{"id":3262,"date":"2011-10-02T16:03:40","date_gmt":"2011-10-02T21:03:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3262"},"modified":"2014-04-11T14:27:42","modified_gmt":"2014-04-11T19:27:42","slug":"mariano-salazar-giraldo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/mariano-salazar-giraldo\/","title":{"rendered":"Mariano Salazar Giraldo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00faltimo viva que le escuch\u00e9 a don Mariano fue en la deve\u00adlac\u00ed\u00f3n del busto del maestro Guillermo Valencia, hace menos de un mes. Era ya una voz apagada, con cierto tono acusador de tragedia, pero di\u00e1fana como toda la trayectoria de este buen hombre que se dio el lujo de mantener un canto perenne a la vi\u00adda y que se despidi\u00f3 de ella apenas con un murmullo, sin ningu\u00adna lamentaci\u00f3n y con el pecho euf\u00f3rico de sanas embriagueces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si con el correr del tiempo a alguien se le ocurre preguntar cu\u00e1l fue el hombre m\u00e1s enamorado de Armenia, habr\u00eda que contes\u00adtarle que lo fue Mariano Salazar Giraldo. \u00c9l no hizo grandes cosas por esta ciudad. Sus actos fueron sencillos, casi simples, pero de una dimensi\u00f3n espiritual que muy pocos pueden discutirle ese privilegio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No construy\u00f3 edificios, ni ar\u00adm\u00f3 puentes, ni traz\u00f3 avenidas, ni consigui\u00f3 auxilios en las al\u00adtas esferas del Gobierno, ni reparti\u00f3 puestos ni prebendas ofi\u00adciales. No pronunci\u00f3 discursos grandilocuentes, ni coron\u00f3 reinas, ni encabez\u00f3 peregrinas cruzadas de falsos parroquianismos. Pero estaba presente en todo suceso importante. Fue, por sobre todo, un rom\u00e1ntico de la amistad, y reparti\u00f3 amistad \u00a0con el coraz\u00f3n rebosante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la suya una estampa imprescindible que campeaba por estos predios con el gracejo en los labios, y que sin ser los suyos, aprendi\u00f3 a quererlos acaso m\u00e1s que los propios. Los defend\u00eda con vigor y los proclamaba a los cuatro vientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocas devociones tan entra\u00f1ables, tan extra\u00f1amente fieles, co\u00admo la que este hidalgo sent\u00eda por Armenia. Naci\u00f3 para ser ele\u00adgante con la vida, y no solo en su aspecto externo de irreprochable maestro del porte airoso, sino en su irreductible condici\u00f3n de caballero a carta cabal, se\u00f1or de la amabilidad y el gesto galante. Anclado en estos lares que lo albergaron sin condiciones, soport\u00f3 con \u00e1nimo sereno, y siempre con el pecho erguido, los dardos del destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jam\u00e1s se le oy\u00f3 quejarse de la adversa fortuna e hizo del diario vivir una par\u00e1bola de resignaci\u00f3n y dignidad. Aprendi\u00f3 lo que pocos hombres logran en la vida: ser distinguido en medio del infortunio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">E hizo de su existencia un canto al optimismo. Alguna vez, hace apenas pocos a\u00f1os, la ciudad reconoci\u00f3 en \u00e9l a una de sus figuras m\u00e1s c\u00edvicas. Puso sobre su pecho el emblema de \u00abAmor a Armenia\u00bb, y \u00e9l se sinti\u00f3 recompensado. Grandilocuente en su pala\u00adbra sencilla, les contaba a propios y extra\u00f1os que esta era la mejor tierra del universo y deambulaba por sus calles con el leg\u00edtimo orgullo de ser personaje de la mejor prosapia, caballe\u00adro con arreos de emperador, escudero con lanza de invencible com\u00adbatiente. No se dej\u00f3 arrebatar, nunca, el t\u00edtulo de espadach\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed donde hubiera ocasi\u00f3n de defender a su ciudad, estaba \u00e9l. No permit\u00eda que nadie hablara mal de la comarca y sus gen\u00adtes. En los actos p\u00fablicos, en las tertulias \u00edntimas, desgrana\u00adba sus emociones con fuertes \u00edmpetus, para que todos las escu\u00adcharan, y con m\u00edsticos arrebatos para que nadie dudara de su coraz\u00f3n inmenso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos se preguntar\u00e1n qu\u00e9 aliento inspiraba sus bohemias de euforias c\u00edvicas. Acaso se confundan sus alborozadas presencias en los actos p\u00fablicos con posturas advenedizas. Era esa, precisa\u00admente, la fisonom\u00eda m\u00e1s aut\u00e9ntica de quien consideraba estar cumpliendo con un deber en cada viva a la regi\u00f3n y a sus persone\u00adros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se nos fue sencilla, silenciosamente. Muri\u00f3, a buen seguro, cant\u00e1ndole a Armenia, como el cisne en su postrer alborozo emite su mejor exhalaci\u00f3n. De ahora en adelante se echar\u00e1 de menos la voz que fue siempre potente para prodigar elogios. Y m\u00e1s que su voz, que continuar\u00e1 resonando en la conciencia de los quindianos, faltar\u00e1 la presencia f\u00edsica de este mensajero de la simpat\u00eda y la nobleza que ya gan\u00f3, por fortuna, puesto indis\u00adcutible en el coraz\u00f3n de la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 23-VI-1976.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El \u00faltimo viva que le escuch\u00e9 a don Mariano fue en la deve\u00adlac\u00ed\u00f3n del busto del maestro Guillermo Valencia, hace menos de un mes. 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