{"id":6610,"date":"2011-11-12T10:10:22","date_gmt":"2011-11-12T15:10:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6610"},"modified":"2014-04-09T16:54:07","modified_gmt":"2014-04-09T21:54:07","slug":"el-enredo-del-seguro-social","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/12\/el-enredo-del-seguro-social\/","title":{"rendered":"El enredo del Seguro Social"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un amigo m\u00edo, que fue ope\u00adrado con todo \u00e9xito en el Seguro Social, se volvi\u00f3 ac\u00e9rrimo defensor de la instituci\u00f3n. Se trataba de una cirug\u00eda de alto riesgo que \u00e9l ven\u00eda aplazando tanto por el temor ante las con\u00adtingencias de la operaci\u00f3n, como por su elevado costo, que no hubiera sido inferior a $10 millones en cl\u00ednica particular. En Colombia, donde la medicina dej\u00f3 de ser humanitaria para volverse mercantilista, est\u00e1 prohibido enfermarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi amigo, que no cre\u00eda en el Seguro Social, al que cotiza hace cerca de 40 a\u00f1os, fue convencido de las ventajas que se le ofrec\u00edan. Descartando las colas fatigantes, la incomodidad de las habitaciones, la restricci\u00f3n de las visitas al paciente y otros tropiezos menores, encontr\u00f3 esmerada atenci\u00f3n al contar con un cirujano id\u00f3neo y eficientes equipos m\u00e9dicos. Este optimismo termin\u00f3 moviendo mi curiosidad. Como viejo sufragante que tambi\u00e9n soy de la entidad, \u00a0cuyos servi\u00adcios s\u00f3lo los hab\u00eda utilizado en provincia, en forma espor\u00e1dica, me di a indagar las bellezas pregonadas por mi amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El exceso de demanda de servicios provoca, sin duda, la conocida congesti\u00f3n del instituto. Llegar al consultorio del m\u00e9dico, entre multi\u00adtudes abigarradas en espacios es\u00adtrechos y con el m\u00ednimo de comodi\u00addades, resulta desesperante. Dentro de estas prisas es natural que la medicina se preste a medias. Este gigantismo arrasador le crea la peor imagen a la entidad. La f\u00f3rmula de pagar alg\u00fan valor por la consulta no estar\u00eda mal si despu\u00e9s no se abusara de ella. Se evitar\u00edan as\u00ed infinidad de consultas in\u00fatiles. Es\u00adte sistema, a costo m\u00ednimo, lo tiene implantado Cols\u00e1nitas, la mejor organizaci\u00f3n que existe de medicina prepagada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Satisfactorio el servicio de urgen\u00adcias, lo mismo que el del laboratorio y el banco de sangre. Y p\u00e9simo el suministro de drogas. Hasta medi\u00adcamentos corrientes permanecen agotados. Si se trata de una droga de control, es preciso recorrer un camino engorroso para obtenerla. Y adem\u00e1s doloroso, si el medicamen\u00adto lo paga (como ocurre con fre\u00adcuencia) el propio paciente. Cuan\u00addo \u00e9ste es remitido a un especialista, debe concurrir dos veces, en d\u00eda distinto, ante ventanillas atestadas de p\u00fablico: una para dejar la orden del m\u00e9dico y otra para reclamarla con una firma adicional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego viene lo peor: hay que esperar uno o dos meses para que el especialista lo atienda. Si el enfermo no se muere antes, debe soportar con estoicismo el peso de la dolencia, o buscar un m\u00e9dico particular. Triste situaci\u00f3n. As\u00ed se desnaturaliza el sentido del Estado como dispensa\u00addor de la seguridad social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La filosof\u00eda del Seguro Social es excelente. Pero su pr\u00e1cti\u00adca, deplorable. No hay capacidad, ni econ\u00f3mica ni humana, para tanta desmesura. La dilapidaci\u00f3n de bienes tiene a la empresa en quiebra permanente. No es raro hallar entre los funcionarios perso\u00adnas hura\u00f1as y descorteses, y algu\u00adnas tan prepotentes, que tratan a los pacientes como esclavos. Vi a un enfermo aquejado por fuertes dolores que iba de oficina en oficina en busca de auxilio y nadie le dispensaba m\u00ednima atenci\u00f3n. Se le miraba con indiferencia y fastidio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He sacado una conclusi\u00f3n despu\u00e9s de la experiencia de mi amigo resucitado: una cosa es la alta cirug\u00eda y otra la atenci\u00f3n ordinaria. Por eso, al Seguro Social hay que reformarlo. Hay que inyectarle ciencia social. Es deber del Estado. Debe crearse sensibilidad en estos \u00e1mbitos del dolor (y no me refiere s\u00f3lo al Seguro, sino a la generalidad de las cl\u00ednicas y hospitales), tan carentes de solidaridad y calor humanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 20-III-1993.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Un amigo m\u00edo, que fue ope\u00adrado con todo \u00e9xito en el Seguro Social, se volvi\u00f3 ac\u00e9rrimo defensor de la instituci\u00f3n. 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