{"id":7798,"date":"2012-02-11T19:07:38","date_gmt":"2012-02-12T00:07:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7798"},"modified":"2014-07-12T21:08:02","modified_gmt":"2014-07-13T02:08:02","slug":"manigua","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/manigua\/","title":{"rendered":"Manigua"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013En aquella loma mataron a \u00d3scar Berm\u00fadez \u2013me ha dicho el indio, mientras apunta con el dedo m\u00e1s all\u00e1 de los arbustos que se ven flotar en la llanura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo me he quedado est\u00e1tico, como petrificado ante el anuncio de que estamos ya en proximidades del caser\u00edo. Se me nubla el cerebro y siento un calor borrascoso que me sube al coraz\u00f3n y me hace acariciar la venganza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013De tres tiros de escopeta \u2013precisa el indio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1C\u00e1llese! \u2013le grito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conforme nos acercamos al sitio fatal, los recuerdos sobre mi hermano se precipitan en confusa mezcla sentimental y anecd\u00f3tica. Lo veo el d\u00eda en que, crey\u00e9ndose todo un hombre, cuando apenas iniciaba una incierta adolescencia, nos detuvo en el comedor y nos comunic\u00f3 que se iba a recorrer mundo. Probar\u00eda suerte en las profundidades de la selva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Nos haremos ricos \u2013exclam\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Apenas eres un ni\u00f1o \u2013exclam\u00f3 mam\u00e1 entre sollozos\u2013. Te perderemos, \u00d3scar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ganar\u00e1s un hombre \u2013la consol\u00f3 \u00e9l, ufano, y se acarici\u00f3 el incipiente bigote para notificamos su hombr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente parti\u00f3. Ser\u00eda una larga traves\u00eda por caminos inh\u00f3spitos y hacia horizontes dudosos. No entend\u00eda yo la intenci\u00f3n de querer madurar antes de tiempo, entre esti\u00e9rcol y peonadas, y un raro presentimiento me dec\u00eda que aquello terminar\u00eda mal. Veinte a\u00f1os de edad no significaban nada para embarcarse en la gran aventura de la vida, y me preguntaba si ser hombre a la fuerza, por fuera de calendario, era en realidad alguna haza\u00f1a varonil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00d3scar hab\u00eda sido siempre obstinado en sus prop\u00f3sitos y nada vali\u00f3 para hacerlo cambiar de idea. Ten\u00eda a su favor la sangre del trotamundos y eso explicaba el que de un solo golpe se jugara su destino. Quiz\u00e1 para \u00e9l era lo mismo ganar que perder. Prefer\u00eda, sin embargo, arriesgarse a lo desconocido antes que permanecer atado a lo rutinario. Con sosegada displicencia, que casi rayaba en cinismo, se despidi\u00f3 de los estudios que dejaba truncos y rompi\u00f3 de un solo tir\u00f3n con los lazos afectuosos que quer\u00edan retenerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se fue, y no volvi\u00f3 nunca. Se lo trag\u00f3 la manigua. En cartas remotas nos contaba sus \u00e9xitos y se solazaba, con esa jactancia de muchacho apuesto y seductor que le era tan caracter\u00edstica, de sus conquistas amorosas. De sus novias lejanas no volvi\u00f3 a acordarse, porque su af\u00e1n estaba en lo inmediato, en lo que pod\u00eda poseerse o desecharse al momento. Para \u00e9l era ins\u00f3lito guardar fidelidad a las personas ausentes. Su mundo ten\u00eda que ser presente y ojal\u00e1 instant\u00e1neo. Jam\u00e1s presentido o et\u00e9reo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El indio Esteban Jaya, a quien yo hab\u00eda contratado como gu\u00eda, conoci\u00f3 a mi hermano. Tal descubrimiento me hizo tomarle confianza, y \u00e9sta se acrecent\u00f3 a medida que me revelaba nuevas confidencias sobre las andanzas del tenorio y el perdonavidas, que as\u00ed pas\u00e9 a definirlo, en el territorio inc\u00f3gnito. La chalupa chocaba a veces contra troncos y bejucos, pero los fuertes m\u00fasculos del indio la pon\u00edan pronto en cauce y la impulsaban entre las aguas riesgosas que yo contemplaba con recelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Su hermano era todo un hombre \u2013no cesaba de repetir Esteban Jaya, con exaltada animaci\u00f3n, cuando volvimos a quedar en silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Un hombre prematuro \u2013le repliqu\u00e9 despu\u00e9s de escuchar varias veces la misma frase, y prefer\u00ed no explicar qu\u00e9 entend\u00eda por hombre prematuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Todo un hombre \u2013dijo cuando desembarc\u00e1bamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfPor qu\u00e9 lo mataron, Esteban?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Porque esta tierra no perdona las malas acciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El indio, que ten\u00eda preparado su discurso, me invit\u00f3 con los ojos, ojos inteligentes y maliciosos, a que escuchara la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el d\u00eda trabajaba a pleno sol, vigoroso y resuelto. Y por la noche enamoraba. Hab\u00eda aprendido el secreto de multiplicar reba\u00f1os y no ignoraba c\u00f3mo se sudan las tierras para que crezcan y conquisten nuevos territorios. Hect\u00e1reas y m\u00e1s hect\u00e1reas, amasadas con el sudor de su juventud fogosa, brotaban como por conjuro bajo la indomable voluntad de quien hab\u00eda desertado de la civilizaci\u00f3n para volverse pe\u00f3n de la selva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa tierra es como la mujer, que chupa y embota los sentidos\u00bb, se dec\u00eda \u00d3scar Berm\u00fadez al terminar, d\u00eda tras d\u00eda, sus intensas jornadas. De tanto repet\u00edrselo, y sobre todo de tanto saberlo, sent\u00eda que la tierra, esa zona il\u00edmite que se extend\u00eda ante sus ojos ansiosos, que lo subyugaba y se le iba alma adentro como una obsesi\u00f3n femenina, representaba su credo vital. \u00a1Tierra, tierra, m\u00e1s tierra&#8230;! era el grito voraz, casi angustiado, que repercut\u00eda en los abismos ancestrales del hombre-manigua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tierra, aire, sol, paisaje&#8230; todo le llegaba al cerebro y al coraz\u00f3n en vitales resonancias, lo mec\u00eda, lo estrujaba y a veces lo embrutec\u00eda. El eco sempiterno de la manigua, donde la voz del hombre es d\u00e9bil lamento, bramaba como horda desencadenada que lo mismo pod\u00eda ser diab\u00f3lica que sensual. De ese ambiente t\u00f3rrido, mitad para\u00edso y mitad infierno, se nutr\u00eda su esencia voluptuosa que hac\u00eda forjar a la mujer \u2013a la hembra r\u00fastica que seduc\u00eda a diario en las tierras v\u00edrgenes\u2013, primero como reina y luego como socia de sus ardores torrenciales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tierra, que no sabe ser ingrata, le correspond\u00eda con creces. La mujer lo urg\u00eda con sus carnes excitantes y sus jugos triunfales. En aquel parto de los montes todo estaba concedido: toros ind\u00f3mitos, caballos impetuosos, vacas opulentas, cr\u00edas infinitas, placeres insaciables. No estar\u00eda completo \u00d3scar Berm\u00fadez si a aquella explosi\u00f3n de tierras y animales, que se reproduc\u00edan como por arte de brujer\u00eda, no se sumara la mujer, su soberana carnal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed fue como surgi\u00f3, entera y volc\u00e1nica, la india Yadira. Era una belleza morena que lo provocaba con sus racimos sensuales cuando se tropezaban en los potreros, camino de las yeguadas. Oscar la espiaba en el r\u00edo en exuberantes desnudeces que le hac\u00edan crepitar el deseo, y desde entonces no volvi\u00f3 a tener paz. Alcanzarla, hacerla suya, saciar en sus carnes nacaradas el furor del hombre fren\u00e9tico, tal el prop\u00f3sito obsesivo que le naci\u00f3 y fue desbord\u00e1ndose como los r\u00edos inagotables de la selva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013M\u00eda ser\u00e1s \u2013le dijo el d\u00eda que se le escap\u00f3, cual liebre esquiva y vol\u00e1til, por las junglas invencibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Yadira ten\u00eda due\u00f1o. \u00c9ste la vigilaba con celo desde que descubri\u00f3 en su patrono peligrosos asedios. Ya la india se cuidaba de ba\u00f1arse desnuda y exponerse a la soledad, y disminuy\u00f3 ciertas manifestaciones externas que incitaban el deseo. Pero como el amor es animal despierto y el placer fiera alborotada, \u00d3scar Berm\u00fadez permanec\u00eda en vigilia y penetraba cada vez m\u00e1s en las fronteras prohibidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez era \u00e9sta la maldici\u00f3n de la manigua, que \u00e9l no hab\u00eda conocido. Mientras m\u00e1s se le negaba la india, m\u00e1s burbujeaba la fogosidad de su pretendiente. Todos los dioses reunidos parec\u00edan negarle el derecho de ser hombre, de seducir y violar. La carne le ard\u00eda con el anhelo de poseer. Todas sus apetencias, de tanto reprimirlas, le carcom\u00edan las entra\u00f1as y le frustraban la hombr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La india, con sus negros ojazos de monta\u00f1as, con sus duraznos en flor como cerros atrevidos, con sus muslos briosos y sus contornos palpitantes, era el desaf\u00edo exacto de la sensualidad. Conforme \u00e9l la persegu\u00eda y ella le hu\u00eda, \u00e9l la tocaba y ella lo rechazaba, m\u00e1s crec\u00eda la tempestad er\u00f3tica. Yadira se mostraba como la deidad serena y fascinante, como la belleza misteriosa, como la pasi\u00f3n inalcanzable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer ced\u00eda en su interior, pero le daba miedo exponerse a la venganza de su hombre. Fiero \u00e9ste como el furor de la tierra, y por a\u00f1adidura posesivo y valiente, era la roca que se opon\u00eda entre aquella pretensi\u00f3n porfiada. \u00abM\u00eda ser\u00e1s\u00bb, era a la vez una amenaza y un prop\u00f3sito de conquista, frase insinuante que todos los d\u00edas avanzaba m\u00e1s en el coraz\u00f3n de la india.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cielos presenciaron el momento de la huida y favorecieron el desfile de la pareja bajo las descargas del trueno y el fulgor de los rel\u00e1mpagos, bajo la noche impert\u00e9rrita. Por las extensiones imantadas quedaban a solas con sus pasiones y eran libres de hacer explotar sus delirios y saciar sus lujurias. Cual potrillos acorralados \u2013y luego liberados\u2013 brincaron en la espesura del monte y volcaron en los aires el torrente de besos culpables y el efluvio de caricias c\u00f3mplices.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Eres m\u00eda! \u2013exclam\u00f3 \u00d3scar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer, concupiscente, se entreg\u00f3 con la furia salvaje que le hab\u00eda inyectado la monta\u00f1a, ya sin importarle que ten\u00eda due\u00f1o y deb\u00eda serle fiel. Que los dioses de la selva, tutelares de los amores castos \u2013como el del r\u00edo con la monta\u00f1a y el del viento con el follaje\u2013 perdonen esta felon\u00eda de la pasi\u00f3n enervada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esteban Jaya sudaba a mares, que era tanto como sudar a tempestades en el lenguaje de la selva, cont\u00e1ndome, a su manera, los antecedentes de la muerte de mi hermano. Un rictus impulsivo se dibuj\u00f3 en la cara del indio, y en sus ojos apareci\u00f3 una mirada furiosa, mientras prorrump\u00eda entre l\u00e1grimas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013En esa loma yo mismo mat\u00e9 a su hermano \u00d3scar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego se tir\u00f3 al suelo, convulso y brutal. Yo me qued\u00e9 fr\u00edo y el cerebro se me puso en blanco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Perd\u00f3neme, pero ten\u00eda que matarlo. Se hab\u00eda robado a mi bella Yadira, y el lance era a morir. Sobraba uno de los dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada le dije, y esper\u00e9 que el coraz\u00f3n hablara. Me sent\u00eda turbado, sin fuerzas para proseguir la marcha. Por primera vez ven\u00eda a la selva y encontraba en sus laberintos un drama sentimental. La vor\u00e1gine de la pasi\u00f3n, que hab\u00eda arrastrado a \u00d3scar al sacrificio, era quiz\u00e1 ese horizonte borroso que ahora ten\u00eda ante mis ojos, con un muerto de la sangre que me esperaba en la loma procelosa. La selva se encabritaba como halo fosforescente y temible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo alto de la monta\u00f1a vi una cruz de madera con una r\u00fastica leyenda. Duro me cost\u00f3 enfrentarme a la realidad de las burdas letras, borradas ya por el tiempo, en que hab\u00eda quedado convertido el hombre enamorado y temerario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esteban Jaya, tensionado por la emoci\u00f3n, removi\u00f3 la tierra y extrajo un elemento sepultado junto al cad\u00e1ver del arrebato. Le temblaban las manos cuando tom\u00f3 la escopeta vengadora, le quit\u00f3 la tierra y la hizo brillar en el aire. Lloraba por su acci\u00f3n y tambi\u00e9n lloraba por el muerto. Y yo, que hab\u00eda venido a vengar la muerte de mi hermano, respet\u00e9 el dolor del indio. Entend\u00eda su propia venganza, y termin\u00e9 olvid\u00e1ndome de mi rencor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De por medio estaba el sentido del honor y no pod\u00eda ignorar que la propiedad ajena, sobre todo cuando esa propiedad es la mujer, es inviolable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ten\u00eda que matarlo \u2013trepidaba de sentimiento\u2013. Y volver\u00eda a matar cuantas veces enamoraran a mi mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas m\u00e1s tarde conoc\u00ed a Yadira. Era la noche pl\u00e1cida y estrellada, majestuosa cual una fascinaci\u00f3n del sue\u00f1o. Los aromas del amor parec\u00edan derramarse en aquella tierna y deleitosa beldad que con su sola presencia invadi\u00f3 mis sentidos. Como uva madura se abr\u00eda toda ella en extra\u00f1o convite de besos y alboradas. Ah\u00ed mismo supe por qu\u00e9 hab\u00edan matado a mi hermano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus ojos pesarosos fulguraba el erotismo y en sus caderas cimbreantes cabalgaba el placer de la vida. Era un suspiro de las floraciones \u00edntimas del alma, un perfume de la voluptuosidad, acaso una mentira. Mis cuerdas \u00edntimas vibraron enloquecidas, en ese impulso de los goces inesperados y en esa seducci\u00f3n violenta de la concupiscencia. Me domin\u00f3 una desaz\u00f3n s\u00fabita. El mismo infierno me invitaba al encuentro de los cuerpos y a las mieles del adulterio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfSabes qui\u00e9n soy, Yadira?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013El hermano de \u00d3scar Berm\u00fadez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Por ti mataron a mi hermano. Por eso deber\u00eda odiarte, tal vez matarte. Pero me has cautivado. Te amo, y quiero que seas m\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me mir\u00f3 sorprendida y pareci\u00f3 confundirse con la propuesta. Luego se escabull\u00f3 sin decir nada. Desde entonces se convirti\u00f3 en mi obsesi\u00f3n carnal. \u00a0Nunca mis ojos hab\u00edan visto tanto derroche de hermosura. All\u00ed estaba la naturaleza soberbia, la manigua absorbente, en esa fr\u00e1gil cris\u00e1lida. Ahora sab\u00eda por qu\u00e9 hab\u00edan matado a \u00d3scar Berm\u00fadez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La persegu\u00ed por d\u00edas enteros y ella me sacaba el cuerpo, esquiva y temerosa. Al fin la cerqu\u00e9 detr\u00e1s de los \u00e1rboles que rodean la laguna, pero se me escap\u00f3. M\u00e1s adelante la hall\u00e9 cavilosa junto al r\u00edo. Esta vez no huy\u00f3. Apenas me mir\u00f3 con recelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Esc\u00fachame, Yadira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Te escucho, blanco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Eres la mujer m\u00e1s hermosa que he conocido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Eso mismo me dec\u00eda tu hermano, y por perseguirme lo mataron. Soy mujer fatal. Al\u00e9jate de m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No me importa morir por ti, Yadira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me aproxim\u00e9 y la abrac\u00e9 por el talle. Quise besarla. Pero ella me apart\u00f3. Se levant\u00f3 con decisi\u00f3n, dispuesta a la fuga. Entonces cambi\u00e9 de t\u00e1ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Nunca te violentar\u00e9, Yadira. Solo deseo estar cerca de ti y admirar tu belleza. Seamos amigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ya somos amigos. Pero no me obligues a ser tu mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surgi\u00f3, de repente, la pecadora. La misma prohibici\u00f3n era un est\u00edmulo para la conquista. As\u00ed vi a Yadira: provocativa y peligrosa. Ella, la mujer, la tentaci\u00f3n, la yegua fara\u00f3nica, me atrap\u00f3. Embot\u00f3 mis sentidos. Fue una atracci\u00f3n fulminante y una pasi\u00f3n invencible que me sorbieron la sangre. La manigua se hab\u00eda apoderado de m\u00ed. Record\u00e9 que la misma manigua hab\u00eda exterminado a mi hermano. Con todo, me port\u00e9 con gallard\u00eda, como hombre aut\u00e9ntico. Y vi aparecer en los ojos de la india un destello de placer. De ah\u00ed a enamorarla y vencer su rebeld\u00eda ya quedaba poco. La lujuria, que le brotaba por todos los poros, aflor\u00f3 con peligros de tempestad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le acarici\u00e9 el rostro, y se dej\u00f3. La tom\u00e9 entonces de la mano, con delicadeza, y la recost\u00e9 en la hierba. Sus ojos brillaron como brasas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1D\u00e9jame! \u2013solloz\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfTe gusto, Yadira?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1D\u00e9jame! \u2013y sent\u00ed al menor roce sus pechos er\u00e9ctiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Te dejar\u00e9 si me rechazas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No puedo traicionar a tu hermano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00c9l est\u00e1 muerto, Yadira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando bes\u00e9 sus labios ya no hab\u00eda resistencia. Sent\u00ed el estremecimiento de su carne, hecha una sola carne con mi propio estremecimiento, y entonces el amor se desbord\u00f3, proclam\u00f3 sus victorias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El trueno apur\u00f3, col\u00e9rico y retumbante. Bajo el resplandor de los rayos y la arremetida de la tempestad, el placer deshoj\u00f3 sus margaritas sobre nuestros cuerpos desnudos. Al levantarme de la tierra mojada acarici\u00e9 la cacha de mi rev\u00f3lver. \u00abMi \u00e1ngel de la guarda\u00bb, pens\u00e9, y me acord\u00e9 del indio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfNo te da miedo mi marido? \u2013pregunt\u00f3 Yadira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY a ti?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pasi\u00f3n estaba cumplida. Ahora el deseo ten\u00eda rostro de bienaventuranza. La india me observaba con sus ojos infinitos de placer. Dirig\u00ed la mirada hacia la loma, donde cab\u00eda la selva entera con sus embrujos y sus tragedias. Y all\u00ed, bajo el fulgor de los rel\u00e1mpagos, vi surgir de repente una sombra. La monta\u00f1a se incendi\u00f3 de centellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sali\u00f3 de su sepultura la escopeta fantasmal y relumbr\u00f3 en la noche plomiza como una maldici\u00f3n. Al iracundo Esteban Jaya le centelleaban los ojos y le temblaba el pulso. Fueron tres tiros contundentes. \u00abOtra cruz en la loma\u00bb, pens\u00f3 el indio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego el arma se dirigi\u00f3 a Yadira. Pero la india huy\u00f3 como un cervatillo y se perdi\u00f3 en la espesura del monte, confundida su alma con la selva misma. Se la trag\u00f3 la manigua. Quiz\u00e1 con el tiempo la encuentre en aquellas soledades alg\u00fan viajero errante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Minutos despu\u00e9s se apacigu\u00f3 la tempestad. El indio sopl\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n y volvi\u00f3 a enterrar la escopeta. A lo lejos fulgur\u00f3 el \u00faltimo rayo de la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Del libro <em>Humo, <\/em>2000).<\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar \u2013En aquella loma mataron a \u00d3scar Berm\u00fadez \u2013me ha dicho el indio, mientras apunta con el dedo m\u00e1s all\u00e1 de los arbustos que se ven flotar en la llanura. Yo me he quedado est\u00e1tico, como petrificado ante el anuncio de que estamos ya en proximidades del caser\u00edo. 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