{"id":6734,"date":"2011-12-14T15:06:13","date_gmt":"2011-12-14T20:06:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6734"},"modified":"2014-02-27T17:38:14","modified_gmt":"2014-02-27T22:38:14","slug":"el-caballero-de-tipacoque","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/14\/el-caballero-de-tipacoque\/","title":{"rendered":"El caballero de Tipacoque"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Caballero Calder\u00f3n sobresale en las letras por la profundidad de sus ideas. Pocos escritores como \u00e9l han trabajado la literatura con tanto denuedo y convicci\u00f3n, con tanta entrega y pasi\u00f3n, con tanto arte y esplendor. Hay personas que nacen marcadas para un destino, y Caballero Calder\u00f3n lo fue para las lides del pensamiento. Con la mente libr\u00f3 todas sus batallas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era un caballero de caminos, al estilo de los caballeros andantes de la Espa\u00f1a legendaria, y como tal se le ve\u00eda recorrer lo mismo las sendas polvorientas que lo llevaban a su lejana provincia boyacense, que los amplios horizontes que le abrieron los mundos encantados de Francia y Espa\u00f1a. M\u00e1s que turista de pa\u00edses, era viajero por el alma de los libros. Nunca dej\u00f3 de leer y estudiar, porque no conceb\u00eda al hombre como un ser intrascendente, sino dotado de inteligencia y apto para todos los retos del esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El universo de los libros<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos d\u00edas antes de su muerte lo visit\u00e9 en su apartamento capitalino, en el cual viv\u00eda como un ermita\u00f1o en medio de libros, de recuerdos y nostalgias. No se ve\u00eda que se hallara pr\u00f3ximo su final, si bien se dol\u00eda de la soledad y de la postraci\u00f3n f\u00edsica que desde dos a\u00f1os atr\u00e1s lo ten\u00edan reducido a su tradicional silla de cuero, provista de la tablilla a\u00f1eja donde apoyaba los libros que le\u00eda, frente a una ventana ancha y luminosa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su obsesi\u00f3n por los libros era la medicina m\u00e1gica contra el tedio, y su mejor consuelo en la vejez. Al cumplir los 80 a\u00f1os de vida as\u00ed se expresaba en <em>Lecturas Dominicales de El Tiempo:<\/em> \u00abLa vejez es la soledad. Yo leo y releo. Releer es encontrarse con viejos amigos. Yo me pregunto c\u00f3mo hacen las personas que no estuvieron acostumbradas a leer, c\u00f3mo hacen para pasar la vejez\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inmensa biblioteca se extend\u00eda por los pasillos del apartamento, por la sala, por las habitaciones y por el cuarto de estudio en el que transcurr\u00edan sus horas silenciosas. Eran miles de vol\u00famenes \u2014fuera de los otros miles que guardaba en Tipacoque\u2014 conservados con amoroso esmero; preciosas ediciones en espa\u00f1ol, franc\u00e9s y otras lenguas, que en orden admirable refulg\u00edan en los anaqueles a los que sus manos ya no lograban llegar. Para entender la armon\u00eda de ese universo de libros debe adivinarse la presencia invisible de sus hijas sol\u00edcitas, que le disipaban la soledad con sus visitas frecuentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero su alma ya no era de este mundo desde la muerte de su esposa, Isabel Holgu\u00edn, ocurrida en noviembre de 1980. El n\u00e1ufrago sobrevivir\u00eda 12 a\u00f1os en tremendo desconsuelo. Este dolor se hizo m\u00e1s agudo por haber contado con la suerte de una compa\u00f1era inmejorable. Desaparecida ella, qued\u00f3 con las alas rotas. En 1983 escribi\u00f3 en <em>El Espectador<\/em> una hermosa p\u00e1gina dolorida, que es viva demostraci\u00f3n de su angustia de vivir, donde declara:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dur\u00e9 un a\u00f1o entero, m\u00e1s de un a\u00f1o, sin atreverme a escribir cuando muri\u00f3 mi mujer. Mi soledad era espantosa y la necesidad de dialogar con ella, de preguntarle por qu\u00e9 me hab\u00eda dejado solo, por qu\u00e9 no me hab\u00eda dejado ir primero, puesto que yo, sin ella, soy un minusv\u00e1lido (&#8230;) Muerta ella, dentro de m\u00ed muri\u00f3 lo mejor de m\u00ed mismo. Mi soledad es su ausencia. Pero volv\u00ed a escribir para escapar a la locura, a la melancol\u00eda, al terror.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El noble ancestro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Caballero Calder\u00f3n naci\u00f3 en Bogot\u00e1 el 6 de marzo de 1910 en el hogar constituido por el general Lucas Caballero Barrera y do\u00f1a Carmen Calder\u00f3n Tejada. El padre de do\u00f1a Carmen, Aristides Calder\u00f3n Reyes, oriundo de Soat\u00e1, era eximio l\u00edder pol\u00edtico que ocup\u00f3 las posiciones de presidente del Estado Soberano de Boyac\u00e1 y ministro de Gobierno del presidente Rafael N\u00fa\u00f1ez. Su esposa, Ana Rosa Tejada Mari\u00f1o, hab\u00eda recibido en herencia la hermosa y extensa hacienda Tipacoque, jurisdicci\u00f3n entonces de Soat\u00e1, mi pueblo natal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien el lugar de nacimiento de Caballero Calder\u00f3n fue la ciudad de Bogot\u00e1, siempre se consider\u00f3 boyacense tanto por la sangre como por el esp\u00edritu. A Tipacoque viajaba varias veces al a\u00f1o y all\u00ed forj\u00f3 su mundo literario. Hacia el final de su vida adquiri\u00f3 en Tibasosa, otra bella y reposada poblaci\u00f3n de Boyac\u00e1, la casa solariega que bautiz\u00f3 con el nombre de Santillana, la que le compr\u00f3 el municipio, poco tiempo antes de su muerte, para construir un centro de cultura como homenaje al escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con <em>Tipacoque <\/em>y<em> Diario de Tipacoque<\/em> conquist\u00f3 la celebridad internacional que despu\u00e9s la consolidar\u00edan sus otros libros. Adoraba el campo y detestaba la ciudad. Su creaci\u00f3n terr\u00edgena la amas\u00f3 con barro boyacense, y los personajes de sus novelas los tom\u00f3 sin rebuscamientos \u2014porque eran reales\u2014 del ambiente de la comarca donde conversaba a diario con los campesinos sobre la cosecha que se negaba a madurar, el ojo de agua que amenazaba morirse, o sus afectos por la comadre Santos. Con tal veracidad pint\u00f3 este mundo cotidiano, que lo hizo de carne y hueso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor proced\u00eda de elevada casta de donde sal\u00edan los hombres de Estado, los personajes de los clubes, los capitalistas, los pol\u00edticos oligarcas. Su padre era\u00a0 abogado y general de la Rep\u00fablica, que combati\u00f3 en la Guerra de los Mil D\u00edas, y su nombre sonaba con muchas campanillas en las altas esferas nacionales. Fue representante del general Benjam\u00edn Herrera en el Tratado de Wisconsin, y al morir su esposa en 1924 se puso al frente de la hacienda de Tipacoque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo de su obra, Caballero Calder\u00f3n nombra con mucho afecto a sus abuelos Aristides y Ana Rosa, quienes ejercieron especial influencia en su vida. A Eduardo le correspondi\u00f3 romper la l\u00ednea del privilegio en lo que se refiere a la tenencia de la tierra. Desde las aulas del Gimnasio Moderno \u2014regentado por un pariente suyo, Agust\u00edn Nieto Caballero\u2014, donde estudiaban los muchachos de la alta sociedad, y en el que realiz\u00f3 su bachillerato, comenz\u00f3 a analizar la sociedad colombiana. Luego ingres\u00f3 al Externado de Colombia y tres a\u00f1os despu\u00e9s interrumpi\u00f3 la carrera de Derecho y Ciencias Sociales para dedicarse por completo a la exploraci\u00f3n del hombre con la fiebre literaria que le vibraba en la sangre. Capt\u00f3 las desigualdades sociales entre oligarcas y plebeyos, entre terratenientes y proletarios, entre poderosos y explotados, y descubri\u00f3 el enga\u00f1o de nuestro mundo pol\u00edtico y social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cLa pol\u00edtica en Colombia \u2014<\/em>manifest\u00f3<em>\u2014 parece un sida intelectual. A m\u00ed siempre me interes\u00f3 el pueblo, la gente humilde, y eso se ve en mis personajes. Me duele el olvido en que se tiene al pueblo en este pa\u00eds. Los pol\u00edticos nombran al pueblo pero siempre lo desconocen. Le prometen esta y la otra vida, pero lo \u00fanico que les interesa son sus votos. Yo soy liberal, pero apol\u00edtico, porque la pol\u00edtica no me gusta: sobre todo como la han vuelto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando le lleg\u00f3 el momento de ejercer el feudalismo que hab\u00eda heredado, donde \u00e9l era el amo y sus trabajadores los esclavos sin esperanza, se posesion\u00f3 de su papel justiciero. Fue parcelando y vendiendo la tierra entre los obreros hasta reducirla a m\u00ednima parte. Y a la postre, la inmensa hacienda qued\u00f3 convertida en la casona, la capilla y un terreno simb\u00f3lico. El resto pas\u00f3 a manos de quienes trabajaban la tierra. La hacienda es hoy un retazo de historia. Un emblema espiritual. La casona, donde rumbo a C\u00facuta pernoct\u00f3 Bol\u00edvar el 5 de diciembre de 1826, fue declarada monumento nacional por el presidente Carlos Lleras Restrepo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Borrada en Tipacoque la instituci\u00f3n de los encomenderos, la atm\u00f3sfera comarcana se volvi\u00f3 de libertad. Con raz\u00f3n comentaba alg\u00fan campesino, a la muerte de su amo, que todos los tipacoques hab\u00edan recibido algo de \u00e9l. Y que por eso el pueblo hab\u00eda quedado hu\u00e9rfano de padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Siervos sin tierra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este redentor de los humildes plasm\u00f3 en <em>Siervo sin tierra<\/em>, con brochazos geniales (y recordemos de paso que fue maestro de la brevedad elocuente), el drama del campesino pisoteado por la miseria, la crueldad, la ignorancia y la injusticia. Compenetrado con las adversidades del trabajador rural y la idiosincrasia de patronos y gamonales, el novelista desentra\u00f1a la angustia del hombre que entre inclemencias suda el pan de cada d\u00eda y con fr\u00e1gil esperanza anhela un pedazo de tierra para menguar su penuria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al campesino colombiano, y en realidad a los campesinos de todo el mundo, suele ocurrirles lo mismo que le pas\u00f3 a Siervo Joya: que mueren a la orilla de la carretera por no tener otro sitio donde caer muertos. Con este s\u00edmbolo, el novelista trasplanta a nuestro suelo la desgracia universal de los desheredados de la vida. En la mayor\u00eda de sus novelas se repite, bajo diferentes marcos, la figura de los labriegos humillados por patronos y pol\u00edticos, v\u00edctimas del analfabetismo y la pobreza. Son seres abandonados por la sociedad y carentes de defensas propias, que para salvar su alma \u2014ya que el cuerpo languidece todos los d\u00edas sin remedio\u2014 caen con facilidad en los fanatismos religiosos que los sacerdotes les predican inculc\u00e1ndoles miedos terribles, lo cual constituye otra clase de tortura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nervio palpitante de su obra lo constituyen los conflictos pol\u00edtico-religiosos que durante largos a\u00f1os sembraron en Colombia una pavorosa \u00e9poca de violencia partidista, estimulada desde los p\u00falpitos por curas torpes y sectarios. Contra dicho medio de injusticia social clama en sus obras este caballero andante que cre\u00f3 el ancho mundo de Tipacoque como s\u00edmbolo al mismo tiempo de la esclavitud y la liberaci\u00f3n. Un mundo que abarca al hombre total, el de todas las razas y todas las latitudes, con sus odios y amores, sus purezas y lujurias, sus miserias y grandezas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos hombres despojados de toda esperanza son los que recorren las p\u00e1ginas de las novelas de Eduardo Caballero Calder\u00f3n, en las cuales resuenan los mismos conflictos sicol\u00f3gicos denunciados por Dostoiewski en sus obras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor de Tipacoque no hizo otra cosa que insistir sobre las diferencias sociales. Esta tesis la ventil\u00f3 con gran patetismo en <em>Siervo sin tierra<\/em>, y la repiti\u00f3 en <em>El Cristo<\/em><em> de espaldas, Manuel Pacho, El buen salvaje, Historia de dos hermanos.<\/em> Con esto se comprueba lo dicho por Schopenhauer: que el novelista, por m\u00e1s libros que produzca, en realidad s\u00f3lo escribe una novela. En las dem\u00e1s no hace sino ahondar en el planteamiento principal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Obs\u00e9rvese bien el caso de Caballero Calder\u00f3n y se notar\u00e1 que el tema de la violencia y la injusticia es reiterativo a lo largo de sus libros. El campesino es la espina dorsal de toda su creaci\u00f3n. La atm\u00f3sfera y las costumbres de las bre\u00f1as brav\u00edas y taciturnas del Chicamocha \u2014donde, seg\u00fan palabras suyas, \u00ablos hombres son buenos, transparentes y silenciosos como el agua\u00bb\u2014 son las mismas que se hallan en la mayor\u00eda de pueblos de Colombia. Los dramas humanos que all\u00ed se viven son los mismos que existen en cualquier lugar del planeta. Pero se necesitaba la lente del artista para inhalar un mundo. Sus descripciones est\u00e1n henchidas de calor y vivacidad, y en sus personajes se plasman las honduras y reconditeces de la naturaleza humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El castellano de Tipacoque<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En prosa castiza y esplendente, llena de vigor, claridad y sencillez, redact\u00f3 su obra. Era un genio solitario que no se sent\u00eda satisfecho con lo que a borbotones le surg\u00eda de la imaginaci\u00f3n y luego trasladaba al papel, sino que modelaba sus creaciones con el rigor del artesano. Esto le permiti\u00f3 lograr escritos de tal perfecci\u00f3n, que la cr\u00edtica, desde hace mucho tiempo, lo tiene catalogado como uno de los cl\u00e1sicos del idioma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue un intelectual puro que se dio el lujo de no pronunciar discursos en su vida: ni cuando concurri\u00f3 como representante a la C\u00e1mara, donde nunca habl\u00f3 nada; ni cuando los tipacoques lo aclamaron en la plaza principal como el primer alcalde del pueblo, ocasi\u00f3n en la que se limit\u00f3 a levantar con humildad los brazos al cielo&#8230; Siendo acad\u00e9mico nato, era antiacad\u00e9mico en su manera de interpretar esos recintos: le chocaban los cuerpos colegiados. Al Congreso lo consideraba un club de turistas. Actu\u00f3 en pol\u00edtica, pero contra su voluntad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su fuerza resid\u00eda en la palabra escrita, y su \u00e1mbito era la soledad. Am\u00f3 a Espa\u00f1a como su segunda patria y sobre ella escribi\u00f3 uno de los libros m\u00e1s bellos que se hayan elaborado en las letras castellanas: <em>Ancha es Castilla,<\/em> Obra cl\u00e1sica por excelencia, y la que m\u00e1s m\u00e9ritos le se\u00f1ala como artista del idioma. Su adoraci\u00f3n por don Quijote y lo que \u00e9l representa como maestro de la vida la demostr\u00f3 de m\u00faltiples maneras, tanto en su permanente aventura intelectual a lomo de los libros, como en su peculiar forma de vivir, amar y so\u00f1ar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el <em>Breviario del Quijote<\/em> queda constancia de su pericia como int\u00e9rprete del genio inmortal. En Espa\u00f1a, donde residi\u00f3 por espacio de cinco a\u00f1os y estuvo encargado de los negocios de Colombia, fund\u00f3 la Editorial Guadarrama, que\u00a0 desempe\u00f1\u00f3 notable papel en el mundo intelectual madrile\u00f1o. All\u00ed fue amigo de Ortega y Gasset y de otros egregios escritores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos de los rasgos f\u00edsicos de Eduardo Caballero Calder\u00f3n lo asemejan al \u00abcaballero de la triste figura\u00bb. Con su pierna coja recorr\u00eda los caminos pedregosos que lo llevaban a Tipacoque, y hasta tal punto hizo c\u00e9lebres sus cojeras, que \u00e9stas se hallan ligadas a su personalidad como la lanza a la figura de don Quijote. Su barba enmara\u00f1ada le creaba aspecto singular y le imprim\u00eda visos de misterio y dignidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con fino humor recuerda sus andanzas como diputado a la Asamblea de Boyac\u00e1:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Despu\u00e9s, en el autom\u00f3vil de don Miguelito, que es la \u00fanica persona que en Soat\u00e1 tiene un autom\u00f3vil, vino el diputado Alvarado, m\u00e9dico tambi\u00e9n y con una pierna tiesa; y por \u00faltimo hizo su aparici\u00f3n en una mula barrigona el diputado Vera, que por una circunstancia maravillosa es m\u00e9dico tambi\u00e9n y tambi\u00e9n cojo. El tercer diputado era yo, aunque me faltaba ser m\u00e9dico.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era hombre silencioso, pulcro, cordial, gran observador, parco en palabras y elocuente en gestos. Prefer\u00eda escuchar a hablar, y cuando expresaba algo, todos guardaban silencio. Le gustaba ser opaco, pero su presencia irradiaba fulgor. Con una sola palabra lograba pintar toda una situaci\u00f3n. En privado era ingenioso y humor\u00edstico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces su humor se tornaba sarc\u00e1stico, y con \u00e9l enjuiciaba los desv\u00edos p\u00fablicos y el derrumbe moral de la naci\u00f3n. Todas las semanas se reun\u00eda con sus amigos \u00edntimos. A partir de las cuatro de la tarde de los jueves se daba comienzo al di\u00e1logo vitalizante y en \u00e9l se hablaba de lo divino y lo humano. Con sus peque\u00f1os ojos inquisidores, que mostraban los destellos de la bondad y escond\u00edan la mordacidad del felino, y con su leve sonrisa burlona que en lugar de chocar atra\u00eda, este quijote moderno era la atracci\u00f3n de grandes figuras del mundo intelectual que lo visitaban semana tras semana para curarle el hast\u00edo y ensanchar la amistad al calor de un buen vaso de vino o de whisky.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le quedaron debiendo el Premio N\u00f3bel. Como era hombre humilde y discreto, que siempre se apart\u00f3 del mundanal ruido para vivir su mundo interior, se manten\u00eda alejado de ambiciones y no se prestaba para los artificios de la fama. Su literatura, que no fue de concurso, vale por s\u00ed sola. Hoy se halla traducida a la mayor\u00eda de lenguas universales y ha llegado a pueblos tan lejanos como el chino, el japon\u00e9s y el ruso. Fue criticado, controvertido, ensalzado. Nunca respond\u00eda ni al ataque ni a la alabanza y nadie lograba sacarlo de su postura de escritor inalterable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Noble, generoso y desprendido de los bienes materiales, se dispensaba a los dem\u00e1s con elegancia caballeresca y de sus labios no sal\u00eda nunca un agravio. Conforme era impecable su idioma, lo eran tambi\u00e9n su porte y su vida. Por la literatura viv\u00eda y mor\u00eda: era su pasi\u00f3n vital. Y como ten\u00eda a Proust como su maestro de cabecera \u2014de cuya obra tom\u00f3 el seud\u00f3nimo de Swan\u2014, su mayor af\u00e1n era la b\u00fasqueda del tiempo perdido, en el mundo de la evocaci\u00f3n y la batalla del esp\u00edritu, de la ilusi\u00f3n y el desenga\u00f1o, que nace y desaparece todos los d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Periodista de combate<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En forma magistral combin\u00f3 la literatura con el periodismo. Sosten\u00eda que el periodismo restringe la calidad del escritor ya que los temas deben tratarse sin mayor profundidad y al vuelo, y aconsejaba escribir la nota period\u00edstica de prisa y con emoci\u00f3n, para luego corregir despacio. El periodista \u2014no cesaba de repetirlo\u2014 debe ser un eterno insatisfecho, que nunca se deje halagar por los poderosos y que mantenga su independencia con dignidad y altivez, y con la suficiente superioridad moral e intelectual para convertirse en pregonero de las angustias populares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el periodista se entrega o se vende, o carece de capacidad para la guerra, debe cambiar de oficio. Fue el vig\u00eda y el cr\u00edtico implacable de la moral p\u00fablica. Se mantuvo a prudente distancia de los gobiernos porque consideraba que para se\u00f1alar sus errores era necesaria una autonom\u00eda insobornable. De esa l\u00ednea de combate nadie lo desvi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con su pluma acerada reprim\u00eda los abusos del poder y denunciaba, cual otro cat\u00f3n, a los eternos explotadores del pueblo, a los saboteadores del tesoro p\u00fablico, a los corruptos de las administraciones. Como no ten\u00eda compromisos con nadie \u2014y s\u00f3lo con su conciencia de bien\u2014, sus dardos eran demoledores. Siempre estuvo con los justos y los humildes. Y fustig\u00f3 a los depravados, sobre todo cuando m\u00e1s alto se hallaban en la sociedad o en el gobierno. Con su verbo encendido consegu\u00eda, como don Quijote, enderezar entuertos al paso de sus caballer\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus tiempos de estudiante del Gimnasio Moderno fund\u00f3 el peri\u00f3dico <em>El Aguilucho<\/em>, que todav\u00eda se conserva, a pesar de los a\u00f1os transcurridos, como el \u00f3rgano oficial de la instituci\u00f3n. Tambi\u00e9n se desempe\u00f1\u00f3 como director-fundador del radioperi\u00f3dico <em>Contrapunto,<\/em> en el que adelant\u00f3 recias campa\u00f1as por la depuraci\u00f3n de las costumbres. Como periodista de combate era temible. Su voz resonaba en el pa\u00eds con ecos moralistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre mantuvo una tribuna abierta a todas las inquietudes nacionales y all\u00ed recreaba \u2014entreverando la cr\u00edtica p\u00fablica con la vena del diletante\u2014 sus eruditos y amenos ensayos literarios, cargados de gracia, sobriedad y profundidad. Como hab\u00eda llegado al pleno dominio de la palabra, lograba transmitir en breves l\u00edneas torrentes de ideas. E insist\u00eda ante los columnistas de prensa en la necesidad de pulir el lenguaje y escribir con donaire y concisi\u00f3n, con fuerza conceptual y, sobre todo, con elevados principios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La agilidad, claridad y brevedad, unidas al bien decir, que reclamaba de los periodistas como normas indispensables del oficio, son virtudes brillantes en las miles de cuartillas que redact\u00f3 para la prensa. Fue colaborador de <em>El Tiempo, El Espectador, La Raz\u00f3n, Revista de las Indias,<\/em> entre otros \u00f3rganos en que escribi\u00f3 con mayor asiduidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todas partes buscaban sus colaboraciones. En 1977, cuando dej\u00f3 su espacio en <em>El Tiempo<\/em> en asocio de su hermano Lucas \u2013el famoso Klim\u2013\u00a0 y de su primo Enrique Caballero Escovar, y los tres se trasladaron a <em>El Espectador<\/em> ante la censura que se aplic\u00f3 a un art\u00edculo de Lucas sobre el gobierno del entonces presidente L\u00f3pez Michelsen, as\u00ed habl\u00f3 en el homenaje nacional que se les tribut\u00f3 en el Hotel Tequendama para enaltecer sus altas dotes intelectuales y cr\u00edticas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00bfPodr\u00edamos esperar de un Estado pragm\u00e1tico y mercantilista algo distinto de una justicia tuerta, una Universidad descuartizada, una inseguridad creciente y una moral en quiebra?, \u00bfde un Estado que no representa a la Naci\u00f3n y es s\u00f3lo el c\u00e1ncer administrativo que la est\u00e1 devorando?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La historia en cuentos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los ni\u00f1os de todas las edades \u2014hasta los noventa a\u00f1os\u2014 les deja preciosas joyas literarias para asimilar la historia y refrescar el alma juvenil que todos deber\u00edamos cultivar, y que por desgracia dejamos languidecer en el curso de la vida. En las <em>series Memorias infantiles<\/em> y <em>La historia en cuentos<\/em> aprende el peque\u00f1o lector \u2014al igual que el lector adulto\u2014 que la patria vive en todas partes, lo mismo en la monta\u00f1a hirsuta que en el valle florido, y lo mismo en la gesta que ya pas\u00f3 y dej\u00f3 lecciones de grandeza, que en el menudo acaecer cotidiano que nosotros mismos, con nuestra acci\u00f3n o nuestra indiferencia, hacemos grande o sombr\u00edo. Y el lector aprende, sobre todo, que la patria vive \u2013\u2013debe vivir\u2013 en el alma de cada cual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caballero Calder\u00f3n fue gran patriota, y lo demostr\u00f3 de muchas maneras. Su obra de escritor es un canto perseverante a la patria. La narraci\u00f3n de las costumbres y los conflictos rurales, presentada con la simplicidad del maestro que sabe interpretar la entra\u00f1a campesina con descripciones al alcance de todas las mentes, es el resultado de hondos escrutinios sociol\u00f3gicos sobre la idiosincrasia colombiana. Era \u00e9l, ante todo, profundo analista de la vida nacional. Y lo mismo que Gait\u00e1n se enfurec\u00eda ante la pobreza del pueblo y dec\u00eda que el hambre no es liberal ni conservadora, Caballero Calder\u00f3n sosten\u00eda que la costumbre de la violencia nace de la miseria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus cuentos crece el amor a la patria con una leve poes\u00eda a la infancia, y el autor aprovecha el enternecimiento del alma para despertar inter\u00e9s por los h\u00e9roes y respeto por los s\u00edmbolos nacionales. Cuando pinta paisajes y hace brotar las emociones \u00e9picas, estimula la fibra del patriotismo. Para qu\u00e9 abundar en m\u00e1s argumentos sobre las calidades de maestro \u2013maestro de las letras, de academias, de escritores, de la vida\u2013 que no tuvo necesidad de pronunciar discursos grandilocuentes \u2013y vanos\u2013 para hacer trascender su palabra. Mientras la palabra de los pol\u00edticos se la lleva el viento, la suya permanecer\u00e1 como un faro inextinguible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En relatos tan fascinantes como <em>El caballito de Bol\u00edvar, El zapatero soldado, \u00a0Todo por un florero <\/em>o<em> El corneta llanero,<\/em> cualquiera aprende a leer en el alma de la historia. En <em>El arte de vivir sin so\u00f1ar<\/em> nos hace transportar a una de esas fantas\u00edas orientales de <em>Las mil y una noches<\/em>. A sus amigos del campo les inculc\u00f3 la visi\u00f3n del mundo a trav\u00e9s de la dimensi\u00f3n de su propia aldea. Y los convenci\u00f3 de que el paisaje no es mejor en Europa que en Tipacoque. As\u00ed los hizo pegar m\u00e1s al terru\u00f1o, o sea, a la patria. Su obsesi\u00f3n por el agua, que se manifestaba en sus reprimendas a los labriegos por la tala de los \u00e1rboles y la consiguiente sequ\u00eda de los campos, es otra refrendaci\u00f3n de su esp\u00edritu nacionalista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bol\u00edvar era el s\u00edmbolo supremo en quien conjugaba el sentido de la libertad. Y para que los tipacoques no lo olvidaran, les descubri\u00f3, con estas palabras, la piedra que recuerda el paso del h\u00e9roe por la hacienda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Cuando alguien trate de enga\u00f1arlos a ustedes, piensen en el Libertador. Cuando alguien que los gobierne falle en el camino, piensen en \u00e9l. Bol\u00edvar es el ejemplo y el padre. Nadie puede ser bueno ni grande en Colombia si no lleva al Libertador en el pecho. El Libertador no est\u00e1 ausente, tipacoques, pues no morir\u00e1 en esta tierra mientras vivan quienes lo recuerden. Su memoria es como esta piedra, que durar\u00e1 m\u00e1s que nosotros. El Libertador es la patria, tipacoques. \u00a1Viva el Libertador!<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Pintor de paisajes<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era un alma enamorada de la naturaleza. Los paisajes embrujados que recorr\u00eda varias veces al a\u00f1o entre Bogot\u00e1 y Tipacoque, y que s\u00f3lo dejaron de aparecer en su retina cuando ya sus piernas no le obedecieron, se hab\u00edan quedado en su esp\u00edritu como un soplo de vida, como un aire de inspiraci\u00f3n. Luch\u00f3 como un le\u00f3n por la pavimentaci\u00f3n de la carretera Central del Norte, cuyo punto final es la ciudad de C\u00facuta, y no consigui\u00f3 verla llegar a sus predios a pesar de que los trabajos arrancaron hace un siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al eterno defensor de esta carretera interminable lo dejaron morir sin que se cumpliera su sue\u00f1o de verla pasar por su aldea. En la parsimonia desesperante de esta v\u00eda se sintetiza la mansedumbre del pueblo boyacense \u2014tan bien analizada por Armando Solano\u2014 que entre soledades y resignaciones ha levantado en Colombia el mayor monumento al venerable Job.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta misma v\u00eda, polvorienta y traicionera, la transit\u00f3 el cronista infinidad de veces entre roquedales y precipicios de pavor, y siempre con el alma henchida de poes\u00eda. Su contacto con la naturaleza le incit\u00f3 el nervio del artista. Sin pinceles ni paletas, dibuj\u00f3 con la pluma y su prodigiosa imaginaci\u00f3n los cuadros de las tierras ind\u00f3mitas que surg\u00edan a su paso como una provocaci\u00f3n para el poeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La paz y el embrujo de las tierras ariscas y silenciosas, de los desfiladeros soberbios y agresivos, movieron su sensibilidad y le permitieron estructurar una de las obras de mayor belleza buc\u00f3lica que se hayan escrito en Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su prosa lleva el polvo de los caminos y huele a monta\u00f1a, a trapiche, a perfume de azahar. El pa\u00eds, rico en regiones agrestes y hu\u00e9rfano hoy de pastores y labradores, ha quedado pintado con virtuosismo m\u00e1gico en las p\u00e1ginas del escritor andante que hizo brotar de la naturaleza una sinfon\u00eda de paisajes y de ensue\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las laderas taciturnas de Tipacoque aprendi\u00f3 a pensar. All\u00ed desentra\u00f1\u00f3 los misterios de la tierra y del hombre y puso a sus criaturas a representar la comedia humana que se vive en todas las atm\u00f3sferas del planeta. Descubri\u00f3 las costumbres y los mitos del campo, las creencias de la gente, sus pecados y candores, las trampas electorales, los abusos de patronos y gamonales. En tal forma se compenetr\u00f3 con la malicia ind\u00edgena del campesino, con su sencillez y su filosof\u00eda, que termin\u00f3 siendo un campesino m\u00e1s. El colorido de su obra, aun trat\u00e1ndose de los conflictos m\u00e1s serios, nace de la belleza del paisaje. Bien sab\u00eda \u00e9l que los cuentos de aparecidos y almas en pena se desdibujan si no llevan un tinte de belleza; y si lo llevan, el mismo diablo se viste de fiesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Adi\u00f3s al maestro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte s\u00fabita lo sorprendi\u00f3 el 3 de abril de 1993. Dos meses atr\u00e1s, cuando a\u00fan no hab\u00eda coronado los 83 a\u00f1os de vida (cumplidos en marzo), me confes\u00f3 que el almanaque le pesaba. Y m\u00e1s que el almanaque \u2014pens\u00e9 yo, vi\u00e9ndolo tan l\u00facido en medio de su postraci\u00f3n f\u00edsica\u2014 era el cansancio de vivir el que empujaba la hora final que con su proverbial malicia boyacense ve\u00eda cercana. No s\u00f3lo present\u00eda la hora de la partida sino que a\u00f1oraba el di\u00e1logo sin fin que hab\u00eda quedado trunco con su compa\u00f1era eterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al reclamarle su silencio de periodista en los \u00faltimos a\u00f1os, me repuso con una expresi\u00f3n tajante: \u00abme jart\u00e9\u00bb. \u00a1Se hab\u00eda cansado de escribir! Abandon\u00f3 la pluma el d\u00eda que asesinaron a Guillermo Cano, el 17 de diciembre de 1986. De esta manera demostraba su protesta contra el pa\u00eds violento que \u00e9l cre\u00eda superado, y que ahora ve\u00eda desangrar como una vena rota en medio de la perplejidad p\u00fablica y la impotencia oficial. Desde su apartamento de la capital, convertido en inmensa biblioteca como un oasis para sobrevivir, trataba de sosegar su frustraci\u00f3n con la lectura permanente. Desde all\u00ed miraba con estupor a la Colombia actual dominada por la narcoguerrilla y destrozada por los malos gobiernos y los pol\u00edticos in\u00fatiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al acordarse de sus incursiones por otra Colombia, la de los conflictos pol\u00edtico-religiosos plasmada en sus libros, pensar\u00eda que esta tierra est\u00e1 condenada a vivir eternamente con el Cristo de espaldas. Tipacoque, convertido en leyenda literaria al igual que Macondo o Comala, es s\u00edmbolo del hombre. Del sencillo hombre de campo que sufre y sue\u00f1a. La literatura de Caballero Calder\u00f3n encarna el pa\u00eds pastoril \u2014hoy arrasado por la barbarie\u2014que trabaja el pan de cada d\u00eda entre sudores y esperanzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ensa\u00f1ada hoy la violencia en campos y ciudades, el personaje de Tipacoque, preocupado como siempre por los problemas sociales y pol\u00edticos de la naci\u00f3n, sufr\u00eda en silencio dolor de patria. Sent\u00eda que su lucha hab\u00eda sido est\u00e9ril. \u00bfPor qu\u00e9 extra\u00f1ar que una carretera fundamental dure 100 a\u00f1os en construcci\u00f3n, y falten otros 100 para concluirla? Cosa grave le sucede al pueblo cuando a los escritores p\u00fablicos, due\u00f1os de la altura intelectual y moral de un Caballero Calder\u00f3n, les da por callar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelto ya ceniza, Eduardo Caballero Calder\u00f3n hizo el \u00faltimo viaje de Bogot\u00e1 a Tipacoque por la carretera que tantas veces transit\u00f3. Pidi\u00f3 que lo enterraran en la capilla de la hacienda. Deseaba volver a la tierra que inmortaliz\u00f3 con su pluma maestra. Alrededor de 30 libros (el mismo n\u00famero de kil\u00f3metros que le faltaron a la carretera) entran a fecundar el mito que de ahora en adelante crecer\u00e1 con m\u00e1s fuerza desde que su creador, tambi\u00e9n convertido en tierra, no volver\u00e1 a salir de su territorio sentimental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Tipacoque lo rodea por todas partes la grandeza del paisaje. Hasta en la aridez de los campos, carcomidos por las siembras de tabaco, se encuentra poes\u00eda. Los farallones parecen centinelas impenitentes que custodian el encanto de la naturaleza. Y all\u00ed reposar\u00e1, y vivir\u00e1 para siempre, el alma del escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la entrada del pueblo lo esperaban sus paisanos, vestidos de luto y alegr\u00eda. Son dos conceptos que en este caso no se oponen. Sent\u00edan pena por la muerte del patrono, pero al mismo tiempo alborozo por rescatarlo de la lejan\u00eda bogotana. Sus cenizas, entre c\u00e1nticos religiosos y aires colombianos, como \u00e9l lo hab\u00eda pedido, recibieron cristiana sepultura en medio de la multitud de tipacoques que desfilaron conmovidos ante la urna y all\u00ed depositaron los claveles blancos, frutos de la tierra, con que marchaban desde la entrada del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre pa\u00f1uelos blancos, otro s\u00edmbolo de aquel acto simple y grandioso, se le tribut\u00f3 el \u00faltimo adi\u00f3s. Y por los cielos de Tipacoque, transparentes como el alma campesina cantada en sus libros, el maestro \u2013humor\u00edstico y cari\u00f1oso como yo lo hab\u00eda visto dos meses atr\u00e1s\u2013 penetr\u00f3 sereno en la inmortalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Hojas Universitarias, Universidad Central, <\/strong><\/em>N\u00b0 41, marzo de 1995.<br \/>\n(Una versi\u00f3n abreviada de este texto se public\u00f3, en p\u00e1gina de\u00a0 <strong><em>El Espectador<\/em>, <\/strong>el 3-IV-1994).\u00a0 <strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Eduardo Caballero Calder\u00f3n sobresale en las letras por la profundidad de sus ideas. 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