{"id":814,"date":"2009-11-18T17:47:03","date_gmt":"2009-11-18T17:47:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=814"},"modified":"2014-05-05T11:08:49","modified_gmt":"2014-05-05T16:08:49","slug":"cartas-de-gilberto-echeverri-mejia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/18\/cartas-de-gilberto-echeverri-mejia\/","title":{"rendered":"Cartas de Gilberto Echeverri Mej\u00eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marta In\u00e9s ten\u00eda ocho a\u00f1os cuando conoci\u00f3 a Gilberto Echeverri Mej\u00eda, cuya\u00a0 familia, procedente de Rionegro, se hab\u00eda instalado en Medell\u00edn, donde \u00e9l entr\u00f3 a estudiar en el Colegio San Ignacio y entabl\u00f3 estrecha amistad con un hermano de su futura esposa. Se casaron doce a\u00f1os despu\u00e9s, en 1962. La feliz pareja cumpli\u00f3 la par\u00e1bola del amor ideal, rodeados del cari\u00f1o de sus hijos y nietos, hasta que el ex ministro y el gobernador de Antioquia cayeron en poder de la guerrilla y fueron acribillados en el monte, de la manera m\u00e1s vil y despiadada. \u00bfPor qu\u00e9 los mataron? Por ser pregoneros de la paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Echeverri Mej\u00eda le prest\u00f3 brillantes servicios a la patria desde importantes posiciones, entre ellas, como ministro de Defensa. All\u00ed se destac\u00f3 por su \u00e1nimo franco y conciliador. Su natural campechan\u00eda, fruto del abierto esp\u00edritu paisa que se ha convertido en emblema de su tierra, le creaba un talante de llaneza y simpat\u00eda que le hac\u00eda ganar el aprecio de quienes lo rodeaban. El antioque\u00f1o, como hijo de la monta\u00f1a, es desenvuelto y cordial. En esa misma monta\u00f1a, y a manos de los insurgentes, fue asesinado con sevicia este hombre de paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su cautiverio se prolong\u00f3 por trece meses. Durante esos d\u00edas infinitos, sujeto a toda clase de penalidades, pensaba a cada rato en su familia. El inmenso amor por su esposa y sus hijos le permit\u00eda soportar la adversidad con estoicismo. Sacaba fuerzas de donde no las ten\u00eda, y con su ejemplo daba valor a sus compa\u00f1eros en desgracia, v\u00edctimas, como \u00e9l, de esta guerra demencial que se ensa\u00f1a en las personas de bien y no respeta edades ni clases sociales. Para mitigar la pena y alimentar la ilusi\u00f3n, se dedic\u00f3 a enviar cartas frecuentes a su esposa. Cartas que al paso de los d\u00edas brotaban con la llama del amor que no hab\u00eda conocido eclipses en cuarenta a\u00f1os de matrimonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perdido en la monta\u00f1a, el correo era el \u00fanico medio que le quedaba para hablar con Marta In\u00e9s, bajo el sofoco de las horas cruciales y el acecho de las armas que vigilaban su encierro. Enviaba las cartas por intermedio de sus guardias, las que se convertir\u00edan en pruebas de supervivencia que interesaban a sus captores. Marta In\u00e9s le confesaba hace poco a Carolina Abad, editora de <em>El Espectador:<\/em> \u201cFue un matrimonio feliz, porque era un buen hombre, amoroso, el m\u00e1s querido del mundo entero, muy familiar, una persona brillante que admir\u00e9 siempre\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera misiva revelaba el cari\u00f1o profundo hacia su esposa: \u201cInicio esta carta despu\u00e9s de algunos comentarios para decirte una y mil veces que te quiero como a nadie he querido. Me paso todo el tiempo pensando en ti, en la historia de nuestras vidas y en c\u00f3mo ser\u00e1 cuando se produzca nuestro regreso. Tambi\u00e9n sufro mucho al pensar en tu angustia y sufrimiento causados por mi culpa, pero yo conozco tu coraz\u00f3n y tu pensamiento, y s\u00e9 que en el fondo de tu alma triste me entiendes y perdonas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perdonarlo&#8230; \u00bfpor qu\u00e9? \u00bfPor ser solidario con el pa\u00eds? \u00bfPor haberse comprometido en la causa de la paz? As\u00ed era \u00e9l: hombre bueno, de conciencia recta y alma patri\u00f3tica. Ser rom\u00e1ntico que expresaba, como en los mejores d\u00edas del noviazgo, el amor perenne que ahora truncaba el hado siniestro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra vez le dec\u00eda: \u201cEl vac\u00edo que siento al no poder charlar, discutir, mirar, re\u00edr con ustedes, es un hueco muy grande, pero tengo que aceptarlo porque tom\u00e9 un riesgo y perd\u00ed. Lo tom\u00e9 porque tenemos que dar los pasos que sean necesarios para cambiar las cosas de nuestro pa\u00eds por medios no violentos\u201d. Decenas de cartas llenas de ternura y de palabras de consuelo para la amada afligida (la \u201camada inm\u00f3vil\u201d de Amado Nervo), que quiz\u00e1 no volver\u00eda a ver nunca m\u00e1s, fueron llenando este fant\u00e1stico epistolario amoroso, digno de edici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ocultaba su amargura interior. La queja estuvo siempre ausente de su vocabulario. En otra misiva le dec\u00eda: \u201cEl sacrificio que yo hago es m\u00ednimo al lado del tuyo\u201d. A sus nietos les recomendaba que quisieran a Colombia y nunca se dejaran dominar por el desaliento hacia la patria. Incluso tuvo tiempo de escribir un libro de educaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo lograba serenar la mente en medio del horror? A sus guardias les daba lecciones de coraje, de civismo y amor por la patria, tanto con el ejemplo como con la palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su \u00faltima carta, d\u00edas antes de su muerte, manifestaba: \u201cSi en vez de retenci\u00f3n hubiese sido mi muerte lo que hubiera sucedido aquel 21 de abril, mi tema ser\u00eda asunto del pasado, y ustedes estar\u00edan dando a sus vidas otro manejo. Si el llamado acuerdo humanitario requiere unos meses para ser terminado positivamente, se justifica continuar en este estado, pero si el horizonte es de a\u00f1os y de dudas, prefiero pedirle a Dios que me lleve lo m\u00e1s pronto posible (&#8230;) Soy cat\u00f3lico y dentro de lo que me ense\u00f1a mi religi\u00f3n, no har\u00e9 nada contra mi vida y salud, pero s\u00ed le ruego a Dios que me permita partir para que mi gente pueda volver a la normalidad (&#8230;)\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marta In\u00e9s no recibi\u00f3 ninguna de estas cartas. El Ej\u00e9rcito las hall\u00f3 arrumadas en el cambuche donde qued\u00f3 el cuerpo de Gilberto Echeverri Mej\u00eda, perforado por muchas balas y con el fat\u00eddico tiro de gracia con que los monstruos rematan a sus v\u00edctimas para cerciorarse de que no les queda ning\u00fan aliento de vida. Estas cartas son el testamento inmensurable de un hombre valiente, patriota a carta cabal, que hizo del amor la mejor defensa contra el infortunio y la desesperanza. Cartas que se suman a muchas m\u00e1s que acrecientan el monumento de la infamia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 14 de octubre de 2004.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Marta In\u00e9s ten\u00eda ocho a\u00f1os cuando conoci\u00f3 a Gilberto Echeverri Mej\u00eda, cuya\u00a0 familia, procedente de Rionegro, se hab\u00eda instalado en Medell\u00edn, donde \u00e9l entr\u00f3 a estudiar en el Colegio San Ignacio y entabl\u00f3 estrecha amistad con un hermano de su futura esposa. Se casaron doce a\u00f1os despu\u00e9s, en 1962. 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