{"id":3178,"date":"2011-10-02T13:59:12","date_gmt":"2011-10-02T18:59:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3178"},"modified":"2014-04-07T10:25:40","modified_gmt":"2014-04-07T15:25:40","slug":"el-papeleo-publico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/el-papeleo-publico\/","title":{"rendered":"El papeleo p\u00fablico"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los males end\u00e9micos que sufre el pa\u00eds y para el cual no ha resultado cura es el del papeleo. Hasta el tr\u00e1mite m\u00e1s simple est\u00e1 sujeto a inexplica\u00adbles tropiezos que acaban con la paciencia del m\u00e1s valiente. Es el nuestro el pa\u00eds de los re\u00adquisitos, de las formalidades, de los absurdos. El jefe de turno, tan dado a la notoriedad, proclama el d\u00eda de la posesi\u00f3n un total cambio de estructuras que consiste en destituir a los cuatro o cinco funcionarios cla\u00adves y en poner a rodar una serie de innovaciones que ning\u00fan provecho traer\u00e1n pero s\u00ed har\u00e1n resaltar el sello de la nueva autoridad. Lo cual no es sino una manera de rendirle culto a la personalidad y pretender ser originales e innovadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tr\u00e1mites se cambian por obsoletos, por antifuncionales, por inaceptables. Naturalmen\u00adte, a los seis meses el sucesor volver\u00e1 a transformarlos por id\u00e9ntica raz\u00f3n. En poco tiempo el formulario pasa de azul a casta\u00f1o, la casilla de pago se traslada a las tres cuadras, las libretas en uso se sustituyen por otras de mayor armon\u00eda, y se inventan sistemas de alta seguridad, patentados contra desfalcos, falsedades y trampas. Nada de esto se logra, aunque s\u00ed se rompe la rutina, pero a costa de la paciencia p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacer el recorrido de estas modificaciones resulta tan complicado, que en quince d\u00edas estar\u00e1 conformada a la puerta del establecimiento la cofrad\u00eda de \u00e1giles intermediarios que le har\u00e1n a usted, sufrido contri\u00adbuyente o simple usuario del servicio, todas las vueltas por unos devaluados pesos, evit\u00e1n\u00addole el mal humor de los fun\u00adcionarios \u2014lo que en muchos casos tiene una doble acepci\u00f3n\u2014 y ahorr\u00e1ndole molestias y arrebatos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los escritorios de los empleados se encuentran, sin orden ni explicaci\u00f3n, cuartillas indescifrables con las \u201cnormas org\u00e1nicas\u201d dictadas sucesivamente por todos los jefes en tr\u00e1nsito. La cabeza del subalterno tiene, por l\u00f3gica, que funcionar tan revuelta como su mesa de trabajo. Y lo que no entiende de este marem\u00e1gnum de papeles lo interpreta a su gusto, ampli\u00e1ndolo o mutil\u00e1ndolo, seg\u00fan las circunstancias. Los platos rotos resultar\u00e1 pag\u00e1ndolos el p\u00fablico. Es la dinast\u00eda de los mandos medios, impulsada por la dictadura del papeleo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9, en vez de tanta profusi\u00f3n de normas, no se busca la continuidad de sis\u00adtemas \u00fatiles? \u00bfPara qu\u00e9 tanto cambio de colores en los for\u00admularios? \u00bfPara qu\u00e9 modificar los buenos h\u00e1bitos por sistemas que nadie entiende? El pa\u00eds padece una sangr\u00eda econ\u00f3mica en los cambios de formularios, de normas, de estilos. No hay conciencia del servicio. Todo es lento, oscuro, enigm\u00e1tico. De un escritorio debe trasladarse al siguiente, y de este al de m\u00e1s all\u00e1, que permanece vac\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pasos de una operaci\u00f3n se multiplican sin necesidad, con desperdicio de tiempo, de papeler\u00eda y de dinero. No hay criterio para resolver si\u00adtuaciones inesperadas, salidas de la eterna rutina diaria, pero ni siquiera para administrar el flujo ordinario. Y todo por culpa del papeleo. El papeleo es sin\u00f3nimo de vicio, de pereza, de falta de inventiva. A diario nos ahogamos en un mar de peque\u00f1os detalles, de con\u00adfusiones, de insignificancias. El sentido pr\u00e1ctico vive ausente de las oficinas p\u00fablicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Valga un ejemplo. Tras hacer una larga cola en la oficina de impuestos en busca de la cifra con la que al fin el paciente ciudadano descargar\u00e1 un peso en la conciencia, debe someterse\u00a0 a otra que lo lle\u00advar\u00e1, con una cintilla de m\u00e1quina sumadora en la mano, a una casilla distinta que le expedir\u00e1 un comprobante que debe, a su vez, pasarse a donde un tercer empleado que le reci\u00adbir\u00e1 el pago. Es decir, una operaci\u00f3n por triplicado, con vueltas innecesarias y con desgaste de tiempo y de calor\u00edas para el buen \u00e1nimo ciudadano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y con un final dram\u00e1tico: \u00abNo se reciben che\u00adques\u00bb. El aviso, minimizado y mugriento, solo se descubre en la boca de la ventanilla des\u00adpu\u00e9s de tres horas de angustias. En vano se explicar\u00e1 que no se requiere un paz y salvo inmediato, y se jurar\u00e1 que no somos expertos en expedir cheques chimbos, y se rogar\u00e1 com\u00adpasi\u00f3n hacia el indefenso contribuyente que, ni siquiera con el pago en la mano, se har\u00e1 valer. La cajera nos explicar\u00e1 que las \u00f3rdenes deben cumplirse y sin m\u00e1s argumentos nos retirar\u00e1 a las tinieblas exteriores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda este ciuda\u00addano, que somos todos los que pisamos las oficinas recauda\u00addoras, tratar\u00e1 de volver con billetes relumbrantes. Ha sido, por lo\u00a0 pronto, v\u00edctima del formulismo, del papeleo, de la dictadura de los mandos me\u00addios. El exceso de rigor y desconfianza le agot\u00f3 las ganas de pagar. En el sector privado le hubieran premiado el acto con platillos y timbales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 14-II-1976.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Uno de los males end\u00e9micos que sufre el pa\u00eds y para el cual no ha resultado cura es el del papeleo. Hasta el tr\u00e1mite m\u00e1s simple est\u00e1 sujeto a inexplica\u00adbles tropiezos que acaban con la paciencia del m\u00e1s valiente. 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