{"id":7613,"date":"2012-02-11T12:20:01","date_gmt":"2012-02-11T17:20:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7613"},"modified":"2020-06-30T16:26:03","modified_gmt":"2020-06-30T21:26:03","slug":"estos-diamantes-carolina","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/estos-diamantes-carolina\/","title":{"rendered":"Estos diamantes, Carolina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p>Tal vez por ser la mujer del joyero, Carolina se acostumbr\u00f3 al lujo. A toda suerte de lujos, desde lucir las joyas m\u00e1s ambicionadas por la vanidad femenina hasta cambiar de carro y de residencia con el \u00fanico motivo de estrenar, o inventarse frecuentes viajes al exterior para contemporizar con el mundo de derroches y alardes del que no pod\u00eda prescindir.<br \/>\n\u2013Vengo con el \u00faltimo grito de la moda \u2013le anunci\u00f3 a su marido, y con r\u00e1pidos movimientos extrajo de los paquetes todo un almac\u00e9n de vestidos, zapatillas, perfumes y ropas \u00edntimas.<br \/>\n\u2013Pero si la semana pasada te compraste tres vestidos \u2013exclam\u00f3 Hugo Mario, entre at\u00f3nito e idiotizado, y en realidad ignoraba si hab\u00edan sido tres o media docena.<br \/>\n\u2013Y este es el perfume m\u00e1s arrebatador de Par\u00eds (\u00bfte imaginas cu\u00e1nto me cost\u00f3?), como para mantenerte siempre a mi lado \u2013prosigui\u00f3 ella, sin darle lugar a nuevas protestas, mientras la fragancia inundaba la alcoba con poderosas incitaciones.<\/p>\n<p>-Fant\u00e1stico! \u2013fue la exclamaci\u00f3n del marido derrotado, y fascinado al mismo tiempo, y en esos momentos era cuando \u00e9l saboreaba mejor la vida y m\u00e1s se solazaba con el lujo de mujer que le hab\u00eda dado la suerte.<br \/>\n\u2013Y ahora un aire rom\u00e1ntico (\u00bfprefieres los Panchos, los Diamantes o Mar\u00eda Luisa Land\u00edn?) y whisky para que el amor sea m\u00e1s embriagante. \u00a1Cu\u00e1nto te quiero! No dejes nunca de ser apasionado, te lo ruego \u2013continuaba su esposa, matizando el instante amoroso, y el hombre, derretido entre sensaciones lascivas, quedaba sin respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u2013Eres un encanto \u2013eran las palabras rituales con que el marido finalizaba siempre aquellos encuentros, y el acto conclu\u00eda.<br \/>\nCamino del negocio, con esa languidez de esp\u00edritu de los maridos magn\u00e1nimos, se preguntaba Hugo Mario si su chequera responder\u00eda a tantos excesos. \u00abMe estoy arruinando\u00bb, meditaba. Luego recordaba el beso categ\u00f3rico y el estremecimiento producido por las caricias seductoras con que la mujer dice siempre la \u00faltima palabra. El embrujo todo de Par\u00eds cab\u00eda en esas gotas de perfume que, cual se\u00f1uelos para la provocaci\u00f3n, le despertaban alborotos s\u00fabitos, que por fortuna su mujer sab\u00eda calmar en la justa medida.<br \/>\nEra entonces cuando musitaba el \u00aberes un encanto\u00bb y cuando Carolina se proclamaba victoriosa, como mujer satisfecha, en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su amor posesivo. Sab\u00eda que el hombre, disminuido, responder\u00eda mejor a sus asedios. \u00bfSer\u00eda \u00e9l tan indolente que le negara el aderezo de diamantes con que tanto hab\u00eda so\u00f1ado, o no accediera al viaje que con sus amigas \u00edntimas preparaba para las playas de Miami?<br \/>\n\u00abMe estoy arruinando\u00bb, volv\u00eda a pensar. Y otra vez la cabeza le daba vueltas con el c\u00famulo de compromisos econ\u00f3micos que ya no alcanzaba a atender. Pero de nuevo surg\u00eda su vida sentimental con una eva tan apetitosa como complaciente, y ah\u00ed se evaporaban sus temores. Y hasta se enternec\u00eda al acariciar los fugaces momentos de placer donde la voluntad se desvanece entre las sutilezas femeninas.<br \/>\n\u2013Acu\u00e9rdese,\u00a0 don Hugo Mario \u2013le recordaba el usurero\u2013 que llevo seis meses esper\u00e1ndolo y ya no puedo darle m\u00e1s plazo.<br \/>\n\u2013Le pagar\u00e9 m\u00e1s intereses.<br \/>\n\u2013No es suficiente. Necesito el capital o una garant\u00eda mayor. Hipot\u00e9queme la casa.<br \/>\n\u2013No es posible: est\u00e1 hipotecada.<br \/>\n\u2013Entonces, la finca.<br \/>\n\u2013Tampoco es posible: tiene dos hipotecas.<br \/>\n\u2013Entonces\u2026<br \/>\nDe aquella conversaci\u00f3n con el usurero arranc\u00f3 la quiebra presentida. No fue sino que \u00e9l lo embargara para que el resto de acreedores, que se manten\u00edan listos para el ataque, cayeran como langostas. Menos mal que Carolina gozaba las delicias del sol, la brisa y las tibias aguas del Caribe y no se hall\u00f3 presente el d\u00eda en que el juez decret\u00f3 el secuestro de todas las propiedades. Ella no merec\u00eda aquella verg\u00fcenza, aquel sonrojo inconcebible para una princesa.<br \/>\nLa suntuosa mansi\u00f3n se desmoron\u00f3 de repente como castillo de naipes. Era su \u00faltima fortaleza y tambi\u00e9n le fue arrebatada, como hab\u00eda sucedido con la joyer\u00eda, la finca, los carros, el dinero en bancos, los papeles burs\u00e1tiles\u2026<br \/>\nPero fue diestro en salvar las alhajas de su esposa. A ese tesoro nadie tendr\u00eda acceso. Brazaletes, gargantillas, pectorales, aretes, anillos y diversidad de adornos montados en pedrer\u00edas fant\u00e1sticas refulg\u00edan con los destellos que la fortuna conservaba para no abandonarlo por completo. Se abraz\u00f3 a las joyas, las bes\u00f3, se rode\u00f3 el cuello de lazos y cadenas, se dej\u00f3 obnubilar por el fulgor y la magnificencia\u2026 Y llor\u00f3.<br \/>\nAcaso ese tesoro significaba su perdici\u00f3n, pero el marido dadivoso se negaba a reconocerlo. Primero estaba su esposa, que val\u00eda m\u00e1s que aquella colecci\u00f3n de espejismos. Ella significaba la raz\u00f3n de su vida y lo dem\u00e1s era secundario. Frente a ese mar encantado que le arrancaba l\u00e1grimas se dec\u00eda que su mujer, por leve y fascinante, por sensual y generosa, ten\u00eda derecho a los caprichos de la moda y a su dulce coqueter\u00eda.<br \/>\nAll\u00ed estaba el aderezo de diamantes, adquirido hac\u00eda tres meses, tent\u00e1ndolo con misteriosas insinuaciones. Pero el imperio se hab\u00eda derrumbado. Una princesa no se acomoda entre la pobreza. Hugo Mario se eriz\u00f3. Ya en pocos d\u00edas estar\u00eda ella de regreso y no era sensato condenarla al oprobio de la penuria. El hombre enamorado es batallador. Recuperar la riqueza perdida consistir\u00eda en ejercer su destreza de comerciante. El proceso ser\u00eda lento, pero alg\u00fan d\u00eda llegar\u00eda a la meta.<br \/>\nSi no se hubiera enredado en negocios oscuros es posible que Hugo Mario se hubiera salvado. Meterse con la mafia y descender a los bajos fondos fueron recursos desesperados que apresuraron su desgracia. Cuando Carolina regres\u00f3, \u00e9l estaba en la c\u00e1rcel. Sin casa, sin carro, sin dinero\u2026 \u00bfy tambi\u00e9n sin marido?<br \/>\nCarolina dur\u00f3 una semana llorando. Despu\u00e9s se encontr\u00f3 con sus joyas y sonri\u00f3. Las alhajas alegran el coraz\u00f3n de las mujeres. As\u00ed se reconciliaba con las durezas de la suerte. Conseguir abogado\u2026 \u00a1vaya oficio m\u00e1s rudo para una princesa! \u00bfDe d\u00f3nde sacar\u00eda el dinero si todo se hab\u00eda evaporado? Era una fr\u00e1gil cris\u00e1lida que carec\u00eda de fortaleza para volar. Vest\u00eda ahora con m\u00e1s discreci\u00f3n y menos fantas\u00edas, aunque con igual garbo.<br \/>\nEl abogado la observ\u00f3 con atenci\u00f3n. Con inter\u00e9s escuch\u00f3 la historia y la ayud\u00f3 a localizar datos importantes para la defensa. Carolina, inexperta y t\u00edmida, no acertaba a hilar sus pensamientos. El abogado la auxiliaba en los momentos de confusi\u00f3n. Y viendo su juventud y belleza, justific\u00f3 su impericia.<br \/>\n\u2013Defender\u00e9 el caso \u2013concluy\u00f3 el penalista.<br \/>\n\u2013No tengo dinero \u2013exclam\u00f3 ella con nerviosismo.<br \/>\n\u2013Ser\u00e9nese, se\u00f1ora. No todo ha de ser dinero. Llegaremos a un acuerdo. Lo importante es que recupere a su marido.<br \/>\n\u2013\u00bfMe ayudar\u00e1 usted?<br \/>\n\u2013S\u00ed. Es usted joven y atractiva y yo contribuir\u00e9 a su felicidad.<br \/>\nSe sinti\u00f3 halagada. Respir\u00f3 con la satisfacci\u00f3n de las mujeres galanteadas y comenz\u00f3 a pensar que la suerte no le era tan esquiva. D\u00edas m\u00e1s tarde se present\u00f3 con un plan definido:<br \/>\n\u2013He encontrado la f\u00f3rmula para arreglarle sus honorarios. Este aderezo vale una fortuna. Tal vez usted quisiera regal\u00e1rselo a su esposa\u2026<br \/>\n\u2013Preciosa joya \u2013exclam\u00f3 el abogado, ponderando las tres piezas que le extend\u00eda Carolina\u2013. D\u00e9jeme que lo aprecie m\u00e1s si usted lo lleva puesto. \u00bfMe permite admirarlo en su cuello? Las joyas son m\u00e1s esplendorosas cuando van unidas a un rostro hermoso y a un talle esbelto. Usted tiene ambas cualidades \u2013prosigui\u00f3 con una reverencia\u2013. \u00bfQuiere mucho su aderezo, se\u00f1ora?<br \/>\n\u2013Es parte de m\u00ed misma \u2013contest\u00f3 ella\u2013. No importa: renuncio a \u00e9l.<br \/>\n\u2013Y yo no acepto su sacrificio. No debe privarse del gusto de la vanidad. Las mujeres, se\u00f1ora, nacieron para ser vanidosas. Gu\u00e1rdelo, por favor.<br \/>\nCarolina se emocion\u00f3. Ser mujer es ser sensible a la lisonja. Era esa la protecci\u00f3n que necesitaba en su desamparo. Su esp\u00edritu se ve\u00eda de pronto vigorizado para la lucha.<br \/>\n\u00abPerd\u00f3name si no he vuelto a visitarte \u2013le escrib\u00eda d\u00edas despu\u00e9s a su marido\u2013, pero la c\u00e1rcel me deprime y enferma. \u00bfMe entender\u00e1s, amor m\u00edo? Siempre estoy contigo.\u00bb \u00c9l le contest\u00f3 que ante todo cuidara la salud y le suplicaba que dejara de frecuentar la c\u00e1rcel. \u00abEres un encanto, y no debes pisar estos sitios indignos de tu belleza. Saldr\u00e9 pronto y entonces volveremos a estar juntos\u00bb.<br \/>\nCarolina no volvi\u00f3 m\u00e1s a visitar a su marido a la c\u00e1rcel. Termin\u00f3 de concubina del abogado. Pasados los primeros temores y superadas las primeras crisis, ella misma se absolvi\u00f3 de su pecado. Le pareci\u00f3 que era muy fr\u00e1gil para permanecer desamparada. No: imposible resistir los cinco a\u00f1os de soledad a que quedaba expuesta por la condena de su marido. El abogado hab\u00eda perdido la causa.<br \/>\nCarolina se dec\u00eda que aquel hab\u00eda sido un sacrificio impuesto por su necesidad de salvar a Hugo Mario. Pero no estaba tranquila. Percib\u00eda el reproche de la conciencia. Incomodidad que pareci\u00f3 desvanecerse cuando el abogado, que aquella noche la llevar\u00eda a comer a su restaurante preferido, le dijo:<br \/>\n\u2013Quiero verte con el aderezo de diamantes. Es el s\u00edmbolo de nuestra uni\u00f3n.<br \/>\n\u2013Y el s\u00edmbolo de la traici\u00f3n, bien lo sabes \u2013agreg\u00f3 Carolina\u2013. \u00bfHas meditado en el precio de nuestras relaciones? Ensuciaste hasta tu prestigio profesional al desviar, \u00a0en provecho tuyo, la suerte de la defensa. Dejaste perder el pleito para quedarte conmigo, y yo favorec\u00ed tus oscuros prop\u00f3sitos. Me vend\u00ed y t\u00fa me compraste. Los dos somos miserables.<br \/>\n\u2013Ponte los diamantes \u2013repuso el penalista\u2013. Ya es tarde para rectificar el pasado. Lo hecho, hecho est\u00e1.<br \/>\n\u2013Est\u00e1 bien. Ay\u00fadame.<br \/>\nCarolina se contempl\u00f3 en el espejo. Estaba radiante. De pronto le pareci\u00f3 ver en el destello de las piedras los ojos pesarosos de su marido. No sab\u00eda si la enjuiciaban o le expresaban amor. Estuvo a punto de prorrumpir en llanto, de destruir el aderezo. Pero se contuvo.<br \/>\n\u2013No enturbiemos el coraz\u00f3n, Carolina \u2013escuch\u00f3 la voz de su amante\u2013. Vamos, \u00e1ngel m\u00edo.<br \/>\n\u2013Vamos.<br \/>\n______________________________________________<\/p>\n<p><em><strong>Revista Manizales, <\/strong><\/em>No. 692, enero de 1999.<br \/>\n<em><strong>Revista Aristos, <\/strong><\/em>n.\u00b0 32, Alicante (Espa\u00f1a), junio de 2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Carolina es una mujer interesada en ser diva, en explotar a un hombre d\u00e9bil, inseguro, a quien despu\u00e9s abandona por otro farsante de la justicia.\u00a0Todo ajustado a la realidad y al abandono de alg\u00fan valor moral de parte y parte. Esta narraci\u00f3n tiene tanto de realidad como de asombro por la p\u00e9rdida de valores y la manipulaci\u00f3n que, f\u00e1cilmente, deja al hombre como t\u00edtere de una mujer.<br \/>\n<strong>In\u00e9s Blanco,<\/strong>\u00a0Bogot\u00e1, junio\/2020.<\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar Tal vez por ser la mujer del joyero, Carolina se acostumbr\u00f3 al lujo. 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