{"id":6579,"date":"2011-11-11T20:51:31","date_gmt":"2011-11-12T01:51:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6579"},"modified":"2014-03-28T18:41:04","modified_gmt":"2014-03-28T23:41:04","slug":"una-flor-para-mariela","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/una-flor-para-mariela\/","title":{"rendered":"Una flor para Mariela"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Armenia me llam\u00f3 una amiga a contarme la muerte de Mariela Guti\u00e9rrez Sanz. Noti\u00adcia brusca, y desde luego dolorosa. Desde mi venida del Quind\u00edo, que va para diez a\u00f1os, hab\u00eda perdido de vista a Marie\u00adla. La supon\u00eda gozando del\u00a0 reposo gratificador despu\u00e9s de su larga y meritoria vida de trabajo. Cuando en 1969 lle\u00adgu\u00e9 a la capital del Quind\u00edo como gerente del Banco Popular, ella fue mi secretarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ocupaba esa posici\u00f3n desde varios a\u00f1os atr\u00e1s. Secre\u00adtaria de lujo, a quien la ciuda\u00addan\u00eda admiraba por su sim\u00adpat\u00eda, su don de gentes, su correcci\u00f3n a toda prueba y su maravilloso esp\u00edritu de servi\u00adcio. Era un nervio de la oficina. En ella se conjugaban m\u00faltiples virtudes para hacer de su presencia en la entidad bancaria motivo de orgullo para esta empresa con vocaci\u00f3n social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c1gil, discreta, refinada y efi\u00adciente, tales las normas b\u00e1si\u00adcas con que Mariela, cual abejita laboriosa, atend\u00eda el tr\u00e1fago febril de los clientes de banco. Sab\u00eda dispensarse al p\u00fablico con amabilidad, con donaire, con una sonrisa en los labios. Sus sutiles encan\u00adtos femeninos no le disminu\u00edan el olfato para distinguir la diver\u00adsidad de gentes que transita\u00adban por la atm\u00f3sfera calen\u00adturienta del dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se conoc\u00eda al dedillo, de tanto trajinar en los altibajos del capital, las intimidades econ\u00f3micas de la clientela. Era, m\u00e1s que la secretaria ejecu\u00adtiva, la asesora y la confi\u00addente. No se entromet\u00eda en la vida de los negocios, pero una simple alusi\u00f3n o una mirada maliciosa eran suficientes para sembrar motivos de preocu\u00adpaci\u00f3n. Sus juicios fueron siempre certeros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la secretaria perfecta: inteligente y reservada. Su temperamento nervioso le hac\u00eda, en ocasiones, extremar su fino sentido del deber y la responsabilidad. La dignidad de su vida fue su mayor pre\u00adsea. La ciudadan\u00eda admiraba su pundonor y exquisita feminidad. Cuando se retir\u00f3 del banco, llamada por superiores destinos, dej\u00f3 hondo vac\u00edo. Pero su amis\u00adtad nunca nos abandon\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy el recuerdo se conmueve con la noticia de su muerte prematura. Mi familia y yo deploramos su partida. Y depositamos en su tumba una flor de cari\u00f1o y recordaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo,<\/em> <\/strong>Armenia, 7-XII-1992.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar De Armenia me llam\u00f3 una amiga a contarme la muerte de Mariela Guti\u00e9rrez Sanz. Noti\u00adcia brusca, y desde luego dolorosa. Desde mi venida del Quind\u00edo, que va para diez a\u00f1os, hab\u00eda perdido de vista a Marie\u00adla. La supon\u00eda gozando del\u00a0 reposo gratificador despu\u00e9s de su larga y meritoria vida de trabajo. 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