{"id":1023,"date":"2009-11-27T01:16:25","date_gmt":"2009-11-27T01:16:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1023"},"modified":"2014-05-29T19:09:11","modified_gmt":"2014-05-30T00:09:11","slug":"los-hijos-del-viento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/27\/los-hijos-del-viento\/","title":{"rendered":"Los hijos del viento"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez<\/strong><strong> Escobar<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta novela, Fernando Soto Aparicio llega a las 50 obras publicadas. Su producci\u00f3n literaria se inicia en 1960 con <em>Los bienaventurados<\/em>, y al a\u00f1o siguiente sale <em>La rebeli\u00f3n de las ratas,<\/em> su novela m\u00e1s representativa, que ha tenido m\u00faltiples ediciones y se volvi\u00f3 texto preferido en los establecimientos docentes. De su extensa obra, 26 t\u00edtulos corresponden a novelas, 12 a libros de poemas, 8 a cuentos y relatos, 4 a ensayos. Es el novelista m\u00e1s prol\u00edfico de Colombia y el que ha dedicado la totalidad de su trabajo intelectual a enfocar la condici\u00f3n humana dentro de las m\u00e1s variadas circunstancias del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los 43 a\u00f1os de labor continua y en los 70 de edad, que cumple en octubre pr\u00f3ximo, Soto Aparicio ha escrito, con su propia vida, el mejor ejemplo de vocaci\u00f3n literaria y la prueba m\u00e1s elocuente de lo que representa la artesan\u00eda de la palabra. Editado un libro, ya viene en camino el siguiente. Es lo que sucede en este caso, cuando en el mismo suceso de sus bodas de oro bibliogr\u00e1ficas, el escritor anuncia el t\u00edtulo n\u00famero 51, <em>Poemas en ocre y luna,<\/em> que aparecer\u00e1 en los pr\u00f3ximos meses. Beatriz Espinosa Ram\u00edrez, licenciada en filosof\u00eda, escribi\u00f3 hace varios a\u00f1os el ensayo <em>Soto Aparicio o la filosof\u00eda en la novela,<\/em> excelente an\u00e1lisis sobre la carrera de este infatigable escritor boyacense y sobre su identidad con el hombre latinoamericano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La rebeli\u00f3n de las ratas<\/em> gira en torno a la explotaci\u00f3n de los mineros en las entra\u00f1as s\u00f3rdidas de los socavones. N\u00edtida denuncia sobre el trato \u00edmprobo que reciben estos trabajadores en toda Am\u00e9rica, a merced de patronos crueles y embrutecidos por la soberbia del dinero. Es la misma temperatura que, en escenario diferente, se vive en <em>Germinal<\/em>, inmortal obra de Emilio Zola. En <em>Los hijos del viento<\/em>, nuestro escritor aborda otro tema similar y de palpitante vigencia: el de la raza ind\u00edgena, vulnerada en sus derechos fundamentales y pisoteada en su propio territorio. Cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s de publicada su obra cumbre, Soto Aparicio retoma la misma bandera social contra el ultraje de que son v\u00edctimas las clases humildes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Vig\u00eda del Viento,<\/em> el sitio donde se desarrollan los sucesos, es el resguardo de una comunidad ind\u00edgena que durante milenios viene entregada al cultivo pac\u00edfico de la tierra y a la \u00edntima veneraci\u00f3n de sus dioses y creencias, y que un d\u00eda, con motivo de la llegada de la compa\u00f1\u00eda petrolera, ve amenazada su tranquilidad con la irrupci\u00f3n de poderosas maquinarias y el gobierno arrogante de los empresarios gringos, en asocio con los aliados colombianos. En esta forma quedan lesionadas las costumbres y tradiciones de los uwas, como en el episodio de los mineros, por el despotismo y el atropello. Con la usurpaci\u00f3n de la tierra y el irrespeto de las normas tutelares, los ind\u00edgenas, perseguidos y diezmados, tienen que abandonar sus parcelas en medio del desespero y la desprotecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no es solo novela: es la lacerante realidad que ocurre desde tiempos inmemoriales en la profundidad de nuestras selvas, en actos lesivos de la dignidad humana, que una vez protagonizan las casas caucheras o las compa\u00f1\u00edas exploradoras del petr\u00f3leo, y otras las guerrillas y los capos de las drogas, que parecen ser -o son- la misma cosa. Mientras tanto, bajo el fragor de las balas, de la dinamita y de las fumigaciones a\u00e9reas, se atenta contra los \u00e1rboles, el agua, los animales y la flora tropical, exterminando uno de los mayores recursos naturales con que cuenta el pa\u00eds. \u201cFuimos los due\u00f1os de la tierra -clama la vilipendiada poblaci\u00f3n ind\u00edgena- y ahora somos los desterrados. Fuimos \u00e1rboles de ra\u00edces enormes y ahora s\u00f3lo somos los hijos del viento\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este testimonio estremecedor, escrito con aliento po\u00e9tico, se convierte, adem\u00e1s, en bello canto de la selva, con cierta reminiscencia de Jos\u00e9 Eustasio Rivera en <em>La vor\u00e1gine.<\/em> Como novela-denuncia se va contra el maltrato de los indios, el despojo de las tierras, el abuso y corrupci\u00f3n de las autoridades, el poder del capitalismo, el imperio de los guerrilleros. Novela con pocos personajes centrales, no deja decaer un solo instante el inter\u00e9s del lector y tiene a la jungla como su principal actor. Maneja a ratos un erotismo bien dosificado, que cae a gotas, como leve llovizna, sobre las tierras convulsionadas por la barbarie del hombre. Llovizna Abril, l\u00edder de los uwas, habla el lenguaje de la selva -porque es la propia selva- y se convierte en hero\u00edna fascinante del drama que representa.<\/p>\n<p><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 21 de mayo de 2003.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Con esta novela, Fernando Soto Aparicio llega a las 50 obras publicadas. Su producci\u00f3n literaria se inicia en 1960 con Los bienaventurados, y al a\u00f1o siguiente sale La rebeli\u00f3n de las ratas, su novela m\u00e1s representativa, que ha tenido m\u00faltiples ediciones y se volvi\u00f3 texto preferido en los establecimientos docentes. 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