{"id":2516,"date":"2011-04-25T20:41:30","date_gmt":"2011-04-26T01:41:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2516"},"modified":"2014-05-01T11:41:55","modified_gmt":"2014-05-01T16:41:55","slug":"personalidad-de-escritorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/25\/personalidad-de-escritorio\/","title":{"rendered":"Personalidad de escritorio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Curiosamente el escritorio, una de las m\u00e1s anti\u00adguas herramientas de trabajo, se ha convertido en s\u00edmbolo de frustraci\u00f3n. Este servidor del hombre, mudo testigo de tanto suceso de la vida cotidiana, es por lo general elemento fr\u00edo, expuesto como se halla a composturas y ambientes estirados, y solo por excepci\u00f3n parece menos inerte en \u00e1reas descomplicadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miremos ejemplos: Est\u00e1 el del alto ejecutivo, a cuyo recinto se llega con cita previa y atravesando salas y antesalas, con cohibiciones imposibles de reprimir. Lo encontraremos hundido en el laberinto de sus negocios y acosado por el v\u00e9rtigo de preocu\u00adpaciones y sobresaltos que hacen parte de su mun\u00addo cotidiano. Su mesa de trabajo se ve atiborrada de libros y papeles en tr\u00e1nsito que deben ser evacuados en lucha contra el tiempo. El saludo ser\u00e1 breve y la conversaci\u00f3n, recortada. Sonreir\u00e1, es posible, al estre\u00adcharnos la mano, pero se sentir\u00e1 m\u00e1s aliviado cuan\u00addo nos despegamos de la silla y tomamos el camino de regreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro del escritorio se hallar\u00e1n dos o tres frascos con p\u00edldoras para equilibrar el sistema nervio\u00adso. Pero no lo culpemos, porque la empresa deshuma\u00adniza. El escritorio de los ejecutivos enferma y traumatiza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un rinc\u00f3n de la oficina recaudadora de im\u00adpuestos, el empleado com\u00fan, bur\u00f3crata por voca\u00adci\u00f3n, acciona n\u00fameros en la m\u00e1quina que sabe me\u00adjor que \u00e9l las cuatro operaciones aritm\u00e9ticas, em\u00adborrona libretas, contesta dos tel\u00e9fonos al tiempo, escribe cifras y rellena espacios, pero no le queda tiempo para saludar y mucho menos para mirarnos a la cara, porque sus c\u00e1lculos deben cumplir\u00adse tambi\u00e9n contra reloj.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si estamos de buenas, no nos rega\u00f1ar\u00e1. Pero como es dif\u00edcil estarlo en estas mara\u00f1as oficiales, saldremos de igual o peor genio que el d\u00e9spota de turno. Y eso que deber\u00edamos sen\u00adtirnos de pl\u00e1cemes por efectuar el acto c\u00edvico, y desde luego heroico, de pagar la cuenta que tantos insomnios nos hab\u00eda causado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la oficina de empleos nos arrimamos despacio y acomplejados. Repasamos, antes de entregar el formulario, la recomendaci\u00f3n del jefe pol\u00edti\u00adco, redactada en t\u00e9rminos tan obligantes, que lle\u00adgamos a vernos encasillados en la n\u00f3mina. El funcionario tiene por lo menos el gesto de detenerse a leer nuestra peque\u00f1a biograf\u00eda, y nos despide, con sonrisa que reconforta, ofreci\u00e9ndonos la pr\u00f3xima vacante, mientras al voltear nosotros la espalda, rasga los papeles ante la complicidad de la secretaria, que esp\u00eda el acto desde el escritorio vecino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero como no todo es acidez, acerqu\u00e9monos al vendedor de autom\u00f3viles, o al de electrodom\u00e9sticos, o al de c\u00e9dulas de capitalizaci\u00f3n, o al de tantos otros art\u00edculos dif\u00edciles o imposibles para el com\u00fan de la gente, y hallaremos a un se\u00f1or \u00e1gil y refina\u00addo, o a una se\u00f1orita pizpireta y almibarada, quie\u00adnes entre venias y cortes\u00edas nos pasear\u00e1n por todos los lugares del establecimiento y nos deslumbrar\u00e1n con los planes que en un minuto pueden volvernos propietarios con solo el aporte de una peque\u00f1a cuo\u00adta y la firma de un papel que se llena antes de ter\u00adminar el tinto que nos hab\u00edan servido sin nuestro consentimiento,\u00a0 como una muestra m\u00e1s de cor\u00addialidad. Si no llevamos la mercanc\u00eda, fingir\u00e1n no molestarse, pero a nuestra salida desahogar\u00e1n en el escritorio la insatisfacci\u00f3n del fracaso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfHabr\u00e1 algo tan encantador, aunque no con\u00advenza, como una secretaria bonita diciendo men\u00adtiras por cuenta del jefe? \u00bfY habr\u00e1 algo tan anti\u00adp\u00e1tico como un gerente de banco (yo lo soy) negando cr\u00e9ditos detr\u00e1s de un escritorio en nombre de la inflaci\u00f3n monetaria?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Digamos de una vez que el escritorio imprime, para muchos, una doble o falsa personalidad. Hay quienes se sienten grandes o peque\u00f1os de acuerdo con la medida de su mesa de trabajo. La neurosis es hoy, ante todo, una enfermedad de escritorio. El car\u00e1cter se distorsiona bajo el influjo del oficio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo he visto a personas hura\u00f1as, antip\u00e1\u00adticas, detr\u00e1s del escritorio, como parapetadas en una trinchera; y las he vuelto a ver muy amables y extrovertidas en la calle o en el sal\u00f3n social. He escuchado grandes mentiras entre los sorbos de esos tintos que se sirven por compromiso, y he descubier\u00adto la verdad en otros escenarios. Hay gente que se vuelve r\u00edgida, circunspecta, si est\u00e1 encaramada en el engranaje empresarial, y se desdobla o se relaja, que es lo mismo, tan pronto abandona la puerta del establecimiento; o el establecimiento se deshace de ella, que es casi lo mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen, por ventura, y para contradecir la l\u00ed\u00adnea general, quienes no solo se resisten al embate empresarial, sino que tratan de humanizar este \u00e1m\u00adbito que es, en el fondo, un medio in\u00adcivilizado de vida. Y si no lo consiguen, no permi\u00adten que la inteligencia se maquinice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es lo ideal que no sea el escritorio el que d\u00e9 personalidad. \u00bfPara qu\u00e9 una personalidad de es\u00adcritorio? Hay escritorios que crecen, que brillan, y otros que se opacan y disminuyen, seg\u00fan sea quien los ocupe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pugnan hoy las f\u00e1bricas por representar nove\u00addosas l\u00edneas de oficina. Yo, que me he medido va\u00adrios escritorios, mantengo miedo aterrador a que alguno llegue a quedarme grande. No hay co\u00admo la mesa casera, sencilla y sin resabios, y verda\u00addero sitio de intimidad y descanso. No produce divisas, pero seguir\u00e1 siendo un refugio contra la fa\u00adtiga empresarial. Pienso, con el vate cartagenero, que no hay como los zapatos viejos, que ni maltratan ni deforman.<\/p>\n<p><strong><em>La Patria,<\/em> <\/strong>Manizales, 24-XII-1973.<br \/>\n<em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 22-I-1975.<br \/>\n<em><strong>Prensa Nueva Cultural, <\/strong><\/em>Ibagu\u00e9, agosto de 1993.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Curiosamente el escritorio, una de las m\u00e1s anti\u00adguas herramientas de trabajo, se ha convertido en s\u00edmbolo de frustraci\u00f3n. Este servidor del hombre, mudo testigo de tanto suceso de la vida cotidiana, es por lo general elemento fr\u00edo, expuesto como se halla a composturas y ambientes estirados, y solo por excepci\u00f3n parece [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[41],"tags":[100],"class_list":["post-2516","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-temas-varios","tag-temas-varios"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2516"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12747,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions\/12747"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}