{"id":7290,"date":"2012-01-11T10:50:37","date_gmt":"2012-01-11T15:50:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7290"},"modified":"2014-04-25T10:56:21","modified_gmt":"2014-04-25T15:56:21","slug":"alma-viajera","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/11\/alma-viajera\/","title":{"rendered":"Alma viajera"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han corrido 25 a\u00f1os desde el d\u00eda que escrib\u00ed la primera l\u00ednea sobre una ciudad. El descenso por el p\u00e1ramo de La L\u00ednea, invadida el alma con el inquieto encanto que producen las alturas y los abismos reunidos en un solo cuadro, en una sola emoci\u00f3n, me conmovi\u00f3 el esp\u00edritu. La sensaci\u00f3n de inmensidad, y al mismo tiempo de peque\u00f1ez, que se experimenta en el punto m\u00e1s elevado de la cordillera, donde el viento sopla con furor y las nubes se estrellan inclementes contra la tierra, se quiebra m\u00e1s adelante y destruye el hechizo, cuando la arisca monta\u00f1a se vuelve menos empinada y por consiguiente menos excitante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto irrumpi\u00f3 en una vuelta de la carretera, todav\u00eda luchando el viajero contra el v\u00e9rtigo de la bajada, un contorno de verdes tonalidades que le puso otro colorido al paisaje. Y otra temperatura al coraz\u00f3n. M\u00e1s adelante apareci\u00f3 flotando en el panorama, como seductora silueta femenina, la ciudad presentida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era Armenia, iluminada y sugestiva, y clavada en la profundidad como el regazo amoroso de la cordillera. Ese contrate entre luz y sombra, entre cumbre y vac\u00edo, entre aridez y fecundidad \u2013rasgos determinantes de la propia condici\u00f3n humana\u2013, me ha llevado a lo largo del tiempo a establecer la perfecta simbiosis que existe entre el hombre y la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al recoger hoy estas cr\u00f3nicas viajeras para formar un libro y cantar las ciudades y los pueblos de la patria, compruebo con asombro y regocijo que mis recorridos posteriores \u2013unos laborales y otros de descanso, y todos de compenetraci\u00f3n con el medio ambiente\u2013 cubren gran parte del territorio colombiano. He sido afortunado transe\u00fante de caminos. Esas andanzas, f\u00edsicas y literarias, me abrieron la mente y el alma a la comprensi\u00f3n del hombre y al goce de la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Somos pueblos ambulantes<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He de confesar que la vida de los pueblos, entendidos \u00e9stos como conglomerados humanos \u2013sin considerar su importancia ni su extensi\u00f3n territorial\u2013, me apasiona. Tanto la aldea m\u00e1s remota como la urbe m\u00e1s populosa, con sus pasiones y miserias, sus trabajos y esfuerzos, sus sue\u00f1os y grandezas, me seducen. Todos los pueblos tienen cuerpo, historia, estilo propio, vida y esp\u00edritu. Somos pueblos ambulantes: los llevamos con nosotros mismos. Los paisajes que admiramos, y a veces destruimos, son nuestros mismos paisajes interiores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se es capaz de descubrir la poes\u00eda del viaje, que la mayor\u00eda no logra encontrar, sabemos que viajar es un placer. Para eso se requiere el deseo de explorar y aprender, de captar lo peculiar y entender lo profundo que hay en todas partes. No es necesario abarcarlo todo ni detenerse en todos los pregones municipales, los que muchas veces, en lugar de enriquecer el conocimiento, distorsionan la realidad. Un solo \u00e1ngulo, una particularidad, un matiz, percibidos con fidelidad, suelen ser superiores a grandes discursos para interpretar el car\u00e1cter de los pueblos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viajar por viajar no tiene sentido. Disminuye el bolsillo, agota las energ\u00edas y apaga el entusiasmo. No aporta ninguna experiencia vital, que es el mayor tesoro que debemos buscar en cualquier territorio. Con higiene art\u00edstica es posible el hallazgo gozoso de emociones y alegr\u00edas, de personajes t\u00edpicos y grandes filosof\u00edas pueblerinas a trav\u00e9s de las cosas simples, incluso en los sitios que supon\u00edamos menos trascendentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dice Hermann Hesse: \u201cLa naturaleza es hermosa en todas partes o no lo es en ninguna\u201d. Y agrega: \u201cSe puede aprender del pintor o del poeta, pero tambi\u00e9n del campesino y del guarda forestal. Y en cada ser humano, por unilateral que sea su formaci\u00f3n, dormita una olvidada fraternidad con el sol y la tierra\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El ocio de los caminos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para ejercer el romanticismo de los viajes \u2013una cualidad no tanto de los enamorados cuanto de los esp\u00edritus sensibles\u2013 hay que dejar que el alma vague sin rumbo fijo en b\u00fasqueda de sorpresas, de peque\u00f1os detalles enriquecedores, y luego vuele por los paisajes como una avecilla de los montes, que es min\u00fascula dentro de las desmesuras del mundo, pero sabe ser feliz. Hay que escaparnos a campos y veredas y aldeas ignotas, a buscar las fuentes de la vida y los misterios del mundo, provistos s\u00f3lo de inquieta ansia sensual y de la lente elemental del artista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e9todo de la contemplaci\u00f3n, del di\u00e1logo interior, del ocio de los caminos, cuando sabe practicarse, eleva el esp\u00edritu y dignifica la existencia. Esto nos evita ser rastreros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando viajo por Colombia o por otros pa\u00edses, en mi maleta no puede faltar la libreta de apuntes. Me gusta mirar, preguntar, indagar. Y sobre todo, observar. El chofer de taxi, el vendedor de dulces, el lustrador de calzado, la humilde aseadora del hotel, en quienes reside la filosof\u00eda popular, han sido siempre mis mejores informantes. El clima de las poblaciones lo he medido a trav\u00e9s de estos menudos personajes de la vida corriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ellos son los autores de la mayor\u00eda de estas p\u00e1ginas. Adem\u00e1s, en varios casos figuran como protagonistas reales de episodios memorables para m\u00ed, que yo quisiera que tambi\u00e9n lo fueran para el lector. Son moldes sociales que vale la pena exaltar.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El alma de Colombia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas cr\u00f3nicas, escritas algunas con leves dosis de humor y en tono coloquial y juguet\u00f3n, persiguen una finalidad precisa: retratar a Colombia. No son pesados cuadros de costumbres ni profundos ensayos de sociolog\u00eda. Pinceladas, apenas, sobre el alma de la patria, con algunos rasgos humanos \u2013en el dolor y el alborozo\u2013 de ese sinf\u00edn de personajes y sucesos que giran en torno nuestro y no siempre sabemos captarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no soy un pintor afortunado, aspiro por lo menos a dejar constancia de mi \u00e1nimo indagador. No deseo, adem\u00e1s, que mi pretensi\u00f3n vagabunda sea recriminada con las palabras de Fernando Gonz\u00e1lez en su libro <em>Viaje a pie<\/em>: \u201cEl hombre es un animal que suda, que digiere, que elimina toxinas, que desea la mujer ajena y todo lo ajeno, y que apenas por instantes piensa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos trabajos ocasionales, publicados casi todos en <em>El Espectador<\/em> como colaboraciones literarias, adquieren otra dimensi\u00f3n cuando se ponen en fila para encadenar una idea. Sin ser del todo necesario, les he dado alg\u00fan orden para que mi viaje por Colombia no resulte tan emborronado como mi libreta de apuntes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comienzo el recorrido por las comarcas m\u00e1s pegadas al afecto: Boyac\u00e1, que me dio la sangre y me model\u00f3 el alma; y el Quind\u00edo, que a partir de aquel descenso por su cordillera soberana me brind\u00f3 cari\u00f1o y me acogi\u00f3 como hijo adoptivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue preciso, y lo lamento, para no hacer tediosa esta lectura que de todas maneras muchos abandonar\u00e1n por insulsa, sacrificar otros escritos no menos entusiastas dentro de mi vocaci\u00f3n andariega. Lo importante para el autor es saber que su misi\u00f3n de retratista de paisajes, de hombres y de estados del alma la ha desempe\u00f1ado con amor. Amor por la humanidad y por el oficio de escribir. Acaso as\u00ed se gane las indulgencias de los lectores benevolentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/strong><\/em>Armenia, 14-I-1996.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Explicaci\u00f3n necesaria:<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Como habr\u00e1 podido notar el lector de estas l\u00edneas, en ellas se anuncia la publicaci\u00f3n de un libro. As\u00ed es. Pero el libro no se public\u00f3. Un d\u00eda me puso a correr el rector de la Universidad del Quind\u00edo, Henry Valencia Naranjo, al apremiarme con la oferta de un libro que deseaba publicarme en breve tiempo, sin que yo se lo hubiera pedido. Arm\u00e9 una obra de cr\u00f3nicas viajeras, sacadas de mis correr\u00edas por la geograf\u00eda colombiana. Pasado el tiempo, not\u00e9 que el rector (que hab\u00eda sido pol\u00edtico) echaba al olvido su palabra. La vida de los libros est\u00e1 marcada por esta clase de percances. Ser escritor es un honor que cuesta. Cuando me convenc\u00ed de la realidad, opt\u00e9 por echarle tierra al asunto. Sin amargura. El libro no se public\u00f3, pero se rescatan las palabras de introducci\u00f3n escritas para aquella ocasi\u00f3n. Y tambi\u00e9n las cr\u00f3nicas viajeras, que quedan a salvo en este recinto seguro de la p\u00e1gina web.<\/em> GPE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Han corrido 25 a\u00f1os desde el d\u00eda que escrib\u00ed la primera l\u00ednea sobre una ciudad. El descenso por el p\u00e1ramo de La L\u00ednea, invadida el alma con el inquieto encanto que producen las alturas y los abismos reunidos en un solo cuadro, en una sola emoci\u00f3n, me conmovi\u00f3 el esp\u00edritu. 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