{"id":13446,"date":"2014-12-12T09:51:02","date_gmt":"2014-12-12T14:51:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=13446"},"modified":"2014-12-12T09:51:02","modified_gmt":"2014-12-12T14:51:02","slug":"historia-de-un-robo-bancario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2014\/12\/12\/historia-de-un-robo-bancario\/","title":{"rendered":"Historia de un robo bancario"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p>Agosto de 1966. Hac\u00eda pocos d\u00edas hab\u00eda llegado a Pasto desde la capital del pa\u00eds con el fin de reemplazar durante sus vacaciones al gerente del Banco Popular. Era la primera vez que estaba en la bella y apacible capital de Nari\u00f1o, ciudad rodeada de monta\u00f1as, p\u00e1ramos y paisajes encantadores, y cuyas carreteras hacia los otros municipios eran en verdad escabrosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ciudad silenciosa, de gente amable y acogedora. La vida cotidiana no registraba grandes sucesos y solo de tarde en tarde ocurr\u00eda alg\u00fan hecho especial que en poco tiempo se esfumaba. Pasto es hoy, medio siglo despu\u00e9s, centro populoso que ya pas\u00f3 la l\u00ednea de los 400 mil habitantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Varias veces he querido escribir esta historia: la historia del primer robo bancario ocurrido en la ciudad donde no pasaba nada. Hoy me propongo reconstruir el episodio con la precisi\u00f3n que me concede la circunstancia de haber estado en el\u00a0 remolino de la noticia y haber sido testigo \u00fanico de algunos pormenores que no trascendieron aquella vez al p\u00fablico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se trataba de una remesa de medio mill\u00f3n de pesos que iba a ser trasladada de Pasto a Tumaco. Para tener una idea de cu\u00e1nto representar\u00eda hoy dicha cantidad, baste saber que con ella el banco de Tumaco se prove\u00eda de fondos para su flujo de caja en un mes. Su gerente era Hugo Arturo Buchelli, oriundo de Pasto, con quien hab\u00eda hecho amistad en Bogot\u00e1 a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00c9l se desplazaba todos los meses a Cali o Pasto a efectuar el traslado de fondos para su oficina. Al saber que yo estaba en esta \u00faltima ciudad, prefiri\u00f3 viajar all\u00ed, donde tendr\u00edamos la oportunidad de volver a vernos y reanudar nuestro di\u00e1logo. De Tumaco se vino por tierra en su propio carro, manejado por un chofer amigo suyo, en azarosa traves\u00eda de nueve o diez horas por aquella carretera de espanto, que \u00e9l conoc\u00eda muy bien. Y me lleg\u00f3 a la oficina provisto de la maleta donde siempre acarreaba el dinero. Todo el mundo conoc\u00eda esa maleta y nadie ignoraba la diligencia que se iba a realizar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>La atracci\u00f3n de la esposa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A Tumaco pensaba regresar en su mismo veh\u00edculo dos d\u00edas despu\u00e9s. La avioneta de Avianca solo volar\u00eda all\u00ed el lunes siguiente, y \u00e9l ten\u00eda af\u00e1n de estar el domingo con su esposa. La noticia me preocup\u00f3. Pero Hugo Arturo me tranquiliz\u00f3 con el dato de que Nari\u00f1o era territorio muy tranquilo donde nunca hab\u00eda sido asaltada una remesa bancaria. Nadie se atrev\u00eda a intentarlo en territorio tan abrupto, que ten\u00eda m\u00ednimas posibilidades de escape.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De hecho, \u00e9l hab\u00eda viajado muchas veces en tales condiciones. Me cont\u00f3 que la misma pr\u00e1ctica la segu\u00edan las otras entidades financieras. \u201cNo olvides que el dinero est\u00e1 protegido por la compa\u00f1\u00eda de seguros\u201d, me dijo. Claro que s\u00ed. \u00bfY qui\u00e9n proteg\u00eda la vida del gerente? En fin, \u00e9l era el responsable de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan todos los indicios, Teresa Ospina, su esposa, estaba encinta: as\u00ed lo indicaba la prueba del sapo, o prueba de embarazo, tan de moda en los a\u00f1os 60 por donde corre esta historia. Mi amigo no cab\u00eda en s\u00ed de la felicidad: iba a ser padre despu\u00e9s de 20 meses de casado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En nuestra despedida, la noche del viernes, festejamos con gran regocijo el presagio venturoso. Y nos citamos para el d\u00eda siguiente, a fin de sacar la maleta de la b\u00f3veda del banco, donde estaba lista con el medio mill\u00f3n de pesos. Y adem\u00e1s, zunchada en la parte interior por un empleado de mi oficina. Creo que esta operaci\u00f3n solo se hac\u00eda en Pasto. En mi larga trayectoria en la entidad (donde trabaj\u00e9 por espacio de 36 a\u00f1os), nunca supe de un caso similar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>Los asaltantes, en acecho<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como el carro en que mi colega se desplaz\u00f3 desde Tumaco hab\u00eda sufrido un choque inexplicable antes de llegar a Pasto y no estaba disponible para el regreso, el gerente llamar\u00eda al azar a un taxi. Mientras tanto, una banda de asaltantes vigilaba nuestros pasos. Todo parece indicar que los delincuentes le segu\u00edan la pista a la remesa que iba a salir de un banco diferente al nuestro, pero la presencia del gerente de Tumaco con su reconocida maleta hizo poner los ojos sobre nosotros. Est\u00e1bamos fichados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sacado el dinero de la b\u00f3veda, me traslad\u00e9 hasta el hotel en el mismo taxi que llevaba la remesa. Hugo Arturo me insist\u00eda en que me fuera con \u00e9l a Tumaco y regresara en la avioneta del lunes. Desde luego, me halagaba la invitaci\u00f3n. Descend\u00ed del veh\u00edculo para ir a sacar la maleta de mi pieza, pero luego desist\u00ed. Muy poco me falt\u00f3 para dar el paso a la muerte. Algo me detuvo al borde del abismo. Conclusi\u00f3n: no me hab\u00eda llegado la hora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El taxi del banco parti\u00f3 a las tres de la tarde, y yo lo desped\u00ed en la puerta del hotel Pac\u00edfico. No tom\u00f3 la salida normal en raz\u00f3n de alguna corazonada de Hugo Arturo, sino una trocha por donde nadie transitaba. Los atracadores, al ver que el veh\u00edculo no aparec\u00eda en el lugar donde lo esperaban a la salida de Pasto, emprendieron su persecuci\u00f3n en otro taxi que ten\u00edan listo. Hab\u00eda transcurrido m\u00e1s de media hora, quiz\u00e1s una hora, y no era f\u00e1cil darle alcance al veh\u00edculo del banco. En la carretera qued\u00f3 constancia de la alta velocidad que llevaba el taxi de los asaltantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>Asaltada la remesa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las nueve de la ma\u00f1ana del domingo me llam\u00f3 por tel\u00e9fono el secretario de mi oficina a informarme que hab\u00eda sido asaltada la remesa y no aparec\u00edan ni el gerente ni el taxi. Menos, por supuesto, el dinero. El chofer hab\u00eda logrado escapar y fue quien dio el aviso a las autoridades. El secretario de la sucursal y el empleado experto en zunchar maletas estaban detenidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y a m\u00ed no me encontraba la polic\u00eda. Cosa extra\u00f1a, si no hab\u00eda salido de mi pieza. Se me consideraba, por tanto, sospechoso del asalto. Al fin y al cabo, yo era un solemne desconocido en la ciudad. En minutos me present\u00e9 a las autoridades y despej\u00e9 las dudas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Reconstruidos los hechos, se supo que hacia las 11 de la noche, despu\u00e9s de 8 horas de viaje, el carro del banco fue alcanzado por el otro taxi, en Puente Verde, cerca de la poblaci\u00f3n de El Diviso. All\u00ed se adelant\u00f3 el taxi de los asaltantes y bloque\u00f3 la entrada al puente, con el argumento de que el motor se hab\u00eda apagado. Ambos conductores se dedicaron a localizar la falla del veh\u00edculo. Hugo Arturo, entre tanto, no se inmut\u00f3 por el percance. No lleg\u00f3 a sospechar que algo extra\u00f1o suced\u00eda. Busc\u00f3 el peri\u00f3dico, prendi\u00f3 la luz del techo y se dedic\u00f3 a leer. Consigo llevaba el rev\u00f3lver de dotaci\u00f3n del banco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El jefe de los atracadores, que era sargento activo del Ej\u00e9rcito y que ese mismo d\u00eda hab\u00eda desertado junto con un cabo que integraba la misma banda, planeaba c\u00f3mo reunir al chofer del taxi con el banquero para matarlos a los dos. El sargento administraba en horas nocturnas un club social de la ciudad y era amigo de Hugo Arturo. Otro de los delincuentes, propietario de un restaurante, tambi\u00e9n lo era.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de consumir varias cajas de f\u00f3sforos sin encontrar el fingido da\u00f1o del motor, el chofer del banco anunci\u00f3 que buscar\u00eda la l\u00e1mpara de extensi\u00f3n que guardaba en la guantera. Era el momento que buscaba el sargento. Ya con la l\u00e1mpara en la mano, y muy cerca al gerente, quien viajaba en el puesto delantero y no se hab\u00eda preocupado por descender del veh\u00edculo, el sargento dispar\u00f3 todos los tiros de su rev\u00f3lver contra Hugo Arturo, su amigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>Los costales cinematogr\u00e1ficos<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despavorido, el chofer sali\u00f3 disparado hacia el monte, mientras el sargento cargaba de nuevo el arma y la vaciaba contra \u00e9l. En la oscuridad de las once de la noche, el chofer saltaba de aqu\u00ed para all\u00e1 como una liebre. El sargento supuso que lo hab\u00eda matado. Pero fall\u00f3: ninguna bala lo toc\u00f3. Muerto de p\u00e1nico, el taxista abord\u00f3 un cami\u00f3n que pas\u00f3 de casualidad una hora despu\u00e9s. Ante la polic\u00eda de La Espriella relat\u00f3 los hechos. La mano le hab\u00eda quedado petrificada por el terror y no lograba desprender de ella la l\u00e1mpara de extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana del domingo se conoci\u00f3 la noticia fatal: el taxi fue hallado oculto en la maleza, y al lado del r\u00edo Mira estaba el cuerpo de Hugo Arturo, perforado por 5 balazos. Los maleantes se repartieron el bot\u00edn en los costales que hab\u00edan previsto e iniciaron la fuga. Mientras tanto, un plan conjunto del DAS, la Polic\u00eda y el Ej\u00e9rcito hab\u00eda cerrado todas las v\u00edas de escape.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando el grupo de facinerosos atravesaba el r\u00edo Mataje, en la frontera con Ecuador, fue interceptado por las autoridades. Y vino la balacera. Dos de los asaltantes fueron dados de baja y el sargento fue herido en una pierna. Los costales quedaron a la deriva en el r\u00edo, por fortuna en la parte menos caudalosa, y de ellos sal\u00edan los billetes como en una escena cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde fueron entregados, a\u00fan mojados, a un juzgado de Tumaco. Se hab\u00edan recuperado 416 mil pesos. Los otros 84 mil nunca aparecieron. Es posible que fuera la cuota del baquiano que condujo a los asaltantes por aquellos terrenos escabrosos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al sargento lo llevaron al hospital de Tumaco para someterlo a una cirug\u00eda urgente. La monja que lo atend\u00eda le hizo notar al m\u00e9dico que el hombre hab\u00eda extra\u00eddo algo del bolsillo del pantal\u00f3n y lo hab\u00eda guardado en la pijama. Era un fajo de banco: el saldo final de una operaci\u00f3n demencial que no pudo tener \u00e9xito y dej\u00f3 un cuadro apocal\u00edptico, indigno de la noble tierra pastusa, donde nunca hab\u00eda sido asaltada una remesa bancaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La circunstancia m\u00e1s dolorosa de esta fatalidad fue la relacionada con el embarazo de la esposa de Hugo Arturo: se trataba de una falsa alarma. La prueba del sapo hab\u00eda fallado y ella no estaba embarazada. Con la ilusi\u00f3n de la maternidad \u00e9l se fue del mundo. Dichoso con la noticia, hab\u00eda anticipado el viaje que deb\u00eda realizar el lunes por avioneta y encontr\u00f3 la muerte en una carretera desierta y espeluznante. Lindo ep\u00edlogo de amor que sella esta historia tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuatro meses despu\u00e9s (diciembre de 1966) regres\u00e9 a Bogot\u00e1 y no volv\u00ed a saber nada del proceso judicial. Cuando recuerdo este episodio dantesco, se me nubla la mente y se me crispa el alma. Dur\u00e9 varios d\u00edas dominado por la pena y el desconcierto. Pero hab\u00eda que seguir adelante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b><i>El Espectador, <\/i><\/b>5-XII-2014.<\/p>\n<p><b><i>Eje 21, <\/i><\/b>Manizales, 5-XII-2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"><b>Comentarios:<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p>Cuando usted describe a Pasto de aquellos a\u00f1os, de gentes sencillas y trabajadoras, un pueblo donde casi no pasaba nada, record\u00e9 el cuento <i>En este pueblo no hay ladrones,<\/i> de Garc\u00eda M\u00e1rquez. <b>\u00c1lvaro P\u00e9rez Franco, <\/b>Par\u00eds.<\/p>\n<p>Excelente narrativa. Un <i>suspense<\/i> que no deja detenerse al lector. <b>Alpher Rojas Carvajal, <\/b>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Qu\u00e9 terrible y angustiante experiencia de la que se salv\u00f3 de morir, y como usted expresa, a pesar de los muchos a\u00f1os transcurridos a\u00fan se le nubla la mente por esos dolorosos recuerdos. Yo tambi\u00e9n tuve una experiencia de la que milagrosamente sobreviv\u00ed y la escrib\u00ed hace algunos a\u00f1os. Se la env\u00edo: <i>Vivo de milagro. <\/i><b>Antonio Guihur Porto, <\/b>Barraquilla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es bueno dejar constancia de que en ese entonces solo robaban los bandidos: hoy lo hace todo el mundo. <b>\u00d3scar Jim\u00e9nez Leal, <\/b>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muy buena la remembranza sobre el viejo episodio que los mayores recordamos. Aun cuando ocurri\u00f3 hace casi medio siglo, me parece un poco atrevida su presunci\u00f3n sobre la p\u00e9rdida de los 84 mil pesos como \u00abla cuota del baquiano que condujo a los asaltantes\u00bb, cuando usted mismo detalla c\u00f3mo los costales con el dinero quedaron a la deriva por el r\u00edo y de ellos sal\u00edan los billetes. Felicitaciones por la columna y por su afortunada decisi\u00f3n, de \u00faltima hora,\u00a0de no acompa\u00f1ar al confiado colega a Tumaco. <b>Gustavo Valencia Garc\u00eda, <\/b>Armenia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Respuesta. \u2013 Los billetes que salieron de los costales no fueron muy numerosos, y de todas maneras se rescataron m\u00e1s abajo (el r\u00edo en esa parte llevaba muy poca agua y los asaltantes lo atravesaban\u00a0 a pie). Tambi\u00e9n se pens\u00f3 que los 84 mil pesos eran la cuota del chofer del taxi de los asaltantes. Pero esto no se pudo comprobar. <b>GPE<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar \u00a0 Agosto de 1966. Hac\u00eda pocos d\u00edas hab\u00eda llegado a Pasto desde la capital del pa\u00eds con el fin de reemplazar durante sus vacaciones al gerente del Banco Popular. 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