{"id":6908,"date":"2011-12-15T18:27:17","date_gmt":"2011-12-15T23:27:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6908"},"modified":"2014-04-05T10:58:14","modified_gmt":"2014-04-05T15:58:14","slug":"caminos-de-boyaca-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/15\/caminos-de-boyaca-2\/","title":{"rendered":"Caminos de Boyac\u00e1"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas cuartillas intentan pintar, reconstruyendo una traves\u00eda caminera, ciertos matices de la Boyac\u00e1 privilegiada de postrimer\u00edas del siglo XX, comarca que ha logrado mantenerse tranquila, con contadas excepciones, en medio del pa\u00eds perturbado por agudos conflictos p\u00fablicos. \u00c9poca nacional de profundas crisis sociales enmarcada en r\u00edos de sangre y horizontes de pavura. La inseguridad carcome hoy la paz de los hogares y pretende borrar del alma y de los paisajes los semilleros de poes\u00eda y encanto que nos ha regalado la mano de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ideal, como terapia, este escape de cuatro d\u00edas por una de las comarcas m\u00e1s fascinantes de la geograf\u00eda patria. Territorio abrupto y r\u00fastico en muchos de sus parajes, que se mantiene todav\u00eda incontaminado de falsas civilizaciones y por eso ofrece para\u00edsos de sosiego y panoramas de enso\u00f1aci\u00f3n. Mientras en Bogot\u00e1 y en la mayor\u00eda de las ciudades y provincias colombianas, lo mismo que en los campos azotados por la violencia, la patria se desangra en un mar de horrores, todav\u00eda, por fortuna, nos queda Boyac\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy los caminos de la paz conducen a mi\u00a0 tierra. Y hacia ella vamos, lector amable. Puede que en algunos sectores sean senderos lentos y escarpados, estrechos y polvorientos, pero son, en cambio, apacibles y seguros, po\u00e9ticos y sedantes. Invitan a la paz de la conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El territorio boyacense es reposado como la naturaleza que lo circunda. All\u00ed no se ha atrevido a penetrar el perverso hombre contempor\u00e1neo que altera el reposo de otros lugares, tal vez porque le infunde respeto, o quiz\u00e1 confusi\u00f3n, la densidad de la tierra silenciosa. El\u00a0 silencio no es bueno para la guerra. El fantasma de la violencia, que cabalga por Colombia y el mundo entero como un anticipo del Apocalipsis, si es que en realidad ya no estamos en el Apocalipsis, se ha detenido ante Boyac\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Un acorde\u00f3n hecho hombre<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos Eduardo Vargas Rubiano es un hombre de leyenda. Bueno como el pan de las mesas campesinas. Su fama de hombre recto, afable y sencillo le da vuelta a Colombia. El pa\u00eds sabe de su car\u00e1cter jovial y descomplicado. Carlos Eduardo personifica al boyacense en su m\u00e1s pura expresi\u00f3n. Su personalidad est\u00e1 amasada de trigo y viento fresco. Se confunde con el paisaje y se vuelve canci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su acorde\u00f3n es c\u00e9lebre en el pa\u00eds. En \u00e9l revientan las primeras notas de las campi\u00f1as musicales, en territorio de torbellinos y guabinas, y declinan, con vibraci\u00f3n de arreboles y letargos tel\u00faricos, las melancol\u00edas del atardecer. Nunca un acorde\u00f3n se ha pegado tanto al alma de su amo. Nunca el hombre ha estado m\u00e1s cerca de la entra\u00f1a de un acorde\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carl\u00f3se, como cari\u00f1osamente se le conoce y se le nombra, fue quien nos invit\u00f3 a este viaje por la provincia lejana. Ocupaba el cargo de gobernador del departamento. Y la cita era en Soat\u00e1. All\u00ed nos reunir\u00edamos con una n\u00f3mina selecta de colaboradores suyos, de acad\u00e9micos y otras personalidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Entre palmeras y poes\u00eda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soat\u00e1 es la capital de la provincia del Norte. Mi pueblo es c\u00e9lebre en el\u00a0 pa\u00eds por sus exquisitos d\u00e1tiles. Con ellos se han hecho famosas y hacen las delicias de los viajeros una serie de golosinas aut\u00f3ctonas: limones rellenos, toronjas en arequipe, besitos azucarados, masaticos de arroz\u2026 Soat\u00e1 es un pueblo dulce. Se le conoce como la <em>Ciudad del D\u00e1til<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el \u00fanico sitio de Colombia donde peg\u00f3 la palma y fecund\u00f3 su fruto. Por raro capricho de la naturaleza, s\u00f3lo en las palmeras de mi pueblo coexisten flores masculinas y femeninas que, entrelazadas al igual que en el reino de los hombres, se atraen sexualmente y producen vida. El polen penetra en las flores femeninas y prolonga, a trav\u00e9s de copiosas cosechas, la conservaci\u00f3n de la especie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soat\u00e1 est\u00e1 situada a menos de 300 kil\u00f3metros de Bogot\u00e1. Hoy se emplean seis horas en la traves\u00eda. Una carretera de nunca terminar, que lleva un siglo en plan de rectificaci\u00f3n y pavimentaci\u00f3n, ha reducido la distancia y ya promete, falt\u00e1ndole s\u00f3lo 17 kil\u00f3metros para llegar a mi\u00a0 pueblo, continuar su destino sufrido. El general Rafael Reyes la adelant\u00f3, siendo presidente de la Rep\u00fablica, hasta Santa Rosa de Viterbo, su cuna natal. Y all\u00ed pareci\u00f3 congelarse por infinitos a\u00f1os. Toda una eternidad para la paciencia de quienes recorren, de Bogot\u00e1 a C\u00facuta, estas latitudes resignadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La hacienda legendaria<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tipacoque est\u00e1 a trece kil\u00f3metros de Soat\u00e1. Es un pueblo dormido sobre su duro lecho de piedra. Se llega a \u00e9l por entre compactas monta\u00f1as que descubren el alma endurecida de la roca, como si \u00e9sta quisiera precipitarse sobre la carretera y cobrar la aventura del viaje por aquellos desfiladeros asombrosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La naturaleza petrificada, con sus imponentes crestas de arbustos carcomidos por los soles caniculares, parece el blas\u00f3n del pueblo que Eduardo Caballero\u00a0 Calder\u00f3n, deseando hacerlo m\u00e1s suyo, lo proclam\u00f3 un d\u00eda como municipio independiente. Y lo gobern\u00f3 como su primer alcalde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tipacoque es m\u00e1s un sue\u00f1o que una realidad. La quietud de sus calles es alucinante. Alg\u00fan vecino lo observa a uno desde el port\u00f3n de su casa y no se sabe, en realidad, si aquella es una visi\u00f3n humana o fantasmal. Juan Rulfo nunca estuvo en Tipacoque. Pero ese hubiera sido el escenario exacto para su\u00a0 <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si usted, amable lector, ha so\u00f1ado con estar en Comala, la villa mejicana de las almas errantes, vaya a Tipacoque. Le aseguro que hay momentos en que se ignora si se est\u00e1 hablando con seres vivos o con seres fant\u00e1sticos. Y es que en Tipacoque o en Comala el tiempo est\u00e1 inm\u00f3vil. \u00abLo que pasa con estos muertos viejos es que en cuanto les llega la humedad comienzan a removerse. Y despiertan\u00bb. Son esos, seg\u00fan Rulfo, los esp\u00edritus que vagan y vagar\u00e1n por su comarca inerte. Tipacoque es tambi\u00e9n pueblo de sombras y de vapores on\u00edricos. Es otra aldea inm\u00f3vil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hizo inmortal Caballero Calder\u00f3n. Lo que uno encuentra por las calles son personajes de novela escapados de los libros del cronista del pueblo. Esta rec\u00f3ndita aldea, cuyos moradores viven ajenos a su propia importancia, es el mayor s\u00edmbolo de la literatura colombiana. La tierra dura, pedregosa y sufrida, enmarca el dolor campesino tan bellamente cantado en las novelas del genio boyacense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando uno vuelve a Tipacoque, y lo hace con los ojos del esp\u00edritu, salen a recibirlo siervos sin tierra que merodean por las trochas como eternos peones de la comedia humana. Cuando uno vuelve a Tipacoque mirar\u00e1 asombrado c\u00f3mo se mueven, huidizos y como pasajeros del cosmos, las escasas almas \u00a0que desfilan por las calles del silencio como hebras imantadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con Carlos Eduardo llegamos a la hacienda legendaria. El perro nos ladr\u00f3, y la \u00a0buena mujer y su sol\u00edcito marido, los cuidanderos irremplazables, nos dieron la bienvenida. El ilustre escritor, ausente en Bogot\u00e1, llena con su presencia de libros y vestigios m\u00faltiples la augusta soledad de la mansi\u00f3n. En el corredor grande se recuerda que el gobierno del doctor Carlos Lleras Restrepo la declar\u00f3 monumento nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hacienda, que fue convento de los frailes dominicos, pas\u00f3 a manos de los Caballero en el a\u00f1o de 1580. La vieja casona, cuya conservaci\u00f3n demanda considerable esfuerzo econ\u00f3mico, parece un castillo feudal. La hacienda fue reparti\u00e9ndose entre los trabajadores y hoy s\u00f3lo conserva, como un trofeo o como un baluarte de la historia, este reducto del coraz\u00f3n y de la inteligencia. Por los corredores y los salones han pasado siglos de historia patria. La casona huele a tradici\u00f3n, a literatura. Bol\u00edvar dej\u00f3 en ella su rastro de caminante pertinaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>A orillas del Chicamocha<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La caravana parti\u00f3 con rumbo a G\u00fcic\u00e1n. Nos detuvimos en Puente Pinz\u00f3n, a corta distancia de Soat\u00e1, una de las referencias imprescindibles de mi pueblo. \u00a0El r\u00edo Chicamocha, escondido en profundidades medrosas, gime sus pesares entre aguas turbulentas. Parece escarbar en las entra\u00f1as de la tierra en busca de mayores abismos. Murmura, incontenible, su esclavitud milenaria. Alguna chicharra, que salta por entre piedras y cactos, no se concede tregua en su andar nervioso y pide con sus silbos un minuto de sosiego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sol cae vertical, como una saeta en el vac\u00edo. Reba\u00f1os de cabras, hechas a los rigores de las est\u00e9riles laderas, buscan afanosas su merienda de espinas y romeros, en composici\u00f3n m\u00e1gica de durezas y est\u00edmulos arom\u00e1ticos. Y se tiran, con el est\u00f3mago colmado, en plena carretera, ajenas a la proximidad de nuestro veh\u00edculo. Ignoran, las pobres, que engordando sus carnes servir\u00e1n de suculento fest\u00edn para los apetitos voraces.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>En la plaza de G\u00fcic\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Soat\u00e1 a G\u00fcic\u00e1n gastamos tres horas. No llevamos prisa, y tampoco la carretera, v\u00eda angosta que serpentea en el ascenso con fatigas de p\u00e1ramo, facilita la velocidad. Hay sitios tan estrechos que no permiten pasar a otro veh\u00edculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos pueblitos monta\u00f1eros que contemplamos engalanados y pintorescos, con sus policrom\u00edas de iglesias pesarosas y sus plazas somnolientas, simulan un pesebre pegado a la cordillera. Es preciso hacer continuas paradas para \u00a0contemplar los farallones tocados de nieve y lejan\u00eda. Un d\u00eda luminoso, que parece alejar la cercan\u00eda de la nieve, irradia fulgor y placidez sobre los riscos soberbios. Estos contrastes de sol y p\u00e1ramo, alturas y precipicios, majestad y peque\u00f1ez, alborotan el \u00e1nimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Boavita, La Uvita, San Mateo, El Cocuy, Guacamayas, El Espino, Panqueba y G\u00fcic\u00e1n nos salen al encuentro. En los alrededores, Chita, Chiscas y La Salina miran el avance de la caravana. La Sierra Nevada es uno de los espect\u00e1culos m\u00e1s seductores de la geograf\u00eda colombiana. Su manto de nieves perpetuas flota en el infinito entre r\u00e1fagas deslumbrantes. Los rayos del sol perforan el alma de las nubes y hacen resplandecer los pe\u00f1ascos m\u00e1s elevados, que se pierden en lontananza y sugieren una hilera interminable de atalayas marciales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la plaza de G\u00fcic\u00e1n, frente al Pe\u00f1\u00f3n de los Muertos, se escucha la voz vibrante de los oradores. Sus palabras se repliegan por los contornos con ecos patri\u00f3ticos. El poeta Pedro Medina Avenda\u00f1o invoca a la Morenita de G\u00fcic\u00e1n, la legendaria imagen de la Virgen cuya presencia entre los tunebos se remonta a m\u00e1s de dos siglos, y cuyo color, seg\u00fan la leyenda, obedeci\u00f3 a ser alumbrada con cera de laurel y trementina de frailej\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El historiador Gabriel Camargo P\u00e9rez exalta el acto heroico de los abor\u00edgenes, que prefirieron suicidarse en alianza colectiva, tir\u00e1ndose al vac\u00edo desde lo que hoy se conoce como el Pe\u00f1\u00f3n de los Muertos \u2013o el Pe\u00f1\u00f3n de la Gloria\u2013,\u00a0 antes que entregarse a los espa\u00f1oles. Esta epopeya parece diluirse entre los abismos del nevado.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Un hada en el camino<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con Astrid, mi esposa, he recorrido muchos caminos. Sin ella ser\u00eda menor el conocimiento de la geograf\u00eda colombiana. Gozamos de los paisajes, de las emociones del campo, de la simplicidad de la provincia. Nos gusta fugarnos sin complicaciones por pueblos y veredas, m\u00e1s all\u00e1 de los confines transitados por el com\u00fan de la gente. Nos identificamos con el peque\u00f1o mundo maravilloso que se manifiesta en seres y objetos menudos, insignificante para otras personas, y que contiene ocultos embrujos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un viaje debe convertirse en experiencia enriquecedora, en oportunidad de fortalecer la visi\u00f3n del mundo y ampliar los l\u00edmites del coraz\u00f3n. El alma, cuando est\u00e1 ligada con la naturaleza, conserva su capacidad de asombro y de poes\u00eda ante la belleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Saber mirar lo aut\u00e9ntico por encima de lo superficial; encontrar en la escondida provincia o en el camino perdido la seducci\u00f3n de la quimera; extasiarse ante la comarca desprovista de arrogancia y sembrada de candidez; nutrirse de paisajes, de r\u00edos y alboradas; vibrar con la ma\u00f1ana que se incendia de luces tonificantes y reposar con la tarde que declina entre eclipses encantados y suspensos m\u00e1gicos\u2026 he ah\u00ed el secreto para poseer los dones portentosos de la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Regreso con mi esposa de esta aventura caminera. Traemos el alma henchida de h\u00e1litos absorbentes. La vida se justifica para el hombre cuando est\u00e1 movida por un aliento femenino. No todos saben encontrar la inspiraci\u00f3n de esa dulce complicidad para la alegr\u00eda y el dolor que es la mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La m\u00eda, que es el hada de todos mis caminos, se queda en esta cr\u00f3nica como una vaporosa deidad de la campi\u00f1a boyacense, transplantada de su campi\u00f1a santandereana. Y permanecer\u00e1 aqu\u00ed como una afirmaci\u00f3n de la belleza, como un suspiro de mi viento boyacense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bogot\u00e1, 5 de mayo de 1993.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Estas cuartillas intentan pintar, reconstruyendo una traves\u00eda caminera, ciertos matices de la Boyac\u00e1 privilegiada de postrimer\u00edas del siglo XX, comarca que ha logrado mantenerse tranquila, con contadas excepciones, en medio del pa\u00eds perturbado por agudos conflictos p\u00fablicos. \u00c9poca nacional de profundas crisis sociales enmarcada en r\u00edos de sangre y horizontes de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[74,73,12],"tags":[124,123,86],"class_list":["post-6908","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-boyaca","category-paisajes","category-viajes","tag-boyaca","tag-paisajes","tag-viajes"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6908","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6908"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6908\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10778,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6908\/revisions\/10778"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6908"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6908"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6908"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}