de sus compa\u00f1eros. Su cuerpo termina destrozado por la r\u00e1faga incontenible. Hern\u00e1ndez, a quien se tortura en busca de informa\u00adci\u00f3n, es fusilado en Iquitos ante una multitud delirante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la plataforma se le conduce con los ojos vendados, y se niega a sentarse porque desea recibir la muerte de pie. La descarga de la fusiler\u00eda le abre el coraz\u00f3n. Todav\u00eda vivo, hace esfuerzos para rociar con su sangre la cara de sus verdugos. Y muere, lo mismo que sus otros com\u00adpa\u00f1eros sacrificados, con el grito fortalecedor de \u00ab\u00a1viva Colombia!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El Espectador, <\/strong>Bogot\u00e1, 1, 2, 8 y 10-XII-1992.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Misiva:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al terminar la serie de art\u00edculos sobre el Putumayo en el diario <em>El <\/em><em>Espectador,<\/em> particularmente grato para m\u00ed presentarle un cordial saludo tanto de felicitaci\u00f3n por lo acertado de sus comentarios, como de agradecimiento, por haber hecho conocer de tanta gente el alcance de las actividades de la Armada Nacional en estas apartadas regiones del sur de Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es indudable que el conocimiento que muestra de esta regi\u00f3n treinta a\u00f1os antes, y luego su presencia en una fecha reciente, le dan la autoridad suficiente para poder expresarse en la forma que lo hizo, distinto a como lo puede hacer una persona ajena a la regi\u00f3n y que en dos o tres d\u00edas, orientado por oscuros intereses o personajes, desdicen o mejor echan por el suelo la participaci\u00f3n de una instituci\u00f3n como lo es la Armada Nacional a lo largo de medio siglo en esta lejana pero bella selva colombiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiero tambi\u00e9n presentar en nombre del se\u00f1or comandante de la Armada Nacional este saludo de agradecimiento, extensivo a las directivas del diario <em>El Espectador,<\/em> por este aporte que hace como buen colombiano, en un momento como este en que el pa\u00eds lo necesita, ya que antes de hacer cr\u00edticas injustas e infundadas, que siembran inconformidad generando rencores y odio, debemos enfatizar las acciones positivas del Estado, conduci\u00e9ndonos a un clima de paz y concordia, que tanto anhelamos. <strong>Luis Guillermo Zabala Correa, capit\u00e1n de nav\u00edo. Comando Fuerza Naval del Sur<\/strong>, Puerto Legu\u00edzamo. (<em>Carta del D\u00eda, El Espectador<\/em>, 30-XII-1992).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar 1 Cuando el avi\u00f3n de Satena se halla pr\u00f3ximo a aterrizar en Puerto Legu\u00edzamo \u2013la peque\u00f1a poblaci\u00f3n que recuerda el conflicto con el Per\u00fa en los a\u00f1os 30\u2013 me vienen a la memoria mis ya lejanas aventuras en la selva. 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