{"id":7804,"date":"2012-02-11T19:11:51","date_gmt":"2012-02-12T00:11:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7804"},"modified":"2014-07-19T20:14:13","modified_gmt":"2014-07-20T01:14:13","slug":"amores-de-cocodrilo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2012\/02\/11\/amores-de-cocodrilo\/","title":{"rendered":"Amores de cocodrilo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cay\u00f3 hacia atr\u00e1s, y mostr\u00f3 una mueca de dolor. El populacho, fren\u00e9tico, hac\u00eda resonar en sus o\u00eddos una algarab\u00eda infernal. Varias bombas estallaron a lo lejos. Los soldados corr\u00edan como ratas, atajando las multitudes que quer\u00edan irse contra el Cadillac color gris, que avanzaba por la Avenida Girasol, frente al Palacio Tibur\u00f3n, lentamente, reptando como una culebra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Delante de \u00e9l los esbirros del Gobierno, carabina en mano, con olfato de sabuesos, se abr\u00edan paso y llenaban de improperios a los que pretend\u00edan llegar hasta el autom\u00f3vil ventrudo donde el presidente yac\u00eda sofocado, con la mirada vidriosa. La gorra le cay\u00f3 de medio lado sobre la cara. Ahora no hab\u00eda tiempo para arreglar al presidente, a quien el pueblo llamaba Cocodrilo, o Coco, apodo perfecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parec\u00eda un cocodrilo por su trompa alargada, sus garras impresionantes, su mirada feroz. El cuello potente sosten\u00eda la cabeza descomunal, de rostro inexpresivo y mirada fulminante. Sus ojillos sanguinolentos no siempre se ve\u00edan en el semblante adusto. Se escond\u00edan detr\u00e1s de las cejas pobladas, como fieras en acecho, reposadas pero instant\u00e1neas para el asalto. Tambi\u00e9n lo llamaban Pap\u00e1 Cocodrilo por su dominio absoluto durante catorce a\u00f1os de dictadura. Era un monstruo, un asesino, un acaparador de riquezas. Sin embargo, el pueblo no lograba quit\u00e1rselo de encima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por toda la zona tropical, plagada de dictadores, de reyezuelos tir\u00e1nicos, de bestias y de cocodrilos, sobresal\u00eda la leyenda de este amo de superiores capacidades, que se sosten\u00eda a pesar de las reyertas, los atentados y las conspiraciones del exterior. Su gobierno, que provocaba pol\u00e9micas en las pol\u00edticas continentales, era un estorbo, pero se le toleraba porque permit\u00eda el establecimiento en su territorio de bases estrat\u00e9gicas e ideolog\u00edas audaces que avanzaban poco a poco, a paso de cocodrilo, por la regi\u00f3n tropical.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pap\u00e1 Cocodrilo alcanz\u00f3 a abrir un ojo, en forma maquinal, y continu\u00f3 roncando con estertores lentos y vigorosos. Movi\u00f3 su manota velluda, en nuevo acto inconsciente. En el pecho robusto se ve\u00eda la perforaci\u00f3n de dos balas, por donde sal\u00eda un torrente de gl\u00f3bulos rojos que formaban cauce por la superficie peluda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El animal de su sexo, puesto al descubierto en esta r\u00e1pida exploraci\u00f3n de zonas afectadas, era un miembro desgonzado e insignificante dentro de las miedosas proporciones del toro impetuoso. Ese ap\u00e9ndice, elemento de placer y atropello, hubiera podido arrancarse de un tajo y exhibirse al populacho como un despojo de la guerra, si los guardias, cada vez m\u00e1s enfurecidos, no impidieran el acceso al autom\u00f3vil y no se hubieran convertido en protectores de aquella marcha entre f\u00fanebre y victoriosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amo hab\u00eda sido alcanzado por las balas, pero todav\u00eda respiraba. Era una respiraci\u00f3n que a\u00fan manten\u00eda el imperio del brujo: una especie de dios y de diablo. Su caja tor\u00e1cica parec\u00eda un dep\u00f3sito de vientos huracanados que ni siquiera disminu\u00edan su fuerza despu\u00e9s de los cinco agujeros abiertos en todo el cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un negro, tan negro y corpulento como \u00e9l, y envenenado contra \u00e9l por haber abusado de su mujer y sus dos hijas, se vino con \u00edmpetu y arremeti\u00f3 contra la guardia. Alcanz\u00f3 a desarmar a uno de los esbirros y enca\u00f1on\u00f3 con el fusil a los otros, pero una descarga de metralleta lo fulmin\u00f3 contra el cap\u00f3. Despu\u00e9s las llantas pasaron encima del cuerpo, en movimientos repetidos, como constancia contundente para la multitud de que el jefe supremo, contra el que era imposible atentar, pod\u00eda repeler cualquier asonada. Coco estaba protegido por fuerzas misteriosas. Su imagen se agigantaba con las leyendas sobre sus hechicer\u00edas y su alianza con esp\u00edritus y poderes sobrenaturales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda surgido del propio pueblo como l\u00edder de barriada para imponer su larga dictadura. Primero con discreci\u00f3n y luego con influjo cada vez m\u00e1s reconocido, encarnaba una figura que no por grotesca dejaba de ser magn\u00e9tica. Al principio se le empuj\u00f3 a ganar posiciones, crey\u00e9ndolo una esperanza para el pa\u00eds. Surg\u00eda un l\u00edder extra\u00eddo de la entra\u00f1a del pueblo para acabar con el despotismo reinante, que se mostraba interminable. As\u00ed Coco se hizo gran jefe, hasta terminar como tirano. El pueblo no ten\u00eda por qu\u00e9 saber que ca\u00eda una dictadura intolerable para iniciarse otra todav\u00eda m\u00e1s sanguinaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se embriag\u00f3 con el poder y la gloria. De all\u00ed al abuso solo hab\u00eda un paso. Comenz\u00f3 expropiando tierras. Luego se apoder\u00f3 de cosechas y ganados, de industrias y bancos. Explotaba a los negros y violaba a sus mujeres. La naci\u00f3n era su gran hacienda, y ni siquiera sus conmilitones pod\u00edan retener ninguna propiedad, porque pronto la perd\u00edan en garras del brujo todopoderoso que no se dejaba dar golpes de Estado, ni permit\u00eda la menor indisciplina, ni toleraba la competencia. Sus armas vengaban cualquier brote, cualquier apetito indebido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era hombre fr\u00edo, como fabricado de m\u00e1rmol. Nunca re\u00eda y nunca perdonaba. Sentado en su despacho, hasta donde se llegaba por hileras de s\u00fabditos armados hasta los dientes, parec\u00eda un dios, acaso la misma personificaci\u00f3n del fuego o del infierno. Figuras repugnantes de b\u00fahos, lagartijas, calaveras, reptiles&#8230; presid\u00edan su recinto, su sancta sanct\u00f3rum, trono majestuoso del poder y la gloria, desde donde manejaba a punta de bayoneta y con \u00edmpetu luciferino el pa\u00eds de pobres brutos que no hab\u00eda acertado a crear otro l\u00edder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo har\u00eda \u00e9l, se dijo con furor. No era posible tanta atrocidad. Negro como Pap\u00e1 Cocodrilo, un d\u00eda su amigo y ministro de confianza, y luego ca\u00eddo en desgracia, se vengar\u00eda. \u00a1Se vengar\u00eda, se vengar\u00eda&#8230;! El eco del odio acumulado taladraba sus entra\u00f1as y lo incitaba a volverse asesino. Hab\u00eda que salvar al pueblo, vengar a los esclavos, volver por las mujeres deshonradas, esas indefensas mujeres \u2013sus esposas y sus hijas\u2013 a quienes Coco somet\u00eda a terribles org\u00edas en su har\u00e9n de negrer\u00edas inconfesables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo har\u00eda \u00e9l, negro como el amo, pero con el alma limpia. Cavil\u00f3 durante noches enteras. Le ard\u00eda el coraz\u00f3n y se le rebelaba la sangre. Ten\u00eda que ser \u00e9l, con sus propias manos. No era para menos, si el brujo le hab\u00eda arrebatado a su mujer y la hab\u00eda hecho su amante. Mejor: su esclava.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coco la tom\u00f3 con sus manazas lujuriosas y se la pas\u00f3 al marido por los ojos, incapaz \u00e9ste de hacer nada, dominado como se encontraba por dos centinelas. La hizo desfilar varias veces, mientras la desnudaba. El acto lo realizaba con sa\u00f1a y sadismo, prenda a prenda, para cumplir mejor su prop\u00f3sito de venganza y pasi\u00f3n. Al final la contempl\u00f3 desnuda y se relami\u00f3 de placer. Ella llor\u00f3 con sofocos entrecortados y al marido se le desenfren\u00f3 la furia. Uno de los matones le descarg\u00f3 un culatazo cuando \u00e9ste pretendi\u00f3 levantarse de la silla. Luego Coco se vino encima de su rival, como pose\u00eddo por sus serpientes y sus diablos, y le escupi\u00f3 la cara. Le dijo que de \u00e9l nadie se burlaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El marido presenci\u00f3 la escena horrorosa. Escuch\u00f3, petrificado, el grito de terror de su mujer, y luego la risa convulsiva de la bestia. Era la primera risa que le escuchaba, y para siempre se qued\u00f3 taladr\u00e1ndole los o\u00eddos. Era como el rescoldo de su propia ira. \u00a1Se vengar\u00eda, se vengar\u00eda&#8230;! El pueblo entero buscaba hacerlo a trav\u00e9s de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando lo vio aparecer en la Avenida Girasol, frente al Palacio Tibur\u00f3n, sinti\u00f3 gusto. Coco, rodeado de lacayos, recib\u00eda los vivas forzados del pueblo. El vengador tom\u00f3 una posici\u00f3n estrat\u00e9gica. Desde all\u00ed lo dominaba a la perfecci\u00f3n con la mira telesc\u00f3pica. Su destino de asesino era ya irremediable. Repercut\u00eda en sus entra\u00f1as aquella risa convulsiva del bruto, que se ampliaba en sus entra\u00f1as como risotada de los infiernos. Ve\u00eda a su esposa forcejeando contra los desmanes lascivos de la bestia. Todo esto lo degradaba, lo escarnec\u00eda, le desgarraba el sentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni un temblor, ni la m\u00e1s m\u00ednima indecisi\u00f3n. Lo puso en la mira. Lo repas\u00f3 con rigurosa atenci\u00f3n, palmo a palmo, para mejor devorarlo, en la misma forma como el monstruo se hab\u00eda complacido con el cuerpo de la mujer, prenda a prenda. Luego lo llev\u00f3 al centro de la cruz, como marc\u00e1ndolo con sevicia para el sacrificio, y dispar\u00f3 tranquilo, con gozo infinito, tiro a tiro, hasta que se borr\u00f3 el fantasma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coco se dobl\u00f3 con gesto de dolor. Dos veces se estremeci\u00f3 e intent\u00f3 levantarse. Pensaba que todo lo pod\u00eda, hasta darle \u00f3rdenes a la muerte. Pero sus fuerzas estaban doblegadas. El pueblo se arremolinaba alrededor del veh\u00edculo, con \u00edmpetus vengadores, mientras los esbirros luchaban por proteger la vida del amo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el negro despert\u00f3 en el hospital, supo que el d\u00e9spota hab\u00eda muerto. Se lo imagin\u00f3 con la gorra de medio lado, incapaz de hacer nada, como hab\u00eda ca\u00eddo en el Cadillac. De nuevo sinti\u00f3 regocijo. Hasta escuch\u00f3 sus estertores desesperados y su \u00faltimo aliento de fiera destruida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda desaparecido Pap\u00e1 Cocodrilo para siempre. Estaba vencida la ignominia. La venganza del negro quedaba cumplida hasta la saciedad. Se sinti\u00f3 tranquilo y deseoso de presenciar la alegr\u00eda de los suyos \u2013de las personas de su sangre y del pueblo entero\u2013 por el final de la \u00e9poca tenebrosa. El pa\u00eds, el peque\u00f1o pa\u00eds tropical que hac\u00eda germinar las dictaduras con misteriosos fermentos, pod\u00eda respirar de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto irrumpi\u00f3 en la pieza del hospital un s\u00e9quito afanoso y solemne. Ante sus ojos volvi\u00f3 a aparecer el pelot\u00f3n de esbirros. Entraron en confusi\u00f3n y rodearon la cama. Supuso que lo iban a proclamar h\u00e9roe de una epopeya, para tributarle all\u00ed mismo el tributo de las masas. El negro se incorpor\u00f3 en su lecho, a\u00fan somnoliento y sin la completa noci\u00f3n del mundo externo que con ecos confusos llegaba a sus o\u00eddos desde las calles tumultuosas. Escuchaba tambores lejanos que mov\u00edan el ritmo de melod\u00edas negras, adormecidas en su sangre africana, y acaso lleg\u00f3 a pensar que lo cargar\u00edan hasta la plaza para mostrarlo al pueblo como un trofeo de la guerra por la libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cambi\u00f3 de opini\u00f3n cuando vio aproximarse, paso a paso, al propio Pap\u00e1 Cocodrilo, con su trompa alargada, sus garras monstruosas, su mirada feroz, su figura de bestia apocal\u00edptica. Sus ojos desped\u00edan chorros incendiarios. Y se le antoj\u00f3 que los colmillos se le hab\u00edan alargado y la ira se le retorc\u00eda en las v\u00edsceras. Volv\u00eda a encontrarse con la misma cala\u00f1a que \u00e9l hab\u00eda abatido entre descargas mortales, y que sin embargo segu\u00eda viva. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido? Que los monstruos nunca mueren. Se les pueden disparar todas las r\u00e1fagas de las guerras, y apenas les producen rasgu\u00f1os. Siempre sobreviven. Quiz\u00e1 el negro estaba so\u00f1ando, o se tropezaba de nuevo con el fantasma, m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Pero estaba vivo. Ambos estaban vivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sangre se le congel\u00f3 cuando el monstruo, levantando la metralleta, se dispuso a la ejecuci\u00f3n. El arma se mantuvo en el aire, hablando el lenguaje de la atrocidad. As\u00ed se sosten\u00eda un imperio, entre el escalofr\u00edo del miedo. Antes de disparar y matar, era preciso que la v\u00edctima conociera el p\u00e1nico. La retina de Pap\u00e1 Cocodrilo llev\u00f3 a su v\u00edctima al punto m\u00e1s rec\u00f3ndito del furor y la represalia. El negro sinti\u00f3 que esa mirada de escorpi\u00f3n era su mayor suplicio. Luego centellearon los ojos iracundos del mat\u00f3n. Y alcanz\u00f3 a percibir el gesto fulminante que dispon\u00eda su muerte. Ni siquiera tuvo tiempo de moverse. Qued\u00f3 quieto en la cama, destrozado por un arma que no se hab\u00eda hecho para perdonar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nen\u00e9 Cocodrilo, que comenz\u00f3 llam\u00e1ndose Coquito, tomaba en esa forma el poder. El negro, que en medio de su desconcierto hab\u00eda confundido a su asesino, no alcanz\u00f3 a distinguir el nacimiento de la nueva era, que cumple ya catorce a\u00f1os de dominio absoluto. El mismo per\u00edodo alcanzado por Pap\u00e1 Cocodrilo, que su heredero se propone superar como una constancia de fortaleza hist\u00f3rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Del libro <em>Humo, <\/em>2000).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar Cay\u00f3 hacia atr\u00e1s, y mostr\u00f3 una mueca de dolor. El populacho, fren\u00e9tico, hac\u00eda resonar en sus o\u00eddos una algarab\u00eda infernal. Varias bombas estallaron a lo lejos. 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