{"id":940,"date":"2009-11-25T16:40:58","date_gmt":"2009-11-25T16:40:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=940"},"modified":"2018-12-13T12:07:34","modified_gmt":"2018-12-13T17:07:34","slug":"un-bandido-legendario","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/25\/un-bandido-legendario\/","title":{"rendered":"Un bandido legendario"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguien podr\u00eda pensar que la evocaci\u00f3n que hace Eduardo Santa de un famoso bandido de su tierra tolimense en la d\u00e9cada de 1930 a 1940, recogida en\u00a0 reciente libro de su autor\u00eda publicado por la Alcald\u00eda de L\u00edbano, representa una apolog\u00eda del delito. Pero no es as\u00ed. Y no lo es por tratarse de un bandido humanitario que se robaba la plata de los ricos para repartirla entre los pobres. Caso similar al de Robin Hood, el tambi\u00e9n legendario bandido ingl\u00e9s que se convirti\u00f3 en el pavor de los bosques y logr\u00f3 el car\u00e1cter de h\u00e9roe. Lejos de enaltecer la transgresi\u00f3n de la ley, lo que presenta Eduardo Santa, con la linterna del historiador, es la cr\u00f3nica fidedigna de hechos singulares que permanecen grabados en la memoria de los pueblos del Norte de Tolima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reinaldo Aguirre Palomo, el personaje, era un campesino nacido en la vereda de San Jer\u00f3nimo, cerca de Mariquita, en 1912. Dotado de gran fortaleza para las faenas agr\u00edcolas, sobresali\u00f3 como vaquero y domador de potros. Su apuesta estampa varonil, simpat\u00eda y buenos modales le hicieron ganar r\u00e1pidas ventajas en el mundo de las mujeres, por quienes sent\u00eda fuerte atracci\u00f3n. Al paso de los d\u00edas, sus conquistas femeninas en los bares y en los caminos de su tierra ser\u00edan incontables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda se incorpor\u00f3 como soldado en la guerra contra el Per\u00fa. All\u00ed domin\u00f3 el arte de las armas y ejecut\u00f3 actos valerosos. Campesino avezado en las trochas de su comarca, se familiariz\u00f3 pronto con las selvas inh\u00f3spitas del Putumayo. Y desert\u00f3 de la vida militar cuando recibi\u00f3 un castigo inmerecido. Luego comenz\u00f3 a vagar de escondite en escondite. Varias veces estuvo a punto de ser capturado, pero siempre se escapaba. Cuando se sinti\u00f3 acorralado, se dedic\u00f3 al abigeato y al atraco en los caminos. M\u00e1s tarde form\u00f3 una cuadrilla y comenz\u00f3 a asaltar fincas. El producto de las rapi\u00f1as lo repart\u00eda entre los pobres de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se convirti\u00f3 en el terror de los caminos y en el azote de los finqueros. Pose\u00eda el don de la ubicuidad: estaba en todas partes y nadie lo ve\u00eda. Era un fantasma que ninguna autoridad lograba aprehender. Aparec\u00eda y desaparec\u00eda como por arte de magia. Todos lo ocultaban, porque era el pa\u00f1o de l\u00e1grimas de todas las necesidades. De paso, seduc\u00eda y enamoraba. Una noche se disfraz\u00f3 de Carlos Gardel para seducir a una maestra rural. Las mujeres, por supuesto, so\u00f1aban con el Robin Hood criollo. Conforme aumentaba el bandidaje, crec\u00eda la leyenda. Por aquellos d\u00edas comenz\u00f3 a conocerse como el \u2018Palomo Aguirre\u2019, y as\u00ed se qued\u00f3. Este apelativo sonaba a personaje misterioso, a\u00e9reo, conquistador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo de a\u00e9reo tuvo aplicaci\u00f3n cuando en acto de incre\u00edble audacia asalt\u00f3 el cable a\u00e9reo de Mariquita a Manizales, que sostenido por cerca de 380 torres ejecutaba un recorrido de 72 kil\u00f3metros (el m\u00e1s largo del mundo), en medio de abismos espeluznantes. All\u00ed se transportaba, entre otros objetos valiosos, el dinero para los bancos de Manizales, del que el \u2018Palomo Aguirre\u2019 se apropi\u00f3 varias veces para calmar penurias populares. En un asalto a Armero se llev\u00f3 toda la plata del banco. Resulta f\u00e1cil entender, entonces, por qu\u00e9 las gentes favorecidas con su apoyo construyeron, como lo anota Santa, \u201cuna interesante y hermosa leyenda de hombre valiente, temerario y generoso\u201d. Lo consideraban, claro est\u00e1, un bandido \u201cbueno\u201d. El amigo del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra vez asalt\u00f3 el ferrocarril de La Dorada. Fue el primer asalto cometido en Colombia a un tren de pasajeros. Hacia 1935 irrumpi\u00f3 con su cuadrilla en la poderosa f\u00e1brica de tabaco Casa Inglesa, situada en Ambalema, y luego de dominar al personal directivo, sin hacer un solo disparo, se apoder\u00f3 de la abundante caja de caudales y huy\u00f3 ufano en medio de la admiraci\u00f3n de las obreras, que hab\u00edan concurrido a sus labores en traje de fiesta y con m\u00e1quinas de retratar, sabedoras de la visita anunciada del \u00eddolo justiciero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos pillajes espectaculares merec\u00edan grandes registros en la prensa nacional, y en la imaginaci\u00f3n p\u00fablica sonaban como verdaderas haza\u00f1as. El nombre del h\u00e9roe popular se pronunciaba por doquier con respeto y fascinaci\u00f3n, y su nombrad\u00eda llegaba incluso a los altos salones sociales y a los c\u00edrculos de escritores. Hasta tal grado aument\u00f3 la idolatr\u00eda, que el poeta tolimense y estudiante de derecho Ernesto Polanco Urue\u00f1a compuso un romance en honor del bandido inaudito, pieza curiosa que recoge Eduardo Santa en su libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras otras incre\u00edbles peripecias, la historia termina en 1940, cuando las autoridades supieron que el malhechor estaba encerrado en una peque\u00f1a quinta en las afueras de Mariquita. Hasta all\u00ed lleg\u00f3 un pelot\u00f3n de la Fuerza P\u00fablica y le intim\u00f3 rendici\u00f3n. La orden fue contestada con una descarga de fusil que dej\u00f3 a tres soldados heridos de gravedad. (El mismo caso que a\u00f1os despu\u00e9s ocurrir\u00eda en un barrio del sur de Bogot\u00e1 con Efra\u00edn Gonz\u00e1lez, otro bandido legendario). Cuando el comandante del operativo penetr\u00f3 en la casa de campo, se encontr\u00f3 con un cuadro pavoroso: el \u2018Palomo Aguirre\u2019 se hab\u00eda disparado un tiro en la cabeza, y en el piso yac\u00eda su cad\u00e1ver, ba\u00f1ado en su propia sangre.<\/p>\n<p><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 12 de agosto de 2004.<br \/>\n<strong><em>Mirador del Suroeste,<\/em>\u00a0<\/strong>n.\u00b0 66, Medell\u00edn, diciembre de 2018.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Alguien podr\u00eda pensar que la evocaci\u00f3n que hace Eduardo Santa de un famoso bandido de su tierra tolimense en la d\u00e9cada de 1930 a 1940, recogida en\u00a0 reciente libro de su autor\u00eda publicado por la Alcald\u00eda de L\u00edbano, representa una apolog\u00eda del delito. 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