{"id":7775,"date":"2012-02-11T18:45:30","date_gmt":"2012-02-11T23:45:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7775"},"modified":"2019-02-16T21:15:19","modified_gmt":"2019-02-17T02:15:19","slug":"elixir-de-vida","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/elixir-de-vida\/","title":{"rendered":"El\u00edxir de vida"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La silueta del viejo desapareci\u00f3 por la esquina. Fre\u00adcuentemente recorr\u00eda esa v\u00eda donde se ofrec\u00edan libros baratos, expuestos en burdos estantes o en el f\u00edsico suelo, que miraba y manoseaba. Y luego de no adquirir ninguno, avanzaba con dificultad y se escurr\u00eda con cierto aire que lo mismo pod\u00eda ser de insatisfacci\u00f3n que de conformismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dir\u00edase que el viejo era un intelectual arruinado, o un profesor jubilado, o un militar en retiro, o el saldo de alguna persona importante llegada a menos. Cualquiera de esas condiciones, y otras del mismo estilo, se imagi\u00adnaban los siete u ocho vendedores callejeros, habituados a observar el recorrido del anciano entre tenderete y tenderete, por donde se deten\u00eda sobre cada libro en exhibici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pod\u00eda ser tambi\u00e9n un cazador de joyas, de esas que agotadas en las librer\u00edas y desterradas del mercado regular s\u00f3lo ser\u00eda posible pescarlas en el revol\u00adtijo de cualquier esquina almacenadora de cancioneros de arrabal, de textos escolares mutilados por sucesivas generaciones, de revistas pornogr\u00e1ficas, de manuales de ciencias ocultas o de esa, en fin, inclasificable gama que va del folleto ordinario hasta el <em>best seller<\/em> de actua\u00adlidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las sospechas de los vendedores parec\u00edan bien enfo\u00adcadas. Y manten\u00edan una coincidencia: se trataba de un personaje misterioso. Era, con todo, p\u00e9simo cliente, si nadie hab\u00eda logrado venderle mercanc\u00eda alguna en los varios meses de sus constantes correr\u00edas, no obstante el esmero y la paciencia con que le complac\u00edan sus deseos y curiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se conformaba \u00e9l, como el com\u00fan de la gente, con detenerse en los t\u00edtulos, sino que repasaba las p\u00e1ginas, le\u00eda una frase o tomaba un apunte, y hasta rebuscaba, entre existencias encajonadas, algo que pa\u00adrec\u00eda hab\u00e9rsele perdido. Demostraba, en esta tarea de investigador, cierta impaciencia, cierto af\u00e1n por desen\u00adtra\u00f1ar el tesoro. \u00bfCu\u00e1l tesoro? S\u00f3lo \u00e9l lo sab\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rutina indescifrable la del vejete, encorvado y fam\u00e9\u00adlico, so\u00f1ador y taciturno, que repet\u00eda la misma escena d\u00eda tras d\u00eda. \u00bfBuscaba un incunable? Era posible, pero ninguno de los comerciantes se atrev\u00eda a averiguarlo, pues su porte abstra\u00eddo no se prestaba para intimidades. \u00a1Incunable! \u00a1Vaya absurdo m\u00e1s grande para estos me\u00adnudos vendedores que apenas conoc\u00edan textos corrientes, carcomidos y desbaratados!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hab\u00eda formado en la cuadra de los libros callejeros un raro ambiente de protecci\u00f3n, con buena mezcla de afecto y algo de piedad hacia la soledad del viejo. Su escu\u00e1lida figura, retocada con inocultables vestigios de gente distinguida, dejaba la sensaci\u00f3n de uno de esos personajes nacidos en los libros de caballer\u00edas, de aven\u00adturas y misterio. Estos comerciantes, ignaros de lite\u00adraturas encumbradas y vac\u00edos de cono\u00adcimientos elementales, resultan propagandistas expertos para colocar su mercanc\u00eda. Repiten doctrinas extra\u00f1as con la misma familiaridad con que tratan a Julio Fl\u00f3rez, a Vargas Vila o a Jorge Isaacs, s\u00f3lo por mostrar conocimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alg\u00fan d\u00eda tendr\u00eda que enfrent\u00e1rsele uno de los ven\u00addedores al enigm\u00e1tico visitante. Se escogi\u00f3 a Edilberto, muchacho de veinticinco a\u00f1os, \u00e1gil de mente, refinado en sus modales, de f\u00e1cil expresi\u00f3n y el m\u00e1s \u00aberudito\u00bb para acometer la empresa. Con cuatro a\u00f1os de un bachi\u00adllerato llevado a empujones, pero medio bachiller al fin y al cabo, y no medio analfabeto como sus colegas que apenas hab\u00edan tenido escasos estudios primarios, Edil\u00adberto sobresal\u00eda con luz propia y era el l\u00edder de aquel peque\u00f1o mundo del comercio \u00abintelec\u00adtual\u00bb, ubicado en calles y andenes y expuesto a sufridas intemperies, pero con humos de grandeza, por ser di\u00adfusores de cultura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser\u00eda Edilberto, sin duda, h\u00e1bil para dialogar con el anciano. Como la charla habr\u00eda de conducirse a nivel intelectual para que suscitara inter\u00e9s y pudieran despe\u00adjarse las inc\u00f3gnitas, se hab\u00eda metido en la mollera datos y minucias sobre los temas, los autores y el in\u00adtr\u00edngulis de la mercanc\u00eda, \u00absu\u00bb mercanc\u00eda, que era la que presentaba atractivo para las incursiones del viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSer\u00eda doctor? No cab\u00eda duda. Los an\u00adteojos enmarcados en abultada montura de carey, el abrigo bien acolchado, la corbata sobria, la mirada profunda, la frente amplia, como signo de capacidad, el bigotillo esmerado, el andar met\u00f3dico&#8230; todo, absolu\u00adtamente todo, le pon\u00eda talante doctoral a la figura enjuta. Ser\u00eda escritor, o fil\u00f3sofo, o periodista, o magistrado&#8230; Todo eso, y mucho m\u00e1s, cab\u00eda en persona tan respetable, tan culta, tan escondida en su sabidur\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras as\u00ed divagaba Edilberto devan\u00e1ndose los sesos, el viejo se aproximaba a la caseta. Se apoder\u00f3 del primer libro, pareci\u00f3 devorarlo con los ojos, lo contempl\u00f3 en absoluto mutismo, y pas\u00f3 al siguiente. Buscaba, seg\u00fan parec\u00eda, novedades, y Edilberto las hab\u00eda preparado para retenerlo y evitar que pronto se deslizara al puesto ve\u00adcino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1<em>La vor\u00e1gine<\/em>! \u2014coment\u00f3 Edilberto\u2014. La \u00faltima edi\u00adci\u00f3n que ha salido. Y vea usted, doctor: la pasta es de lujo, el papel es satinado y tiene preciosas ilustraciones para hacer m\u00e1s amena la lectura. Por m\u00e1s conocida que sea, siempre ser\u00e1 obra imprescindible en las bibliotecas cultas. \u00a1Qu\u00e9 fant\u00e1stica imaginaci\u00f3n la de \u00abnuestro\u00bb Jos\u00e9 Eustasio Rivera! Veo la selva con su crueldad, con su violencia, con sus pena\u00adlidades y sus atractivos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ah, <em>La vor\u00e1gine! \u00a1La vor\u00e1gine!<\/em> \u2014suspir\u00f3 el viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Para usted le tengo un precio especial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1<em>La vor\u00e1gine<\/em>! \u2014segu\u00eda suspirando, mientras toma\u00adba otro libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1<em>Love story<\/em>! \u2014anunci\u00f3 Edilberto\u2014. El gran <em>best seller<\/em>. Ha batido todos los c\u00e1lculos y se sigue vendiendo a millones en el mundo entero. Est\u00e1 traducido a ocho idiomas. \u00a1Tierna historia de amor! Un amor elemental, casi absurdo para el siglo veinte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1El amor, el amor!&#8230; \u2014puntualiz\u00f3 el viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfLe gusta el amor, doctor?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pregunta qued\u00f3 en el aire y la mano nerviosa del anciano se hab\u00eda dirigido hacia <em>la<\/em><em> Celestina.<\/em> Edilberto se sinti\u00f3 acomplejado. Hab\u00eda sido imprudente. Estuvo por unos instantes indeciso, pero reaccion\u00f3 cuando not\u00f3 que el anciano no mostraba ninguna contrariedad. Pre\u00adguntarle a alguien que ha llegado a la edad tembleque si le gusta el amor, puede ser un desatino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Oh, <em>Celestina!<\/em> Fiel retrato de una \u00e9poca de vicios escondidos en los bajos fondos del siglo XV&#8230; <em>Celestina,<\/em> la alcahueta <em>Celestina<\/em>, me hace recordar a tanta coma\u00addre de nuestros d\u00edas. \u00bfVerdad, doctor? El libro se ve viejo, como la edad a que pertenece, pero es una curio\u00adsidad de biblioteca. Ojal\u00e1 usted, que conoce tantos li\u00adbros, quiera ilustrarme sobre aquellos episodios oscuros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1<em>Celestina,<\/em> la alcahueta <em>Celestina!.<\/em>.. \u2014fue todo su comentario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No por eso Edilberto se corri\u00f3. Mir\u00f3 al anciano y lo hall\u00f3 animado, en medio de su postraci\u00f3n. Si de algo no hab\u00eda duda era de su decrepitud. Se notaba fr\u00e1gil. Sus dedos, rugosos y comprimidos, pasaban ahora con lenti\u00adtud las p\u00e1ginas de <em>Luz,<\/em> la revista especializada en consejos sexuales, la de las p\u00edldoras m\u00e1gicas contra la impotencia, contra la frigidez, contra el desamor, la biblia de cabecera sobre las t\u00e9cnicas de alcoba y sus efi\u00adcaces mecanismos. Edilberto mir\u00f3 de reojo al viejo, que estaba absorto en una de sus p\u00e1ginas, y prefiri\u00f3 callar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Sin duda gusta usted, doctor querido, de las novelas de aventuras. Mire apenas algunas de mi abundante re\u00adserva: <em>Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, Do\u00f1a B\u00e1rbara, Papill\u00f3n, El padrino&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Basta, basta! \u2014interrumpi\u00f3 el viejo, y se alej\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su silueta se volv\u00eda m\u00e1s diminuta conforme se aproximaba a la esquina por donde siempre se esfumaba ante la mirada de los libreros. \u00abMaldita sea\u00bb, se rasc\u00f3 la cabeza Edilberto. Y pens\u00f3 que hubiera sido preferible se\u00f1alarle libros de ciencia, o de poes\u00eda, o de historia, o de ficci\u00f3n, y acaso de humor, material todo que ten\u00eda listo para pregonarlo como el cantante de espec\u00edficos o como el enredador de baratijas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya no dudaba Edilberto de que se trataba de un intelec\u00adtual arruinado. Intelectual, por su aspecto; arruinado, por su renuencia a comprar alg\u00fan libro. Aunque no descar\u00adtaba tampoco que pod\u00eda ser uno de esos personajes ex\u00adc\u00e9ntricos que tanto abundan en las grandes ciudades. As\u00ed pensaba, d\u00e1ndole vueltas al asunto, cuando el chi\u00adrrido de llantas que han frenado con brusquedad lo dis\u00adtrajo de su dubitaci\u00f3n. La gente se arremolin\u00f3 en torno al cuerpo que hab\u00eda quedado inm\u00f3vil, aprisionado por el peso del carro. Un chorro de sangre dramatizaba otra tragedia com\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Edilberto se irgui\u00f3 de puntillas, tratando de vencer las dificultades del tumulto que cercaba a la v\u00edctima. Eran como buitres que ca\u00edan sobre la presa. All\u00ed, menos soli\u00adtario que antes, por estar ahora rodeado de una solida\u00adridad novelera, pudo reconocer al viejo. Hab\u00eda quedado tal como era en vida: con cierto aire que lo mismo pod\u00eda ser de insatisfacci\u00f3n que de conformismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s, poco a poco, los curiosos se fueron retirando cuando el muerto hab\u00eda dejado de ser noticia. Todos pa\u00adrec\u00edan saciados con la novedad, y el suceso hab\u00eda per\u00addido su lado llamativo. Qui\u00e9rase o no, los muertos resultan atrayentes, a veces espectaculares, con cierto fondo fo\u00adlletinesco. Parec\u00eda un pobre diablo atrapado en la calle que se hab\u00eda aventurado a atravesar sin medir el peligro de curvas borrosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo quedaron las autoridades y los vagos. Edilberto pod\u00eda contarse entre los vagos, si por presenciar los movimientos policivos que se eje\u00adcutaban sobre el cad\u00e1ver del transe\u00fante an\u00f3nimo, por quien no pensaba hacer nada, desatend\u00eda su puesto de revistas, folletos y libros baratos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La polic\u00eda es experta en requisar, en un minuto, los cad\u00e1veres. Poco fue el inventario: un pa\u00f1uelo, un papel con anotaci\u00f3n de libros y autores, y en bolsillo del grueso abrigo, como todo capital, un billete de a peso y una moneda de veinte centavos. Algo m\u00e1s, aunque de\u00admasiado deteriorado: la licencia de conductor. Era el carn\u00e9 de chofer p\u00fablico, que debi\u00f3 serlo alg\u00fan d\u00eda el anciano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Un chofer, un ciudadano raso!&#8230; A Edilberto se le ensancharon las pupilas. \u00bfY el catedr\u00e1tico, y el escritor, y el fil\u00f3sofo, y el personaje inmenso que aparec\u00eda detr\u00e1s de las gafas abultadas y el porte docto\u00adral? Las letras del nombre se hab\u00edan desdibujado y no fue posible recomponerlas, pero el retrato dejaba adivinar una lejana \u00e9poca del viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfAlguien conoce a este individuo? \u2014pregunt\u00f3 el pa\u00adtrullero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El silencio fue un\u00e1nime. La polic\u00eda, con todo y ser tan h\u00e1bil, no hab\u00eda levantado completo el inventario, y Edilberto ayud\u00f3 a incluir otro objeto que permanec\u00eda oculto a un lado del cuerpo. Era el libro de pastas su\u00adcias y hojas mutiladas, con este t\u00edtulo desacoplado: <em>C\u00f3mo ser joven a los cien a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de retirarse, le cruz\u00f3 las manos sobre el libro, encima del pecho. No supo Edilberto en qu\u00e9 instante se lo hab\u00eda embolsillado el viejo. Fue seguramente cuando nombraba de af\u00e1n a <em>Los tres mosqueteros, y a Do\u00f1a B\u00e1rbara, <\/em>y al<em> Conde de Montecristo.<\/em>.. Poco le impor\u00adtaba perder el libro, que al fin y al cabo era pacotilla, por m\u00e1s cotizado que lo fuera del grueso p\u00fablico. Sinti\u00f3, en cambio, frustraci\u00f3n por sus fallidos intentos de con\u00adfesar al viejo, de desentra\u00f1ar su misterio. Y desaz\u00f3n por la burla de \u00e9ste al llevarse, furtivamente y en sus pro\u00adpias narices, un el\u00edxir de vida, sin dejarle una simple tarjeta de identidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Del libro <em>El sapo burl\u00f3n, <\/em>1981).<\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar La silueta del viejo desapareci\u00f3 por la esquina. Fre\u00adcuentemente recorr\u00eda esa v\u00eda donde se ofrec\u00edan libros baratos, expuestos en burdos estantes o en el f\u00edsico suelo, que miraba y manoseaba. 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