{"id":7076,"date":"2011-12-16T16:05:23","date_gmt":"2011-12-16T21:05:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7076"},"modified":"2014-03-08T13:48:45","modified_gmt":"2014-03-08T18:48:45","slug":"hace-10-anos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/16\/hace-10-anos\/","title":{"rendered":"Hace 10 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos d\u00edas antes de su muerte, hace 10 a\u00f1os, Guillermo Cano me hab\u00eda entregado una carta donde me acreditaba como columnista de <em>El Espectador.<\/em> Como entonces las relaciones con Venezuela eran tensas (situaci\u00f3n que, triste es se\u00f1alarlo, a\u00fan subsiste en los d\u00edas actuales), el objeto de dicha carta era el de defenderme, llegado el caso, por los azarosos y atractivos caminos que iba a recorrer con mi familia en viaje terrestre hasta Puerto La Cruz, y de all\u00ed, por mar, hasta la Isla de Margarita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La v\u00edspera de nuestro ingreso a la hermana rep\u00fablica, aquel 17 de diciembre de 1986, depart\u00edamos en C\u00facuta, al calor de un mitigante vaso de whisky \u2013tras la ardua jornada cumplida desde Bogot\u00e1\u2013 en la casa amiga donde nos hab\u00edamos hospedado. Cuando los hijos regresaron de su paseo nocturno por la ciudad y nos hallaron embebidos en ambiente de alborozo, supieron que \u00e9ramos ajenos al drama que conmov\u00eda al pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al conocer el asesinato de Guillermo Cano, que acababa de perpetrarse a su salida de las instalaciones del peri\u00f3dico, me sent\u00ed petrificado. Dominado por la impresi\u00f3n de saber que quien hab\u00eda pre\u00adtendido allanarme caminos ajenos ca\u00eda abatido en su propia tierra, la dimensi\u00f3n del crimen se hizo m\u00e1s dantesca por el contacto perturbador, hasta altas horas de aquella madrugada, con las noticias ra\u00addiales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Guillermo Cano, el escritor m\u00e1s valiente del periodismo colombiano, el cr\u00edtico m\u00e1s decidido de la corrupci\u00f3n social, el fustigador m\u00e1s implacable del nar\u00adcotr\u00e1fico, a quien nunca le tembl\u00f3 la plu\u00adma para denunciar los peligros que se cern\u00edan sobre la patria, era inmolado por representar la conciencia m\u00e1s recta y estremecedora que sal\u00eda de la prensa na\u00adcional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras otros callaban, \u00e9l gritaba, se enardec\u00eda, clamaba a todos los vientos por el imperio de la ley y la depuraci\u00f3n de las costumbres. Su <em>Libreta de apuntes<\/em>, que deber\u00eda ser libro de oro de todo periodista y de toda facultad de periodismo, contiene los enfoques m\u00e1s claros sobre la realidad contempor\u00e1nea, y los ataques m\u00e1s en\u00adcendidos contra los corruptores de la so\u00adciedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De entonces a hoy, aunque buena parte de quienes tramaron su muerte hallaron m\u00e1s tarde la suya propia (en la ley inexorable del tali\u00f3n: ojo por ojo y diente por diente), poco es lo que ha cambiado en este horrendo cap\u00edtulo del narcotr\u00e1fico. Falta otra voz aguerrida como la del pe\u00adriodista sacrificado, faltan sus vibrantes editoriales, faltan su entereza y diafanidad para hacer reflexionar al pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie ha podido superarlo en sus ba\u00adtallas intr\u00e9pidas, que mucho ten\u00edan de temerarias en esta naci\u00f3n que se resign\u00f3 al silencio c\u00f3mplice y que convive con la impunidad y el desenfreno, en medio de la clase dirigente que se obnubil\u00f3 con el becerro de oro de la concupiscencia. Desde la noche que lo eliminaron, Colombia perdi\u00f3 las esperanzas que le que\u00addaban para reconquistar su pasado digno. Podr\u00e1 haber periodistas valerosos y ba\u00adtalladores, aprestigiados y sobresalientes (que los hay), pero se perdi\u00f3 el liderazgo de las grandes causas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace 10 a\u00f1os me adentr\u00e9, casi ador\u00admecido, por los caminos de Venezuela. Dicho sea de paso, no tuve necesidad de exhibir en parte alguna la carta aquella que me har\u00eda superar dificultades \u2013y que se me volvi\u00f3 hist\u00f3rica\u2013 y adem\u00e1s pas\u00e9 con los m\u00edos una de las vacaciones m\u00e1s inol\u00advidables en tierra extra\u00f1a, mientras la propia patria se desangraba. Antes de partir de C\u00facuta, remit\u00ed a El Espectador el siguiente mensaje:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abCon su propia sangre escribi\u00f3 Gui\u00adllermo Cano su supremo editorial sobre moral, valent\u00eda y patriotismo que ojal\u00e1 haga reaccionar al pa\u00eds, en esta larga noche de horrores. Perplejo y adolorido expreso mi solidaridad con los Gano y mi fe en Colombia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 15-XII-1996<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Pocos d\u00edas antes de su muerte, hace 10 a\u00f1os, Guillermo Cano me hab\u00eda entregado una carta donde me acreditaba como columnista de El Espectador. 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