{"id":7297,"date":"2012-01-11T10:59:29","date_gmt":"2012-01-11T15:59:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7297"},"modified":"2022-01-07T15:24:06","modified_gmt":"2022-01-07T20:24:06","slug":"inquilino-del-paramo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/11\/inquilino-del-paramo\/","title":{"rendered":"Inquilino del p\u00e1ramo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fallecida su madre, el ni\u00f1o es transportado con su hermana Beatriz, en el a\u00f1o 1906, a la propiedad rural que posee el juez en el p\u00e1ramo conocido con el nombre de El Verj\u00f3n, en inmediaciones de Choach\u00ed. El padre se queda con Antonio, el hijo mayor; y la reci\u00e9n nacida, Julia, es confiada al cuidado de su abuela en Ibagu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00e1ramo es la negaci\u00f3n de la vida. All\u00ed la natu\u00adraleza es hura\u00f1a y rechaza al hombre. Todo permanece quieto, yermo, hostil hacia los seres humanos. La niebla que invade el paisaje y nunca cesa; y el silencio que se impone con densidades de miedo; y el miedo que cruje y se agiganta en cada amanecer y en cada anochecer, todo atenta contra el ser viviente. Al ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os lo horripila, lo estremece y lo destruye.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda abre los ojos al mun\u00addo, se encuentra frente al p\u00e1ramo. Y \u00e9ste ruge como un drag\u00f3n que amenaza devorarlo. Durante toda la vida lo persigue la imagen siniestra. Nunca logra liberarse de ella. Hoy todav\u00eda se espanta con el recuerdo de ese ho\u00adrizonte de nieblas y pavor. El p\u00e1nico le ha quedado para siempre en el esp\u00edritu. El fr\u00edo lo lleva en el coraz\u00f3n. \u00abEl hurac\u00e1n del p\u00e1ramo \u2014dice\u2014 no ha cesado un instante de soplar sobre m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alg\u00fan d\u00eda les cantar\u00e1 a los riscos, ya con amor de poeta \u2014porque los poetas aman lo que m\u00e1s los maltra\u00adta\u2014, esta plegaria:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Altos desnudos riscos, que desde la meseta <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>se ven como sedientos de ser y de ternura. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Bloques de esclavitud, c\u00fapulas de amargura, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>que la ventisca en sombras de adversidad agrieta.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n y Beatriz quedan confiados, en una casona solitaria y tenebrosa, a la nodriza que les ha conseguido el juez para tratar de sustituir a la madre. Su nombre: Luc\u00eda Acosta. Es un ser neur\u00f3tico y descastado, sin la menor ternura maternal. Todo lo contrario de lo que necesitan las dos criaturas. La nodriza les narra terribles cuentos de almas en pena por las que hay que rezar, y que vagan por los montes en busca de compasi\u00f3n. Les habla de esp\u00edritus agonizantes, de vientos furiosos, de tempestades y toda clase de horrores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y los ni\u00f1os, que todav\u00eda no est\u00e1n para comprender nada, pero que son manejables por la histeria de la bruja, sienten terror. No saben rezar, porque nadie les ense\u00f1\u00f3 plegarias, y en cambio de oraciones rezan su propio miedo. Vomitan la espesura de los relatos fantasmag\u00f3ricos y de ah\u00ed en adelante ven duendes por todas partes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luc\u00eda Acosta: un monstruo. Tal vez es la solterona furiosa que no pudo engendrar sus propios hijos y llega a vengarse, en la subconciencia de su alma torturada, contra los hijos ajenos. Tiene tiempo y espacio para ver\u00adter su veneno. El viento del p\u00e1ramo, entre tanto, brama como perro nocturno y penetra en la alcoba de los peque\u00f1os, depositando en ventanas y rincones toda suerte de elementos espeluznantes: serpientes, escorpiones, alacranes, diablos, fantasmas, tinieblas, terror&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n huye de la nodriza y se refugia en una cue\u00adva que ya tiene localizada. Prefiere convivir con los animales agazapados en el antro, y no con la bruja de la Noche de Walpurgis. Desde all\u00ed escucha los alaridos del hurac\u00e1n y ve pasar las borrascas de la cordillera. El miedo crece en las profundidades de su desamparo, pero el ni\u00f1o toma fuerzas de donde no las tiene y reprime el desconcierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La melancol\u00eda se apodera de su esp\u00edritu. Germ\u00e1n se acostumbra, de ah\u00ed en adelante, a las sombras. Comentando esta faceta de su existencia, anota Otto Mo\u00adrales Ben\u00edtez: \u00abEl viento con su m\u00e1gico pavor infund\u00eda al futuro hombre su soplo de soledad y de angustia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la vida de Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda hay que saber hallar las claves que nacen de sus primeros a\u00f1os. Su secreto \u2014como el secreto que lleva toda persona, y no siempre se investiga\u2014 reside en la vivencia del p\u00e1ramo. El p\u00e1ramo significa orfandad. Y la orfandad, soledad, abandono, miedo, neurosis, angustia, sombras&#8230; En el concepto de p\u00e1ramo caben infinidad de efectos pertur\u00adbadores. El Verj\u00f3n es el mayor ingrediente de la obra de Pardo Garc\u00eda. Es al mismo tiempo su maestro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00e1ramo representa para \u00e9l, siendo su mayor tor\u00adtura, una sinfon\u00eda. Esta es la dedicatoria que hace del libro Apolo Pankr\u00e1tor:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>A Sergio Espinel, hijo dilecto de Choach\u00ed, el lugar que m\u00e1s he amado. Al sutil cono\u00adcedor del enigma de los bosques, los r\u00edos, las alondras y las brumas de los p\u00e1ramos. Al amigo de mi infancia, adolescencia, juventud, el verano, el invierno y el tra\u00admonto, ded\u00edcole este libro que contiene mis \u00e9xtasis ante la naturaleza, mi asombro ante la vida y el dolor y mi perplejidad ante el espacio. En la fraternidad de los campos labrant\u00edos de Colombia y de los seres humildes de la patria.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He sido, desde hace largos a\u00f1os, por atracci\u00f3n y por solidaridad espiritual, un enamorado de la personalidad de Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda. Me seducen su tragedia y su densidad humana. En pocas personas de las que he tra\u00adtado he encontrado signos tan bien conjugados de lucha, de reto, de coraje, de categor\u00eda. Categor\u00eda en cualquier direcci\u00f3n a donde se mire. Me fascina el p\u00e1ramo como signo de grandeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda hered\u00f3 del p\u00e1ramo cosas ma\u00adjestuosas. Derrot\u00f3 el desamparo y escribi\u00f3 una epopeya. Siempre me he sentido intrigado por el claroscuro que envuelve la silueta del maestro. Escribiendo este libro, s\u00e9 que ese perfil plasmado entre luces y sombras, que \u00e9l ha buscado para sus retratos, es la viva imagen de El Verj\u00f3n. En el p\u00e1ramo, denso en penumbras, tambi\u00e9n alumbra el sol. La sombra va pegada a la personalidad del poeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La sombra \u2014declara\u2014 es para m\u00ed uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s sublimes del universo. Tengo la cer\u00adtidumbre de que todo el universo es sombra, y esa som\u00adbra formidable me envolvi\u00f3 por completo, no como una entelequia, sino como un postulado f\u00edsico.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sombra seduce a los poetas. Jos\u00e9 Asunci\u00f3n Silva \u2014por quien Pardo Garc\u00eda siente especial admiraci\u00f3n, y cuyas vidas guardan paralelos de angustia\u2014 fue otro esclavo de la sombra. Su famoso <em>Nocturno<\/em> no es sino una larga procesi\u00f3n de sombras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ni\u00f1o mejora de la par\u00e1lisis y s\u00f3lo persisten algu\u00adnos rezagos en las rodillas y en las articulaciones de los hombros. Es sometido, por recomendaci\u00f3n de un curan\u00addero de la regi\u00f3n, a ba\u00f1os con agua hirviente mezclados de azufre. Las aguas termales que se hallan a poca distancia le curan las neuralgias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s tarde dispone su padre el traslado a otra casa del mismo p\u00e1ramo, m\u00e1s cercana al pueblo. Desde all\u00ed se escucha el sonido de las campanas que doblan todos los d\u00edas, a las ocho de la noche, por los fieles difuntos. Este eco de ultratumba penetra en el alma del ni\u00f1o como un retumbar de los infiernos. La nodriza no cesa en sus cuentos macabros, matizados cada vez con peores in\u00adgredientes luciferinos. Por la mente infantil corren, en estas negras noches de espanto, im\u00e1genes de cad\u00e1veres, de fuego, de fantasmas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>Presencia de la muerte<\/em>, poema publicado en 1938, Pardo Garc\u00eda recordar\u00e1 ese ambiente t\u00e9trico:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Siempre hablo de la muerte con inmensa ternura. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Su nombre lo he escuchado sin pavor desde ni\u00f1o, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>cuando en la antigua casa familiar, escondida <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>bajo una soledad de cedros y de pinos, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>alguien dec\u00eda, en medio del estupor nocturno: <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u00abLa sombra de la muerte pas\u00f3 por el cortijo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1910, el juez contrae matrimonio con Ester Pi\u00f1eros Encinales. El ni\u00f1o es llevado a la capital, en donde su madrastra lo matricula en una escuelita privada, y all\u00ed aprende a leer y a escribir. Luego cursa estudios pri\u00admarios en el colegio de los Hermanos Maristas. En 1912 vuelve otra vez a la casona del p\u00e1ramo, en compa\u00f1\u00eda de su madrastra, ya que el juez, dedicado a las cuestiones jur\u00eddicas, considera que es preferible mantenerlos en aquel lugar y no a su lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surge aqu\u00ed otro cap\u00edtulo tr\u00e1gico en el desierto sen\u00adtimental del peque\u00f1o. La madrastra es irascible y no quiere a los ni\u00f1os. Al igual que la nodriza, es una neu\u00adr\u00f3tica, una fan\u00e1tica religiosa que se inventa historias de muertos y de esp\u00edritus en pena y las narra con sadismo para que los hijastros sientan temor de Dios. La esposa de Sat\u00e1n resulta m\u00e1s sanguinaria que la bruja de la No\u00adche de Walpurgis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ni\u00f1o, que se rebela ante tanta tortura, busca otra cueva y all\u00ed se esconde por espacio de quince d\u00edas. Lo acompa\u00f1a un perrito fiel. En la espesura de su escondite se alimenta de leche, mazorcas y frutos que recoge en los alrededores. All\u00ed aprende, adem\u00e1s, las reglas del si\u00adgilo que lo acompa\u00f1ar\u00e1n en la edad adulta. Mira hacia su mundo interior y descubre que \u00e9ste es su mejor, su \u00fanico amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inmensidad del p\u00e1ramo, que lo ha afligido en los d\u00edas iniciales, ahora lo alberga contra la inclemencia de la nueva fiera. Ester Pi\u00f1eros Encinales se ha empon\u00adzo\u00f1ado en \u00e9l con tanta sevicia, que su nombre, rodando la vida, se vuelve sin\u00f3nimo del peor instinto humano. Ambas, Luc\u00eda y Ester, son personificaciones palpitantes del averno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Huyendo de los monstruos que le asigna su padre como gu\u00edas del afecto, los panoramas desolados de la monta\u00f1a se le han ido alma adentro y le han destrozado las primeras emociones. En vez de ternura recibe cruel\u00addad. En lugar de juguetes le entregan las arideces de la naturaleza. Imposible entender semejante sartal de erro\u00adres, ni comprender c\u00f3mo el padre, un ser instruido, es capaz de tama\u00f1as atrocidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los gritos de la cordillera han sido, siempre, la sin\u00adfon\u00eda interior del poeta. Pardo Garc\u00eda ha sabido sacar del desastre resonancias c\u00f3smicas. Y \u00e9se es su m\u00e9rito: transformar las estridencias en m\u00fasica. Trocar la ca\u00adt\u00e1strofe en poes\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El indio Eusebio Ceferino encuentra el escondite del ni\u00f1o, el cual, al oponer resistencia, es atado de pies y manos y conducido a la presencia de su padre, que ordena que le rapen la cabeza, lo desnuden y lo aten al barril colmado de agua hirviente. Ofuscado e impo\u00adtente, como bestia lista para el sacrificio, el peque\u00f1o patalea, grita, trata de escapar del suplicio. Y mientras m\u00e1s lo intenta, mayores actos de fuerza le aplican.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto salta del barril y emprende veloz carrera a campo traviesa, sin dar a sus verdugos tiempo para que lo alcancen. Cuando \u00e9stos reaccionan, el ni\u00f1o ya se les ha perdido de vista y pasa por las calles del pueblo como una visi\u00f3n indefinible. Va sin ropa y desencajado, y esto quiz\u00e1 lleva a alguna beata asustadiza a echarse tres cruces y volar al templo, creyendo que ha visto un diablillo escapado de los infiernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n, que en realidad se ha salvado del infierno de su madrastra, se dirige como una gacela a las orillas del r\u00edo que pasa a poca distancia, lugar que lo atrae como tierra de protecci\u00f3n, ya que all\u00ed mora la viejita Polonia, r\u00fastica habitante de aquellas laderas que lo ha consentido con mimos y naranjas. Hubiera sido su abuela ideal, pero la vida no le ha concedido tales placeres. Se presenta ante ella desnudo y aterido, como un perro desastrado, y la buena anciana lo viste con sus afectos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los vecinos del poblado interrumpen la escena bu\u00adc\u00f3lica, digna de un Siqueiros para su mensaje de la <em>Madre campesina<\/em>, y dan captura al fugitivo, a quien entregan al magistrado que viene a caballo detr\u00e1s de ellos. Y \u00e9ste \u2014cosa ins\u00f3lita\u2014, en lugar de castigarlo lo besa y lo sube a la grupa de su potro. Se pone furioso, en cambio, contra la madrastra por el maltrato que le ha infligido al p\u00e1rvulo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ambiente con la madre postiza se torna cada vez m\u00e1s hostil. Ella prefiere ignorar al peque\u00f1o d\u00edscolo \u2014que as\u00ed lo califica\u2014 y deja de hablarle. Germ\u00e1n hu\u00adye de nuevo de la casa en busca de unos campesinos bondadosos en quienes encuentra hospitalidad y cari\u00f1o. De esa convivencia nace su amor por los humildes, muy acentuado en su poes\u00eda. Los campesinos hacen parte de su esencia sentimental. Prueba de ello es el poema que escribe hacia 1915, cuando apenas cuenta 13 a\u00f1os de edad \u2014uno de los primeros de su producci\u00f3n po\u00e9ti\u00adca\u2014, en el que llora la muerte de uno de sus amigos del campo que m\u00e1s amaba, y que as\u00ed comienza:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Det\u00e9n el paso, caminante, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y sin dolor en el semblante <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>mira esta tumba silenciosa. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Sobre este t\u00famulo no hay yedra <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>ni m\u00e1rmol ni una blanca piedra <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>que diga: aqu\u00ed reposa. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Fue un labrador. Con el arado <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>rasg\u00f3 la entra\u00f1a en donde encierra <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>el mundo<\/em><em> todo su vigor. Loado <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u00e9l, porque supo laborar la tierra.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Y mucho tiempo despu\u00e9s \u2014en 1971\u2014, acord\u00e1n\u00addose de sus primeros a\u00f1os, que le impregnaron el alma de humildad, exclama:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Yo soy la gota de agua de la izquierda; <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la que cay\u00f3 sobre terreno pobre.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Demos por terminado este impresionante cuadro de desamparos de donde el poeta ha extra\u00eddo la mayor gota de dolor de su existencia, y sepultemos en buena tierra a las dos tutoras sic\u00f3patas, para que sea \u00e9l mismo quien nos pinte, a los 86 a\u00f1os de su existencia \u2014en carta di\u00adrigida al autor de estas l\u00edneas\u2014, el estado de su alma lacerada:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>F\u00edsica y espiritualmente estoy temblando desnudo, como las ramitas de los desolados p\u00e1ramos de Colombia. A veces pienso que mi infancia, transcurrida en esas zonas deshabitadas y congeladas que nuestra patria tiene, es la causa remota de mi dolor, junto con mi hermandad esquiva, mi desamparo des\u00adde los 3 a\u00f1os, porque no conoc\u00ed a mi bell\u00edsima madre, muerta a los 22 a\u00f1os, en 1905.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Prensa Nueva Cultural, <\/strong><\/em>Ibagu\u00e9, julio de 1995<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Fallecida su madre, el ni\u00f1o es transportado con su hermana Beatriz, en el a\u00f1o 1906, a la propiedad rural que posee el juez en el p\u00e1ramo conocido con el nombre de El Verj\u00f3n, en inmediaciones de Choach\u00ed. El padre se queda con Antonio, el hijo mayor; y la reci\u00e9n nacida, Julia, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[87],"class_list":["post-7297","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-biografia","tag-biografia"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7297","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7297"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7297\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9720,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7297\/revisions\/9720"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7297"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7297"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7297"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}