{"id":6635,"date":"2011-11-21T21:59:57","date_gmt":"2011-11-22T02:59:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6635"},"modified":"2014-06-06T18:59:06","modified_gmt":"2014-06-06T23:59:06","slug":"tierra-de-leones","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/21\/tierra-de-leones\/","title":{"rendered":"Tierra de leones"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Novela escrita en 1983 por Eduardo Garc\u00eda Aguilar, oriundo de Manizales y residente hace varios a\u00f1os en M\u00e9jico. La obra fue reeditada a fines de 1997 por el Instituto Caldense de Cultura, cuyo di\u00adrector, Carlos Arboleda, expresa lo siguiente en las palabras del pr\u00f3logo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPara Eduardo Garc\u00eda Aguilar Manizales es una ciudad que existe de\u00adbido al desvar\u00edo de sus fundadores. Se le antoja alucinada en el v\u00e9rtigo de la monta\u00f1a y le parece significativo que se haya erigido un pan\u00f3ptico al pie de su cerro tutelar, el Morro de San Cancio, al cual se asomaron los primeros colonos como intuyendo que en ella iba a levan\u00adtarse un cerro mayor, como monumen\u00adto al oscurantismo y a la &#8216;caverna&#8217;, la Catedral de Manizales\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas palabras de Arboleda queda definida la intenci\u00f3n del novelista y localizado el escenario de la obra. Obra que en lenguaje vehemente e ir\u00f3nico describe la identidad de Manizales, desde su creaci\u00f3n en las la\u00adderas del volc\u00e1n \u2013lugar inh\u00f3spito y agresivo que no puede corresponder a un razonable planeamiento\u2013 hasta los d\u00edas de su mayor esplendor social y cultural, donde surge la figura legenda\u00adria de Leonardo Quijano, intelec\u00adtual fracasado y esp\u00edritu burlesco que parece deambular a\u00fan por las ca\u00adlles congeladas de su esclarecida urbe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo Quijano, de noble cuna, tuvo tambi\u00e9n su \u00e9poca de resplandor como personaje local en \u00e9poca de fulgentes bohemias y ensalzados abolengos. Hijo aut\u00e9ntico de la ciudad, representa a la clase prestante que en la atm\u00f3sfera de la pol\u00edtica y de los clubes lleva el privile\u00adgio de los altos designios que parece no han de terminar nunca. Pero no: au\u00adsente de la ciudad por varios a\u00f1os, cuan\u00addo regresa a ella, deca\u00eddo por las fatigas de la vida, y logra que el gobernador Rebolledo lo nombre secretario de Be\u00adllas Artes, descubre que ni Manizales ni \u00e9l son los mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo est\u00e1 cambiado. O acaso todo en el pasado era diferente de como \u00e9l lo hab\u00eda visto con otros ojos, y ahora des\u00adcubre que la transformaci\u00f3n negativa que lo trastorna, define la verdad de su tierra. Al no ser el Quijano de otros d\u00edas, recorre pesaroso las calles y se tropieza con ruinas y desencantos, has\u00adta determinar que se encuentra ante el hun\u00addimiento inevitable. De \u00e9l y de su solar nativo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y empieza, con la memo\u00adria retrospectiva, el juicio se\u00advero de su entorno. Ya los fundadores no son los gran\u00addes prototipos de la historia; la clase dirigente ha careci\u00addo de prop\u00f3sitos de civilizaci\u00f3n; la re\u00adligiosidad ha creado almas pacatas y voluntades inanes; la monumentalidad (plasma\u00adda en la soberbia catedral y en otras obras suntuarias y de relumbr\u00f3n) es un \u00a0espejismo; la cultura, de que tanto se jactaron en el pasa\u00addo los grecolatinos, es un embeleco; Manizales, en fin, opaca y desfigurada, os\u00adcila en el precipicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quijano, intelectual de\u00adcadente y frustrado, se mueve en la novela como es\u00adp\u00edritu delirante que no quisie\u00adra admitir la realidad impla\u00adcable. Regresa de sus viejas glorias y se estremece ante la urbe ignorada. Entre trago, sexo y desvar\u00edos, sus lares se desfiguran y terminan con\u00advertidos en un s\u00edmbolo. Tam\u00adbi\u00e9n \u00e9l es s\u00edmbolo del pa\u00adsado irrecuperable. Siente que la ciudad lo olvid\u00f3, y vuela como fantas\u00adma que debe regresar a la os\u00adcuridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Novela dura y cr\u00edtica, de realidad y demencia, perturbadora e irreverente, y al mismo tiempo de un verismo inocultable para cualquier sociedad. Es la divagaci\u00f3n metaf\u00edsica de un hijo notable de Manizales que quie\u00adre su ciudad e invita a reflexio\u00adnar sobre su pasado, presente y futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este libro de Garc\u00eda Aguilar recuerda otra obra memorable: <em>Manizales bajo el volc\u00e1n <\/em>(1991), de Hernando Salazar Pati\u00f1o. Ambos autores, oriundos de Manizales y cr\u00edticos de su en\u00adtorno, coinciden en que el paisaje de la ilustre ciudad se ha oscurecido. Y es preciso despejarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/strong><\/em>Armenia, 1-VI-1998<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Novela escrita en 1983 por Eduardo Garc\u00eda Aguilar, oriundo de Manizales y residente hace varios a\u00f1os en M\u00e9jico. 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