{"id":7270,"date":"2012-01-11T10:29:36","date_gmt":"2012-01-11T15:29:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7270"},"modified":"2014-05-04T21:03:05","modified_gmt":"2014-05-05T02:03:05","slug":"ana-frank-en-el-camino","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/11\/ana-frank-en-el-camino\/","title":{"rendered":"Ana Frank en el camino"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De paso por la ciudad de \u00c1msterdam, en viaje por varios pa\u00edses europeos, me acord\u00e9 de Ana Frank, la ni\u00f1a prodigio que a la edad de 14 a\u00f1os hab\u00eda escrito uno de los testimonios m\u00e1s estremecedores so\u00adbre las atrocidades cometidas por el r\u00e9gimen nazi en la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De tantas cosas importantes que hay que conocer en el itinerario por Europa, para m\u00ed era de primer or\u00adden la visita a la casa donde Ana Frank escribi\u00f3 su diario clandestino, traducido a unos 60 idiomas y cuyas ventas superan los 20 millo\u00adnes de ejemplares. Cuando la gu\u00eda anunci\u00f3 que nos encontr\u00e1bamos frente a la casa legendaria, en una calle sosegada que no hace presen\u00adtir la dimensi\u00f3n del drama que all\u00ed se vivi\u00f3 hace medio siglo, el esp\u00edritu del viajero no pudo menos de sentir\u00adse conmovido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sola idea de que en aquel refu\u00adgio, en el llamado \u00abAnexo Secreto\u00bb, hubieran permanecido encerrados ocho jud\u00edos por m\u00e1s de dos a\u00f1os, mientras sobre su raza se desataba la m\u00e1s implacable persecuci\u00f3n de Hitler, y una ni\u00f1a volcaba sus mie\u00addos y emociones en r\u00fastico cua\u00adderno escolar, era seducto\u00adra para penetrar en este recinto de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dir\u00edase que la furia del monstruo que arrasaba ciudades, tor\u00adturaba a millones de jud\u00edos y luego los conduc\u00eda a la muerte atroz no lograba penetrar las cuatro paredes de aquel encierro herm\u00e9tico, de donde brotar\u00eda, como una luz poderosa en medio de las tinieblas aquel legajo de hojas manuscritas por la ni\u00f1a precoz que ha sido, sin duda, una de las mayo\u00adres cronistas de la crueldad huma\u00adna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De aquel lugar se sale sobrecogido y a uno se le antoja pensar en un suceso inveros\u00edmil, para el que no existe explicaci\u00f3n va\u00adledera. All\u00ed todo es fugaz e inasible \u2013por m\u00e1s fijo que se halle en el cere\u00adbro del mundo\u2013, y\u00a0 est\u00e1 penetrado de misterio. El amo de Alemania, que todo lo pod\u00eda y todo lo aniquilaba, no fue capaz de destruir el fiel testi\u00admonio de Ana Frank, tal vez el ma\u00adyor enjuiciamiento sobre la brutali\u00addad del hombre en todos los tiem\u00adpos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si aquel holocausto se compara con lo que acontece en tierra colombiana, donde la sangre de miles de v\u00edcti\u00admas se derrama en sordos episodios de ferocidad, vemos que la sevicia es la mayor aberraci\u00f3n del hombre. Hitler no ha muerto. Lo tenemos vivo en la selva, en la ciudad, en las carreteras, en los r\u00edos, dondequiera que exista un germen de vida, una mues\u00adtra de civilizaci\u00f3n. Y sobre todo est\u00e1 vivo en la conciencia colectiva, alimentada de odios, de pasiones, de ansias destructoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los trenes silenciosos que Hitler empujaba a Treblinka o Auschwitz son los mismos, en otro sentido, que recorren los campos de la guerrilla colombiana, con sus desfiles de ata\u00fades y sus cargas de mi\u00adseria. Al pasar por la casa de Ana Frank escuch\u00e9 un grito lejano y des\u00adgarrador, como si saliera de las pro\u00adpias entra\u00f1as de mi patria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 12-XII-1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar De paso por la ciudad de \u00c1msterdam, en viaje por varios pa\u00edses europeos, me acord\u00e9 de Ana Frank, la ni\u00f1a prodigio que a la edad de 14 a\u00f1os hab\u00eda escrito uno de los testimonios m\u00e1s estremecedores so\u00adbre las atrocidades cometidas por el r\u00e9gimen nazi en la Segunda Guerra Mundial. 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