{"id":7769,"date":"2012-02-11T18:37:35","date_gmt":"2012-02-11T23:37:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7769"},"modified":"2014-07-05T19:43:15","modified_gmt":"2014-07-06T00:43:15","slug":"mujeriego-irrevocable","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/mujeriego-irrevocable\/","title":{"rendered":"Mujeriego irrevocable"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nazario Uma\u00f1a y Saldarriaga es un codiciado solter\u00f3n. Considera que si por tanto tiempo se ha mantenido in\u00advulnerable, su celibato es impenitente. Hombre del alto mundo, como habr\u00e1 podido deducirse por sus apellidos que huelen a aristocracia, es cliente asiduo de clubes y casinos y personaje sobresaliente en cualquier aconteci\u00admiento social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maneja con igual desenvoltura el frac, el esmoquin o el vestido de corte ingl\u00e9s, que el palo de golf o el coche de actualidad. Es el primero que llega a las cabalgatas que organizan sus amigos y el \u00faltimo en aban\u00addonar los encuentros et\u00edlicos con que los matrimonios de su c\u00edrculo estrechan los lazos de la camarader\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con\u00adversador ameno, anima cualquier reuni\u00f3n. Hombre culto y enterado de los aconteceres econ\u00f3micos, pol\u00edticos o mundanos, no puede prescindirse de \u00e9l como consejero o simple informador. Galante con el bello sexo, es personaje apetecido por la finura de sus gestos, por el garbo de sus ademanes, por su chispa siempre florida, por sus dos apellidos muy bien enlazados, por la prospe\u00adridad de su bolsillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y tiene igual suerte entre las adoles\u00adcentes en persecuci\u00f3n de marido o entre las doncellas que apenas comienzan a despegar las alas, que entre cua\u00adrentonas, viudas y separadas. No faltan, como es natural, las aventuras clandestinas con se\u00f1oronas y damiselas, terreno que trajina con pericia y refinamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su tenacidad por mantenerse c\u00e9libe entre tantas ten\u00adtaciones hace pensar en romances afortunados, pero tambi\u00e9n en ocultas frustraciones. Y lo que es peor, en impedimentos de orden superior. Porque no est\u00e1 bien que con todas esas gabelas, Nazario Uma\u00f1a y Saldarriaga ha\u00adya rechazado el matrimonio, y aun la uni\u00f3n libre, que en su caso no desentonar\u00eda. Ya comienza a hablarse de homosexualismo y aberraciones, pero \u00e9l resiste, sin inmutarse, las alusiones que escucha o se imagina. No s\u00f3lo las ignora, sino que se siente m\u00e1s defendido entre la duda y el enigma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha logrado resguardar su reputaci\u00f3n y bien sabe que el honor es la mejor respuesta a la maledicencia. Los ojos de solteras y solteronas, de viudas y se\u00f1oronas, escudri\u00ad\u00f1an sus andanzas en busca de la prueba o el simple indicio para lanzar el bombazo que todos esperan. Y no faltan las que por despecho ser\u00edan capaces de armar un esc\u00e1ndalo, de llegar a descubrirle enredos o deslices que ellas mismas no han podido protagonizar a su lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Nazario, que conoce las luces nocturnas de Par\u00eds con la misma facilidad con que frecuenta los salones de la aris\u00adtocracia, tambi\u00e9n sabe recorrer en su ciudad caminos y vericuetos hasta donde no alcanzan a llegar las miradas escrutadoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resbala a veces, pero es h\u00e1bil para no caer. Sus pasos son firmes, y tan cautelosos, que a su alrededor se ha levantado un muro de misterio, y tam\u00adbi\u00e9n de dignidad, contra el que nadie ha podido atentar. Tendr\u00e1 sus lances amorosos en la penumbra, pero se le ignoran l\u00edos de faldas como piedra de esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que se siga insistiendo sobre su homosexualismo poco le preocupa. Se siente as\u00ed m\u00e1s a sus anchas, pues ha de\u00adjado de ser el peligro p\u00fablico al que todos tem\u00edan. Alguien ha puesto a rodar la especie sobre sus encuentros con ciertos cachifos de dudosa identidad y no han faltado las lenguas traviesas que se entretienen enredando fanta\u00ads\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLas mentirillas en la sociedad son inevitables\u00bb, re\u00adflexiona Nazario, y se r\u00ede de sus calumniadores, con justificada dosis de humor, pues uno de ellos es el catedr\u00e1tico Valenzuela, quien mientras goza fabricando chismes, descuida a su mujer, cuarentona algo pasada de carnes y que por eso la tiene subestimada para la in\u00adfidelidad, olvid\u00e1ndose que para muchos paladares es m\u00e1s apetitoso el men\u00fa balanceado a base de grasas. Ella, que disfruta las finezas de Nazario del mismo modo que su marido se divierte con la fama ajena, podr\u00eda desmentir las consejas, pero prefiere callar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nazario Uma\u00f1a y Saldarriaga, delicado en sus maneras, agradable y galante, es solter\u00f3n empedernido, y no por falta de aptitudes para cambiar de estado, pues co\u00admo se ve es mujeriego irrevocable. Explota su despresti\u00adgio y nada le importan los cuentos que le inventan. Como usted no es amigo ni vecino suyo, puede vivir tranquilo. Yo, que he descubierto sus artima\u00f1as, vivo aleccionado con la candidez del catedr\u00e1tico Valen\u00adzuela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy he ido en busca de Nazario y lo he encontrado electrizado ante la bocina del tel\u00e9fono. Es una voz fe\u00admenina que, entre enigm\u00e1tica e insinuante, lo invita a una entrevista. Su acento es melodioso. Nazario se exalta al instante, pues bien claro est\u00e1 que se trata de una cita de amor, y da rienda suelta a pensamientos insanos que se alborotan con s\u00f3lo escuchar el nombre de La Rubiela como sitio para el encuentro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Rubiela es el marco ideal para refugiarse a su acomodo. Es el lugar pecaminoso donde puede solazar sus entusiasmos. \u00c9l se mantiene disponible, como buen solter\u00f3n. La interlocutora se niega a revelarle el nombre y s\u00f3lo le dice que puede conocerla en diez minutos, en el reservado del fondo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuela hacia La Rubiela forj\u00e1ndose escenas anticipadas. Perito en cuestiones del amor, no ignora su lenguaje. \u00abEl sitio preciso para el romance\u00bb, se paladea. All\u00ed se com\u00adbinan encierros estrat\u00e9gicos y se protegen reputaciones como la suya, y como la de la dama inc\u00f3gnita, que deben defender\u00adse. Piensa en ella, sin conocerla. La idealiza al momento: rubia, o morena, o alta, o bajita, o bella, \u00a0o fea, o jo\u00adven, o jamona&#8230; Es lo mismo. Lo que importa es la mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se burla de su amigo Valenzuela que vive en funci\u00f3n de chismes. Con todo y ser tan charlat\u00e1n y tan buen conversador, lo compadece por los cuernos que Nazario le ha puesto. Su mujer es graciosa. Quiz\u00e1 el catedr\u00e1tico no lo ha descubierto, pues esos kilos de m\u00e1s no le permiten saborear el tajo bueno del matrimonio. La complace a medias, y una mujer complacida a medias es una mujer peligrosa. Aunque catedr\u00e1tico de humanidades, que pre\u00adsume de ser muy le\u00eddo, est\u00e1 lejos de interpretar a Andr\u00e9 Maurois cuando dice que \u00abla golondrina y la mujer, desde el momento en que eligen un macho, piensan en el nido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que a Nazario le pusieron el mote de homo\u00adsexual, que no ha podido quitarse de encima, se ha ideado un caminadito y unos ademanes que afirman \u00a0la sospecha. Se re\u00fane con muchachos, para que no lo duden. Con ese contorneo avanza hacia La Rubiela. \u00abAll\u00e1 el profesor con su ingenuidad, y yo aqu\u00ed con mis aventuras.\u00bb Penetra a la casa. Ha llegado el mo\u00admento de la emoci\u00f3n, del encierro garantizado. Ensaya, ante la puerta del reservado, la sonrisa, el galanteo se\u00adductor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No lo piensa m\u00e1s y descorre el velo. All\u00ed estar\u00e1 la hem\u00adbra ansiosa. Pero al avanzar siente que se le congela la sangre y se le detiene la respiraci\u00f3n. Porque la hembra resulta con cara de hombre y \u00e9l no es especialista en es\u00adtas lides, por m\u00e1s que as\u00ed se le considere. El catedr\u00e1tico Valenzuela se queda mir\u00e1ndolo fijamente, con sonrisa incierta, que no se sabe si es ir\u00f3nica o desafiante. Con los dedos tamborilea despacio, en aparente calma, el mueble atravesado a la entrada. Y sigue mir\u00e1ndolo sin pesta\u00f1ear. Nazario siente que bajo sus pies el mundo se consume.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, que no resisto los momentos de tensi\u00f3n, prefiero no esperar el desenlace y me escabullo. Como soy poco curioso, me despreocupo despu\u00e9s de averiguar pormeno\u00adres. Deduzco que algo serio debi\u00f3 ocurrir, pues el cate\u00addr\u00e1tico Valenzuela dej\u00f3 el chismorreo, su mujer hace gimnasia diaria y est\u00e1 en dieta rigurosa. Nazario Uma\u00f1a y Saldarriaga reconquist\u00f3 su posici\u00f3n de tenorio, abandonando para siempre su caminadito afeminado. Y hasta se rumora que le ha empalagado la solter\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Del libro <em>El sapo burl\u00f3n, <\/em>1981).<\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar Nazario Uma\u00f1a y Saldarriaga es un codiciado solter\u00f3n. Considera que si por tanto tiempo se ha mantenido in\u00advulnerable, su celibato es impenitente. 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