{"id":7392,"date":"2012-01-28T13:23:20","date_gmt":"2012-01-28T18:23:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7392"},"modified":"2014-04-25T11:34:47","modified_gmt":"2014-04-25T16:34:47","slug":"el-quindio-en-bogota","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/28\/el-quindio-en-bogota\/","title":{"rendered":"El Quind\u00edo en Bogot\u00e1"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los bogotanos que pasan por la Autopista Norte con calle 86 tie\u00adnen ocasi\u00f3n \u00a0de admirar un hermoso paraje sembrado de flo\u00adres y \u00e1rboles, que representa al departamento del Quind\u00edo. All\u00ed est\u00e1n sus doce municipios ence\u00adrrados en un exuberante jard\u00edn tropical, como es en realidad esta regi\u00f3n de tierras espl\u00e9ndidas y paisajes embrujados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ed\u00e9n, trasplantado del Quind\u00edo al coraz\u00f3n de Bogot\u00e1, lo sembr\u00f3 hace muchos a\u00f1os un se\u00ad\u00f1or que acaba de morir. No se conform\u00f3 con sembrarlo, sino que lo cuidaba y embellec\u00eda, lo mimaba y le dedicaba sus mejores horas y sus mayores esfuerzos. No todos los transe\u00fantes ten\u00edan por qu\u00e9 conocer el nombre de este buen se\u00ad\u00f1or que quiso regalarle a Bogot\u00e1 un pedazo de su propia tierra quindiana. Se llamaba John V\u00e9lez Uribe y lo hemos dejado en tierra bogotana, la que \u00e9l m\u00e1s quiso luego de abandonar sus lares nati\u00advos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este ejemplo de civismo, de amor por Bogot\u00e1, no s\u00f3lo fue aplaudido por el vecindario donde habitaba este jardinero ins\u00f3lito, si\u00adno premiado por las autoridades con un justo reconocimiento. La labor de John V\u00e9lez al frente del jard\u00edn, fuera de desinteresada, le exig\u00eda gastos que sufragaba con su propio peculio. En eso consiste el civismo: en dar de s\u00ed m\u00e1s de lo que se puede recibir; en ense\u00f1arle a la gente a cuidar los espacios p\u00fa\u00adblicos; en pregonar que la ciudad es de todos, y en el caso presente, en mantener una obra ecol\u00f3gica que fomenta el ornato de la capi\u00adtal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor de este quindiano por las plantas era ancestral. Lo lle\u00advaba en la sangre como un impe\u00adrativo de la raza quindiana, tan pegada a la naturaleza y a las obras est\u00e9ticas. El Quin\u00add\u00edo es un jard\u00edn. John V\u00e9lez vivi\u00f3 siempre entre viveros. De ellos se nutr\u00eda su esp\u00edritu para componer canciones y escribir cr\u00f3nicas. (Un libro suyo, <em>El humor de los m\u00edos<\/em>, recoge la picaresca parroquial de su terru\u00f1o con la chispa genial con que el autor condiment\u00f3 la vida).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como en esta Bogot\u00e1 del ce\u00admento, la apat\u00eda y las estrecheces no pod\u00eda tener su propio vivero, se lo invent\u00f3 al frente de su residen\u00adcia, en un espacio descuidado por las autoridades y digno de mejor suerte, el que, llenado de plan\u00adtas y flores, le dio colorido al sec\u00adtor. Y fij\u00f3 all\u00ed el letrero que siem\u00adpre pon\u00eda en sus jardines: <em>\u00abSi quieres ser feliz un d\u00eda, embri\u00e1ga\u00adte. Si quieres ser feliz un mes, c\u00e1\u00adsate. Y si quieres ser feliz toda la vida, siembra un jard\u00edn\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su vocaci\u00f3n era servirle a la co\u00admunidad, no importaba d\u00f3nde vi\u00adviera. A los pocos d\u00edas de residir en un nuevo sitio, los vecinos sab\u00edan que hab\u00eda llegado un fil\u00e1n\u00adtropo. Su esp\u00edritu servicial se ofrec\u00eda lo mismo hacia las perso\u00adnas que hacia las entidades. A todos se prodigaba con generosi\u00addad y simpat\u00eda. Gozaba de la vida y nunca conoci\u00f3 la tristeza. Como fino humorista, siempre ten\u00eda el gracejo a flor de labio. Se re\u00eda de la vida porque aprendi\u00f3 a no tomar\u00adse en serio y a restarle seriedad a la gente solemne. El chiste y la bufonada, de buena estirpe como \u00e9l, le hac\u00edan ganar adeptos. El mundo de las flores le permit\u00eda ver la comedia humana con el co\u00adlor de la alegr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez su \u00fanica tristeza fue abandonar su jard\u00edn bogotano y despedirse de los suyos, cuando le lleg\u00f3 la hora de la partida. Sonri\u00f3 y muri\u00f3 en paz. Su obra, ejemplar para la ciudad y sus ha\u00adbitantes, es un peque\u00f1o espacio en la calle 86, sembrado de vida y es\u00adp\u00edritu quindiano, frente al cual los caminantes extra\u00f1ar\u00e1n a estos John V\u00e9lez que tanta falta les ha\u00adcen a las ciudades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 9-II-2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Los bogotanos que pasan por la Autopista Norte con calle 86 tie\u00adnen ocasi\u00f3n \u00a0de admirar un hermoso paraje sembrado de flo\u00adres y \u00e1rboles, que representa al departamento del Quind\u00edo. 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