{"id":826,"date":"2009-11-18T19:38:14","date_gmt":"2009-11-18T19:38:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=826"},"modified":"2014-02-28T20:32:20","modified_gmt":"2014-03-01T01:32:20","slug":"hombre-de-mar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/18\/hombre-de-mar\/","title":{"rendered":"Hombre de mar"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde ni\u00f1o, y lejos del mar, Jorge Alberto comenz\u00f3 a sentir el murmullo de las olas en los labios musicales del \u00e1ngel tutelar que entonaba con ternura, como una canci\u00f3n de cuna, la hermosa melod\u00eda <em>Torna a Sorrento.<\/em> A\u00f1os despu\u00e9s, de esos mismos labios escuchar\u00eda en repetidas ocasiones el himno marcial <em>Soy pirata<\/em>, que nuestra madre ense\u00f1aba siempre a sus alumnos como una materia fundamental. Por eso, dir\u00eda el futuro marinero: \u201cEs que mi madre ten\u00eda, sin saberlo, la estirpe de un vikingo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo nunca me hab\u00eda detenido a indagar los motivos por los que mi hermano, en plena juventud, alz\u00f3 el vuelo para remontarse por los confines de Cartagena, y vine a saberlo por la p\u00e1gina autobiogr\u00e1fica que incorpora en su libro de poemas.\u00a0 Jorge Alberto, por supuesto, llevaba en el alma la sangre de vikingo que le hab\u00eda sido transmitida en la cuna, ante la cual la madre so\u00f1adora rezaba en secreto la oraci\u00f3n del ma\u00f1ana: <em>Hazlo digno y altanero, \/ valeroso, noble, fino, \/ que represente a su raza, \/ en tierra como llanero \/ y en la mar como marino.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nacido en los Llanos Orientales, cambi\u00f3 el verde infinito de las pampas por la inmensidad azul de los oc\u00e9anos. Ambos, el mar y la llanura, se hermanan por su magnitud y majestad, por su profundidad y misterio, por su belleza y fantas\u00eda. Erguidos los dos, infunden en el hombre la verticalidad del car\u00e1cter. Ondulantes, pregonan la regla del criterio flexible y la visi\u00f3n amplia de la existencia, tan necesarias al marino como al habitante de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y se hizo hombre de mar. Hombre de mar y pecho que a\u00f1os despu\u00e9s surcaba horizontes fant\u00e1sticos con su cargamento de principios y ensue\u00f1os. Conforme los mares se agrandaban en su continuo navegar por latitudes propias y ajenas, ve\u00eda aumentar en su esp\u00edritu la fe en la vida y el amor por la madre ausente que un d\u00eda le abri\u00f3 los ojos ante las marejadas del mundo y le inculc\u00f3 normas di\u00e1fanas de dignidad y decoro. Al contacto con las olas, nuestro vikingo colombiano, doblado de poeta, pulsaba en sus traves\u00edas la lira sentimental de su alma viajera: <em>Deja, marino, deja en puerto tus pesares \/ y eleva en la cubierta los m\u00e1gicos cantares \/ pues ya suena impasible la c\u00edtara del viento.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A bordo de balleneras, veleros, patrulleras, ca\u00f1oneras, remolcadores, buques cient\u00edficos, petroleros, destructores, submarinos y toda suerte de nav\u00edos, se sumergi\u00f3 en las profundidades de su sue\u00f1o dorado. Y supo que all\u00ed todo es colosal, inalcanzable, inexplicable. La peque\u00f1ez no puede refugiarse en la vastedad de los oc\u00e9anos. Aprendi\u00f3 que la vida tiene la dimensi\u00f3n de las olas. Y se volvi\u00f3 so\u00f1ador y poeta. Hizo de su destino marinero un canto a la vida. Una justificaci\u00f3n del hombre-agua que convierte en ideales los embrujos de la mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1La mar! Este vocablo de g\u00e9nero ambiguo deja de ser masculino en el uso de la gente marinera, conocedora de que el oc\u00e9ano, con su alma y encanto femeninos, no puede ser sino mujer. Por lo tanto, dir\u00e1 siempre: <em>alta mar, mar picada, mar rizada.<\/em> El poeta tiene la misma certeza: una declaraci\u00f3n de Rafael Alberti a su esposa, la tambi\u00e9n poetisa Mar\u00eda Teresa Le\u00f3n, contiene este s\u00edmil afortunado: <em>All\u00ed surgi\u00f3 ante m\u00ed, rubia, hermosa, s\u00f3lida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jorge Alberto es, sin duda, sensible cantor de la mar. Poemas alejados del ambiente de su carrera exhalan tambi\u00e9n reminiscencias marinas. En sus versos abundan im\u00e1genes como las siguientes, que no son otra cosa que finas perlas -vueltas met\u00e1foras- pescadas en la mar: <em>la blanca vela de tu encanto&#8230; la jarcia de tu pelo&#8230; la mar la llevo en las venas&#8230; podr\u00e9 entonces anclar en tu camino y arriar feliz mi vela errante en la suave bah\u00eda de tus brazos&#8230; que la brisa en altamar lleve en su seno mi pena&#8230; yo no olvido su penacho de espumas, sal e inclemencias&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo t\u00edtulo del libro se\u00f1ala la identidad de su alma rom\u00e1ntica: <em>Bit\u00e1cora de ensue\u00f1os.<\/em> Con su retiro de la Armada Colombiana, luego de 38 a\u00f1os de navegar por las rutas seguras de sus convicciones \u00edntimas, corona su carrera con esta cosecha de poemas. Y queda en paz con su alma marinera. Ya lo dijo Pablo Neruda: <em>La poes\u00eda es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>(Palabras en la car\u00e1tula del libro <\/strong><\/em><strong>Bit\u00e1cora de ensue\u00f1os<\/strong><em><strong>, Bogot\u00e1, julio de 2001).<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Desde ni\u00f1o, y lejos del mar, Jorge Alberto comenz\u00f3 a sentir el murmullo de las olas en los labios musicales del \u00e1ngel tutelar que entonaba con ternura, como una canci\u00f3n de cuna, la hermosa melod\u00eda Torna a Sorrento. A\u00f1os despu\u00e9s, de esos mismos labios escuchar\u00eda en repetidas ocasiones el himno marcial [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[84],"class_list":["post-826","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-poesia","tag-poesia"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/826","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=826"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/826\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9725,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/826\/revisions\/9725"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=826"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=826"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=826"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}