{"id":772,"date":"2009-11-11T16:53:30","date_gmt":"2009-11-11T16:53:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=772"},"modified":"2014-05-01T10:19:52","modified_gmt":"2014-05-01T15:19:52","slug":"los-indeseables","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/11\/los-indeseables\/","title":{"rendered":"Los indeseables"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida moderna no deja vivir en paz al individuo. El gigantismo y el alboroto que se sufren en ciudades como Bogot\u00e1, Medell\u00edn o Cali han desquiciado la tranquilidad de los habitantes y robado el tesoro de la privacidad. Ni siquiera en el seno del hogar, donde se supone que se est\u00e1 aislado de los asedios externos, se puede disfrutar de reposo absoluto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con solo pisar la calle, entramos en el mare m\u00e1gnum de la vida citadina, de tan dif\u00edcil manejo. A pocos metros aparece la se\u00f1orita de la encuesta, que solicita nuestra opini\u00f3n sobre asuntos sociales, econ\u00f3micos o pol\u00edticos, o acerca de un producto industrial del cual no tenemos la menor idea. Le decimos que vamos de af\u00e1n, pero ella aduce que el cuestionario es sencillo y nos frena el tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego surge el primer indigente del d\u00eda, a quien entregamos unas monedas. Si la d\u00e1diva no le agrada, nos indica su tarifa. En cada cuadra, en cada esquina, en cada sem\u00e1foro, tendremos que v\u00e9rnoslas con el ej\u00e9rcito de pordioseros, repartidores de volantes, vagos, desplazados y atracadores de que est\u00e1 llena la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No todos los pordioseros son aut\u00e9nticos, y es dif\u00edcil descubrir a los falsos. Hay quien pide limosna mostrando al ni\u00f1o en los brazos, o la lacra en la pierna, o la receta m\u00e9dica. Otro cuenta que acaban de robarle la billetera y solicita plata para el bus. El de m\u00e1s all\u00e1 narra una situaci\u00f3n dram\u00e1tica, para mover la compasi\u00f3n del transe\u00fante. Pero como las mismas historias las escuchamos varias veces en el d\u00eda,\u00a0 los dramas familiares pierden credibilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A toda hora tenemos que esquivar a los energ\u00famenos conductores del servicio p\u00fablico que andan como b\u00f3lidos por las calles, no respetan los sem\u00e1foros, violan todas las normas de circulaci\u00f3n, profieren toda clase de vulgaridades y mantienen sorda a la ciudadan\u00eda con los pitos desaforados de sus veh\u00edculos. En cuanto al abuso del pito y el desespero ante el tim\u00f3n, ni siquiera las damas est\u00e1n excluidas de tales arrebatos, y hay algunas tan iracundas, que infunden pavor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La irritaci\u00f3n, la rudeza, la ordinariez, la insolidaridad son tal vez los vicios m\u00e1s comunes que brotan en la v\u00eda p\u00fablica. Por ella desfilan rostros amargados, agrios, ariscos, aunque tambi\u00e9n, de improviso, alguna expresi\u00f3n cordial. Bogot\u00e1 es una ciudad amable. Una de las capitales m\u00e1s bellas de Am\u00e9rica. Pero los malos ciudadanos la hacen hosca. Ellos son los indeseables de esta cr\u00f3nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ramploner\u00eda da al traste con las costumbres refinadas de viejas \u00e9pocas. La lista de expresiones plebeyas es extensa, y basta citar algunas: fumar en la oficina, en el ascensor o en el restaurante; escupir en la calle; orinar en las paredes; pintar letreros en los muros; robar las tapas de las alcantarillas; destruir los tel\u00e9fonos p\u00fablicos; utilizar el pito como medio de agresividad y no de emergencia&#8230; El uso inmoderado del pito refleja la histeria colectiva. Bogot\u00e1 es hoy una ciudad de sordos y neur\u00f3ticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda pensarse que el atropello concluye con el regreso a casa, pero no es as\u00ed. La floreciente \u00e9poca del mercadeo y el internet, que est\u00e1 destrozando la paz hogare\u00f1a, nos hace v\u00edctimas de toda clase de abusos e invasiones que atentan contra el derecho a la tranquilidad. Alguien llama a felicitarnos por el lote que nos acabamos de ganar. Si somos ingenuos, iremos a la oficina \u2018milagrosa\u2019 y all\u00ed sabremos que el premio consiste en la cuota inicial para adquirir un lote en el cementerio, que la firma trata de vendernos por un precio exagerado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo truco lo utilizan algunas empresas para anunciar que la suerte nos ha\u00a0 favorecido con un plan hotelero en Cartagena o Santa Marta, que comprende la estad\u00eda gratis durante tres d\u00edas, pero pagando nosotros el transporte a\u00e9reo y el consumo en el hotel. Por la noche llama una casa comercial a ofrecernos novedosos sistemas de cr\u00e9dito, o un banco a interesarnos por su tarjeta de cr\u00e9dito, o una revista que busca nuevos suscriptores con la mitad de la tarifa&#8230; \u00bfC\u00f3mo har\u00e1n estos magos de la publicidad para descubrir nuestro tel\u00e9fono, y por qu\u00e9 no respetan nuestras horas de descanso?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos desesperantes sucesos cotidianos, de los que nadie se libra, son el precio que tenemos que pagar en esta era deslumbrante de la tecnolog\u00eda y en este mundo ca\u00f3tico que hace mucho tiempo perdi\u00f3 el equilibrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 25 de marzo de 2004.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La vida moderna no deja vivir en paz al individuo. El gigantismo y el alboroto que se sufren en ciudades como Bogot\u00e1, Medell\u00edn o Cali han desquiciado la tranquilidad de los habitantes y robado el tesoro de la privacidad. Ni siquiera en el seno del hogar, donde se supone que se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[41],"tags":[100],"class_list":["post-772","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-temas-varios","tag-temas-varios"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/772","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=772"}],"version-history":[{"count":6,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/772\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12729,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/772\/revisions\/12729"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=772"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=772"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=772"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}