{"id":7472,"date":"2012-01-29T17:31:58","date_gmt":"2012-01-29T22:31:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7472"},"modified":"2012-01-29T17:31:58","modified_gmt":"2012-01-29T22:31:58","slug":"dia-del-periodista","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/29\/dia-del-periodista\/","title":{"rendered":"D\u00eda del Periodista"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, D\u00eda del Periodista, amanec\u00ed sin tema. Es s\u00e1bado, y en este d\u00eda acostumbro escribir la columna semanal de El Espectador. Repaso mi libreta de apuntes en busca de luces, pero no encuentro el hilo conductor para forjar mi art\u00edculo. Un escritor con la mente en blanco, y sobre todo un periodista sin ideas en su d\u00eda institucional, es un desastre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De repente, me acuerdo de mis remotos or\u00edgenes en el periodismo y me digo con \u00e1nimo triunfal, como si hubiera aparecido la llave perdida, que el tema est\u00e1 a la mano. Voy a localizarlo en el viejo legajo que mantengo protegido contra la p\u00e1tina del tiempo. Contar la historia de mi nacimiento en el periodismo ser\u00e1 motivo noble para recrear la mente, y la ocasi\u00f3n servir\u00e1 adem\u00e1s para rendir tributo a los periodistas en esta fecha que les hace revivir, como a m\u00ed, los propios principios y las propias convicciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Tunja, hace 47 a\u00f1os, escrib\u00ed por primera vez un art\u00edculo de prensa. No es usual que un muchacho que no ha llegado a los 20 a\u00f1os de edad tenga tal inclinaci\u00f3n. Si la tiene, posee sin duda esa llama interna que se conoce con el nombre de vocaci\u00f3n period\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1955 circulaba en Tunja un peri\u00f3dico mensual que poca gente recordar\u00e1 hoy en la comarca boyacense: <em>El Momento<\/em>, fundado por Alberto Mantilla Vargas, oriundo de Norte de Santander y l\u00edder estudiantil de la Universidad Tecnol\u00f3gica y Pedag\u00f3gica, que se dio el lujo de crear su propio medio de comunicaci\u00f3n en una ciudad monacal, sumida en los rezos y el silencio, y donde s\u00f3lo exist\u00eda <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, peri\u00f3dico perseverante del pol\u00edtico Antonio Ezequiel Correa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varios j\u00f3venes simpatizamos con la gaceta de Mantilla Vargas y formamos un grupo de solidaridad hacia su valerosa empresa, convirti\u00e9ndonos no s\u00f3lo en sus colaboradores permanentes, sino en abanderados de su idea audaz. Mantilla Vargas, gran relacionista y hombre creativo y batallador, se abr\u00eda campo en los c\u00edrculos boyacenses con su dinamismo y su don de gentes, y as\u00ed mismo consegu\u00eda la publicidad para hacer posible la vida del peri\u00f3dico. Se trataba de una publicaci\u00f3n pulcra y bien elaborada, cuyo enfoque certero de los asuntos regionales le hac\u00eda ganar crecientes simpat\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida de <em>El Momento<\/em> fue ef\u00edmera. Es lo que suele acontecer con los peri\u00f3dicos de provincia. El propio nombre de la gaceta parec\u00eda reflejar la fugacidad de aquel esfuerzo colosal y solitario. Pero el entusiasmo y la porf\u00eda de quienes colabor\u00e1bamos con la empresa, movidos por el ardor vitalizante con que ejerc\u00edamos nuestro cometido, nos causaba satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando apareci\u00f3 el \u00faltimo n\u00famero y d\u00edas m\u00e1s tarde sal\u00ed de Tunja hacia otras latitudes, deposit\u00e9 en el fondo de un ba\u00fal de recuerdos juveniles, que una amiga se ofreci\u00f3 a cuidarme hasta mi regreso, los doce o quince n\u00fameros que constitu\u00edan la colecci\u00f3n. Al reclamar a\u00f1os despu\u00e9s mi archivo secreto (donde adem\u00e1s hab\u00eda guardado los borradores de mi primera novela), experiment\u00e9 dolor profundo al descubrir que la humedad inmisericorde de Tunja hab\u00eda destruido todos los ejemplares. \u00a1De mis primeros pasos por el periodismo no quedaba nada, excepto el recuerdo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucho tiempo despu\u00e9s, en Bogot\u00e1, me tropec\u00e9 un d\u00eda con Alberto Mantilla Vargas, en medio del atafago estrujante de un ascensor. El feliz encuentro nos hizo retroceder en el tiempo para rememorar con emoci\u00f3n aquellos intensos d\u00edas de agitaci\u00f3n intelectual en la ciudad de Tunja, que le dieron vida a un sue\u00f1o perenne: este sue\u00f1o que no ha logrado desvanecer el paso voraz de los a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amigo se hab\u00eda graduado de abogado y ejerc\u00eda su profesi\u00f3n en el edificio donde por accidente volvimos a encontramos. Le pregunt\u00e9 si conservaba los doce o quince ejemplares evaporados por el fr\u00edo tunjano, y me dijo que los de \u00e9l tambi\u00e9n hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No s\u00e9 si alguien posea alg\u00fan vestigio de aquel momento fugaz del a\u00f1o 1955, vivido por un grupo de quijotes en la apacible capital boyacense. Es posible que la memoria sobre ese hecho remoto se haya borrado y s\u00f3lo quede la semilla que vuelve a germinar hoy (47 a\u00f1os despu\u00e9s), D\u00eda del Periodista, con la presente evocaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El Espectador, <\/strong>Bogot\u00e1, 14-II-2002<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hoy, D\u00eda del Periodista, amanec\u00ed sin tema. 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