{"id":7294,"date":"2012-01-11T10:55:48","date_gmt":"2012-01-11T15:55:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7294"},"modified":"2014-05-05T10:21:27","modified_gmt":"2014-05-05T15:21:27","slug":"un-encuentro-memorable","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/11\/un-encuentro-memorable\/","title":{"rendered":"Un encuentro memorable"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 de agosto de 1988, martes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un viaje acariciado con Astrid, mi esposa, tiene al fin cumplimiento en esta limpia ma\u00f1ana bogotana en que nos aprestamos a abordar el vuelo de Varig que ha de conducirnos al pa\u00eds azteca. En la instalaci\u00f3n a\u00e9rea de Bogot\u00e1 todo es efervescencia. La vida de los aeropuertos es com\u00fan en todas partes: movimientos presurosos de personas que llegan y salen, filas impacientes ante los despachos de pasajes, nerviosismo y ansiedad, adioses y despedidas. Uno de los lugares en donde m\u00e1s se agitan las emociones humanas, unas veces con reflejos de an\u00adsiedad y otras al impulso de los encuentros alborozados, es en los aeropuertos. En ellos hay misterio y suspenso, tristeza y felicidad, cercan\u00eda y distancia. Se unen all\u00ed, en extra\u00f1a simbiosis, dos extremos de la existencia humana: el principio y el fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya situados en el confortable aparato de la empresa brasile\u00f1a, y listos para la partida, escuchamos en varios idiomas la melodiosa voz femenina que nos da el reci\u00adbimiento a bordo y anuncia una traves\u00eda de cuatro horas. El mensaje de las azafatas, imprescindible en estos as\u00adcensos del hombre a las temibles alturas, es el mayor sedante, por su tono y serenidad, para despegar de la tierra y chocar con las nubes. Consultamos el reloj mien tras el avi\u00f3n corre veloz por la pista: nueve de la ma\u00f1a\u00adna. La hora exacta que figura en el pasaje. Ya ten\u00edamos noticia de la puntualidad inglesa de la compa\u00f1\u00eda bra\u00adsile\u00f1a y por eso buscamos a Varig.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buen augurio para un viaje de placer \u2014como el que emprendemos para celebrar los 25 a\u00f1os de casados\u2014 \u00e9ste de salir con exactitud y sin contratiempos por los aires de Am\u00e9rica. Hemos escogido a M\u00e9jico como sitio ideal para el turismo y la contemplaci\u00f3n cultural. M\u00e9\u00adjico me ha atra\u00eddo siempre por su historia, su cultura y sus bellezas naturales. Hoy viajo con mi esposa a descu\u00adbrir la tierra m\u00edtica de Juan Rulfo. All\u00ed nos esperan, por otra parte, dos ansiados encuentros: uno con Laura Vic\u00adtoria, la voz l\u00edrica de mi pueblo nativo \u2014Soat\u00e1\u2014, y otro con Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda, el poeta del cosmos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto de poeta del cosmos, cuando el avi\u00f3n es pere\u00adgrino de los espacios infinitos y va contagiado de majes\u00adtad, suena imponente. \u00abY me volv\u00ed c\u00f3smico y so\u00f1\u00e9 con la vida y la muerte en raz\u00f3n de ser astrof\u00edsico\u00bb, se\u00f1ala el poeta en una de sus confesiones. Ahora recuerdo, en este encumbramiento por las regiones siderales, desde donde el mundo se ve borroso y lejano, que Adel L\u00f3pez G\u00f3mez, escritor que conoci\u00f3 muy de cerca y admir\u00f3 a Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda, lo bautiz\u00f3 el \u00abpoeta de la briz\u00adna y el cosmos\u00bb. Exacta definici\u00f3n para quien como Par\u00addo Garc\u00eda plasm\u00f3 en su obra, con sensibilidad art\u00edstica, la trascendencia de la vida, desde la peque\u00f1ez hasta la inmensidad, y supo unir el \u00e1tomo con la mole. Nadie ser\u00eda grande y monumental y c\u00f3smico \u2014como lo es Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda\u2014 si no fuera al propio tiempo emotivo y humilde. Juntar la brizna con el cosmos re\u00adpresenta el acierto del hombre capaz de realizar un no\u00adble destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su poema Sombras ac\u00fasticas declara Pardo Garc\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Soy un vagabundo del espacio<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y ans\u00edo escudri\u00f1ar si mi esp\u00edritu repercute<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>en el centro de Dios.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surge de pronto la sensaci\u00f3n de hallarnos pr\u00f3ximos a nuestro destino. <em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente<\/em>, canta\u00adda por el novelista Carlos Fuentes, est\u00e1 cercana al ha\u00adllazgo. La inmensa capital de M\u00e9jico, que en otras \u00e9po\u00adcas contaba con cielo claro y hoy se encuentra oculta por espeso manto de niebla, se resiste a aparecer ante nuestros ojos. Es necesario que el avi\u00f3n perfore la densa atm\u00f3sfera contaminada, que pinta el cielo de gris melanc\u00f3lico, para que se descubra, en toda su magnitud, el imperio de la urbe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos Fuentes se refiere no s\u00f3lo a la pureza de la atm\u00f3sfera sino a la transparencia de la raza mejicana. Esa transparencia, a pesar del smog que atenta hoy contra la propia vida, es un distintivo del pueblo mejicano. Su capital, con veinte millones de ha\u00adbitantes, es la m\u00e1s poblada del mundo. Y comienza a brotar como entre brumas, para luego revelarse en sus maravillosos contornos. Todo un espect\u00e1culo de ur\u00adbanismo, de belleza y suntuosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciudad de M\u00e9jico se encuentra tan contaminada, que en los tejados de las casas mueren asfixiados los pajaritos; y ma\u00f1ana ser\u00e1n personas las que terminen con los pul\u00admones destrozados si no se controla el gigantismo letal de la urbe m\u00e1s colosal del planeta. Tal la marca agobiadora del progreso incomprensible. Estamos, en fin, sobrevolando la metr\u00f3poli asombrosa que relampaguea a distancia con su constelaci\u00f3n de fosforescencias y vida. La metr\u00f3poli se nos mete en el cerebro y en el coraz\u00f3n, luminosa, succionante, estremecedora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escucho, rememorando su historia, el grito de las revoluciones que reclaman derechos e imponen libertad. Me llega el eco de las batallas donde el pueblo altivo escribi\u00f3 una de las mayores epopeyas de la raza, entre luchas, rebeliones y grandezas. Y no puedo disociar de esa cadena de combates y sacrificios la leyenda de <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em>, que recoge y simboliza uno de los cap\u00edtulos mejor representados de la violencia universal. Es \u00e9ste el pa\u00eds fabuloso que me ha crecido en la sangre como un torrente incontenible y que ahora fulgura en el aire y me infunde turbaci\u00f3n y pasmo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad se entrega como la amante fren\u00e9tica que desde siempre ha esperado, y se vuelve sensual con sus l\u00edneas hormigueantes que corren por avenidas vertigino\u00adsas y por parajes rec\u00f3nditos. Es la ciudad-monstruo. La de las desmesuras y las peque\u00f1eces entrelazadas, casta y pecadora a la vez. La de los amaneceres piadosos y las noches borrascosas. Centro de culturas milenarias y te\u00adsoros sorprendentes. Resplandece la urbe como un sen\u00addero de pedrer\u00edas fant\u00e1sticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cumplidos los tr\u00e1mites de inmigraci\u00f3n, nos dispo\u00adnemos a rescatar las maletas y tomar el taxi al hotel. Estamos en pa\u00eds extra\u00f1o pero nos sentimos c\u00f3modos en \u00e9l, tal vez por nuestra admiraci\u00f3n por el territorio in\u00adc\u00f3gnito. El aeropuerto hierve de gente y afanes, y noso\u00adtros, insignificantes transe\u00fantes en medio de la multitud, nos protegemos en la mutua compa\u00f1\u00eda. Nos dejamos arrastrar por la marejada humana y buscamos, m\u00e1s con la intenci\u00f3n que con los ojos, la forma de sentirnos solos, como si esto fuera posible entre la muchedumbre de los aeropuertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguien se dirige a m\u00ed y menciona mi nombre. Es Aristomeno Porras, ciudadano colombiano residente ha\u00adce largos a\u00f1os en M\u00e9jico, a quien no conozco en persona. La grata sorpresa me abruma. Como estaba enterado de nuestro viaje, ha venido a recibirnos. Y nos dice que en otro \u00e1ngulo del aeropuerto nos aguarda desde hace dos horas \u2014por mala informaci\u00f3n sobre el vuelo\u2014 Ger\u00adm\u00e1n Pardo Garc\u00eda. Me siento sobrecogido con la noticia. Me apena la cortes\u00eda de los dos amigos distantes, a quie\u00adnes s\u00f3lo he tratado por correspondencia, y me contrar\u00eda la incomodidad que ha tenido que soportar el maestro, quien acaba de cumplir 86 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y all\u00ed, en silenciosa espera, mientras el mundo circu\u00adla rudo y hostil a su lado, divisamos al poeta. En entra\u00ad\u00f1able abrazo le expresamos nuestra gratitud, a la vez que nuestro disgusto por el contratiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Bienvenidos a M\u00e9jico! \u2013nos manifiesta con ges\u00adto cordial, disimulando la fatiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Maestro, es un privilegio estar con usted \u2013le expreso con emoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y \u00e9l, sin palabras, deposita en manos de mi esposa una ollita de barro donde va sembrada una flor. Es la flor mejicana de la hospitalidad. Pero sobre todo es la flor po\u00e9tica de la solidaridad, que siempre reto\u00f1ar\u00e1 en los corazones hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es martes, y recuerdo el viejo proverbio: \u00abEn mar\u00adtes, ni te cases ni te embarques\u00bb. La sentencia no tiene sentido y resulta falsa como tantas otras inventadas por la imaginaci\u00f3n popular. No s\u00f3lo ha sido placentero el viaje de la pareja conyugal, sino que este martes da ini\u00adcio al presente libro. Quedo embarcado en la gran aven\u00adtura de descubrir el alma del inmenso poeta colombiano, gloria de la literatura universal, quien con una ollita de barro ha salido a presentarnos su c\u00e9lebre mensaje <em>de \u00abpaz y esperanza\u00bb<\/em> en medio del ambiente turbio de los aeropuertos. El barro representa la tierra, y con este co\u00adnocimiento tratar\u00e9 de darle dimensi\u00f3n a la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cielo mejicano me ha sido propicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<em>a Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/em><\/strong>Armenia, 9-VII-1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar 2 de agosto de 1988, martes. 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