{"id":7469,"date":"2012-01-29T17:29:38","date_gmt":"2012-01-29T22:29:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7469"},"modified":"2014-04-30T17:38:28","modified_gmt":"2014-04-30T22:38:28","slug":"indolencia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/29\/indolencia\/","title":{"rendered":"Indolencia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso sucedi\u00f3 en Cartagena y tuvo tantos signos de impiedad que conmovi\u00f3 a todo el pa\u00eds. Hechos similares, en mayor o menor grado, ocurren a diario en otros lugares y quedan ocultos. La diferencia del esc\u00e1ndalo de Cartagena obedece a que un transe\u00fante film\u00f3 la escena en que la pobre mujer, una anciana con aspecto de pordiosera, era abandonada por una ambulancia frente al hospital San Pablo, por hab\u00e9rsele negado el ingreso a la entidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo \u00fanico que se conoc\u00eda de la infeliz mujer atacada por el sida era que respond\u00eda al nombre de Carmen. Carmen a secas. Un caso an\u00f3nimo, despersonalizado y cruel, como los miles de episodios de la misma \u00edndole de que est\u00e1 llena la vida de los hospitales. La vida del pa\u00eds entero, en infinidad de circunstancias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La moribunda, en medio de su desesperaci\u00f3n, le suplicaba al conductor de la ambulancia que no la dejara tirada en la calle. Sus s\u00faplicas no sirvieron de nada y la enferma fue descargada, como si se tratara de un bulto, en una zanja pr\u00f3xima al hospital, para que all\u00ed muriera m\u00e1s r\u00e1pido. La misma suerte de un perro callejero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando lleg\u00f3 el polic\u00eda, Carmen le implor\u00f3: \u00abDeme un tiro para morir de una vez, para acabar con este dolor\u00bb. Despu\u00e9s, el conductor explicar\u00eda que llevaba ocho horas pase\u00e1ndola de hospital en hospital y de cl\u00ednica en cl\u00ednica, sin que ninguno quisiera recibirla. Como no ten\u00eda dolientes y lo \u00fanico que se sab\u00eda de ella era que se llamaba Carmen, todos la rechazaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos semanas antes hab\u00eda llegado del interior del pa\u00eds en completo estado de abandono y miseria, buscando que alg\u00fan hospital la atendiera de caridad. La \u00a0caridad no existe cuando el hombre se vuelve insensible al dolor ajeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero hab\u00eda estado en el corregimiento de Pasacaballos, donde le dijeron que su caso requer\u00eda atenci\u00f3n especializada y por lo tanto deb\u00eda acudir a la ciudad. All\u00ed fue a dar, tal vez esperanzada. Toc\u00f3 de puerta en puerta y todas se le cerraron. Entre tanto, la gran ciudad, abierta al turismo fren\u00e9tico de todos los d\u00edas, estaba ajena al drama de aquella l\u00e1nguida piltrafa humana, de cabellos blancos y ojos vidriosos, que carec\u00eda de protecci\u00f3n social y de parientes y dinero para hacerse escuchar en su terrible y \u00faltimo esfuerzo por sobrevivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya muerta, y denunciado el caso por la c\u00e1mara de alg\u00fan viajero curioso, se supo que Carmen s\u00f3lo ten\u00eda 35 a\u00f1os. Estaba destrozada por la vida y por la atroz enfermedad. Sus antiguos encantos femeninos, revelados por la foto que suministr\u00f3 su madre en la ciudad de Buga, se hab\u00edan borrado por completo. Ahora era la indigente de apariencia sexagenaria y carnes fl\u00e1cidas, pisoteada por la adversidad y sobre todo por los centros de salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y se extingui\u00f3 como un gui\u00f1apo en medio del estr\u00e9pito de la gran ciudad. Ten\u00eda nombre propio: Carmen Elena Atehort\u00faa Z\u00fa\u00f1iga, joven agraciada y rebelde que se hab\u00eda marchado de su casa en plena adolescencia. Se fue en busca de mundo y placeres, y su mundo miserable termin\u00f3 frente a la puerta hospitalaria que ignor\u00f3 su tragedia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha salido a relucir, tras este episodio estremecedor, otro suceso ocurrido en la misma ciudad de Cartagena y que tambi\u00e9n afecta al hospital San Pablo, lo mismo que a las cl\u00ednicas AMI y Central. Luis Tapias, ni\u00f1o de 14 a\u00f1os, fue atropellado en agosto pasado por un bus y muri\u00f3 desangrado luego de diez horas de recorrido por estas entidades que le ped\u00edan dinero y documentos. Es lo que sucede en los centros de salud cuando olvidan que por encima de los papeles y el dinero est\u00e1 la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante estos hechos aberrantes, ambos ocurridos en la tur\u00edstica ciudad de Cartagena, la Superintendencia de Salud anuncia \u00abdr\u00e1sticas\u00bb medidas. El primer sacrificado fue el conductor de la ambulancia, suspendido de su cargo por haber abandonado a la mujer frente al hospital que se neg\u00f3 a recibirla. La cuerda se revienta por lo m\u00e1s flojo. Estas muertes \u2013dolorosas para la sociedad y afrentosas para los sistemas de salud p\u00fablica\u2013 dejan sus propias denuncias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 7-II-2002.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El caso sucedi\u00f3 en Cartagena y tuvo tantos signos de impiedad que conmovi\u00f3 a todo el pa\u00eds. Hechos similares, en mayor o menor grado, ocurren a diario en otros lugares y quedan ocultos. 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