{"id":7766,"date":"2012-02-11T18:35:19","date_gmt":"2012-02-11T23:35:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7766"},"modified":"2020-02-22T10:57:15","modified_gmt":"2020-02-22T15:57:15","slug":"tinieblas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/tinieblas\/","title":{"rendered":"Tinieblas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fernando meditaba en lo incons\u00fatil del hombre, mien\u00adtras por la ventanilla del tren rielaba un atardecer huidizo entre las sombras del crep\u00fasculo. Algunas lu\u00adces, tan fugaces como sus imprecisos pensamientos, le arrancaban nostalgia. Los reba\u00f1os corr\u00edan asustados como si desconocieran la rutina de la locomotora que bramaba en las vueltas del camino. El d\u00eda anterior, en otro atardecer semejante, viajaba euf\u00f3rico al pueblito monta\u00f1ero que ahora dejaba para siem\u00adpre. Entonces las luces de las casas sembradas a la vera del monte le hab\u00edan producido regocijo. Otro estado de \u00e1nimo hab\u00eda abierto el esp\u00edritu al soplo, a la caricia de la monta\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero al regreso el mismo espect\u00e1culo lo aflig\u00eda. Un viaje puede cambiar el rumbo de la vida. Lo cambi\u00f3, para Fernando. Todo comenz\u00f3 en forma simple y as\u00ed mismo termin\u00f3. Fernando lleg\u00f3 al pueblito monta\u00f1ero en un viaje m\u00e1s, tan com\u00fan como tantos otros. En poco tiempo estuvo en el hotel. Muchas veces hab\u00eda per\u00adnoctado all\u00ed y era tan grata la posada como si llegara a su propio hogar. El perrito pequin\u00e9s, desmelenado y mu\u00adgriento, lo recibi\u00f3 en la puerta bati\u00e9ndole la cola. Tan familiar era el hu\u00e9sped, que nadie se preocupaba por conducirlo, ni por llevarle la maleta, ni por posesionarlo del cuarto. Que lo hicieran con otros, menos con \u00e9l, clien\u00adte de preferencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pequin\u00e9s, correteando por la habitaci\u00f3n y revolvi\u00e9n\u00addolo todo, hac\u00eda m\u00e1s agradable la llegada: as\u00ed se alboro\u00adzaba con su amigo, el m\u00e1s amigo de los clientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco es el equipaje de un corredor de comercio: unos cat\u00e1logos ornados con figurines, un directorio de clien\u00adtes, la factura vencida y de pronto el obsequio para la due\u00f1a de la posada. Fernando llevaba algo m\u00e1s y era el retrato de la esposa. Siempre lo colocaba en la mesa de noche. Rosaura, la hotelera, sol\u00eda hacerle gracejos por lo que ella juzgaba, y casi le reprochaba, como una exageraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Es bonita \u2014se defend\u00eda \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En verdad que lo era. Y no s\u00f3lo para los ojos y el coraz\u00f3n del amante, sino para los habitantes de la pen\u00adsi\u00f3n que admiraban tambi\u00e9n la belleza y la lozan\u00eda plas\u00admadas en la foto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Demasiado amor \u2014dec\u00eda Rosaura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Demasiado amor \u2014confirmaba \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPero m\u00e1s que amor \u2014reflexionaba Rosaura\u2014, \u00bfno ser\u00e1 una manera de sentirse vanidoso exhibiendo una foto art\u00edstica? La belleza se marchita, y si Fernando no ha tra\u00eddo a su esposa es por temor a defraudarnos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen seres enigm\u00e1ticos, y Fernando lo era. Silencio\u00adso, taciturno, aunque capaz de extrovertirse con las travesuras del perro pequin\u00e9s, poco lograba extraerse de su vida. S\u00f3lo se sab\u00eda de su devoci\u00f3n por la foto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rosaura era joven y hermosa. Coqueta y seductora. Y acaso su belleza era m\u00e1s fresca que la del cuadro. Sin embargo, su marido no le hab\u00eda levantado ning\u00fan nicho. Pero es que Fernandos no se consiguen a la vuelta de cualquier esquina. Su mutismo, su secreta pasi\u00f3n, lo ha\u00adc\u00edan interesante. Y naci\u00f3 en Rosaura, con la compara\u00adci\u00f3n, envidia. Una envidia tonta, pero muy femenina. La envidia y el amor se unen cuando menos se espera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un minuto desocup\u00f3 Fernando la maleta. El barullo de un agente viajero es incorregible. Da lo mismo tirar los zapatos encima de la cama reci\u00e9n compuesta, que embadurnar el sof\u00e1 con la crema a medio enroscar. De lejos hab\u00eda saludado a Rosaura, y ella le hab\u00eda sonre\u00eddo. Dos pasajeros m\u00e1s se inscrib\u00edan en los registros del hotel mientras la due\u00f1a dejaba escapar la mirada, y con ella la imaginaci\u00f3n, detr\u00e1s de la silueta de Fernando que se hab\u00eda perdido en la semioscuridad del corredor. Los torrentes de la luna llena que aparec\u00eda a medias, como jugando entre los limoneros del patio, hab\u00edan producido en el \u00e1nimo de Rosaura el s\u00fabito deseo de correr, de retozar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Irrumpi\u00f3 de pronto frente a \u00e9l. Usual la visita, aun en la hora avanzada en que ocurr\u00eda: tambi\u00e9n pare\u00adc\u00eda ser este uno de los privilegios del viejo cliente. Fernando apenas si se inmut\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfTan enamorado como siempre?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta vez se turb\u00f3. Hay proximidades que no pueden desconocerse. Era como pretender no ver la claridad de la noche, que hab\u00eda invadido su alcoba; o ignorar los destellos de dos ojos ansiosos que se posaban en \u00e9l. Fina e intuitiva llegaba como un felino a acorralar la presa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si otras veces hab\u00eda sido escurridizo, ahora no se le es\u00adcapar\u00eda. Un solo zarpazo ser\u00eda suficiente para clav\u00e1rsele en la sangre como un aguij\u00f3n. Ante la hembra exuberan\u00adte, estaba el hombre acobardado. La saliva le form\u00f3 un nudo en la garganta y sus carnes se apretaron en lugar de erizarse. Retroced\u00eda mientras ella avanzaba. Y se tra\u00adgaba los \u00edmpetus, ahogando los sollozos que le revol\u00adcaban el pecho. Era un animal arisco, pronto a escapar. Mas la retirada estaba cubierta. Un calor borrascoso le entr\u00f3 por el cerebro. Y un tibio aliento lo rozaba con invasi\u00f3n de espumas y temblores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfNo eres hombre? \u2014lo estruj\u00f3 ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era como una bofetada. La carne se estremeci\u00f3. Y an\u00adtes de desbocarse fue capaz de preguntarle por qu\u00e9 tanto impulso, por qu\u00e9 tanto arrebato. Rosaura, por toda respuesta, dese\u00f3 ser la mujer del cuadro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfLa mujer del cuadro? \u2014se indign\u00f3 Fernando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre apacible se convirti\u00f3 en animal ra\u00adbioso. La sensualidad se desbord\u00f3, impulsiva y col\u00e9rica. Bajo ardores brutales se deshac\u00eda su virilidad y se volatizaban sus entusiasmos. A Rosaura se le antoj\u00f3 que aquella forma de entrega lo hab\u00eda herido y consider\u00f3 que hab\u00eda profanado la sensibilidad escondida en el cuadro. Se sinti\u00f3 afrentada. Y retrocedi\u00f3. Quiso \u00e9l atraparla, envolverla, pero fue ella quien no se dej\u00f3 esta vez acorralar. Lo mir\u00f3 con estupor, acaso con desprecio, y prefiri\u00f3 huir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la brisa del monte se estrellaba al otro d\u00eda contra la ventanilla por donde se precipitaban los tonos del atardecer, experiment\u00f3 desolaci\u00f3n y rabia. Pens\u00f3, con desasosiego, en su madre, que se hac\u00eda m\u00e1s cercana, en sus correr\u00edas, en aquella foto algo deslustrada por el paso del tiempo, pero siempre di\u00e1fana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y continu\u00f3 meditando en su exagerado afecto. Sentimiento excesivo, si tantas inhibiciones le hab\u00eda ocasionado; absurdo, si prefer\u00eda mentir y enga\u00f1arse a s\u00ed mismo antes que con\u00adfesar su decidida solter\u00eda. Record\u00f3 a Rosaura, esbelta y sensual, y se apen\u00f3. Era como si un ara\u00f1azo se le clavara en el pecho y de nuevo le produjera agradable desa\u00adz\u00f3n. Pod\u00eda apenarse a solas, si para Rosaura, y para tan\u00adtas mujeres que hab\u00edan pretendido acerc\u00e1rsele, era un fracaso. Pens\u00f3, confusamente conforme, que acaso el afecto maternal estaba por encima de cualquier ape\u00adtencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y all\u00e1, en el pueblito que cada vez dejaba m\u00e1s lejos el tren, la due\u00f1a del hotel vaciaba la habitaci\u00f3n, a\u00fan caliente, de est\u00e9riles emociones. Tropez\u00f3 de pronto con un elemento humillante. Era la foto que Fernando hab\u00eda dejado sobre el nochero. Hay celos gratuitos, rencores sin explicaci\u00f3n, y explotan en el momento menos pensado. Habr\u00eda que disculpar la furia con que Rosaura destroz\u00f3 aquel objeto inanimado, hasta hacerlo trizas, si se acepta que los sentimientos son ciegos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Del libro <em>El sapo burl\u00f3n, 1981).<\/em><\/p>\n<p><em><strong>Aristos Internacional,\u00a0<\/strong><\/em>n.\u00b0 28, Torrevieja (Alicante, Espa\u00f1a), febrero de 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar Fernando meditaba en lo incons\u00fatil del hombre, mien\u00adtras por la ventanilla del tren rielaba un atardecer huidizo entre las sombras del crep\u00fasculo. Algunas lu\u00adces, tan fugaces como sus imprecisos pensamientos, le arrancaban nostalgia. 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