{"id":7300,"date":"2012-01-11T11:04:38","date_gmt":"2012-01-11T16:04:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7300"},"modified":"2014-02-28T19:58:37","modified_gmt":"2014-03-01T00:58:37","slug":"las-fugas-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/11\/las-fugas-de-dios\/","title":{"rendered":"Las fugas de Dios"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda ha ido siempre detr\u00e1s de la huella de Dios. Una vez exclama, ya en las postrimer\u00edas de su vida: \u00abSoy un fantasma que busca a Dios para asirse a su hermosura. \u00bfSer\u00e1 posible que lo halle como lo miraba en mi ni\u00f1ez?\u00bb. En estas palabras se advierte su angustia por haberlo perdido, y al mismo tiempo el ansia de encontrarlo de nuevo en su senda de soledad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00e9poca que se halla m\u00e1s marcada por su lirismo m\u00edstico es la que va del a\u00f1o 30 al 35, a la que pertene\u00adcen los libros <em>Voluntad, Los j\u00fabilos ilesos, Los c\u00e1nticos <\/em>y<em> Los sonetos del convite. <\/em>\u00c9ste es el comienzo de su ca\u00adrrera. En 1931 sale para M\u00e9jico y all\u00ed se queda para siempre. A dicho pa\u00eds ha llegado el m\u00edstico enamorado de las cosas bellas de la vida en sus m\u00e1s sencillas ex\u00adpresiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9ste es el tiempo de la contemplaci\u00f3n de la natura\u00adleza y del amor por los seres simples. El poeta vive su mejor momento de elevaci\u00f3n hacia la divinidad y as\u00ed se expresa:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>A\u00fan no s\u00e9 c\u00f3mo ascend\u00ed<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>a los j\u00fabilos divinos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Tan s\u00f3lo s\u00e9 que tra\u00eda<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>en las manos un don vivo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>de claridades eternas,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>hecho de Amor y de Esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su visi\u00f3n religiosa le hace conquistar, acaso con superiores acentos a los que pondr\u00e1 en los dem\u00e1s aspec\u00adtos de su poes\u00eda, las mayores creaciones de su alma l\u00edrica. Los poemas le brotan envueltos en la belleza espiritua\u00adlizada del ser que todav\u00eda no ha chocado con los elec\u00adtrones desapacibles de la ciencia. Aqu\u00ed es donde Pardo Garc\u00eda penetra con mayor espontaneidad en las interio\u00adridades de su alma receptora de emociones est\u00e9ticas. Las fuerzas de la naturaleza est\u00e1n incontaminadas. Y el es\u00adp\u00edritu del poeta, aunque fiel a la desolaci\u00f3n de sus pri\u00admeros d\u00edas, est\u00e1 invadido por la presencia de Dios, el que mueve los \u00e1rboles y riega de silencio los p\u00e1ramos y de asombro el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9sta es una confesi\u00f3n de su alma arrobada:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Del coraz\u00f3n y el esp\u00edritu <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>s\u00f3lo me queda lo eterno. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Morir, para m\u00ed, ser\u00eda <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>ir hacia lo verdadero. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Detener la voluntad <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>ante los divinos t\u00e9rminos; <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>ver mi sangre transformada <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>en luz del costado abierto, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y entre infinitos espacios <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y soledades sin tiempo, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>quedar de pronto desnudo <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>como una espada en el viento.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El maestro, enamorado de los mejores dones del mundo, exalta la vida y los placeres como un principio de Dios. La tierra es elemental y no hay que arrebatarle su sencillez. El alma del poeta vibra con el viento, con el paisaje y los animales. \u00bfPara qu\u00e9 desfigurar el mundo si todo es simple y natural?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este misticismo sereno transfigura en elemento su\u00adblime el clima amoroso del alma. A Dios, sin mencio\u00adnarlo por su propio nombre, lo invoca en cada canto y lo personifica en todo ser viviente y en toda manifesta\u00adci\u00f3n terrena. En esta etapa se nota su af\u00e1n permanente de animizar los objetos de la naturaleza. \u00abLo que da la medida de un artista \u2014dijo Azor\u00edn\u2014 es su sen\u00adtimiento de la naturaleza, del paisaje. Un escritor ser\u00e1 tanto m\u00e1s artista cuanto mejor sepa interpretar la emo\u00adci\u00f3n del paisaje\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde esta \u00e9poca del asombro inicial, la esencia de Pardo Garc\u00eda se queda pegada a la tierra, y de \u00e9sta ad\u00adquiere la savia para toda su producci\u00f3n. El bosque, el musgo, el agua, el p\u00e1jaro, el can miserable \u2014uno de los mayores s\u00edmbolos del poeta\u2014, la brisa, el p\u00e1ramo&#8230; todo existe como un obsequio de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el despertar de su alma m\u00edstica brotan los versos escritos entre 1915 y 1927, que reuni\u00f3 en dos cuaderni\u00adllos titulados <em>La tarde <\/em>y<em> El \u00e1rbol del alba<\/em>, ya desapare\u00adcidos. En el comentario que hace Germ\u00e1n Arciniegas a <em>Los j\u00fabilos ilesos<\/em>, dice, refiri\u00e9ndose al librillo <em>El \u00e1rbol del alba<\/em>, que \u00e9ste no circul\u00f3 por haber sido quemado por el propio autor, quien sin embargo ignora que un ejemplar qued\u00f3 en poder de Arciniegas como sobrevi\u00adviente milagroso de aquel incendio. Hoy es una rareza bibliogr\u00e1fica. La mayor\u00eda de estos poemas se trasladaron al libro <em>Voluntad<\/em> (Editorial El Gr\u00e1fico, 1930), con pr\u00f3\u00adlogo de Germ\u00e1n Arciniegas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estos poemas primerizos aflora el dolor \u00edntimo de Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda, marcado por la soledad, el desenga\u00f1o, la pasi\u00f3n amorosa, la alegr\u00eda fugaz. Esta breve producci\u00f3n, de lamento y esperanza, encierra el n\u00facleo de todos sus temas posteriores. La soledad es una constante en toda su obra, pero esta soledad de su pri\u00admera juventud vive cerca de Dios y se purifica en las aguas de una sombra protectora, que m\u00e1s tarde deja perder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>No tengo fe, y me hace falta creer en Dios, en algo m\u00e1s all\u00e1 (&#8230;) Si yo tuviera Dios, no hubiera llegado a las negras orillas de la t\u00e1natos griega, desprovisto de todo auxilio humano. Si supiera, si pudiera rezar, rezar\u00eda. \u00bfPero a qui\u00e9n, si no creo sino en la materia?<\/em> Duras palabras de desconcierto con que el poeta, en sus a\u00f1os del desasosiego oto\u00f1al, pone un grano de esperanza en la fe perdida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El maestro, que sin embargo nunca llega a ser ateo, en sus confusiones espirituales deja ir a Dios y m\u00e1s tarde lo reconquista. Luego permite que se escape otra vez para m\u00e1s adelante perseguirlo. <em>Estoy buscando el ampa\u00adro de Dios y tengo necesidad de saber que existe&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una serie de expresiones desesperadas donde pretende presentarse sin Dios, y que en el fondo s\u00f3lo son deseos de \u00c9l: <em>Yo estoy buscando afanosamente a Dios, otra vez, como me lo ense\u00f1aron cuando ni\u00f1o. No me resigno a la desaparici\u00f3n total. Pero s\u00e9 que no tengo alma (&#8230;) No tengo Dios, no tengo eternidad. S\u00f3lo la oscuridad y el terror (&#8230;) No tengo Dios, no tengo esperanza, y la presencia de la muerte me atribula y enfurece, porque no la considero, como los fil\u00f3sofos ro\u00adm\u00e1nticos, un tr\u00e1nsito, pero s\u00ed una evoluci\u00f3n de la ma\u00adteria\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1C\u00f3mo se contradicen estas expresiones, que son casi de enojo, con las proferidas en otras \u00e9pocas! En ellas parece que hubiera un ni\u00f1o jugando con el Ser Supre\u00admo. Al explicar en 1943 su libro <em>Sacrificio<\/em>, anota lo si\u00adguiente: <em>Para lograr todo esto, hago una vida de soledad completa, sin contacto ninguno con el trabajo material. Paso los d\u00edas suelto por los campos cercanos, creyendo en Dios y en la naturaleza.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos altibajos por los ca\u00adminos de Dios han producido hondos vac\u00edos en esta alma afligida que, al extraviarse de su centro de atracci\u00f3n es\u00adpiritual, siente que se disloca el universo entero. Las fu\u00adgas de Dios son en Pardo Garc\u00eda catastr\u00f3ficas. Cuando advierte su ausencia, el mundo se le borra, el alma se le acobarda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que el poeta ha sido siempre m\u00edstico profundo, extraviado a veces en los <em>Principia<\/em> de Newton, o sedu\u00adcido por Einstein, cient\u00edficos que le trastornaron la men\u00adte y le enfriaron la fe. Reacciona a veces ante tanta ciencia. En 1988 manifiesta: <em>El verdadero Dios comien\u00adza a dejarse ver en los abismos de mi vida de locura, dolor, angustia y derrota.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El maestro, siempre que pretende olvidarse de Dios, se arrepiente y lo busca en todas partes. El misticismo suyo no es \u00absanturr\u00f3n ni rezandero\u00bb, como lo define Javier Arango Ferrer. Es una actitud vigilante del alma abismada ante lo sobrenatural. Y cuando Dios se le re\u00adfunde, aparece Cristo, el Cristo humano, el de las penas y las soledades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1986 halla un Cristo negro, \u00abnegro como las no\u00adches de \u00c1frica y del ardiente Senegal\u00bb. Sabe que el negro de las Am\u00e9ricas tambi\u00e9n est\u00e1 encarnado en su Cristo negro, que dedica al poeta negro norteamericano Langston Hugues.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed le canta al Cristo de negros y blancos:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Yo amo a los negros porque sufren <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>m\u00e1s que los blancos, mucho m\u00e1s, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>porque los negros son m\u00e1s hondos <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>bajo el bet\u00fan de su antifaz. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Yo amo a los negros porque sienten <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>m\u00e1s que los blancos soledad,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y entre los ojos tan silentes <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>llevan la furia de la sal.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Donde hay un negro ya no existe <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la esclavitud ni va detr\u00e1s <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>de su mirada un pobre perro <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>que ya no teme al capataz, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>porque ese Cristo de los negros <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>le dio esperanza, inmensidad,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y Langston Hugues en el sepulcro <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y Senghor en el Senegal, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>saben que el Cristo blanco, el negro, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>con su distinta identidad, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>con sus dos razas diferentes, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>con sus heridas y su faz <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>dilacerada y supurante, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>son una misma humanidad.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed es donde es preciso aproximar al Cristo negro de Pardo Garc\u00eda con los Cristos agonizantes de Arenas Betancourt. Uno y otro artista saben que la angustia emana de ese s\u00edmbolo estremecedor, y por eso en sus obras claman por el hallazgo de una f\u00f3rmula divina que mitigue el desamparo humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>Revista Manizales,<\/em> <\/strong>N\u00b0 663, agosto de 1996<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda ha ido siempre detr\u00e1s de la huella de Dios. Una vez exclama, ya en las postrimer\u00edas de su vida: \u00abSoy un fantasma que busca a Dios para asirse a su hermosura. \u00bfSer\u00e1 posible que lo halle como lo miraba en mi ni\u00f1ez?\u00bb. 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