{"id":2432,"date":"2011-04-10T08:08:39","date_gmt":"2011-04-10T13:08:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2432"},"modified":"2014-05-06T16:58:08","modified_gmt":"2014-05-06T21:58:08","slug":"el-milagro-de-armenia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/10\/el-milagro-de-armenia\/","title":{"rendered":"El milagro de Armenia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paisaje oscilante que de Bogot\u00e1 a Armenia va impresionando la pupila y nutriendo el esp\u00edritu con acuarelas y sensaciones de variados contrastes, parece que llegara a su cl\u00edmax al coronar el punto m\u00e1s empinado de la cordillera. La L\u00ednea, con su eterno manto de nieve, aproxima al cielo. El sitio, \u00e1lgido y siempre brumoso, calienta el coraz\u00f3n. Porque el coraz\u00f3n se tonifica con el roc\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comienza el descenso mientras el miedo se va descolgando entre riscos y sobresaltos. Y de pronto, desde un recodo se divisa una pincelada en el paisaje. A las pocas vueltas se deja la \u00faltima piedra melanc\u00f3lica y el panorama cobra repentina vivacidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos en el Quind\u00edo. Calarc\u00e1, la se\u00f1orial, nos tiende su mano afectuosa. En contados minutos se llega a Armenia. Arribamos a una ciudad maravillosa donde la cordialidad se respira al instante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desprevenido transe\u00fante, o acaso el hijo pr\u00f3digo desterrado por la violencia, quienes seguramente la consideran a\u00fan como un punto, algo as\u00ed como una referencia geogr\u00e1fica, tienen que descubrirse ante el milagro. La adolescente de pocos a\u00f1os atr\u00e1s sigue siendo joven, pero joven con mayor\u00eda de edad. Aldea ayer, y hoy centro pujante, es un desaf\u00edo al desarrollo. La ciudad avanza a ritmo desconcertante. Todo se planea, todo se avizora, y nada la detiene. Los edificios se levantan en cada esquina, en cada hueco ocioso. Avenidas engalanadas y parques florecidos cautivan desde el primer momento. Y como ingrediente impulsor, la hospitalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El forastero es recibido sin celos ni recelos. Ciudad noble y cosmopolita por instinto, no requiere de motes in\u00fatiles para atraer turismo. El encanto est\u00e1 por dentro, se inhala en el ambiente. La gente llega y se va quedando. Y la ciudad crece todos los d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el Quind\u00edo regi\u00f3n privilegiada por la mano de Dios. Sus tierras pr\u00f3digas lo mismo engrandecen la econom\u00eda de la patria, que embrujan el esp\u00edritu. Por entre los cafetales de racimos copiosos y los platanares doblados por la exuberancia y bru\u00f1idos de sol, se deslizan r\u00edos de leche. La naturaleza es agresiva y rechaza la esterilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si alg\u00fan d\u00eda me toca desandar el camino, en el ascenso a La L\u00ednea me detendr\u00e9 de trecho en trecho para no irme del todo. Desde cualquier balc\u00f3n colgado en el vac\u00edo mirar\u00e9 al fondo para aprisionar la imagen, antes de que los copos de nieve la opaquen en lo m\u00e1s alto de la cordillera. De la cordillera que aproxima al cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 10-IX-1972.<br \/>\n<em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>suplemento especial, 23-VIII-1972.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El paisaje oscilante que de Bogot\u00e1 a Armenia va impresionando la pupila y nutriendo el esp\u00edritu con acuarelas y sensaciones de variados contrastes, parece que llegara a su cl\u00edmax al coronar el punto m\u00e1s empinado de la cordillera. La L\u00ednea, con su eterno manto de nieve, aproxima al cielo. 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