{"id":7541,"date":"2012-02-11T10:39:06","date_gmt":"2012-02-11T15:39:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7541"},"modified":"2014-03-31T06:56:51","modified_gmt":"2014-03-31T11:56:51","slug":"brevedad-y-desmesura","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/brevedad-y-desmesura\/","title":{"rendered":"Brevedad y desmesura"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verbosidad en Colombia se ha convertido en vicio nacional. Son pocos los que hablan o escriben con brevedad, tal vez por suponerse que el exceso de palabras imprime importancia. Los discursos kilom\u00e9tricos est\u00e1n a la moda del d\u00eda. Los pol\u00edticos y los gobernantes creen que hablando largo convencen m\u00e1s, y sucede todo lo contrario: aburren m\u00e1s. Hay escritores, sobre todo cuando est\u00e1n en la cumbre de la fama (cuando menos tiempo se dedica a pulir las palabras y condensar el pensamiento) que elaboran textos farragosos e insoportables, que nadie lee. Lo mismo ocurre con algunos columnistas de prensa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El discurso de posesi\u00f3n del presidente Uribe, de solo 20 minutos, rompi\u00f3 con estos esquemas. De entrada, le ense\u00f1\u00f3 al pa\u00eds el arte de la brevedad, como parece que va a ser el estilo de su gobierno. Brevedad sustanciosa, claro est\u00e1. Dijo lo que ten\u00eda que decir y no incurri\u00f3 en el h\u00e1bito com\u00fan de las promesas desmesuradas, dichas con tono de encantamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, le evit\u00f3 al pa\u00eds la fatiga de las interminables oraciones de otros tiempos, matizadas de frases refulgentes y ret\u00f3ricas floridas, que suelen quedarse en el papel, con escaso cumplimiento en la pr\u00e1ctica. Otro modelo de concisi\u00f3n y sind\u00e9resis fue el discurso de Luis Alfredo Ramos, presidente del Congreso. Buen comienzo del ritmo paisa que se instaura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre contempor\u00e1neo, movido por la prisa y la frivolidad, carece de espacio para la reflexi\u00f3n y la s\u00edntesis. Como para escribir breve se necesita tiempo, se escribe largo. De esta tendencia moderna naci\u00f3 la palabra \u00abladrillo\u00bb, que significa cosa pesada o aburrida. Si bien se mira, la actual Constituci\u00f3n es un ladrillo. No hubo tiempo, como s\u00ed sucedi\u00f3 con la de 1886, de pulir la escritura, ajustarla y abrillantarla. Se puso m\u00e1s \u00e9nfasis en las discusiones bizantinas que en el contenido de la obra, y a \u00faltima hora se vot\u00f3 contra reloj y al un\u00edsono, cuando se hab\u00eda agotado el calendario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto hubiera podido redactarse con mayor claridad y eficacia, en menos de la tercera parte de lo que representa el mamotreto aprobado. La frondosidad idiom\u00e1tica de nuestra Carta Magna es modelo de desmesura: as\u00ed es el pa\u00eds actual. Las sociedades modernas del mundo entero no se diferencian mucho de la colombiana, porque la moda universal ha elegido el exceso y el frenes\u00ed como norma de vida. De esta manera caminamos hacia la superficialidad y el disparate. \u00abLas puertas del exceso \u2013dice Jorge Edwards\u2013 nos han llevado al caos, a una especie de proliferaci\u00f3n indigesta\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ampulosidad, tan deslumbrante como enga\u00f1osa, seduce a los falsos profetas. Las palabras huecas, pero que suenan bien, estallan en todos los escenarios y atrapan a los incautos. En los mercados del libro, la exageraci\u00f3n es mareadora. Tanta basura se produce en este medio, que es f\u00e1cil incurrir en el enga\u00f1o. Vaya usted por las librer\u00edas de Madrid y sentir\u00e1, no asombro por las monta\u00f1as de vol\u00famenes que se acumulan como si se tratara de pesados cargamentos de puerto, sino escozor. La abundancia de la palabra se convirti\u00f3 en una peste. La tonta idea de que la inteligencia se mide seg\u00fan la dimensi\u00f3n de los escritos y de los discursos, trastoca la realidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al colombiano se le olvid\u00f3 la sentencia de que \u00ablo bueno, si breve, dos veces bueno\u00bb. Ahora llega un gobernante con poder de s\u00edntesis y precisi\u00f3n, que huye de la palabrer\u00eda y de los espejismos, para ejecutar actos contundentes y realizaciones tangibles. No busca impresionar con la elocuencia tropical que otrora se evidenci\u00f3 en el estilo grecocaldense, sino con la acci\u00f3n. Sin embargo, a alg\u00fan pol\u00edtico no le gust\u00f3 el discurso presidencial por hallarlo \u00abtelegr\u00e1fico\u00bb. Ese pol\u00edtico olvida que lo que necesita el pueblo no son palabras vanas sino hechos ciertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 22-VIII-2002.<\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La verbosidad en Colombia se ha convertido en vicio nacional. Son pocos los que hablan o escriben con brevedad, tal vez por suponerse que el exceso de palabras imprime importancia. Los discursos kilom\u00e9tricos est\u00e1n a la moda del d\u00eda. 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