{"id":7479,"date":"2012-01-29T17:39:56","date_gmt":"2012-01-29T22:39:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7479"},"modified":"2014-04-04T18:52:34","modified_gmt":"2014-04-04T23:52:34","slug":"rescate-de-los-valores","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/01\/29\/rescate-de-los-valores\/","title":{"rendered":"Rescate de los valores"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El Tiempo<\/em> ha puesto en circulaci\u00f3n <em>El libro de los valores<\/em>, amena obra que busca despertar en los hogares la conciencia \u00e9tica de la vida. El abandono de los principios morales es la causa principal del deterioro que padece hoy el pueblo colombiano. Cuando la moral y la \u00e9tica dejan de ser las gu\u00edas del comportamiento humano, ocurre la degradaci\u00f3n del individuo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toda sociedad, para que sea libre y permita el desarrollo de las personas y el progreso del pa\u00eds, debe acatar una serie de reglas b\u00e1sicas que se fijan los mismos pueblos para vivir en armon\u00eda y gozar de elementales beneficios que dignifican la existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Normas de conducta como la honestidad, la justicia, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la prudencia y la paz son principios perennes que la sociedad ha establecido como faros para navegar por los mares embravecidos del mundo. Por desgracia, el hombre contempor\u00e1neo se preocupa m\u00e1s por lo material y lo fr\u00edvolo que por lo espiritual y lo \u00e9tico. Ya vimos la trifulca que se form\u00f3 hace poco contra el senador Carlos Corsi Ot\u00e1lora por haber incluido los Diez Mandamientos en el proyecto del C\u00f3digo de \u00c9tica del Congreso, propuesta que fue atacada por sus colegas entre burlas y rechazos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En d\u00edas pasados, las autoridades policivas allanaron, al norte de Bogot\u00e1, una casa que hab\u00eda pertenecido a Gonzalo Rodr\u00edguez Gacha, puesta al cuidado del Inpec, y descubrieron que el guardi\u00e1n de esta entidad y varias personas m\u00e1s, entre las que se hallaba un coronel, se hab\u00edan dedicado a destruir paredes y pisos en la b\u00fasqueda afanosa de un presunto tesoro escondido all\u00ed por el extinto narcotraficante. El tesoro de Al\u00ed Baba y los cuarenta ladrones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En conducta abyecta y bochornosa, estos piratas de la codicia, dirigidos por un alto mando de la Polic\u00eda, pisoteaban no s\u00f3lo los cimientos seductores de la edificaci\u00f3n, sino los c\u00f3digos \u00e9ticos y los c\u00f3digos penales. La corrupci\u00f3n se volvi\u00f3 moneda corriente en una sociedad como la nuestra desviada de la \u00f3rbita moral. Con todo, existen procederes decorosos, aunque aislados, que reconfortan el \u00e1nimo de la gente honesta frente a los desv\u00edos perniciosos de las buenas costumbres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace varios a\u00f1os viaj\u00e9 a Santa Marta en plan de trabajo. Hacia las once de la noche, cuando me dirig\u00eda al hotel donde me hospedaba, tras una intensa jornada laboral, me detuve en uno de los restaurantes que estimulan el apetito con provocativos platos de comida r\u00e1pida. Al despertarme al d\u00eda siguiente, lo primero que advert\u00ed fue que no estaba conmigo la chaqueta con que hab\u00eda viajado de Bogot\u00e1, en la que llevaba la chequera, las tarjetas de cr\u00e9dito, los documentos de identidad, el dinero, el tiquete de regreso&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me sent\u00ed hundido por el contratiempo. La l\u00f3gica indicaba que la p\u00e9rdida era irremediable. Sin embargo, me fui en pesquisa del restaurante y lo localic\u00e9 a dos cuadras del hotel. Las mesas que por la noche se situaban en la acera para atraer turistas, las vi recogidas en el fondo del local y hacia ellas dirig\u00ed la mirada ansiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Cu\u00e1l no ser\u00eda mi sorpresa al descubrir colgada all\u00ed mi chaqueta! Supuse, claro, que el dinero y los documentos hab\u00edan desaparecido. Un vecino se ofreci\u00f3 a hablar por tel\u00e9fono con la due\u00f1a del negocio, y ella envi\u00f3 las llaves del restaurante para que sin ning\u00fan problema dispusiera de mi propiedad. Con explicable ansiedad, me acerqu\u00e9 al asiento donde estaba la chaqueta, la mir\u00e9 con incredulidad, la puls\u00e9, revis\u00e9 los bolsillos&#8230; \u00a1y todo estaba intacto!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volv\u00ed por la noche a darle una gratificaci\u00f3n a mi ins\u00f3lita protectora, y ella me manifest\u00f3 que el m\u00e9rito no era suyo sino de los meseros, dos muchachos de escasos veinte a\u00f1os en quienes la patrona hab\u00eda inculcado lecciones de delicadeza y honradez como base del prestigio comercial de que disfrutaba su negocio. En esa vivencia inolvidable supe lo que vale el respeto por el bien ajeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed cabe el caso de D\u00faber Pulgar\u00edn, de 13 a\u00f1os, habitante de una comuna de Medell\u00edn, que se encontr\u00f3 un paquete con cinco millones de pesos y lo devolvi\u00f3 a su due\u00f1o por saber que no le pertenec\u00eda. Y el de mi hija Fabiola, que perdi\u00f3 sus tarjetas bancarias al salir de un cajero autom\u00e1tico y dos d\u00edas despu\u00e9s se las regres\u00f3 una caminante an\u00f3nima que las hab\u00eda hallado \u00a0en la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo que ella lleg\u00f3 aquella noche a nuestra casa, en pleno aguacero, y nos sorprendi\u00f3 con la noticia de la p\u00e9rdida, que mi hija no hab\u00eda descubierto a\u00fan. La transe\u00fante hizo milagros para averiguar nuestra direcci\u00f3n, y no qued\u00f3 contenta hasta conseguir su objetivo. Trabajaba como empleada de una cigarrer\u00eda y se neg\u00f3 a recibir la recompensa que se le quiso dar por su valiosa acci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es posible que el lector haya vivido o conocido casos incre\u00edbles como los aqu\u00ed narrados. La honradez todav\u00eda existe, en casos excepcionales, pero anda de capa ca\u00edda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 7-III-2002.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentario:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Art\u00edculos como este, que confortan el esp\u00edritu, son de grande utilidad. Estoy muy triste y sensible por lo que pasa en nuestra querida patria. Me duele Colombia. Por esa raz\u00f3n me emocion\u00e9 con esta columna y hasta la grab\u00e9, pues me especialic\u00e9 en bio\u00e9tica y quiero citarla cuando escriba algunos art\u00edculos que me solicitaron. <strong>Luis Eduardo Acosta Hoyos <\/strong>(escritor), Recife (Brasil), 7-III-2002.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El Tiempo ha puesto en circulaci\u00f3n El libro de los valores, amena obra que busca despertar en los hogares la conciencia \u00e9tica de la vida. El abandono de los principios morales es la causa principal del deterioro que padece hoy el pueblo colombiano. 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