{"id":1015,"date":"2009-11-27T00:53:15","date_gmt":"2009-11-27T00:53:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1015"},"modified":"2014-03-28T12:05:30","modified_gmt":"2014-03-28T17:05:30","slug":"paseo-por-la-septima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/27\/paseo-por-la-septima\/","title":{"rendered":"Paseo por la S\u00e9ptima"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tiene la Carrera S\u00e9ptima de Bogot\u00e1 la espectacularidad de la Gran V\u00eda de Madrid, pero posee, como aquella, encanto y vitalidad. A comienzos del siglo XIX, cuando la incipiente aldea apenas llegaba a 20.000 habitantes, la Calle Real comprend\u00eda el sector de la carrera 7a. entre calles 11 y 14, donde estaban localizados los almacenes de entonces. Por all\u00ed pasaba el riel para el tranv\u00eda de mulas, que andaba (como su nombre lo indica) a paso de mula, y en los alrededores no se advert\u00eda ning\u00fan signo que mostrara indicios de expansi\u00f3n urban\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un siglo despu\u00e9s, la aldea hab\u00eda saltado a 100.000 habitantes, y el comercio, con pasmosa morosidad, se extend\u00eda un tramo m\u00e1s sobre la Calle Real. Ese estrecho per\u00edmetro, escenario de grandes sucesos religiosos y pol\u00edticos, se preservaba -y se preserva- como una reliquia hist\u00f3rica de Bogot\u00e1. Avancemos otros cien a\u00f1os y estaremos en los albores del siglo actual, donde las 20.000 almas amodorradas se transformaron en m\u00e1s de siete millones de seres fren\u00e9ticos que pueblan hoy la metr\u00f3poli vertiginosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Carrera S\u00e9ptima -o la S\u00e9ptima, como la llamamos con abreviaci\u00f3n familiar- es el mejor term\u00f3metro del crecimiento urbano. Cuando la v\u00eda lleg\u00f3 a la plazoleta de San Diego, el alcalde de turno proclam\u00f3 un progreso evidente, y fue mayor el grito de victoria que se escuch\u00f3 cuando pas\u00f3 por Chapinero, y a\u00f1os despu\u00e9s por la Avenida Chile, la Calle Cien y Usaqu\u00e9n, hasta desembocar, como una r\u00e1faga del urbanismo incontenible, en La Caro, es decir, en plena autopista hacia Tunja. Nunca los comerciantes de las tres calles morosas del a\u00f1o 1800, \u00e9poca en que pod\u00eda saborearse la aldea a sorbos de quietud infinita, pudieron pensar que vendr\u00edan m\u00e1s de 200 calles de avance desconcertante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, este cambio de piel ha dejado intacto el sentido de la Calle Real, como referencia amable del ayer legendario. La ciudad monstruo de nuestros d\u00edas ha destruido el sosiego de anta\u00f1o y ha tra\u00eddo esta era alborotada y traum\u00e1tica. Cuando el alcalde Fernando Mazuera, un visionario del progreso, construy\u00f3 los puentes de la calle 26, considerados excesivos en aquellos d\u00edas y que hoy son elementales, se estaba apenas cortando el cord\u00f3n umbilical del apretado vecindario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La S\u00e9ptima se fue alargando como una serpiente encantada, cada vez con mayor br\u00edo, durante los 200 a\u00f1os encerrados en este recuerdo. La vieja Calle Real pas\u00f3 de ser min\u00fasculo territorio de escasos comercios y taciturnos pobladores, a la arteria briosa y fundamental para el desarrollo capitalino, v\u00eda que atraviesa con cierto garbo femenino, y acaso con arrogancia, el alma de la urbe desmesurada de comienzos del nuevo milenio. Es tal su pujanza, que rompi\u00f3 todos los diques y desfigur\u00f3 la imagen de la remota aldea. El gigantismo destructor respet\u00f3, por fortuna, el centro hist\u00f3rico, pero el deterioro que registra la zona lo hubieran llorado los iniciadores del comercio santafere\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un grupo de indigentes se apoder\u00f3 de varias de esas calles y las convirti\u00f3, ante la tolerancia de las autoridades, en letrinas y dormitorios p\u00fablicos, cada vez m\u00e1s lesivos para la sanidad y la estampa del lugar. Los tesoros localizados en sectores como La Candelaria, Egipto, Santa B\u00e1rbara, San Victorino, Las Cruces, y en general el centro de la ciudad, van en franco retroceso, debido a la falta de preservaci\u00f3n de esas joyas urban\u00edsticas y a la ausencia de normas eficaces que impongan una superior calidad de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco realic\u00e9 un paseo detenido por la S\u00e9ptima, desde la Plaza de Bol\u00edvar hasta la plazoleta de San Diego, en plan de contemplaci\u00f3n de la antigua Calle Real, remozada hoy con los barnices y el esplendor del modernismo, y el espect\u00e1culo fue deprimente. La invasi\u00f3n de menesterosos, desplazados, comerciantes callejeros y toda suerte de estorbos p\u00fablicos, comprendiendo en ellos los raponeros ocultos en la muchedumbre, son los azotes contempor\u00e1neos del transe\u00fante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy ya no se transita con tranquilidad por esas calles, y menos con agrado. A cada paso salen al encuentro personas de la peor laya, dedicadas a importunar, exhibir sus lacras y reclamar ayuda con agresividad. El sosiego y el encanto de otras \u00e9pocas han desaparecido en manos del progreso arrasador. Esta mezcla de fulgores y miserias retrata, es cierto, el drama social de las grandes urbes, pero no podemos ser complacientes con la mediocridad. De lo contrario, tendremos una urbe deshumanizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Limar los lunares que afean el centro de Bogot\u00e1 -el mayor patrimonio de la ciudad y la cara de mostrar- ha de ser af\u00e1n prioritario. Debe cambiarse la suciedad por el aseo, la zozobra por la seguridad, la dejadez por la est\u00e9tica. Se requiere que las autoridades piensen en grande, animadas por sustantivos planes de desarrollo, y comprometan la voluntad ciudadana y el concurso de arquitectos id\u00f3neos y de verdaderos asesores del urbanismo. Las calmosas calles del pasado fueron borradas por la celeridad de los nuevos tiempos, lo que\u00a0 no puede evitarse y adem\u00e1s resulta indispensable para estar en la onda de la \u201cmodernidad\u201d. Pero admitamos que nos cambiaron el para\u00edso por el infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 3 de abril de 2003.<strong> <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar No tiene la Carrera S\u00e9ptima de Bogot\u00e1 la espectacularidad de la Gran V\u00eda de Madrid, pero posee, como aquella, encanto y vitalidad. 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